sábado, septiembre 30

Idomeneo o la razón amenazada

Septiembre se acaba en esta Europa que no conoce ya ni su propia historia; que se muere de miedo y no sabe hacia dónde se dirige: Mientras Nicolás Sarkozy se vanagloria de su xenófoba política inmigratoria a mayor dolor de Francia; Suiza cierra ojos y fronteras con un vergonzante referendum no apto para pobres sin instrucción; y Mariano Rajoy cuestiona en España hasta al Poder Judicial (que no es manso ni crédulo ante la fábula con que desde nuestra derecha se ha rodeado el atentado del 11 de marzo de 2004), en la Deutsche Oper se suspendió una representación de la obra de Mozart, Idomeneo; y ello para evitar la furia islámica que podría provocar una supuesta ofensa a tal religión, según rezaron las explicaciones oficiales.
Idomeneo, Rey de Creta, ofrece a Poseidón el sacrificio de la primera criatura que se encuentre si logra salvar la vida en una tempestad. Evidentemente se salva; y como no podía ser de otro modo la primera persona que se encuentra es a su propio hijo, a quien además hacía años que no veía. Esta es una parte de la trama de esta ópera, pero el montaje organizado en Berlín añadía alguna novedad y preveía que un airado Idomeneo, agobiado por el peso que sobre su alma habían añadido las religiones, decapitara rabioso en un determinado momento a Poseidón y de paso a las "deidades" conocidas en nuestra civilización actual. Así rueda la cabeza de Buda, la de Cristo y, cómo no, la de Mahoma.
Al llegar a Mahoma a alguien le ha dado un vahído y se ha decidido la retirada de la ópera del cartel, temiendo una reacción encendida de la comunidad musulmana. Idomeneo vuelve así al cajón y en su lugar una delicada Traviata de Verdi calmará los delicados espíritus germánicos. Una vergüenza.
Hay quien piensa que una concepción laica de las sociedades democráticas es una cosa extraña, teórica y alejada de la realidad; y también quien confunde por otro lado al integrismo religioso con todo el Islam. Una ópera viene a decirnos que el laicismo es algo cotidiano de lo que no podemos desprendernos al salir a la calle.
Y vemos una vez más que el empeño con que algunos defendemos que las religiones ocupen el espacio privado que corresponde a las creencias de cada ciudadano, cobra su sentido cuando se aprecia cómo esa filtración silenciosa de una estructura religiosa en la sociedad civil, da como resultado la laminación de uno de los principios básicos que permiten nuestra pacífica convivencia y el desarrollo de nuestra personalidad: la Libertad de Expresión.
Si uno ya no puede escuchar ni ver una ópera de Mozart, no podrá ver tampoco una película de Almodóvar; Buñuel desaparecerá de la circulación, lo mismo que Jean Luc Godard y tantos otros. Si ningún ciudadano puede articular una reflexión crítica en torno a una religión, la que sea, de la misma forma que se hace con cualquier otro producto elaborado por la razón humana, por temor a que ello ofenda, entonces algo estamos haciendo mal y algo estamos comprendiendo mal. No nos habrá servido de nada tanta noche de antorchas, de cristales rotos y de cuchillos largos.
Hemos de partir en primer lugar de asimilar la diferencia que existe entre Islam e intransigencia. No todos los practicantes del Islam se envuelven en bombas y se dedican a rebanarle el pescuezo a los infieles occidentales. Como sucede con todo, el Islam es un marco utilizado por algunos para desarrollar y asentar su dogmatismo y su intolerancia. En unos casos se recurre a las religiones, en otros a las elaboraciones políticas y partidistas. Son caras siempre de una misma moneda.
Y frente a ese dogmatismo no cabe la reacción del miedo disfrazado de una falsa prudencia. Ni cabe tampoco pensar que todo ejercicio de la libertad de expresión es una profusión de ofensas. Todo sería más sencillo si nuestro pensmieto occidental evitara, primero, caer en el absurdo reduccionismo de confundir en un mismo recipiente religión -con independencia de cuál sea ésta-, y dogmatismo: El enemigo de la Deutsch Opera no es, ni el debido respeto a una confesión religiosa, ni la convicción religiosa en sí. El enemigo de la Ópera de Berlín es el mismo que hemos tenido siempre. Lo llevamos dentro y camina con dos rostros: Uno es el miedo; el otro la intolerancia.
Existe no obstante un punto a precisar, pues defender las convicciones laicas y democráticas en nuestra Europa, supone defender todos aquellos valores que estos principios transportan, y que incluso inspiraron a aquel Mozart masón que en otros tiempos pronunció esa triple divisa tan manida: Libertad, igualdad, fraterniad. Implica comprometerse activamente con dos factores además, la libre expresión del pensamiento y su libre configuración por cada individuo. Si algo nos puede distinguir de quienes pretenden imponer su forma de entender la existencia humana, esto ha de ser, entre otras cosas, el entender que los valores que guían nuestra vida y la organización de nuestras socieades no están hechos para ser arrojados ni frente, ni contra nadie. El riesgo, sin embargo, de que esto suceda es palpable y subsiste entre nosotros. Erguirse en cruzados frente al mal, sacrificar aquello que nos ha hecho mejores en aras de una supuesta mayor seguridad, por ejemplo; negar la evidencia conforme a la cual la miseria solo genera violencia, y ésta a su vez más violencia y una convivencia imposible, no son sino expresiones de una concepción también dogmática que se disfraza y cobija en los pliegues de la democracia misma. Así sucede en España, donde posiciones rígidas y hasta belicistas, son sostenidas por un pensamiento políticamente conservador, que apenas si conoce la tradición democrática desde hace treinta años, y que se atreve a demandar disculpas por "ocupaciones" pasadas y reivindica la oscura memoria de Isabel de Castilla, la Católica.
La razón que fundó la comunidad ciudadana que hoy conocemos sufre así varias amenzas: Las agresiones directas de quienes, con un soporte religioso, pretenden hacer regir con arreglo a sus creencias la vida de todos. El silencio cómplice de quines se acobardan y con una pretendida prudencia confunden la ofensa a las creencias con el ejercicio legítimo de la propia libertad de expresión. Y la armada reacción que surge entre nuestros propios fundamentalistas, que creen ser quienes mejor pueden defender nuestro sistema de libertades de los ataques exteriores, aun a costa de sacrificarlos por nuestro bien.
Idomeneo ya no cortará cabezas de dioses y profetas. Le han dejado ciego, mudo; le han cortado las manos. Lo han mutilado para que sea una triste memoria de aquella sociedad temerosa que un día olvidó cuanto había sido y quería ser.

domingo, septiembre 24

Adios, Adnan, compañero, amigo.


