sábado, abril 28

Bayonetas laicas

Hace ya mucho tiempo me entretenía mirando las fotografías de las revistas y periódicos que mi bisabuela guardaba en una alhacena. Rebuscaba y podía encontrar verdaderos tesoros que habían quedado sepultados en la montaña de papel. Entre todo aquel desorden aparecían los ejemplares del "Mundo Obrero", que en tantas ocasiones repartía mi bisabuelo, y recuerdo de aquella época un titular: "El marxismo no viaja en tanque". La fotografía de la portada estaba tomada en Polonia. Eran los años en que el sindicato Solidaridad desafiaba el sistema totalitario soviético y emergía por contra aquello que se llamó Eurocomunismo; unos soldados aparecía en la estampa al lado de un vehículo blindado. Una mancha negra en una nevada superficie blanca.
El recuerdo de la infancia ha resucitado otra vez gracias al pronunciamiento que acaba de hacer el ejército turco, guardián de la república laica. No he podido evitar el paralelismo con aquel titular, porque tampoco el laicismo viaja en tanque ni necesita del brillo de las bayonetas para establecerse.
Fue Mustafá Kemal Atatürk quien fundó la moderna República de Turquía. Una Turquía muy diferente a aquella de los Sultanes que se convirtió en el primer país que dio el voto a las mujeres, mucho antes que algunas civilizadas naciones de nuestra órbita. Sin embargo, la historia de este país que ahora suscita tanto interés ante el auge del islamismo por una parte, y su petición de entrada en la Unión Europea por otra, tiene en sus pliegues verdaderos instantes de oscuridad protagonizados por un ejército que ha entrado en juego siempre que lo ha considerado conveniente. Ésta de ahora parece ser una nueva ocasión para blandir la espada y que todo el mundo sepa a qué atenerse.
Son tiempos convulsos: No hace tanto el islamismo radical se ha atrevido a apretar el gatillo de sus pistolas contra intelectuales turcos que, probablemente, son quienes pueden aportar algo de riqueza y contenido a ese razonamiento colectivo que para la modernidad y el progreso ha de afrontar la sociedad de este país. Las bombas estallan en Estambul llevándose por delante la idílica imagen que brindaba hasta hace poco el exotismo oriental al alcance de la mano. Hace un par de semanas una masa ingente se manifestaba en Ankara y se concentraba ante el mausoleo en el que reposan los restos del fundador de la moderna Turquía; reclamaban el carácter laico de la nación, amenzado por la presencia en el gobierno de lo que se ha venido en llamar islamismo moderado.
Echando la vista hacia atrás, se sabe con certeza de la militancia masónica de muchos comtemporáneos de Atatürk, que se embarcaron con él, tanto en el ejército como en el partido Unión y Progreso, en la tarea de refundar Turquía. Del propio Mustafá Kemal se cree que fue iniciado en la Logia "Macedonia resorta et veritas". Y es un hecho cierto también que a principios del Siglo XX un gran número de oficiales pertenecientes a la masonería se enfrentaron con los islamistas radicales capitaneados por Abd-Al- Hammit, hasta que por las armas lograron expulsar a aquel y a sus fuerzas de Estambul. La Masonería fue entonces, como siempre, el enemigo a batir por los radicales islámicos de entonces.
Los tiempos hoy, sin embargo, son otros. También diferente es la situación. Turquía tiene pendientes un gran número de asignaturas: Un régimen penitenciario y penal todavía extremadamente deficiente y escasamente respetuoso con los derechos humanos; una resistencia incomprensible al reconocimiento del genocidio armenio; una relación brutal en ocasiones con la comunidad kurda; y un ejército omnipresente en un país que se tensiona fácilmente ante otros como Chipre o Grecia.
Llama la atención la existencia de una gran masa de población consciente de lo que es la libertad religiosa y los riesgos que entraña la filtración del dogmatismo en el tejido social. Es este un fenómeno interesante que debería ser observado con mucha atención desde Occidente, pues es a esa población, preocupada por la irrumpción en la vida pública de un partido para el que la religión y la política mantienen un sólido nexo, a la que hay que sostener y la que debe de servir de punto de apoyo si se quiere que determinados valores, que en nuestros sistemas democráticos son fundamentales, tengan eco en un lugar que puede convertirse en una puerta abierta a una cultura y un mundo diferentes. Sin embargo, la concienca laica de una ciudadanía no necesita de la fuerza de las armas para establecerse o ser aplicada. El laicismo no puede ser entendido sino como un avance de la democracia; forma parte de la democracia misma. Cualquier recurso a la amenaza velada, esto es, lo que acaba de suceder con el ejército turco, no guarda relación alguna con el laicismo: Eso es otra cosa. A los ejércitos no les corresponde otra misión que la que les encomiende el poder civil que surge de las urnas; no corresponde a ningún uniformado preocuparse o manifestar inquietud. Y no le corresponde tampoco erigirse en guardian de nada. En Turquía asistimos a una experiencia muy interesante; en estos tiempos que corren sabremos pronto si, en función de los pasos que se den, nos encontramos ante un país en el que su sociedad es capaz de administrar una profunda transformación, o si, por el contrario, nos encontramos únicamente ante un decorado de cartón piedra tras el que se esconde una verdadera dictadura. Si esto último es lo que sucede, Europa deberá decir "no". Pero si a pesar de todo y los malos presagios, la razón, el diálogo, el intercambio de posiciones diferentes,son los elementos que acaban ocupando el espacio público, entonces esta vieja y digna Europa nuestra deberá estar lista para aprender una buena lección.


Artículo publicado en De Igual a Igual

Homenaje a Rosario Acuña



El próximo día 5 de mayo, sábado, en el Cementerio de Gijón, en Ceares, a las 12:00 del mediodía, la Logia Rosario Acuña rendirá un homenaje a la escritora, librepensadora y hermana a la que le debe el nombre, con ocasión de cumplirse el 84 aniversario de su fallecimiento.

Invitamos a toda la ciudadanía a participar en este acto, cuyo objeto es guardar en la memoria colectiva un recuerdo cariñoso para una mujer que lo dio todo por los ideales de progreso, igualdad y libertad.

jueves, abril 26

Gernika

Los rojos incendiaron Gernika. En su huída desordenada rociaron con gasolina los muros de piedra de la emblemática villa y todo ardió. Esta es la mentira que contaron los medios de comunicación franquistas hace hoy setenta años. Europa asistía muda y ciega al primer bombardeo sistemático y premeditado de una población civil. Nada contaban, ni la prensa ni las radios golpistas, de la aviación nazi y sus ametrallamientos a la población vasca en un día de mercado. Nada se decía de la utilización de bombas de fósforo, que provocaban un incendio casi eterno, por primera vez en la historia.

