miércoles, octubre 31

Los Miserables


"Ha sido ETA, y quien lo niegue es un miserable". Así de rotundo se despachó Ángel Acebes el 11 de marzo de 2004, con los trenes humeando en Atocha y los muertos desparramados por las vías. Nadie en el Gobierno de entonces cometió un solo error. Todo fue perfecto en la gestión catastrófica de aquellos días. Oímos mal. No entendimos nada porque somos un pueblo iletrado, atontado, seguramente, por tantos años de felipismo que ahora conmemoramos.
Acebes dijo primero que había sido ETA y luego que se abrían diversas vías de investigación. Y durante todos estos meses hemos asistido a la rumorología que pudre las libertades de España y de cualquier país que tenga conciencia de serlo; amanecer y leer El Mundo o escuchar a la emisora de los Obispos, la COPE, nos colocaba a todos en el centro de una conspiración universal, otra, animada por unas oscuras redes que llegaron a hilarse peligrosamente por arañas vinculadas al Gran Oriente de Francia. Los malos no pueden ser sino franceses.
Hoy se ha leído el fallo de la Sentencia que condena a gran parte de los autores materiales y cooperadores del atentado criminal más grave en la historia de España. Ni rastro de ETA. Indudablemente estos jueces nuestros son unos miserables.
Y aquí os dejo, tranquilos, durante unos días. Me voy a Francia. El paraíso en el que el Presidente de la República se sube el sueldo con gran escándalo, se divorcia con gran ruído y se irrita ante la CBS haciendo gala de una sonora pérdida de papeles.
Ay, esa "grandeur".

martes, octubre 30

¿Qué hicimos para merecer esto?

Ante una ley floja, que ha habido que apuntalar y llenar de mampostería, recuerdo que en este blog se publicó un artículo de Joaquim Pisa titulado "La montaña ha parido un ratón". Ahora me reenvían esta noticia que me deja lleno de estupor; quizá el reconocimiento de España hacia sus hijos y nietos, hacia aquellos a los que les robaron su pasado y también su futuro, era los más meritorio de la famosa Ley de Memoria... En fin, con cosas como esta me viene a la memoria aquella sentencia del tío de Lorca cuando subía al barco que le llevaría lejos, al exilio: "No vuelvo más a este jodido país". Y no volvió.


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El Partido Popular anuncia que votará en contra de la nacionalidad de los descendientes del Exilio



TEXTO APROBADO EN LA LEY DE MEMORIA EN LA COMISIÓN CONSTITUCIONAL



Disposición adicional séptima. Adquisición de la nacionalidad española.1. Las personas cuyo padre o madre hubiese sido originariamente español podrán optar a lanacionalidad española de origen si formalizan su declaración en el plazo de dos años desde la entradaen vigor de la presente Disposición adicional. Dicho plazo podrá ser prorrogado por acuerdo de Consejode Ministros hasta el límite de un año.2. Este derecho también se reconocerá a los nietos de quienes perdieron o tuvieron que renunciar a la nacionalidad española como consecuencia del exilio.





VOTO PARTICULAR DEL PARTIDO POPULAR ANTE EL PLENO DEL CONGRESO DE DIPUTADOS MIÉRCOLES 31 DE NOVIEMBRE.Fuente: Serie A: 26 de octubre de 2007 Núm. 99-23 Proyectos de Ley http://www.congreso.es/public_oficiales/L8/CONG/BOCG/A/A_099-23.PDF
TEXTO DE LA ENMIENDA:


A la Mesa del Congreso de los Diputados


El Grupo Parlamentario Popular en el Congreso, por el presente escrito formula el siguiente voto particular en relación a la enmienda transaccional presentada por el Grupo Socialista del Congreso a la enmienda número 213 de Izquierda Unida-Iniciativa per Catalunya Verds, (SOBRE NACIONALIDAD DESCENDIENTES EXILIO) solicitando la no inclusión de dicha enmienda transaccional y manteniendo, por tanto, el texto que figuraba en el Informe de la Ponencia del Proyecto de Ley por la que se reconocen y amplían derechos, y se establecen medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la Dictadura.