Se fue Adnan. Esta semana supimos que nuestro amigo se había ido. Enfermó en primavera y, mientras escribo, no olvido el día en que le vimos en el hospital: estaba cansado y sorprendido al vernos aparecer por la puerta, pero esforzándose siempre por sonreir.
No huyen de mi memoria las visitas a su casa, el Biblos, al que nos acercamos tantos viernes por la noche a cenar. Me acuerdo de las primeras veces que fuimos, cuando empezamos a descubrir un sitio nuevo y a conocerle: una cultura nueva -la suya- existía para nosotros en aquel momento, y se manifestaba de forma sencilla, a través de unas berenjenas al horno, que tenían que ser pequeñas -nos decía-, un puré de garbanzos -hommos-, tabboulé, o una crema de pistachos y agua de azahar que aprendimos a hacer, y que él siempre tenía preparada al saber que íbamos a verle. Es inevitable pensar ahora que Adnan nos ayudó a descubrir un poco otro mundo; a saber que había otras cosas diferentes. Nuestro amigo nos hizo un poco tal y como hoy somos, llevándonos aquella maravillosa cocina a nuestras casas, abriéndonos más los ojos a todo los distinto, haciendo más rica nuestra existencia.
Cuántas noches los cuatro, Ricardo, Amalia, Juan y yo, en torno a la mesa, en su casa, con una vela encendida y bajo la evocadora fotografía del puerto de Biblos. Días en los que él pasaba a nuestro lado con aquella sonrisa de la que Amalia tanto se acordaba el miércoles, mientras me daba la mala noticia.
Cuando Adnán enfermó también su país empezó a doler. Él venía del Líbano, el hogar del cedro verde, tantas veces castigado por unos y por otros; y entonces también me acordé de cómo un día nos encontramos casualmente en una manifestación por la paz: alguien con aquella sonrisa no podía tener otro sentimiento; y eso también provocó que las miradas fueran más cómplices y que su sentir bondadoso y sincero nos abrazara.
Adnan ya no está aquí y no podrá leer lo que escribimos; pero lo que queremos es recordar aquella sonrisa cordial, aquella calidez y a nuestro amigo, que se fue. Adios, Adnan, compañero, amigo.