Y sí, la civilizada Europa que había decidido no intervenir, miraba una vez más para otro lado mientras Gernika adquiría méritos para quedar inmortalizada gracias al horror y a Picasso. No fue esa la primera vez que la aviación nazi y la de la italia fascista intervinieron en la Guerra de España. Pero sí ha pasado el hecho a la historia como la primera vez que se actuó a conciencia y con una finalidad estratégica contra una población civil indefensa, buscando el mayor número de bajas y, en consecuencia, el terror que precede a la desbandada. Los obuses de los barcos alemanes habían caído antes sobre la población de Málaga que abandonaba la ciudad por la carretera de Almería: Fue ésta otra de nuestras remarcables tragedias; pero la de Guernika, hace hoy setenta años, retumba en el tiempo a pesar de los esfuerzos que tanto "historiador" de salón de baile y tanto macarra armado metido a escribidor y archivero, hacen por contar el cuento al revés.
Uno a veces piensa en lo ridículas que son algunas prohibiciones establecidas por la serena comunidad internacional que, reunida alrededor de una brillante y roja mesa de caoba, decide suprimir determinadas armas de la circulación o prohibir algunas conductas "inapropiadas". Me viene a la memoria esa famosa Convención de Ginebra que tanto se menciona en las películas y que, parece, debe ser algo así como un conjunto inviolable de reglas para jugar una macabra partida de parchís. Siempre he pensado, sin embargo, que todo este cúmulo de prohibiciones son un poco absurdas en tanto no se erradique la violencia como método resolutorio de conflictos. La historia de la humanidad se prodiga en avances tecnológicos que han hecho más fácil, no la guerra, pero sí la destrucción, cada vez más masiva, cada vez más metódica, cada vez más irracional a pesar de los abundantes tratados, de los escándalos internacionales, de la pulcritud de las reglas que quieren presentar los conflictos como una justa medieval.

Al final son siempre los mismos los que se mueren de hambre; los que son gaseados, incendiados, ametrallados; los que aparecen negros bajos los escombros, o se pudren con un cáncer que los roe hasta los tuétanos. Al final son las ciudades las que se hunden; las colectividades de uno u otro lugar las que son eliminadas sistemáticamente; las mujeres las que son violadas obedeciendo a una metódica programación étnica. Finalmente, a pesar de los setenta años, seguimos viendo lo mismo y siendo un lamentable botín de guerra.

Nadie quiere las guerras. Eso es lo que dicen, decimos todos. La pregunta es inevitable ¿Por qué existen entonces?

sábado, abril 21

Floreal Arnal

A Floreal Arnal le conocí en junio pasado. Había escuchado muchas veces a Víctor hablar de él; y también a Machado, y a José Artime. Pero yo le conocí y le escuché en el mes de Junio, en Moissac, a orillas del Tarn y muy cerca de la confluencia de este río con el Garona.
Era un día de sol; caliente, despejado y tranquilo. Un día lleno de luz, apacible.
Le escuché hablar con una voz tonante, fuerte, segura, sobre la historia de la reconstrucción de una Logia emblemática para los españoles: La Toulouse. A ella pertenecía. Formó, con el asturiano José Artime, parte de aquel equipo que hizo renacer a una Logia que sirvió de refugio al exilio republicano español y que se había ido marchitando.
Explicó cómo el tiempo era el aliado indispensable de todo masón; cómo el trabajo ha de ser hecho con paciencia infinita, con profunda reflexión, sin prisas, hasta llegar a ver algún pequeño y esperanzador fruto.
Floreal me llamó un día por teléfono. Era también una tarde luminosa y mientras hablaba con él, los rayos de sol entraban en mi habitación y su voz se escuchaba igual de sonora a través del auricular. Había recibido unos versos míos dedicados a José Artime y quería saber si podía leerlos en un homenaje público.
Floreal Arnal, cuyo nombre simbólico -esa costumbre masónica tan española- era el de un poeta -Lorca-, llevaba a España en su pensamiento y en su sentir. Cruzó la frontera, niño, en plena guerra civil y perdió a una hermana, niña también, en la huída de la derrotada democracia republicana. Creció en Francia y Francia le acogió. Allí trabajó y vivió. Y allí acaba de apagarse esa luz brillante y cálida a la que asocio su nombre, republicano y primaveral, reflejo de la fuerza, de la vida y del combate de la razón.



Se esconde el sol de la mañana
en el amanecer gris y eterno;
huye el viento arañando las esquinas del día
y el agua del ancho río verde y sereno
se pierde lejos, entre los ojos de un puente nuevo.
Allí, donde todos los ríos encuentran
el lugar que les pertenece,
estarán los cansados huesos,
la mirada clara
y la voz de trueno.
Un verso pequeño,
una palabra breve,
quiere detener un tiempo que se oscurece.
Las sombras heridas.
La razón que no duerme.
El oriente infinito adonde los hermanos vuelven.



En Gijón, un día de Abril, una primavera de España del año 2007, recordando a Floreal Arnal.

Crónicas Tetuaníes

En relación con el laicismo parece que no estamos solos aquellos que defendemos que esta idea, pilar de la democracia en tan pocos lugares del mundo, avance y se consolide. En este sentido España va incorporando poco a poco este planteamiento a su debate cotidiano, a pesar del interminable lastre que supone el pasado vivido, el soportado y también el padecido.

El Instituto Cervantes en Tetuán ha organizado las Crónicas Tetuaníes, inauguradas al alimón, nada menos, que por Juan Luis Cebrián y Juan Goytisolo. En Marruecos se ha hablado de laicismo o, tal y como ya se dice por todas partes afrancesando innecesariamente la palabra, de laicidad. Ha sido la Alianza de Civilizaciones la que ha permitido enmarcar el debate y la exposición de estas dos figuras de indudable peso; una alianza que Goytisolo prefiere definir como "de valores".

Sean las civilizaciones o los valores los que se alíen, me produce mucha satisfacción el sólo hecho de que el laicismo sea una cuestión más de la que hablar entre los que aspiran a erradicar la fuerza y el dogmatismo como ejes vertebradores de la convivencia ciudadana. Hablar de laicismo, ya sea en Oviedo o en Tetuán, tiene que servir para transmitir una idea clara de lo que éste significa y supone para los hombres y mujeres que integran las sociedades. No se trata de segregar a las religiones o a quienes profesan una u otra creencia; o de sostener conductas antirrelilgiosas como regla general de comportamiento. Se trata sencillamente de aceptar el hecho religioso como un componente más de las libertades individuales, pero evitando que lo que es una convicción íntima y personal pueda ser utilizado como argumento o fundamento de pretensiones totalitarias, estableciendo como verdad universal aquello que no puede ser otra cosa que una respetable "verdad" particular sin más trascendencia para la colectividad.

Desde esta perspectiva -aquí lo hemos escrito en muchas ocasiones- los Estados, que han de permanecer escrupulosamente neutrales frente al hecho religioso y sus múltiples manifestaciones, sí tienen en este momento en el que las culturas y las personas se mezclan casi ilimitadamente, la obligación y la tarea de encontrar los puentes y lazos de unión; aquellos elementos que, dentro de tanta diversidad, permitan el encuentro, el entendimiento, la construcción de estas sociedades nuestras que habrán de afrontar una transformación ya imparable en los próximos años.