Palacio del Congreso de los Diputados, 17 de octubre de 2007.—




Eduardo Zaplana Hernández-Soro,


Portavoz del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso.

viernes, octubre 26

Militante

Hace unos días leía algo de Manuel Vicent que reproduzco a continuación. Intento con esta transcripción seguir esa línea que ha animado a este blog desde el principio: Difundir cierta forma de pensamiento o apuntalarla utilizando aquellas herramientas que encuentro a mi alcance y me resultan útiles o interesantes.
Así que mientras se caen pilares en las estaciones de Barcelona y surgen de la tierra enormes socavones por doquier, entretengo mis mañanas con cosas que me resultan más agradables. Confío en que mi buen gusto sea compartido por una amplia y sólida mayoría.


Por la libertad de conciencia.




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Militante.-


Es evidente que el gobierno socialista tiene miedo a la Iglesia. En cambio la Iglesia, lejos de temer al gobierno socialista, lo desafía abiertamente en su propio terreno. Frente a la Ley de la Memoria Histórica defendida por la izquierda no sin pudor, la Iglesia militante acaba de lanzarle un órdago a la cara y con el apoyo de la derecha montaraz se dispone a beatificar de una tacada en San Pedro de Roma con todo el boato, a 498 religiosos españoles asesinados durante la guerra civil y a crear en Valencia un oratorio de las víctimas junto a la ruta turística de la Ciudad de las Artes. Esta es la diferencia.


Mientras el gobierno socialista trata a duras penas de sacar de las cunetas y de las fosas comunes a los asesinados del bando republicano y de reivindicar la inocencia de cuantos fueron condenados a muerte en juicios militares sumarísimos sin ninguna garantía, la Iglesia bajo la divisa de la santa desvergüenza eleva a sus mártires de la guerra civil a los altares por si aún no tenían bastantes rótulos de calles, monumentos y cruces en las fachadas de los templos, con lo cual la división de las dos Españas va a ser consagrada por toda la eternidad en la tierra, en el cielo y en el infierno.


Como si se tratara de un material radioactivo muy peligroso al que hay que acercarse con trajes de amianto, el gobierno socialista no se atreve a denunciar el Concordato ni a imponer el estado laico. Se ha dicho que el gran milagro de la Iglesia es que exista todavía después de los escándalos que ha protagonizado a lo largo de la historia.


Torturas, hogueras, crímenes, incestos papales, guerras de religión a sangre y fuego no han sido suficientes para que sus fieles hayan perdido la fe. No es ningún misterio. Gracias al terror de la gente sencilla al más allá hoy la Iglesia conserva todavía un enorme poder en nuestra sociedad y no está dispuesta bajo ningún concepto a renunciar a esa carta marcada, que en el momento de la agonía se saca de la manga para jugarla sobre los despojos mortales.


En España, frente a una exigua minoría que prefiere un funeral laico para despedir al difunto con la lectura de un poema de Rilke o con un lieder de Schubert, son multitud los que llevan el cadáver al templo donde el cura de turno se lo apropia, en muchos casos le felicita por haber muerto, le franquea alegremente por su cuenta las puertas del paraíso y después consuela a la familia anunciándole que el finado la espera en el otro mundo para comer pasteles todos juntos eternamente. Esa es todavía su baraja.