sábado, septiembre 23

La Iglesia en España:cuestión de dinero

En el día de ayer, viernes, casi cuando comenzábamos a dormitar la siesta, el telediario anunciaba por sorpresa que Gobierno español y Coferencia Episcopal habían alcanzado un acuerdo relativo a la financiación de esta última.
Los cambios que implicó el regreso de la Democracia a España afectaron también a la Iglesia, que pasó de ser parte activa en el ejercicio del poder a ser actora en la sombra en los escenarios de la política y sociedad españolas. Económicamente la Iglesia Católica pasó de comer de la mano del dictador Francisco Franco, a negociar su manutención con la derecha gobernante en 1979. Los acuerdos económicos suscritos en enero de ese año preveían que la confesión religiosa en cuestión alcanzaría un día a autofinanciarse; entre tanto ese día llegaba, el Estado español pondría lo que fuera necesario. Todos tenemos muy claro que el día no llegó.
A lo anterior se añadieron los acuerdos suscritos durante el gobierno de Felipe González: Se creaba lo que se dio en llamar "impuesto religioso"; un porcentaje, el 0,52%, de lo que resultara a pagar por cada ciudadano que así lo prefiriese, iría destinado a satisfacer las necesidades de mantenimiento de la maquinaria católica.
¿Qué sucedió? Pues que los ciudadanos no manifestaron la voluntad de que parte del dinero de sus impuestos fuera a parar a los bolsillos eclesiales, y el déficit fue cubierto con una aportación anual directa del gobierno de turno.
En el camino se adoptaron medidas claramente destinadas a beneficiar a la Iglesia Católica. Durante el gobierno de Aznar, por ejemplo, surgió la posibilidad de que la Iglesia recogiera el porcentaje correspondiente, incluso en aquellas declaraciones de impuestos en las que el sujeto pasivo no señalaba ninguna preferencia; así, hasta ese momento, sólo se aplicaba el porcentaje del 0, 52% en beneficio del clero católico si el ciudadano así lo manifestaba expresamente en su declaración de impuestos. Si, por contra, guardaba silencio, el dinero se destinaba al amplio concepto "otros fines sociales", epígrafe bajo el que se engloba una complicada trama de OO.NN.GG. que asume una gran parte de la acción social en España. Con Aznar esto cambió, y la Iglesia pasó a recoger la mitad de ese dinero que caía en el saco roto del silencio, y que pasó a dividirse a partes iguales entre los fines sociales y las sotanas.
Ayer, como decía, se produjo un cambio notable; pero a medida que van pasando las horas más pienso que lo que se ha modificado es una forma y no un contenido. Quizá pueda hasta ser comprensivo con el modo en que el Gobierno se ha conducido; pero hasta albergo la sospecha de que se ha actuado para evitar continuar con el enfrentamiento que la Iglesia Católica, de la mano del Partido Popular, ha llevado contra el Ejecutivo desde el primer día en que tomó posesión y empezó a actuar como tal.
¿Cuál es el cambio formal? Pues que ha desaparecido la asignación directa a la Iglesia Católica. El Estado no volverá a poner dinero de forma directa en beneficio de esta confesión religiosa para complementar su déficit de recaudación ¿Significará eso acaso que la Iglesia va a percibir menos dinero el año que viene? La respuesta es sencilla: En los acuerdos suscritos entre el Gobierno y la Conferencia Episcopal se prevé que los ciudadanos católicos que así lo deseen especifiquen su asignación tributaria, que pasa del anterior porcentaje al 0,70%. La Iglesia solicitaba en el marco de las negociaciones una cantidad sensiblemente mayor, el 0,82%. En números y euros el cambio de sistema supondrá que mientras que la Iglesia ingresará a lo largo del este año la cifra de 144 millones de euros, en el año 2007 pasará a recibir nada menos que 175 millones. El cambio es notable. En beneficio de la Iglesia Católica, claro. Pero pensar sólo en los millones de euros al analizar esta cuestión es coger el rábano por las hojas; el asunto es algo más complejo. Sigamos.
La confesión religiosa, a través de su portavoz, el Sr. Camino, señala que se siente moderadamente satisfecha y que como contrapartida ha debido renunciar a la exención del Impuesto sobre el Valor Añadido, de la que hasta la fecha se beneficiaba. Pero esto es falso: La Unión Europea presionaba ya en este sentido al Estado español, pues el privilegio del que gozaba la Iglesia contradecía la regulación básica de este tributo indirecto que, no lo olvidemos, es uno de los principales mecanismos de financiación de la Unión y de toda su política común.
Otro cambio que se ha producido es la fiscalización del gasto eclesial, que a partir de ahora, como cualquier otra O.N.G., pasará a ser controlado anualmente por la Administración Central, que exigirá la oportuna memoria justificativa.
Si bien nos falta conocer la letra pequeña del acuerdo, atendiendo a lo que sabemos ahora sí es cierto que hay un cambio notable y una mejoría respecto a la situación actual: La desaparición de la asignación directa que hasta la fecha existía. Pero del mismo modo es cierto que me siento decepcionado a medida que voy leyendo las aplicaciones prácticas del convenio, pues el propósito de los acuerdos del 79 no se está llevando a cabo a pesar de los años que han pasado. Y me explico:
Nadie debe engañarse pensando que sólo los católicos van a soportar a partir de ahora el mantenimiento de su confesión religiosa. No es así. Al asumir esa cuota del 0,70% en beneficio de la Iglesia, el Estado se priva de utilizar ese porcentaje para destinarlo a otros usos. Es decir, que una porción de lo que se recaude de la declaración de un católico que quiera sustentar a su Iglesia, no se gastará en carreteras, escuelas o sanidad, sino que irá a engrosar el rico patrimonio católico en perjuicio de toda la sociedad.
Autofinanciación de las confesiones religiosas significa únicamente que sus fieles o simpatizantes aporten de su propio patrimonio recursos destinados a la confesión de que se trate. Estamos en consecuencia lejos de regular las donaciones acompañadas de incentivos fiscales -mecanismo adecuado para el sustento de estas entidades- y de completar los objetivos del convenio para asuntos económicos de 1979. Vamos por tanto muy despacio.
A todo lo dicho hay que añadir algo más. Las organizaciones no gubernamentales seguirán percibiendo el 0,52% del los recursos cuando el contribuyente así lo exprese. La Iglesia Católica seguirá recibiendo subvenciones a través de su aparato educativo, verdadera máquina recaudadora y fábrica de cerebros que ayuden a mantener este invento que es la mezcolanza de los asuntos religiosos y la sociedad civil. Seguirá asimismo disfrutando de otros privilegios fiscales, por ejemplo la exenciaón del Impesto sobre Bienes Inmuebles. Las Organizaciones No Gubernamentales católicas, por ejemplo Intermón (Compañía de Jesús) o la Fundación IUVE (Legionarios de Cristo), seguirán también percibiendo el dinero procedente de la asignación tributaria "otros fines sociales". Y el resto de confesiones religiosas seguirán percibiendo menos recursos y recibiendo un trato discriminatorio en relación con el que percibe la religión católica; y nadie olvide que en España acaba de comenzar hoy el Ramadán y que ya tenemos en nuestro suelo nada menos que un millón de personas que profesan la religión islámica.
Ni desde las organizaciones laicistas españolas, ni desde el propio Partido Socialista han salido voces que expresen su contento por el convenio en cuestión. Más bien hay un sentido de decepción que en cierto modo también comparto por las razones que acabo de exponer. No paro, no obstante, de pensar en la poca inquietud que existe en nuestro país en torno a estas cuestiones; pues no deja de ser cierto que las "algaradas" las montamos una vez que está consumado el desaguisado (no hay más que escuchar al portavoz de Izquierda Unida, por ejemplo, al que en fechas anteriores apenas sí le hemos oído decir nada). Esto que ha sucedido me recuerda mucho a lo que pasó con la cuestión educativa y la defensa de la Escuela Pública, de la que ya he hablado en otras ocasiones y sobre la que traigo a la memoria de quienes me leen, la famosa manifestación que organizó el clero y el "hay que hacer algo", que se lanzó desde las filas de los convencidos activistas defensores de lo "público" y que al final no hicieron nada. Como siempre. La misma crítica hago a quienes desde dentro del Partido Socialista apostaban por un modelo que rompiera definitivamente con la situación existente, pero que al final han compartido la flojera colectiva.
Insisto en algo que he dicho en otras ocasiones: es esa debilidad, ese temor a actuar, y esa indolencia que se contenta con gritar "hay que hacer algo" para luego cruzar los brazos y ver qué pasa, lo que implica que en España haya que caminar muy despacio, midiendo cada paso que se da, para lograr que el laicismo llegue a ser una regla más de nuestro sistema democrático que nadie cuestione. Ahora, sin embargo, lloverán las críticas, entre las que habrá que distinguir aquellas que pretenden construir un futuro diferente -las mías lo pretenden-, y las de aquellos que se erigirán en defensores de lo laico, de lo público y quién sabe qué más "progresías", pero que no tendrán empacho alguno en enviar a sus hijos a comulgar, o a ser instruídos en un colegio de curas o monjas por aquello de que el uniforme ahorra quebraderos de cabeza con los adolescentes, o porque la educación religiosa es más disciplinada o de mejor calidad. Que nadie lo olvide: Esto es España y lo demás cuento. A lo mejor el Gobierno lo ha tenido muy claro, pero el disgusto no me lo quita nadie.

Españoles en Campos de Concentración.


La fotografía que encabeza esta nota ha pasado a nuestra pequeña historia por la pancarta que aparece sobre el gran hueco que se abre en un muro de piedra. "Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas liberadoras". Recoge el instante en el que los tanques aliados penetran en el campo de concentración de Mauthausen. Tanto los liberadores como los prisioneros envueltos en sus uniformes pueden percibirse en la imagen emotiva. Tomando esta referencia reproduzco la noticia siguiente, que he encontrado no solo en Internet, sino también en la prensa de la semana. Se trata de otro pequeño paso para que no nos roben nuestro pasado, no vaya a ser que cualquier día alguien diga que nos lo hemos inventado todo... ¿O ya hay quien lo dice?

Para que no vuelva a suceder, honor y reconocimiento.