Hace dos días escuchaba con cierto espanto a una persona joven , supuesto especialista en alguna materia religiosa, que, en una tertulia televisiva, hablaba con una muy mal encarada Isabel San Sebastián y le explicaba "el peligro" que suponía la proliferación de mezquitas en España. Citaba aquel presunto sabio el ejemplo del proyecto existente para Barcelona, donde se preveía que los soñados minaretes se alzaran orgullosos por encima de las torres de la Sagrada Familia. La preocupación me resultó ridícula; me hizo recordar a aquella pugna entre gallegos y asturianos en Ciudad de La Habana con sus respectivos centros y que, cómo no, ganaron los asturianos con una ocurrencia "grandona": El arquitecto Manuel del Busto edificó el Centro Asturiano y en una manzana próxima se levantó el Centro Gallego. Resultó que la piquilla existente entre las dos comunidades emigrantes encontró en la altura de los edificios una excusa para burlarse de la falta de medios del compatriota, halagando a la par la grandeza propia. Los asturianos, perdedores en la carrera, decidieron modificar los planos del edificio contra todo criterio estético y añadir finalmente, cuando nadie se lo esperaba, una especie de castillete que permitía sobrepasar el horizonte trazado por el tejado de los gallegos. Yo no sé si con los minaretes de Barcelona sucederá lo mismo, pero el programa de televisión, emitido por la cadena de la Iglesia católica, trabajaba en una línea diferente a cualquier iniciativa laica, tolerante o de aceptación de la diversidad. Pretendía advertir sobre la peligrosa implantación del Islam en España y la llegada de dinero de los Emiratos Árabes, fuente de radicalismo religioso.

Hoy he tenido conocimiento por otra parte de un incidente en Burgos con abucheos dirigidos al Cardenal Rouco Varela. Tremendo error éste, tan español y tan universal, de ahogar con griterío al adversario. Nadie sabe el flaco favor que se le hace a los ideales laicos, a los principios de la democracia, con actitudes semejantes; y mucho más cuando ese adversario conoce a la perfección la interpretación del papel de vícitima y perseguido.

Son estas las actitudes que hay que evitar y que, en muchos casos, son totalmente contraproducentes para quienes quieren otro estado de cosas. Son los planteamientos basados en el miedo, en la creación de un antagonismo insalvable donde sólo hay una diferencia, los que nos tienen que preocupar realmente aunque éstos sean los que pasen más desapercibidos; y es el espíritu de las Crónicas Tetuaníes el que ha de animar nuestros pasos mejor que las algaradas callejeras dirigidas a un alto e intolerante mandatario de una confesión religiosa. Nuestro trabajo, por tanto, tiene un claro objetivo: encontrar los puntos de encuentro allí donde el dogmatismo sólo quiere que se vean distancias insalvables.

jueves, abril 19

Volver a la Ilustración

Gregorio Peces Barba es, ha sido, y será una referencia básica, elemental e indispensable en la cultura jurídica, humanista y democrática de nuestro país. Este "Padre de la Patria", coautor de la vigente Constitución española,ha recibido un mal pago de una buena porción de los habitantes de este país, que en el último tiempo se han dedicado al envenenamiento masivo de las conciencias y a propagar la tiniebla helada del oscurantismo.

Frente a eso, Peces Barba ha guardado un discreto silencio, sin entrar a embestir en la arena de nuestro ruedo ibérico, el capote raído del dogmatismo. He aquí una muestra de lo que es un buen hacer y un buen pensar.


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Volver a la Ilustración



La defensa del individuo y de su autonomía moral constituye un desiderátum de civilización que debe ser el objetivo de la pedagogía de la libertad en el ámbito educativo y también en el social y político. Desde la asignatura de Educación para la Ciudadanía, hasta el comportamiento de los profesores, de los líderes sociales y de los políticos, en sus respectivos campos, éste es el fin exigido y debido más universal. Frente a los falsos ídolos, al interés tribal y al fanatismo colectivo como barbarie manipulada, el respeto a la dignidad del individuo, la bandera del iluminismo, que es medida del progreso en la sociedad actual, representa el núcleo esencial de las tareas del porvenir en la enseñanza, en la acción colectiva y en la política para una sociedad bien ordenada. Por eso la vuelta a la Ilustración es una exigencia moral para nuestro tiempo y especialmente para nuestro país. Es la forma de medir el progreso de la humanidad según se produzca el desarrollo de las condiciones morales y de la capacidad de autodeterminación, y es también el máximo deber de la ciudadanía ilustrada, de los profesores y de los políticos responsables.
El diagnóstico de las raíces, esas prédicas radicales del odio y del desprecio del otro, del adversario, de esos comportamientos hostiles oscuros y desaforados y de esas descalificaciones totales y sin remisión, son el primer paso para su condena, su rechazo y para la búsqueda de caminos alternativos marcados por la tolerancia, la amistad cívica y el juego limpio. Su origen está en la falta de respeto, en la no consideración de los demás, en la dialéctica amigo-enemigo, en el oscurantismo, en la pobreza, en la explotación, en las técnicas de envilecimiento que practican medios de comunicación -afortunadamente no todos-.
La Ilustración supuso la conquista de la autonomía moral de las personas y la superación del paternalismo de la teología como gran controladora del pensamiento y de la acción humana. La persona supo caminar por sí misma y toda la cultura de las luces produjo un gigantesco esfuerzo para salir de la minoría de edad y para aprender y saber. Las grandes instituciones políticas y jurídicas del XIX y del XX son deudoras del XVIII. Incluso las corrientes intelectuales aparentemente enfrentadas con el racionalismo iluminista, como el romanticismo, generan líneas liberales y sociales en autores como Victor Hugo o Lamartine, que contribuyen al fortalecimiento de las ideas heredadas del siglo anterior.
Los enemigos de las luces comprenderán el peligro de su difusión y desde posiciones eclesiásticas y contrarrevolucionarias por un lado y fascistas, leninistas y anarquistas por otro, harán todo lo posible para contrarrestar sus efectos, y para luchar contra alguna de sus grandes conquistas como el constitucionalismo o los derechos humanos. Rechazan la idea del hombre abstracto e incluso, como De Maistre, la propia noción de hombre. Afirma éste que ha conocido a franceses, ingleses y alemanes e incluso a persas por medio de Montesquieu, pero que nunca ha conocido a un "hombre". Creen en la constitución natural de cada pueblo, que marca sus instituciones, y no al revés, con constituciones normativas que marquen a la realidad social. Los antimodernos creen que la realidad natural es la que condiciona a las normas y no al revés, sueñan con volver a la sociedad estamental y al corporativismo y rechazan el protagonismo del individuo. Ese enfrentamiento se produce ya en el siglo XX, con los totalitarismos nazi, fascista y estalinista, con el Estado y el partido de clase como nuevos salvadores, con construcciones ilusorias y llenas de peligros que deshumanizan y arrinconan a la persona. Desde esas premisas organizan el más formidable ataque contra la dignidad humana y contra el liberalismo social e ilustrado.
La salida de esa tremenda crisis de humanidad después de la II Guerra Mundial fue muy traumática e incluso ayudó al renacimiento del Derecho natural, el atribuir al pensamiento positivista la responsabilidad por los trágicos efectos del conflicto, cuando en realidad fueran positivistas como Kelsen, Hermann Heller o Fernando de los Ríos quienes más se enfrentaron y sufrieron las agresiones de los defensores del "nuevo orden". En el levantamiento militar contra la República española, los fundamentos intelectuales originarios los plantearon casi exclusivamente los iusnaturalistas y las coberturas posteriores también, mientras que positivistas acreditados como González Vicén y más tarde Elías Díaz fueron represaliados y perjudicados en sus carreras académicas; también el autor de estas líneas y otros profesores. Además, el tipo de iusnaturalismo que defendieron era el más clásico y reaccionario de todos los posibles y siguió apoyando a un régimen corporativo, orgánico y perseguidor de las libertades.
Tras la reinstauración de la democracia, se disiparon esos peligros con la Constitución, que ha permitido un régimen político libre durante casi treinta años, aunque no ha estado exento del peligro de recaídas en los viejos modos. Quizás el momento más visible fuera el golpe de Estado de febrero de 1981, aunque no el único. Momentos delicados fueron el uso ilegal de acciones policiales para combatir el terrorismo, en varias etapas y con diversos Gobiernos, aunque el más conocido, con los GAL, ha sido ya resuelto, con serias condenas a los considerados responsables.
También desde otra perspectiva muy diferente resulta muy preocupante el sistemático comportamiento del Partido Popular de oposición radical al Gobierno desde que perdió las elecciones en 2004. Está creando una tensión constante que ha trascendido a la sociedad, faltando al juego limpio y a la lealtad hasta ahora mantenidos en materia de terrorismo. Algunas de las formas utilizadas en esa política recuerdan a tácticas schmittianas por la consideración del adversario como enemigo y por la siembra del rechazo radical y del odio contra el presidente del Gobierno y otros dirigentes socialistas, además de una descalificación general de las instituciones. En todo caso, esa forma de proceder no ayuda al fortalecimiento del sistema y puede contribuir seriamente a deteriorar el clima de convivencia y a la necesaria cooperación política entre unos y otros, mayoría y oposición en cuestiones de Estado.
No sé si será predicar en el desierto pero hay que restablecer el clima de la cultura política ilustrada y abierta y superar la insoportable tensión que genera principalmente el Partido Popular. Quizás sólo con los resultados de las elecciones autonómicas y municipales primero, y generales después, se podría volver a la normalidad. En todo caso sería deseable cambiar cuanto antes el clima, pero de verdad, no con fingimientos ni mentiras, ni con un comportamiento real destructivo y con unas palabras contradictorias que pretenden simular moderación. Sería deseable que todos pensasen en ello y, sobre todo, que pudieran actuar desde las buenas reglas del juego limpio.