Manuel Vicent, escritor.-

martes, octubre 23

Domingo misionero

Cuando voy al trabajo, cada mañana paso por delante de la Iglesia en la que contrajo matrimonio el anterior Jefe del Estado con aquella mujer horrible recordada por sus collares de perlas. Nunca he entrado. Ni se me pasa por la cabeza hacer tal cosa. Pero no puedo resistir la tentación morbosa de echar un vistazo al cartel que colocan en la puerta. En una ocasión un cura gordo sobre un fondo amarillo azafrán, anunciaba a los padres y madres de familia que la campaña de catecismo se ponía en marcha. Otra vez se llamaba a los feligreses a una reunión para comentar la "situación actual de España". Y así sucesivamente. Es esta una parroquia, la de San Juan el Real, muy diferente de la de San Carlos de Borromeo de Madrid. Aquí no deben comulgar con pan Bimbo. Todo son oropeles y dorados. Una capilla cineraria que debe ser una mina de oro; un estanco aprovechando un retranqueo en la fachada. Y una agencia de propiedad inmobiliaria con su escaparate y todo, sirviéndose de otro de los recovecos que brindó la divina arquitectura. Me da la impresión de que el conjunto se encuentra bastante alejado de aquello que anunciaba el hijo del carpintero... Pero esto es así. Y así ha sido siempre, no nos engañemos.
Esta semana había visto en la puerta un anuncio incitando dejar buenos réditos en las huchas del Domund, que se celebró el domingo. Me acordé de cuando era niño. A mi madre la hacían llevar, con gran escándalo anual de mi bisabuela, unos dineros que se dejaban en una cabeza en forma de chinito. "Para los chinitos; para que vayan al cielo". Esto sucedía en la escuela de La Casona, cerca de La Tejera de El Cabo, entre Mieres y Langreo.
A mí me tocó otro sistema de recaudación más práctico: un sobre de color sepia en el que todos los progenitores, por el miedo al qué dirán, metían unos dineros escasos en aquellos días de los Pactos de la Moncloa. Me acuerdo como si fuera hoy del cabreo materno; supongo que heredado de mi bisabuela.
Yo fui un niño aventajado en esto de recaudar dinero para las misiones y obras pías. Aparte de la extorsión del sobre, venía de vez en cuando al colegio un pater con unas postales que había que vender a duro. Lo recaudado iba destinado a los "subnormales", aunque entre los niños el lenguaje no era tan depurado como el del cura y nos quedábamos con que había que vender estampas "pa los mongolinos". Esta era la educación solidaria que se nos daba en aquella escuela pública, todavía nacional, tan de Curri Valenzuela. Y decía que fui un niño aventajado en este arte de vender lástima porque desde la más tierna infancia disfruté de mi piquito de oro; recorría puerta a puerta las casas de El Llano de Arriba, el Gijón de mi niñez en el que jugué y me apedrearon, explicaba lo baratas que eran las postales, para qué eran... Y volvía cargado de monedas de familias modestas, incapaces de negarle el favor a un niño de seis o siete años.
Estos niños de ahora, en su mayoría de la concertada, son muy flojos. ¡Ay! si yo hubira tenido una hucha de estas de plástico rojo de ahora...
Este negocio del Domund empezó, cómo no, durante la dictadura del General Franco. La primera denominación que recibió fue la de "Obra Pontificia de la Santa Infancia", invento cuyo fin era la salvación de las criaturas infieles mediante el consabido depósito económico y alguna oración. Ciudades como Gijón aportaban más oraciones que monedas, pero en cualquier caso el sistema de utilizar a los niños fue una auténtica revolución en el mercado recaudatorio. Por lo que he leído, cada diez pesetas obtenidas implicaban el bautizo de un chinito, o de un negrito, o de un moro... Un infiel convertido, vaya. La Iglesia supo, en los años cincuenta, plantear dentro de las escuelas con mucho acierto este sistema, pues los centros competían entre sí por ver quién conseguía más bautismos. En el año 1952, por ejemplo, fue la Escuela de Niñas de Luanco la que ganó la partida, recaudando 485 pesetas; siguiéndola de cerca estaban las escuelas de Lastres y de Gobiendes, en Colunga... ¡Ay! estos rapacinos de Colunga...


La huella de la violencia anticlerical


Ayer también me encontraba con un amplio artículo de Julián Casanova, Catedrático de Historia de la Universidad de Zaragoza, en el que hacía una profunda y acertada reflexión en torno a las consecuencias del anticlericalismo violento durante la guerra civil, puesto en práctica contra uno de los contendientes: La Iglesia católica.
No hace tanto que traía aquí algún apunte personal en el que recogía mi aversión por las violencias totalitarias, tanto por estas de las que aquí se habla como por otras que pusieron en marcha los lobos con piel de cordero. Decía que no me gustaban ni unas ni otras. Pero el caso es que el tratamiento dado, y el eco persistente, no es el mismo según qué caso. Es más, sigue sin producir sonrojo la actitud mantenida por personajes como los Cardenales Segura, Plá y Deniel o Gomá. Sigue sin causar vergüenza aquello del brazo en alto, el palio y la "Cruzada". Sigue sin dar escalofríos esta sentencia "Una España laica no es España". Ahí queda eso.
A mí, el fusilamiento del Sagrado Corazón en el Cerro de los Ángeles me produce pavor. Tanto como el conjunto de atrocidades que se bendijeron antes y después "at maiorem gloriam dei".