El camino trágico de miles de ciudadanos españoles que tras la guerra civil huyeron a Francia, donde lucharon contra el nazismo hasta ser deportados a campos del III Reich como Mauthausen, Dachau o Büchenwald, aparece documentado en un libro memorial que recopila, por provincias, 8.700 nombres."Afrontar la dimensión real de aquellos hechos que son parte de nuestra historia común con otros países europeos, hasta encontrar a las personas que los padecieron, era una tarea obligada con esa parcela del pasado ausente del ámbito académico español", señala el subdirector general de Archivos Estatales, José Ramón Cruz Mundet.La obra nace de la investigación desplegada para crear el Archivo Virtual de la Memoria, un empeño especial de la ministra de Cultura, Carmen Calvo, para recoger, con ayuda de instituciones europeas, voces y testimonios de la doliente España de esos años, según ha señalado Rogelio Blanco, director general del Libro, Archivos y Bibliotecas.<>

jueves, septiembre 21

Leccion Magistral

Una nueva tormenta ha venido a desatarse sobre las pecadoras cabezas de este dolido planeta, eco ensordecedor de algo tan inofensivo como una conferencia pronunciada en Ratisbona por la cabeza visible de una de las religiones existentes en el mundo.
A cuenta del emperador Paleontólogo, que debió ser uno de aquellos soberanos que filosofaba en torno a las famosas polémicas de Bizancio mientras los infieles intentaban asaltar las murallas de Constantinopla, todo un escándalo internacional, mitad político, mitad religioso, se ha hecho carne y ha habitado entre nosotros.
Pienso que las consecuencias de la algarada no alcanzaran las proporciones de otros "incidentes"; quizá algún oportuno martirio que bien se sabrá explotar, y escasos daños materiales, como dicen las crónicas de sucesos. Hasta la fecha es lo que ha venido sucediendo. Pero si ha trascendido en todo caso la tensión generada en torno a la convivencia religiosa, las manifestaciones de Hamas y otros grupos similares, y el rosario de disculpas entonado por la jerarquía vaticana durante estos días, hasta el punto de llegar a convertir el rezo del Ángelus en un quejoso y atiplado "mea culpa". Me parece que es la primera vez que veo a un dirigente de la pequeña dictadura totalitaria itálica pidiendo excusas; es cierto que en nuestra memoria están las bochornosas disculpas proferidas hacia la memoria de Galileo, pero todo el mundo me reconocerá que esto es otra cosa, pues entre otras cosas no ha sido necesario esperar 300 años para oír esa quebrada y angelical vocecilla declamando: "yo no he sido".Como todo el mundo sabrá el incidente al que me vengo refiriendo se ha producido en el curso de una lección magistral en la que se ha recordado por el Jefe del Estado Vaticano las reflexiones de un emperador Bizantino, critico con la religión de Mahoma, de la que decía no había traído otra cosa que violencia. La intención del antiguo profesor de teología parece que era únicamente llamar la atención sobre el fenómeno violento en la religión y contraponerlo a lo que, según él, a de definirse como una religión de la razón, del logos: el cristianismo, como no. Dios repugna de la violencia. Verdadera lástima es que Don Benedetto no recordara como llego el cristianismo a la América conquistada y esclavizada por los españoles, los portugueses y tantos otros que renovaron su fe en la tradición explotadora de occidente; o las guerras religiosas que tuvieron entretenida a Europa durante tantos siglos. Una verdadera pena es que este antiguo Prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe no tuviera en su mente mas presente el sufrimiento de tantos hombres y mujeres perseguidos en el nombre de la Santa Cruz. En definitiva, concluyamos que Don Benedetto fue demasiado lejos a buscar los rescoldos encendidos del resentimiento y del fanatismo.
Ante el mundo han quedado patentes las consecuencias visibles de este mensaje aparentemente mal expresado: Los musulmanes que nos han enseñado los telediarios estos días han sido como los que ilustra la foto, supongo que más o menos deben ser los mismos que conocía el infeliz emperador bizantino.
Pero las disculpas reiteradas, y el cortejo diplomático de estos días parece que encauzaran el entuerto. Hasta el Presidente de Irán ha sido comprensivo con la aparente metedura de pata del Papa alemán. Esto ultimo no me ha llamado tanto la atención; al fin y al cabo hay algo que, a pesar de las criticas supuestamente mal interpretadas de Don Benedetto, une determinadas posiciones confesionales: La religión no es algo intimo, individual, propio de la apreciación y consideración de cada persona, sino que esta ha de dominar todos los aspectos de la vida de los seres humanos. No hay mas que dar un breve repaso no ya a las declaraciones de Ratzinger actuando como Papa y antes de serlo, sino las de cualquier obispo que, en uno u otro momento, habrá llamado la atención sobre la ausencia de Dios en esta sociedad actual. La pugna que en este sentido se sostiene por mantener el peso eclesial en el sistema educativo; o las criticas al proyecto de asignatura "educación para la ciudadanía", no son sino un pequeño exponente de esto que escribo.Y siguiendo por la misma senda no esta de mas recordar que el marco en el que Don Benedetto fue a acordarse de la viga en el ojo ajeno olvidando la que tiene en el propio (obsérvese que no recito correctamente el dicho bíblico a propósito: los pecados de todos son tan grandes que superan con creces el peso de la paja), tenia por objeto reivindicar la herencia cristiana de Europa. El viaje alemán de este Papa ha contado con varias alusiones al origen cristiano del proyecto europeísta. Volvemos así a vueltas con la Constitución en proyecto que habrá que revisar para la creación de la Unión. Otra vez nos encontramos con un intento de desdibujar el contenido laico de las normas originarias del sueño europeo y la separación de las Iglesias y los Estados, más sólida en unos países que en otros. Olvidan quienes apuestan por esta tesis que Europa, la idea que hoy tenemos de ella, se ha fundado en torno a muchas herencias de tipos diferentes; olvidan así la presencia durante silos de culturas distintas y de religiones diversas; olvidan la tragedia que supuso la confrontación religiosa; olvidan el racionalismo que contribuyo a poner fin a tanto desatino; olvidan las convulsiones sociales que cambiaron el orden conocido para siempre; y olvidan -no puede ser de otro modo- que las constituciones son para todos en un continente cada vez mas mestizo, no solo para los militantes de la cristiandad. Cuantos olvidos en el guión de una lección magistral cuidadosamente administrada.