Gregorio Peces-Barba Martínez es catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Carlos III de Madrid.

martes, abril 17

Arriba y abajo

Quizá esta sea la clave a tener en cuenta; quizá no sea tan importante el dogma ideológico con sus correspodientes revisiones y adaptaciones al tiempo en que se vive; quizá todo sea más sencillo y baste con saber que las distancias verticales entre unos y otros, son las distancias que verdaderamente importa eliminar. Aunque estoy seguro de que también habrá quien considere que esos empinados y difíciles espacios son un mal necesario e inevitalbe. Ahí lo dejo para la reflexión de cada cual. A mí me ha parecido de un gran interés y he querido compartirlo.

lunes, abril 16

Sindonología en Oviedo

La primera vez que tuve oportunidad de saber algo de un paño imbuído de los misterios religiosos fue en Ávila. Me encontraba en el convento de la Encarnación, donde entre otros portentos pude ver una virgen milagrosa sobre la que no se posaba el polvo, y unas pinturas que hicieron huir a unos soldados de Napoleón que entraron en el lugar con lúbricas intenciones. El decorado era de muy mal gusto con lo que, conociendo el "savoir faire" de nuestros vecinos no es de extrañar la estampida. En la tienda que había dentro del convento, entre otras cosas, podías comprar por cinco duros unos "paños tocados a la carne de la santa". La santa era la propietaria del brazo incorrupto, descuartizada después de muerta y repartida por uno y otro lugar como un macabro rompecabezas. No pude resistir la tentación de llevarme los dos minúsculos pedazos de un supuesto lienzo, como de un milímetro cuadrado. Andan perdidos por casa, en una caja, guardados con un recordartorio que me hallaron en un restaurante de Latores, tirado en el suelo, ya viejo y mugriendo, años cincuenta, y con una oración dedicada nada menos que a nuestra señora del servicio doméstico.

Ahora, después de aquellas experiencias, el programa de los marcianos y fenómenos paranormales de la Cadena Ser le dedicó unos minutos al santo sudario que se guarda en la catedral de Oviedo, y que cada año, el domingo de resurrección, es exhibido ostentosamente a los fieles que ven en él el trozo de tela que cubrió el rostro de Cristo en su tumba. El meollo del asunto parece que se centra ahora en acreditar la veracidad de lo que desde la Iglesia católica se ha venido contando. Hay un empeño en probar que existe una correspondencia temporal y de restos de ADN entre esta tela y la que guardan los italianos en Turín, la famosa Síndone, sábana santa, que el carbono catorce ha datado entre los siglos doce y trece, época ésta, bien se sabe, muy distante de la que enmarcó las vivencias supuestas del hijo de dios.

En Oviedo, entretanto, se ha celebrado nada menos que un congreso supuestamente científico en el que se acaban de mezclar los apoyos de entidades tan dispares como el Arzobispado, la Universidad, unos cuantos bancos y empresas de reconocida fama, y hasta la Central Lechera. El fin, como siempre, juntar en la misma cesta un conjunto de intereses económicos variopintos, turísticos, publicitarios fundamentalmente, con un "best-seller" ambientado en Oviedo en los escaparates de las librerías vendiéndose como rosquillas de esas con las que comulgan en Vallecas, y también, sumándose a lo anterior, esa vieja aspiración eclesiástica de encontrar "algo" con lo que sustentar la fe apoyándola en una prueba material irrefutable. Así sucedió con la famosa sábana que, con todo el respeto que sea posible asimilar, ha resultado ser una falisficación de la mejor calidad sobre una tela medieval. No falta, por supuesto, quien intenta justificar y explicar lo inexplicable, pero ¡oh, casualidad! se trata siempre de voces bien pagadas y al servicio de su amo.

Es una vieja costumbre ésta la de encontrar vestigios de lo más dispar con los que apoyar la frágil capacidad humana de creer, tapar la boca de los incrédulos y, de paso, recaudar algún dinero. En la Edad Media las reliquias debieron resultar algo tan lucrativo como la telefonía móvil de nuestros días: Todavía hoy se cuentan en distintos establecimientos religiosos catorce prepucios provenientes de la circuncisión de Cristo. No sé cuántos son los litros de leche de la virgen que se conservan; tampoco se sabe con exactitud cuántos son los kilómetros de madera que formaron la cruz del suplicio que luego sería símbolo de martirio para tantos otros.