domingo, septiembre 17

Un siglo para las mujeres

Un gran cartel con el retrato de Clara Campoamor cuelga de la fachada principal del Parlamento asturiano. Nos encontramos en un año en el que se celebra el setenta y cinco aniversario de la proclamación de la República, y en nuestra casa, bien por razones de oportunidad política, bien por auténtica convicción, se recuerda aquella primera experiencia democrática y con trágico final.
Clara Campoamor es la "madre" del voto femenino en España. Otra conquista lograda durante el segundo período republicano vivido por nuestro país. Militante del Partido Radical defendió este derecho para las mujeres españolas; y a la historia ha pasado su gesta y su debate parlamentario con otra gran luchadora, Victoria Kent, más pragmática y que defendía la materialización gradual de aquel derecho indiscutible: Victoria Kent sabía -de lamisma forma que también lo sabía Clara Campoamor- que las mujeres españolas eran las principales víctimas de una educación machista, llena de viudas de paño negro y confesionarios, y que aquella ampliación del censo electoral iba a beneficiar a las posiciones más antirepublicanas. Así sucedió, pues Clara Campoamor prefirió apostar por la razón de principios y no por la de oportunidad y sacó la reforma legal adelante. Las elecciones de 1933 fueron ganadas por la derecha conservadora, pero hoy recordamos a aquella mujer por el fruto de su empeño y por su empecinado compromiso, y no olvidamos que en 1936 fue el Frente Popular el que obtuvo el respaldo del pueblo.
Las mujeres han encarnado a lo largo del tiempo una "esclavitud consentida". Digo esto porque se ha convivido con tanta naturalidad con el sistema machista que las propias mujeres han sido las inpagables colaboradoras para la supervivencia de éste. Ha sido normal que las mujeres pasaran como una pieza de cambio de la custodia de su padre a la de su marido. Ha sido normal también que las mujeres se quedaran en casa pariendo, con gran escándalo cada vez que alguien se atrevía a romper las rígidas reglas. Ésta, sin embargo, no ha sido una esclavitud impuesta a partir de la violencia abierta -frente a las mujeres se ejerce una violencia soterrada, callada, que aflora cuando ya es tarde y se ha soportado, año tras año, toda una peripecia de horror-; no ha sido una esclavitud que haya necesitado de la conquista, o de la ocupación militar. Ésta, como digo, ha sido una forma de explotación asimilada por todos valiéndose de la más poderosa y sutil de las herramientas: la educación. La mala educación, amparada por los poderes, con el concurso inestimable de las confesiones religiosas. Siglos y siglos repitiendo un determinado patrón de conducta han dado como resultado que hoy sea noticia el que un hombre tome un permiso de paternidad en su trabajo, por ejemplo, o que una mujer se exhiba, anoréxica, como percha humana de tal o cual modisto.
Me animo hoy a escribir sobre esto por tres razones. La primera porque ayer alguien me preguntaba cómo era posible que los hombres, naciendo todos del seno de una mujer, fueran capaces de levantar barreras de una u otra altura, con esta o aquella excusa -tradición incluída- , incompatibles con cualquier idea de Libertad o Igualdad.
La segunda porque hoy un Hermano me comunica que la Gran Logia Femenina de Francia acaba de celebrar la primera ceremonia de reconocimiento conyugal entre dos mujeres. Y me he alegrado por ellas y por la Masonería.
Y la tercera porque ayer, en un acto político, Ségolène Royal, competidora dentro de un dolorido Partido Socialista francés a la candidatura para la Presidencia de la República en las elecciones de 2007, ha revelado las grandes resistencias que existen dentro de su propio partido para que una mujer pueda ejercer el poder, para que, en definitiva, pueda ser "elegible".
Grandes cambios se vislumbran en un siglo en el que a veces parece que las luces se extinguen. Grandes y necesarios cambios que se hacen imprescindibles por una mera cuestión de principios que, los mismos que defendió Clara Campoamor, son irrenunciables.
La fuerza con que en las sociedades democráticas europeas está irrumpiendo este pensamiento hace inevitable la transformación que a todas luces y con total seguridad vamos a vivir. Pero también pienso en que el hecho de que el marco sea el adecuado, y de que el clima que se vive sea propicio y que las nuevas generaciones de jóvenes de nuestro sufrido continente sean conscientes de lo que significa "Igualdad", no impide por una parte que exista la necesidad de trabajar sin pausa y sin descanso para que este valor básico se asiente y sea definitivamente conquistado en beneficio de la humanidad, dejando de ser una mera enunciación teórica y a todas luces parcial e insuficiente.
De otra parte no debemos olvidar que ni el mundo ni los seres humanos y sus penurias acaban en la vieja Europa: La tarea es por tanto enorme, casi inabarcable como sucede con las utopías.
Hubo un día y un tiempo en que se liberaron los esclavos cargados de cadenas. Se derrumbó el antiguo régimen, cegado por la luz de la razón. Se liberó el proletariado en cuanto adquirió la conciencia de clase. Cayeron tanto el fascismo como el comunismo totalitario. Hoy, sin embargo, todavía quedan las mujeres, verdadera asignatura pendiente de tantos amantes de la libertad, que han emprendido hace ya hace tantos años un lento caminar para terminar con esa dictadura silenciosa, esa callada esclavitud: Este será su siglo, y yo quiero vivirlo junto a ellas aportando, como decía Ernesto Guevara de la Serna, el concurso de mis modestos esfuerzos.

¡Animales!

Con frecuencia recurrimos a la expresión que encabeza el texto para describir una conducta bárbara, cruel... Hasta ese punto somos hipócritas y ciegos. Habría que decir ¡Hombres! o ¡Mujeres! Todo ello según fuera el caso y el autor de la fechoría.
La primera de las imágenes ha dado la vuelta a la Península Ibérica y manchado varios telediarios. Quien quiera ver la secuencia completa puede visitar www.youtube.com y buscar un video allí depositado. Basta poner "Juan Lado" y lo encontrará. Quizá, eso sí, dada la dureza de las imágenes tenga que inscribirse. Yo coloco aquí el enlace completo:
Juan Lado es un vecino de Aguiño, pueblo de A Coruña, en Galicia. El veterinario del lugar, con el que parece que sostiene alguna disputa legal desde hace tiempo le grabó maltratando a su perro, un pastor alemán que recibió como puede apreciarse una paliza tremenda.
La legislación española es extremadamente blanda ante el maltrato animal. Y además topa con el problema de las fiestas populares que salpican el suelo de España, con el toro como protagonista principal. Aquí, por ejemplo, ilustro la reflexión con una fotografía de lo que se conoce como "El toro de la Vega", en Tordesillas, y que consiste en soltar un toro, aturdirlo con la participación de casi todo el vecindario, llevarlo hacia las afueras de la ciudad, a orillas del Duero, y allí liquidarlo a lanzazos. Todo un asqueroso espectáculo, entre los muchos de este tipo, que no son castigados por la ley o bien cuenta con su amparo: Como siempre, el dogmático argumento de la sacrosanta "tradición" anula cualquier capacidad racional.
En Aguiño, A Coruña, la Galicia profunda ha mostrado otra vez su cara de calavera. Parece que "a longa noite de pedra" anidó en los corazones de tantos, que no acaba de dejar esa tierra castigada por la ignorancia y el olvido. Y es que lo peor no ha sido la soberana paliza que recibió el infeliz perro, sino el espectáculo lamentable de un zopenco entrando en el juzgado, arropado por los vítores y los aplausos de vecinos del pueblo. Mudo y sin boca me quedo cuando veo las imágenes.
Hace años, acompañé a un buen amigo a visitar la "Protectora de Animales" de Langreo. Entidad benéfica, que se sostiene con el escaso presupuesto que aporta el Ayuntamiento de aquella ciudad, y que da un servicio público que no se le acaba de reconocer. Recuerdo, y no se me borrará de la cabeza mientras viva, a Pluto: un perro pequeño, tembloroso, que no hacía más que llorar para que le dieran una caricia. Salí de allí con el corazón encogido. No puedo olvidar ni a la perra a la que le habían pegado un tiro de escopeta en la cara, pero que había sobrevivido; ni al que le habían atado un alambre al cuello...
Este amigo, que a veces me pregunta qué hacemos los masones por este mundo, supongo que se sorprenderá al ver y leer este texto en el blog. Nunca ha sido mi intención construir un espacio al margen de la realidad social. Y el resto de animales aparte de nosotros, y el entorno todo en el que vivimos, son también parte de esa realidad social: Pero las cosas no se hacen solas. Al igual que en la "Protectora", que no perrera, se necesitan más manos y una alcaldía con cuatro luces, a nosotros los masones nos hacen falta también más puños para alzarlos frente a un mundo en el que el desaguisado es cada vez mayor.
Está claro que si los seres humanos somos capaces de construir sistemas discriminatorios; si somos capaces de matarnos; de impedir la expresión de nuestra voz; el ejercicio de derechos... Entonces somos capaces de cualquier cosa. Nada debería sorprendernos. Cualquier imagen debería dejarnos indiferentes, muertos.
Pero quiero estar vivo. Y tengo la convicción de que conservar la capacidad de asombro a pesar del paso del tiempo; y la capacidad de horrorizarme a pesar del paso del tiempo, me ayuda a sentirme vivo y saber que puedo hacer algo.
Recuerdo las charlas en el Café Dindurra con el mayor Amante de la Luz que conozco. Creo que con él he aprendido a ser un poco pesimista respecto a todo cuanto rodea a la obra de los seres humanos y su naturaleza. Pero a veces pienso que esas dos capacidades, la de horror y la de asombro, me permiten estar vivo. Estoy seguro de que eso le sucede a él; le sucedió cuando leyó "Nuestro hogar es Auschwitz", de Tadeusz Borowski, y me sucedió a mí cuando lo leí. Nunca se lo dije y ahora lo leerá: Sentí un dolor tan inmenso...

miércoles, septiembre 13

Todos los nombres de ASTURIAS

Agradeciendo a quien nos facilita la dirección de Todos los nombres en Asturias su colaboración, colocamos en este espacio un enlace a la página en cuestión con el mismo ánimo de colaborar en esa tarea de recuerdo y de dignificación de quienes defendieron el más noble de los intentos para instaurar un régimen democrático y de libertades en nuestro país.

domingo, septiembre 10

Laicistas y evolucionistas: ¡Se buscan!



Dice el actual Jefe del Estado Vaticano que el catolicismo no es un cúmulo de prohibiciones, sino una opción positiva. Y dice que es muy importante que esto se vea nuevamente. La pregunta resulta inevitable ¿cuándo, en otro tiempo, fue el catolicismo para la alta jerarquía una opción positiva, un campo abonado por la libertad, la tolerancia y por el respeto a los demás?
Hace no muchos días el diario oficial del régimen vaticano señalaba como dos grandes peligros que iban de la mano al laicismo (una vez más) y al evolucionismo. Hay que leer un poco para recordar lo que tuvo que aguantar Charles Darwin cuando se le ocurrió discutirle algo a los corderos que ahora hablan de "opción positiva".
Lo del temor católico al laicismo, en el que ve un modo de organizar las sociedades europeas nada acorde con sus intereses dogmáticos e intransigentes, no es nada nuevo: La hoguera es invento antiguo, y también los anatemas y otras fórmulas conversoras y especialmente convincentes. Pero la referencia al pobre Darwin y a la corriente científica inaugurada por él, equiparándola a los masones y laicistas que acosan a los sacerdotes en las esquinas y hacen imposible la vida a los católicos del orbe universal, me han dejado fuera de combate. No sé si me recuperaré en todo el fin de semana, tal es mi estupor.
Desde que la extrema derecha se adueñara del poder en los Estados Unidos de América sí hemos tenido conocimiento del amplio respaldo que el creacionismo tiene en el sistema educativo del agunos estados. Sorprendentemente hay quien ha vuelto a explicar nuestra presencia en el mundo recurriendo a la *Enciclopedia Álvarez : Seis días de creación, uno de recreo, saliva y un poquito de barro, cirugía mayor y extracción de costilla, pecado -cómo no- y castigo -inevitable consecuencia en cualquier dogma que se precie- ¡Y luego nos dicen que somos decimonónicos!
El caso es que la corriente creacionista, que ha encontrado algunos obstáculos judiciales que han puesto de mal humor al presidente Bush, goza de prestigio en los pasillos marmóreos de lo que llaman Santa Sede, hasta el punto que ésta ha tomado partido declaradamente por ella, colocando a los pobres darwinianos en una picota que hasta hace poco yo creía que nos era exclusiva a rojos, ateos, masones y semejantes. Y es que no somos nada.
Entre tanto, en la Católica España, Carmen del alma mía (seguro que lo acabas leyendo y te caes de la silla), no le hacen caso al Sr. Ratzinger, cuyo propósito es, o ha sido, o será -no lo sé muy bien- corregir la imagen por la cual la Iglesia siembra en torno a sí misma rígidos "NO", siendo considerada como una institución que amonesta o frena. Y es que a José María Castillo, jesuíta, autor del libro "Espiritualidad para insatisfechos" la Conferencia Episcopal le ha censurado su trabajo impidiéndole su publicación. Le han dicho NO. Es decir, una vez más, dos palabras, dos pensamientos, dos acciones: Mienten.
*Para quienes nos leen desde fuera, informarles de que en ese libro las autoridades del nacional-catolicismo condensaron todo el saber, terminando el capítulo dedicado a la historia de España el 1 de Abril de 1939. Daba igual que los niños y niñas hubieran nacido en tal o cual año; la historia terminaba con la victoria del fascismo español. El libro además contenía una novelada asignatura, llamada "Historia Sagrada", entretenidísima.