A nadie se le puede escapar el leve detalle que se esconde bajo la peana de cada santo; o el hecho de que las iglesias están a oscuras desde que se inventó el sistema de encendido eléctrico con una moneda introducida en una oportuna y ávida ranura. Y qué decir de aquellas velitas que se encendían en señal de respetuosa ofrenda... Todavía en Oviedo puede verse una antigua caja de metal incrustada en una columna, con una hendidura y una leyenda que recuerda que su finalidad era la recaudación de fondos con los que sostener la "santa cruzada".

En el fondo, desde mi incrédulo punto de vista, no se ha inventado nada nuevo; y todo esto no sirve sino para apuntar el hecho de que este siglo XXI no lleva consigo tantos avances como se pretende suponer; al menos en lo que se refiere al conocimiento y la instrucción ciudadana, blanco fácil de lo que para mí no es otra cosa que superchería.

Hace unos días me daban en la calle un panfleto de blanco papel y reducido tamaño. En él se anuncia la llegada a la heróica ciudad que duerme la siesta del profesor Salim, mago africano donde los haya y capaz de resolver todos los problemas que a uno se le pueden presentar en su existencia, desde una impotencia sexual hasta un problema judicial o un desarreglo intestinal. Confío en que la Asociación Nacional de Sexologos, y los Colegios de Abogados y Médicos a cuya gracia debemos el girar del Sol en torno a la Tierra, tomen cartas en el asunto por aquello de la desleal competencia; pero entre tanto me pregunto por la diferencia que puede haber entre una milagrería y otra. Asisto conigual incredulidad e indignación a las dos manifestaciones en las que tantas personas, de culturas muy diferentes, despositan sus esperanzas y traicionan a la razón. En ambos casos el dinero está presente; y en ambos supuestos también el programa de los marcianos de la Cadena Ser desarrolla sesudas y estúpidas indagaciones. Quizá la diferencia esté en el "best-seller" ambientado en Oviedo; y en el patrocinio de los bancos y la Central Lechera Asturiana; ése debe ser, sin duda, el soporte sobre el que se asienta la verdad y todo cuanto en el mundo hay de inquebrantable.


domingo, abril 15

La piel del cordero

Mañana, la extrema derecha se concentrará delante de las puertas del Teatro Campoamor de Oviedo, usando como pretexto el día Internacional contra la Esclavitud Infantil. Utilizan como reclamo la imagen de Iqbal Masih, niño asesinado por las mafias tapiceras pakistaníes en abril de 1995. Convoca la concentración el Movimiento Cultural Cristiano, que reclama la figura de la víctima como mártir de la confesión religiosa. El citado movimiento además está ligado a un partido político cuyas pegatinas impregnan los puestos telefónicos y alguna que otra pared: SAIN. También son responsables de la publicación AUTOGESTIÓN, donde se pueden encontrar unas cuantas soflamas que dejan claras muchas cosas sobre la línea editorial. Quien vea Oviedo empapelada ya conoce qué hay detrás de tan inocente convocatoria.
Esta es otra de esas tapaderas tras las cuales se esconden las peores posiciones, en este caso además adornadas con un tufillo confesional y dogmático difícil de digerir. Quién podría pensar que tras un inocente cartel se encuentran los peligros de siempre. Sin embargo, nada se escapa a la pesada y torcida mirada: Ni la masonería, ni el laicismo, el socialismo o las fuerzas sindicales. Otra vez, una más, la religión se sale del riego y quiere gobernar a la sociedad civil.
Todos sabemos que cuesta mucho dinero poner en marcha una campaña publicitaria e inundar una ciudad de cartelería es muy caro. El Movimiento Cultural Cristiano, sin embargo, realiza diversas pegadas de sus anuncios a lo largo del año. Quiero ser mal pensado: ¿Nos preguntamos de dónde sale el dinero para pagar todas estas cosas? Y es que desde que pasó aquello de Gescartera y tantos monjes y monjitas perdieron sus ahorros con el timo de la estampita, ya no puedo evitar pensar con toda la negatividad posible si el Arzobispado sabrá algo de las malsanas mezclas de religión y dinero ¡Aceite y agua!
Ahora que ha saltado un nuevo escándalo en torno a una entidad como Intervida, responsable supuestamente de desviar el dinero de apadrinamientos a operaciones inmobiliarias en varios países de América, y que además parece que ha obtenido el favor de un destacadísimo miembro del Opus Dei como Jesús Cardenal, antiguo Fiscal General del Estado, surge la preocupación por el control a que deben ser sometidas determinadas entidades que manejan recursos que, directa o indirectamente, provienen de una ciudadanía anónima y muchas veces -la gran mayoría- bienintencionada. Bien estará que empecemos a saber quién convoca realmente una concentración, o en qué se gasta el dinero que reciben las confesiones religiosas y todo el entramado de organizaciones paralelas que existen en torno a ellas. Bien estará también que todo el avispero de asociaciones, gerentes, directores técnicos, voluntariado real y supuesto, esté sujeto a las leyes de una forma real, y que los servicios de inspección de una Administración Pública que hasta la fecha no da a basto, comiencen a tener una intervención efectiva y a dar a la opinión pública una información real de lo que se esconde detrás de cada ente que, cubierto con una suave piel de lana, esconde muchas veces un auténtico depredador.

martes, abril 10

Manifiesto "Por la convivencia frente a la crispación"

Considero necesario, en este momento de nuestra historia, secundar cuantos esfuerzos, actos y empeños se pongan en marcha para conseguir que esta sociedad nuestra no pierda la paz, el progreso y las libertades públicas como ejes orientadores de su evolución y existencia.

Suscribo por tanto, y lo difundo para ayudar en la medida de esta pequeña fuerza, el manifiesto transcrito a continuación y que ha puesto en marcha recientemente un grupo de ciudadanos y ciudadanas.


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Si estás de acuerdo con el texto enviar firma o adhesión con tu nombre, dirección y profesión a las siguiente dirección de correo: nsartorius@bufetesartorius.net


MANIFIESTO


I.- Muchos ciudadanos de nuestro país observamos con creciente inquietud el grado de crispación y enfrentamiento en que discurre la vida política española. Es propio de sociedades democráticas el debate, la confrontación dialéctica, la crítica acerba y, como no, la utilización de los derechos de expresión o de reunión con el fin de manifestar la protesta o el apoyo. Nada de lo anterior nos debe, pues, preocupar ya que forma parte de la normalidad democrática.


II.- Lo que nos inquieta, por el contrario, es que el debate político argumentado esté siendo suplantado por la descalificación y el insulto; que el normal funcionamiento de las Instituciones sea trastocado y se niegue legitimidad a quien gobierna por voluntad de la ciudadanía; que el derecho a una información veraz se sustituya por la manipulación sistemática de los hechos a base de mentiras o de medias verdades que confunden a la opinión pública. Conjunto de procesos indeseables que si bien no han conseguido, todavía, provocar una quiebra en la sociedad española, muestran ya indicios preocupantes de que se puede estar gestando esa fractura que conviene detectar y soldar cuanto antes.


III.- Creemos, sinceramente, que este clima crispado no obedece a la situación real de España. Es como si una realidad virtual, construida ex profeso con fines partidarios o electorales, se sobrepusiera a unos hechos objetivos que quedan así, la mayoría de las veces, sepultados por una avalancha mediática que se concentra en ciertos temas y se olvida de todo lo demás. Bien es cierto que nuestro país sigue teniendo problemas serios sin resolver sobre los que, por cierto, no se incide ni se ofrecen alternativas desde la oposición. Pero nadie, con un mínimo de honestidad, podrá negar que la economía marcha razonablemente bien, que el desempleo ha disminuido, que las fuerzas sociales han alcanzado importantes acuerdos, que se han producido avances no desdeñables en derechos sociales y civiles y que, en general, ha aumentado el bienestar de la población aunque, desde luego, no en igual medida para todos.


IV.- Ante la evidencia de estos hechos, toda la carga opositora se ha concentrado en unos supuestos peligros para la unidad de España y en una no menos supuesta rendición del Estado ante los terroristas. Es decir, nada menos que “España se rompe y España se rinde”. Conviene afirmar, pues lo contrario sería faltar a la verdad, que tamaña desmesura no tiene nada que ver con la realidad, al margen de la opinión que cada uno tenga sobre cómo ha administrado el Gobierno tan delicados temas. Las reformas de los Estatutos de autonomía, salvo el de Cataluña, han sido aprobadas por los dos partidos mayoritarios y supone una falsedad obvia sostener que el Estatut, surgido de las Cortes Generales, rompe la unidad de España.Se puede o no estar de acuerdo con la política antiterrorista del Gobierno, pero de ahí a sostener que la decisión, mediante resolución judicial, de que un preso, por muy criminal que sea, pase a la situación de prisión atenuada, ante el riesgo acreditado por los médicos de que puede fallecer, cuando le quedan 16 meses de condena por un delito de coacciones, es una rendición ante la banda terrorista ETA resulta insostenible. Si de lo anterior se deduce, además, que el Gobierno ha pactado ya con la banda, o sus representantes políticos, el futuro de Navarra, de Euskadi y de España, sin acreditar tan graves acusaciones, nos parece que se ha alcanzado tal nivel de exageración y extremismo que se hace inviable un debate racional. En este sentido, no es aceptable convertir la lucha contra el terrorismo en el eje exclusivo de la oposición a cualquier gobierno democrático. Esta postura no tiene antecedentes en la Unión Europea. Sobre todo cuando en los últimos años la actividad terrorista ha disminuido en comparación con los cientos de atentados de anteriores legislaturas.


V.- El exceso ha llegado a tal punto que desde organizaciones con amplias responsabilidades sociales y financiadas por el Estado se hacen llamamientos a la objeción de conciencia en el cumplimiento de leyes aprobadas por el Parlamento y desde partidos con funciones de gobierno se apela a la rebeldía civil frente a un Ejecutivo legítimo, aduciendo que la nación española está en peligro. En un Estado democrático y no confesional, las leyes las hace el Parlamento y todos deben acatarlas. La apropiación partidaria de banderas e himnos nos retrotrae a épocas felizmente superadas y sólo puede ser causa de división. Convertir la propia idea de España en bandería es propio de dictaduras y de ideologías extremistas. En democracia no se puede pretender torcer la voluntad ciudadana ni con soflamas, ni con manifestaciones y menos con confusas actitudes “ caudillistas”. Es el voto y solo el voto el que debe decidir quién es el llamado a gobernar.


VI.- Esta política de confrontación se ha inoculado en esenciales Instituciones del Estado que deberían ser inmunes a las batallas políticas. Nos referimos a Institutos tan trascendentales como el Tribunal Constitucional. A veces da la impresión de que se producen movimientos, decisiones o maniobras tendentes a alcanzar objetivos que de otra manera no se lograrían (Véase el funcionamiento, en algunos casos del Consejo General del Poder Judicial) y que van en detrimento del prestigio y de la confianza que los ciudadanos depositamos en ellos.


VII.- Una situación de esta naturaleza no debería, en nuestra opinión, conducir al Gobierno a una actitud de confrontación, pero sí a una exigencia de liderazgo y de capacidad de propuesta. Una parte no desdeñable de la ciudadanía está confusa y es obligación de los gobiernos poner remedio al desconcierto. No es bueno olvidar que cuando la manipulación o incluso la mentira encuentran eco en las personas, ello obedece, generalmente, a una insuficiencia de claridad y de capacidad de comunicación por parte de aquellos que administran la cosa pública.


VIII.- En los próximos meses los ciudadanos vamos a tener ocasión de acudir a las urnas para votar en las elecciones municipales y, en ciertos casos, en las autonómicas. Será, sin duda, una buena ocasión- como siempre que los ciudadanos votan- no sólo de dirimir quien debe dirigir los consistorios y los parlamentos autonómicos sino también de exigir a los partidos y candidatos que se ocupen de los problemas concretos de los vecinos. Somos conscientes de que esta crispación inducida ha podido tener un efecto de hartazgo en los ciudadanos que los inclinen hacia la abstención. Nada sería más negativo en estos momentos. Los extremismos encuentran su espacio cuando la ciudadanía se abstiene y en esta ocasión cualquier inhibición no beneficiaría los avances sociales sino que propiciaría los retrocesos.


IX.- Nos gustaría apelar al buen sentido que las personas de nuestro país han demostrado siempre desde la recuperación de la democracia: que no nos dejemos arrastrar a la confrontación en base a la manipulación interesada; que evitemos dividirnos ante cuestiones en las que debemos mantenernos unidos como la paz, la libertad y la lucha contra el terrorismo; que defendamos el Estado de derecho, sus Instituciones y los avances civiles y sociales frente a los que pretenden hacernos retroceder en el tiempo.

sábado, abril 7

Masonería y Comunismo en España ¿Vidas paralelas?

Hace ahora treinta años, con la respiración entrecortada, un locutor de Radio Nacional anunciaba que el Partido Comunista acababa de ser legalizado en España por el Gobierno de Adolfo Suárez. Aquél sábado santo, sábado rojo, como fue conocido luego, marcó el paso fundamental en la consolidación de un proceso político y social conocido como transición y que, hoy, unos critican y otros alaban por motivos diferentes y también abundantes.

Sea como fuere, en aquellos años los procesos de legalización implicaron el regreso de muchos exiliados, la aparición en la escena social y política de organizaciones desaparecidas y hasta desconocidas ya por una gran parte de la ciudadanía -caso de la masonería-, y también la culminación de una larga batalla dada a la dictadura y que, finalmente producía el fruto más esperado: la recuperación de la democracia.

Sucedió así con el "el Partido" y también con la masonería, reinscrita en los registros del Ministerio del Interior en 1978. Ambas fuerzas habían sido objeto de una persecución implacable: en 1941 Franco había organizado su particular máquina de terror para la "Represión de la Masonería y el Comunismo", hermanando en su persecución a dos "enemigos" que poca relación guardaban entre sí y que, incluso, tenían algo de incompatible desde que la Tercera Internacional, siguiendo las directrices marcadas por Lenin y Trotsky, habían declarado la imposibilidad de ser un buen comunista y a la vez pertenecer a una organización pequeño-burguesa como era considerada la masonería entonces.