sábado, septiembre 9

Represión franquista en Gijón

Alguien que lee lo que escribo ha reparado en que no hago ninguna referencia hasta la fecha a las víctimas de la represión franquista en Asturias, y sí por contra he colocado un enlace referido a Andalucía. Me pregunta que a qué se debe y he de contestar que al ir construyendo este espacio día a día el trabajo nunca tiene fin. Es decir, que en su momento hice referencia a "todos los nombres" porque me llamó la atención cómo habían puesto en marcha su proyecto. Pero la verdad es que no encuentro tanto tiempo como quisiera para localizar todas las informaciones sobre un objeto trágico como el que tratamos y , precisamente por eso, este espacio nunca está cerrado ni pasa nunca la hora de centrar la atención sobre Asturias o cualquier otro lugar.
Resumiendo, no existe ninguna razón especial para no haberme referido hasta la fecha a la represión franquista en Asturias más que el no haber encontrado una página que me llamara la atención en este sentido, o no haber encontrado un proyecto similar al de "todos los nombres". Si existe, toda colaboración será bien agradecida a la par que presento excusas por mi torpeza.
Entre tanto, sí he econtrado en la página de Asturias republicana una completa base de datos relativa a la represión sufrida por los habitantes de nuestra ciudad, Gijón, desde su ocupación el 20 Octubre de 1937. La añado a mi listado de enlaces y sigo dando la bienvenida a las sugerencias.

jueves, septiembre 7

Días en La Rochelle: Un tiempo para pensar

Han pasado unos días desde mi regreso de La Rochelle, en la costa atlántica francesa, donde me he encontrado con tantos y tantos buenos amigos y compañeros de batalla.
Ya visité la ciudad hace tres años. Me alojé en un hotel desde cuya ventana se podía ver el mar. Pero este año me he quedado en el casco antiguo, empedrado, tejido con soportales en los que aguarda la noche.
Esta ciudad, plácida, tranquila, bien dibujada, arrasada por el Cardenal Richelieu, y que tantas veces se colocó en el lado equivocado, ha sabido renacer de las cenizas y ser puerta de entrada de nuevas ideas; esto que sucedió en el pasado, quizá de modo simbólico, ha vuelto a suceder ahora.
Los paseos por el puerto viejo en la noche; el viaje a Saint Martin de Re; las tranquilas puestas de sol, han sido mi compañía en esos días y el marco para reflexionar sobre tantas y tantas cosas, principalmente cosas que son futuras y que quizá, en este momento, no pasen por ser sino un sueño.
Al principio hablaba de mi encuentro con compañeros de batalla. Y sostengo lo de la "batalla" porque ha habido una frase que he escuchado en esta ciudad portuaria -y ya antes en Moissac en el mes de Junio- según la cual quienes participamos en el proyecto masónico liberal somos "guardianes de las libertades". No es ningún misterio que la concepción masónica en la que he participado desde que empecé a dar los primeros pasos en este complicado mundo, tiene una fuerte relación con la sociedad civil y va más allá de las complejidades paranormales a las que tan dados somos los españoles en nuestra reciente historia -hablo de los últimos veinticinco o treinta años-. Comprendo la existencia de una masonería no excluyente, preocupada por su tiempo y capaz de complicarse la existencia por y con la ciudadanía con la que convive y a la que también debe su existencia y razón de ser. Cualquier otra concepción, respetable, no la comparto y no la quiero para mí.
Lo anterior puede explicar bien las razones que me han guiado hasta la fecha; la tozudez educada con la que a veces me he empleado; y las medias tintas, que también las ha habido, con las que he conducido mis pasos.
Estos días me han dado para pensar. He reflexionado sobre Asturias y sobre la situación española. Y he llegado a la conclusión en ambos casos de que hay un margen para el optimismo siempre y cuando este vaya acompañado por la calma. He pensado en el laicismo, una de nuestras señas de identidad, y, si bien es cierto que nuestro país tiene unas necesidades especiales y particulares, no lo es menos que todavía nos queda mucho por aprender, por definir conceptos o al menos conocer los que ya están definidos. Porque no hay más que ver y escuchar un poco para observar cómo unos intentan hacerse dueños de esta marca para colocarse la etiqueta apetecible de la progresía; o bien contemplar cómo otros confunden los términos y piensan que una organización laica del Estado es lo mismo que la enunciación de su aconfesionalidad; o admirarse sorprendido ante los intentos de los enemigos de la democracia y las libertades públicas, que pretenden mezclar anticlericalismo con laicismo, interesadamente, y hasta sacarse de la manga una versión edulcorada llamada "laicidad" a partir de una oportunista traducción de la lengua francesa: Ciertamente en Francia la expresión "laïcité" tiene un contenido diferente al de "laicidad" que algunos manejan, más alejado de lo que entendemos por laicismo, militancia activa para que el Estado conserve la total independencia respecto a los asuntos religiosos y una exquisita neutralidad en relación con la totalidad de confesiones, sin reconocer unas en detrimento de otras, sin atribuirles privilegios, entendiendo que la religión no es sino una cuestión que atañe única y exclusivamente a la vida privada de las personas sin mayor consecuencia.
La Torre de San Nicolás y la Torre de la Cadena, a la entrada del puerto de La Rochelle, y las ostras inevitables y deseadas en este maravilloso lugar, nos acompañaron en nuestras conversaciones. Quizá no hablamos mucho sobre estas cuestiones teóricas, tan importantes para lo que vamos a hacer en el futuro, para lo que queremos hacer en los años venideros. Pero sí nos pudimos escuchar y apreciar que a pesar de todo nos une lo mismo en este complicado camino. Tal vez la distancia, la diferencia cultural, los diferentes climas humanos a los que tenemos que enfrentarnos, o nuestras diferentes experiencias (y ya saben algunos que las de Asturias en el pasado son experiencias muy negativas), nos den ópticas muy distintas a la hora de analizar la realidad; pero nada impide que reconozcamos que todos tenemos por cierto y seguro qué es lo que queremos para nuestra sociedad.
He pensado también en lo que supone hablar de Francia desde un país como el mío que tantas veces se ha enfrentado por diversos motivos a él. Los españoles hemos visto muchas veces en Francia a un enemigo indeseable del que venía toda amenaza a nuestra independencia y soberanía. Pero la realidad es que esa es la imagen que ha sostenido interesadamente una de las Españas, la cerrada sobre sí misma, y que nunca comprendió que a partir de determinado momento Francia ha dejado de ser un país para convertirse, fundamentalmente, en una idea.
Esa idea no conoce fronteras, ni barreras, ni prejuicios, ni desigualdades, ni miserias, hambres o tragedias; esa idea no conoce odio entre semejantes ni distancias; no conoce súbditos y su único objeto es la Humanidad. Esa idea, una cursilada para cualquier dogmático que se precie, me ha seducido desde siempre por mi aprendizaje "materno". Pero la Francia que ha sido cuna de tantos cambios ha entrado en crisis. Oía estos días al lado del mar que la bestia inmunda siempre está dispuesta a renacer; y es cierto que en toda la civilizada Europa ese riesgo existe. No hay más que dar una vuelta por algunos de los países de nuestro viejo continente para alarmarse: Bélgica con sus conflictos territoriales y lingüísticos; Polonia con su pseudo dictadura católica; o la mismísima Francia de Sarkozy, xenófoba y racista. Por eso, haber oído hablar de cambios, de modificaciones en la vida de esta vieja dama que tantas veces ha empuñado la bandera de las libertades, me ha hecho regresar feliz, animado a emprender con todos esos compañeros de batalla otra pequeña lucha que nos permita no perder el contacto con la realidad; no convertirnos en un museo viviente; no olvidar que estamos aquí por principios y no por razones de oportunidad; no perder de vista que la prudencia siempre ha de acompañar nuestros pasos, pero que esa prudencia ha de ir acompañada de determinación; por tanto ¡Seamos libres! ¡No tengamos miedo!
"¡Ah! ça ira, ça ira, ça ira... " Así decía la canción en 1789... Así sigue diciendo y así deberá seguir cantándose por nuestros hijos e hijas.
Mi recuerdo especial para Félix, con quien no había mantenido muchas conversaciones, pero que el último día me escuchó atentamente hasta el aburrimiento, con una paciencia infinita que sólo puede ser sabiduría teniendo en cuenta que él no estaba de acuerdo conmigo. Si alguien en Francia lee esto que no sea él y le puede hacer llegar mi pequeño reconocimiento, se lo agradeceré. Un fuerte abrazo, mon ami, mon frére.
Un fuerte abrazo a cuantos me habéis acompañado allí, tan lejos de mi casa, tan cerca de mis sentimientos.