No se trata de hacer ahora una suerte de examen comparativo de dos cosas tan distintas. Pero el paso del tiempo me ha hecho pensar en el devenir de estas dos "sensaciones" en las que con mayor o menor intensidad he participado. Recuerdo los tiempos en los que, sin pertenecer al PCE, rondaba sus proximidades, quizá por simpatía o contagio familiar, por convicción formada a partir de alguna lectura, o hasta seducido por una estética y una propaganda bien construídas.
Me encontraba en clase de Derecho Mercantil cuando se hizo por el catedrático -Muñoz Planas- la observación de la importancia histórica del día que en ese momento estábamos viviendo: Acababa de derrumabarse el "Telón de Acero" la noche antes. La sucesión de acontecimientos que se desencadenaron terminó con la desaparición de la bandera roja en las cúpulas del Kremlin. Pero fue en Francia, el contacto con estudiantes checos que habían vivido en el "paraíso", donde mi particular muro de hormigón armado comenzó a resquebrajarse. Y terminó de caerse a mi regreso, cuando viví la siniestra alianza forjada entre Julio Anguita y José María Aznar; aquello que sabiamente se denominó "la pinza" y que a mí me pareció un entendimiento diabólico y una estrategia completamente equivocada. A todo eso, y un poco de parafernalia, se redujo mi vivencia comunista.

Sin embargo el PCE asumió durante la dictadura un papel clave, siendo el referente de la oposición al régimen de Franco. Quizá muchos pensaron en la posibilidad de que, un día no muy lejano, "el Partido" pudiera aglutinar todas las esperanzas ciudadanas y liderar un cambio social. Pero no fue así. Yo creo que en España el comunismo se desmoronó antes que en Polonia o en la propia Unión Soviética. Pienso que el Partido Comunista, ausente en cierto modo de un país en el que había estado proscrito, no le había tomado el pulso a la sociedad. Liderado por quienes habían sido grandes figuras en otro tiempo, no supo o no pudo renovarse, transformarse y adaptarse a una nueva y desconocida situación. Se equivocó La Pasionaria y se equivocaron todos: Ninguna idea, ninguna obra, pensamiento o creación humana resiste el paso del tiempo invariable. Renovarse o morir.

Hoy, treinta años después de la legalización traumática del Partido Comunista, apenas sí queda alguna referencia testimonial de éste. Incapaz de ser alternativa de Gobierno se desgasta en luchas intestinas, crisis permanentes, y portando un mensaje que sigue sin adaptarse a la realidad y que se petrifica a fuerza de repetir hasta la saciedad los viejos dogmas.

El otro fantasma de Franco, el otro enemigo de la raza hispánica, la masonería, ha corrido en España una suerte diferente a la del PCE, pero también adversa. No siendo una organización política no ha tenido que afrontar problemas de gestión social. Pero tratándose de una entidad cuyo fundamento se asienta, entre otras cosas, en una perdurabilidad en el tiempo que le ha impreso carácter e identidad, y en un acervo de ideas universales a través de las cuales expresa su compromiso con el género humano, no ha sido capaz de recuperar el terreno perdido durante la dictadura.

Cuando en 1941 se creaba el Tribunal para la represión de la Masonería y el Comunismo, la purga ya había sido consumada. Los masones murieron o se exiliaron; los pocos que no fueron aniquilados se humillaron retractándose, perdieron su libertad, sus bienes, sus trabajos, la posibilidad de educar a sus descendientes. Fueron convertidos en nada. La eliminación llegó a tal grado que se aplicaron las medidas de depuración a más personas que masones había en el país. Es decir, se hizo un trabajo de "limpieza" metódico y concienzudo.

Algunos hallan aquí la explicación a la situación actual de la masonería española. Sin embargo, por la experiencia personal y lo vivido, encuentro el recurso a la dictadura y la excusa que ésta brinda un tanto pobre para explicar todo lo que ha sucedido. Cierto es que ha habido que construir o reconstruir desde cero. Es verdad que no quedaron en España cimientos sobre los que sustentar el retorno. Pero de la misma forma encaja también con la realidad la sucesión de confrontaciones y desacuerdos que han hecho imposible reencontrar el origen y la estabilidad deseada a pesar del transcurso de treinta años. A España regresó una masonería maltrecha, inadaptada también al país en el que pretendía asentarse, más preocupada por las cuitas construídas en torno a la recuperación del patrimonio histórico -entiéndase aquí únicamente el patrimonio inmobiliario- que por solidificar su propia existencia; regresó un proyecto en el que las referencias ideológicas al laicismo no existían; volvió algo que había perdido sus señas de identidad, y que se conformaba con una parafernalia en la que se pretendía encontrar la explicación de todas las cosas y recuperar con ella las "secretas tradiciones". Retornó un cascarón vacío.

Sobre esos cimientos y con esas dificultades ha sido necesario levantar los nuevos proyectos. Algunos se han dado cuenta de que es necesario hilar de otro modo esta complicada madeja, si bien no hacen otra cosa que apropiarse de etiquetas con las que fabricar una imagen exterior, socialmente atractiva. Así, por ejemplo, la masonería española, con independencia de la corriente que siga, se declara mayoritariamente "laicista" aunque en muchos talleres esta sea una cuestión "política" y, por tanto, de tratamiento prohibido. Otros, cansados de esoterismo y ansias de levitación, hemos tenido que ir a encontrar la "tradición perdida" fuera de nuestras fronteras, rebuscando incluso en logias creadas por nuestro exilio o en las que éste, de una forma u otra, dejó su huella, aprendiendo de nuevo y de memoria el mismo sueño que tuvieron nuestros abuelos.

No se trata de lanzar una crítica despiadada contra el trabajo o los proyectos de otros. Pero sí de echar una mirada hacia atrás y reconocer que lo hecho hasta la fecha apenas sí nos ha permitido dar algún que otro paso titubeante. Pocas son las logias en las que el laicismo y las cuestiones cotidianas y sociales conviven con un trabajo de crecimiento interior; tengo la gran fortuna de estar en uno de esos talleres. Pero aun así hay que reconocer que son muchas las carencias; que a esta masonería nuestra le cuesta todavía mucho salir a la calle y poner la cara; que son muchas las contradicciones internas que, amparándose en una tradición que se presume atemporal, surgen inevitables revelando cuánto queda por hacer. La tradición misma, sin embargo, exige saber en qué tiempo nos encontramos y no signfica, ni mucho menos, cerrar los ojos ante demandas crecientes que se hacen con toda justicia y frente planteamientos incompresibles y que devienen incongruentes.