miércoles, septiembre 6

Una de policías

Entre todas las noticias escalofriantes que este verano han copado los medios, una de ellas reúne una serie de condiciones para hacerla negativamente sobresaliente. Si el año pasado, en Roquetas de Mar, un agricultor la palmaba en un cuartel de la Guardia Civil como en los viejos tiempos, y aparecían en escena testigos, porras extensibles, neutralizadores eléctricos y otras tecnologías y usos no reglamentarios más propios de la ESMA o de la DGS, este año, en Torrevieja, Alicante, se ha materializado un nuevo Tombstone, como en el Oeste, con pistoleros, chulos de pacotilla y sheriff incluídos.
Qué miedo me dan las fuerzas vivas cuando empiezan a colear. Qué miedo da la Administración uniformada cuando se pone brava y se salta todos los pretiles, y deja de ser aparato para convertirse en noche de cuchillos largos y cristales rotos.
En Torrevieja, Alicante, el Jefe de la policía local no podía ser jefe. No tenía titulación; varios de sus "agentes" patógenos, tras una investigación judicial, han sido detenidos y sometidos a interrogatorio por su implicación nada menos que en la perpetración de un delito de torturas. El concejal de salud del citado ayuntamiento, propietario de una clínica, ayudaba a los defensores de la ley y el orden con los partes de lesiones causados a las víctimas de las detenciones, realizando alguna manipulación que otra en los informes médicos que quitara carga dramática al asunto.
Todo comenzó como le hubiera gustado a Sarkozy, del que nos acordábamos aquí el otro día: un argelino -no podía ser Rodríguez Menéndez, ni Mario Conde- asalta una vivienda que resulta ser de un policía local. El policía parece que estaba en casa. Y el resto de la historia ya se lo pueden imaginar pensando en el guión de una película americana: a comisaría, y paliza va y paliza viene. Todo presuntamente, "esta pa que escarmientes, moromierda", "esta pa que vuelvas a África", "esta pa qu´aprendas", "esta por España"... Todo presuntamente, insisto.
El caso es que el "moromierda",magullado y ofendido, denunció los hechos en una dependencia diferente a la que le había acogido para su reeducación, y la maquinaria pesada, torpe y lenta de la Justicia echó a rodar. Parece que la vieja dama semidesnuda equilibró bien la balanza, no se quitó la venda, dejó, por una vez, de estar sorda, y sonrió ligeramente al pobre infeliz.
Como por arte de magia, a raíz de la investigación que ha derivado en gran escándalo, comenzaron a aparecer denuncias de otros ciudadanos, protagonistas también de incidentes con los chulos policías, enfundados en sus ajustados leotardos y subidos a sus polainas negras, modelo "mein kampf": "Gorda, circula y calla o vas a saber lo que es bueno". Ha llegado la peste hasta las perfumadas instancias municipales: El alcalde, no obstante, no sabe nada: "¿Dónde dice que ha pasado eso? ¿Mis policías? Imposible; son tremendos pofesionales".
Torrevieja, que antes era famosa por aquel concurso televisivo en el que a los más tontos les tocaba un apartamento horroroso o una calabaza de plástico, ahora se ha convertido en un pequeño circo de las miserias; un lugar en el que se ha materializado y vestido de uniforme la sospecha de abuso, de vejación y de poder arbitrario: Una de las peores cosas que puede suceder en un Estado que se dice, nada menos, que social, democrático y de Derecho.
¿Será cierto que no estamos indefensos? Dejemos actuar a la dama de la balanza y creamos en la presunción de inocencia, en la independencia judicial y en todo aquello en lo que no quieren creer los que, cobijándose en la superioridad que les da ejercer una función administrativa, traicionan la confianza ciudadana, y se vuelven contra aquellos que les dan de comer olvidando que no están por encima del bien ni del mal, sino sujetos a la ley; es algo que olvidan los malos policías y los que han ido a piar a la puerta de los Juzgados, bajo la batuta del partido político de turno, para que la mano dura sea la medicina con que enfrentarse a la delincuencia. Mano dura sin más. Mano dura sin reglas, sin leyes... ¡Qué más les da! Cada vez que se olvida que todos los poderes existentes en una comunidad democrática han de respetar una regla de equilibrio, de pesos, de contrapesos, de garantías y de respeto a derechos que son intangibles e incuestionables, la Democracia queda herida. Una pequeña herida a la que siguen otra y otra, hasta que la gangrena se extiende a los mismísimos tuétanos.
Y es que a veces pensamos que a nosotros, bien pensantes, no nos pasará nada; pagamos los impuestos correspondientes -o decimos que los pagamos-; vamos a misa los domingos y fiestas de guardar; hacemos comuniones, bodas y lo que pinte; nos engominamos el pelo o nos dejamos un bigotito estilo "unidad de destino en lo universal"; llevamos una pulserita con la enseña patria; o nos ponemos unas enormes gafas de concha y unos pendientes de perla, grandes como huevos modelo Calle Uría... Pero un día alguien, con pistola al cinto, rumiando chicle, piernas arqueadas como John Wayne, dice "Gorda, circula". Entonces, sólo entonces, estaremos perdidos.