Treinta años es mucho tiempo. Y lo que queda, pasadas estas décadas en España es, en un caso, un sentimiento de frustración, una imagen viva de la derrota de uno de esos sueños de la razón que acaban siendo monstruos. Treinta años después, sin embargo, la masonería, a diferencia de aquel partido político que se convirtió en pesadilla en tantos lugares del mundo y en desilusión en nuestra casa, no puede permitirse el transcurso de más tiempo baldío; de más esfuerzos vacíos y estériles; de más confrontaciones y personalismos. Hay espacio para la existencia de diferentes proyectos, de formas dispares de trabajar pero que, en definitiva no pueden perseguir otra cosa que el "mejoramiento de los seres humanos como de la sociedad". Trabajo, paciencia y calma.

jueves, abril 5

Retorno a España

En 1990 se descubrían en un cine porno de Nueva York cinco frescos pintados por el artista español Luis Quintanilla, nacido en Santander en 1893, y exiliado en Estados Unidos al finalizar la Guerra Civil Española.
Los frescos tenían la particularidad de haberle sido encargados por el Gobierno de la República para decorar el pabellón español de la Exposición Universal de Nueva York. Dos años antes, Picasso había recibido un encargo semejante para la Exposición Internacional de París: Ese fue el origen del Guernica.
Luis Quintanilla regresó a España con el fin de la dictadura; pero lo hizo ya con la salud muy deteriorada y para morir. Nunca se supo qué había sucedido con aquellos frescos tras cuya pista anduvo el régimen franquista, al que el pintor, temeroso de que actuara con el ánimo de destruir su obra, engañó sosteniendo la versión de que todo el trabajo se había perdido en una inundación de su estudio. Así se creyó durante años.
Reaparecidos, los frescos de Quintanilla, que retratan la guerra, el dolor, el hambre, la derrota y la huída, han regresado a España de la misma forma que sucedió con el Guernica hace ya varios años. Quizá ya sin tanto ruido, lo que no deja de ser una prueba más de que las cosas han cambiado mucho, y de que asumimos como algo normal la recuperación de nuestro patrimonio artístico, nuestra memoria y también nuestra historia. Las cosas han cambiado tanto que es el Banco de Santander el que pagará la restauración de los frescos, que serán objeto de una exposición permanente en el Paraninfo de la Universidad de Santander. Pero como mi relación con la banca no pasa de ser un mal inevitable, creo que es justo recordar aquí a una mujer -también esto debe ser todo un símbolo-, una especialista en Historia del Arte que ha tenido la sólida paciencia de insistir y persistir para que este pequeño trozo de nuestro pasado vuelva a estar entre nosotros: Me refiero a Esther López Sobrado. Mi agradecimiento y seguro que también el de muchos ciudadanos y ciudanas.

lunes, abril 2

La danza del amor

Hace una semana, Julia Franco, amiga, pianista extraordinaria, y casi sin que ella lo sepa colaboradora desinteresada de una honesta pequeña masa de librepensadores, hacía que mi cabeza volara en el Auditorio de León mientras sus dedos arrancaban a las teclas del piano una hermosa melodía del compositor Pedro Blanco. Era "La Danza del Amor": un agradecido "bis" que siguió a un concierto que no se interpretaba en España desde 1918, y con el que premió los aplausos recibidos. Luego pude bajar a los camerinos y abrazarla; y sentirme un poquito feliz al verla emocionada y alegre rodeada de toda su familia.
Me desplacé por la tarde y el coche quedó aparcado en el Paseo de Papalaguinda, justo delante de una pintada trazada en la pared con muy poca fuerza y escaso pulso: "ZP asesino".
Mientras escuchaba el piano no pude dejar de pensar en cómo han cambiado las cosas; en todo este incendio provocado al margen de una sociedad que en su inmensa mayoría va dejando de lado la mala uva... Creo que llevamos dos sábados sin manifestaciones, sin la bandera de Marujita Díaz ondeando al viento, prietas las filas; sin himnos arrebatados ni arrebatos patrióticos de pistola y corneta. Llevamos dos semanas, otras dos, sin que España se rompa y salte por los aires a pesar de los denodados esfuerzos de los fabricantes de cava catalán, los masones, los ateos, los rojos más o menos tintos, las mujeres, los transexuales y toda ese reverso tenebroso que no va a misa los domingos y fiestas de guardar.

Hace más o menos un año que comencé a lanzar suspiros escritos desde este balcón; he escrito sobre juicios, guardias del Turno de Oficio, inmigración, la France, la España de pandereta y la eterna quejumbrosa, el laicismo arrebatador y la aconfesionalidad tibia; creo que no puedo arrepentirme de esta experiencia que nació para ayudar al pequeño proyecto gijonés de la Logia Rosario Acuña, y que ya ha superado aquella tenue frontera en medio de tanto ruido. Creo, llegados a esta leve altura, que el tono ha sido siempre el mismo, pero, recordando tanto estruendo de cadenas, siempre he insistido en la necesidad de mantener cierta cordura frente a todos aquellos que desean que la ausencia de toda razón, haga nacer definitivamente el monstruo que habita en nuestros corazones; esos corazones medio helados con los que los españolitos venimos al mundo desde hace, más o menos, un par de siglos.

El domingo pasado, tras ver la pintada en el Paseo de Papalaguinda, la melodía de Julia cobró un significado especial para mí; un pequeño secreto masónico, un misterio que sólo yo podía entender en aquel momento, fabricado por mí y a la medida de mi pensamiento. Durante este año he interpretado mi particular danza del amor; porque no hay ánimo -nunca lo ha habido- de herir o dañar; ni tampoco animadversión hacia nada ni nadie. Quizá lo que he intentado ha sido hacer patente cierto sentimiento de resistencia. No callar. No callar en un país en el que toda una generación aun baja la voz y mira de reojo cuando susurra su pensamiento al oído del acompañante. Y también guardar silencio. Sí, porque el silencio sigue siendo el mejor de los castigos para los petulantes, desleales y bobos que esperan que alguien embista el trapo rojo, ganando la fama a costa del alboroto. Así las cosas, unas veces he hablado, escrito, y otras he guardado una más que pruedente, deliberada y medida pausa musical. Nada se ha hecho al azar.



Hoy, cuando se cumple este particular e íntimo aniversario, los informativos de radio y televisión, y también algunos periódicos, nos vuelven a hablar de "curas rojos" y de parroquias comprometidas como aquella del padre Llanos en el Madrid de la dictadura y de las chabolas. ¡Cuánto hacía que no se oía hablar de los "curas rojos"! -pensaba que se los habían llevado a todos a Nicaragua-. Pequeñas iglesias que se cierran por quebrar la liturgia y dar la comunión con rosquillas en vez de utilizar ruedas de molino, que suele ser lo habitual. Sí, Fraga se equivocó: España no es diferente. Es única: Otros países, Polonia por ejemplo, asisten a su circo y quieren que Europa deje de abortar mientras sueñan con abrir de nuevo los armarios en los que encerrar a las pecaminosas violetas. Y en otros lugares, como en los Estados Unidos de América, las diócesis quiebran -¡y van cinco!- incapaces de hacer frente a las cuantiosas indemnizaciones de las que son acreedores los púberes hurgados, palpados, violados y reviolados, cuyos silencios son indispensables para que la comunión siga formando parte de una liturgia hecha como Dios manda o, como dirían los franceses, comme il faut, que suena más rotundo y definitivo.