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La huella de la violencia anticlerical.-

La religión católica y el anticlericalismo se sumaron con ardor a la gran batalla que se libró en España desde julio de 1936 hasta abril de 1939. Mientras que la religión fue desde el principio un elemento útil y positivo, el vínculo perfecto para todos los que lucharon en el bando franquista, el anticlericalismo violento que estalló con la sublevación militar no aportó beneficio alguno a la causa republicana. El incendio de iglesias y el asesinato del clero fueron narrados y difundidos, en España y en el extranjero, con todo lujo de detalles, constituyendo el símbolo por excelencia del "terror rojo".
La Guerra Civil española adquirió así una dimensión religiosa que condenó al anticlericalismo a pasar a la historia como una ideología y práctica negativas y no como un importante fenómeno de la historia cultural, con su visión particular de la verdad, de la sociedad y de la libertad humanas. Todos los partidarios de la República derrotada se vieron obligados a ponerse a la defensiva en el tema religioso, aunque sabían lo importante que había sido la batalla por la enseñanza, por la separación de la Iglesia y del Estado, y por someter a las órdenes religiosas a la legislación de asociaciones civiles. Todo se lo tragó el saldo mortal que la violencia anticlerical había dejado.
A la República se la señaló, y todavía se la señala, como la principal causante e instigadora de esa violencia. Los historiadores liberales y de izquierdas encontraron siempre muchos problemas en explicarla. La sombra de esa persecución se alarga hasta hoy, en las discusiones acerca de la Ley de Memoria Histórica, en el culto a los "mártires de la fe" y en las ceremonias de beatificación. ¿Qué ocurrió? ¿Por qué, en el verano de 1936, se pasó de la agresividad verbal y de las actitudes ofensivas, muy presentes en el anticlericalismo español, al asesinato, una barrera que antes del golpe militar sólo había sido franqueada en la revolución de octubre de 1934 en Asturias? ¿Por qué, más de setenta años después, sigue tan presente en el debate político?
Quemar iglesias o matar eclesiásticos es lo primero que se hizo en muchos pueblos y ciudades donde la sublevación militar fracasó. Al clero se le asesinaba sin necesidad de pasar por juicios o tribunales. El castigo fue de dimensiones ingentes, devastador, y no hay que dar muchas vueltas para hacer balance: 6.832 eclesiásticos fueron asesinados; una buena parte de las iglesias, ermitas y santuarios fueron incendiados o sufrieron saqueos y profanaciones, con sus objetos de arte y culto destruidos total o parcialmente. Tampoco se libraron de la acción anticlerical los cementerios y lugares de enterramiento, donde abundaron la profanación de tumbas de sacerdotes y de exhumación de restos óseos de frailes y monjas.
Es verdad que sin la sublevación militar de julio de 1936, que atacó la legitimidad republicana y privó al Estado del control de los mecanismos de orden, esa explosión de violencia nunca hubiera podido producirse. Es verdad también que muchos eclesiásticos, y entre ellos algunos obispos, pudieron salvar sus vidas, sobre todo en Cataluña, por la intervención de algunas autoridades republicanas. Pero, por muy tranquilizador que eso resulte, no cambia la historia. Lo que se hizo con el clero en el verano de 1936 era, por fin, y de eso no había duda, lo que muchos decían que iban a hacer desde comienzos de siglo, cuando intelectuales de izquierda, políticos republicanos y militantes obreros, anarquistas y socialistas situaron a la Iglesia y a sus representantes como máximos enemigos de la libertad, del pueblo y del progreso, un honor que en la retórica revolucionaria obrera estaba reservado hasta ese momento al capital y al Estado. Todos prometieron que la revolución traería consigo, entre otras muchas cosas, "la tea purificadora" para los edificios religiosos y los "parásitos" de sotana. Y cuando llegó la hora de la verdad, lo pusieron en práctica.
Hay quienes acuden todavía al socorrido tópico de la responsabilidad anarquista, aunque esa violencia anticlerical adquirió buena dosis de desmesura en muchas zonas donde dominaban socialistas, comunistas o republicanos. Los arrebatos contra el clero y las cosas sagradas fueron especialmente intensos en Cataluña, el País Valenciano y en las comarcas orientales de Aragón, pero tampoco se quedaron a la zaga en las provincias de Toledo, Ciudad Real, Cuenca, Málaga o Jaén. Salvo en el País Vasco, donde la violencia anticlerical fue mucho menor y donde también hubo excepcionalmente sacerdotes fusilados por los franquistas, llevar una sotana se convirtió en símbolo de implacable persecución en toda la zona republicana.
Toda esa violencia no representaba tanto un ataque a la religión como a una específica institución religiosa, la Iglesia católica, estrechamente ligada según se suponía a los ricos y poderosos, y enfrentada a la República desde el mismo día de su proclamación. Y no es que la mayoría de esos miles de eclesiásticos asesinados fueran ricos, que no lo eran, y no era eso lo que importaba. De acuerdo con la propaganda republicana y obrera, predicaban la pobreza y ambicionaban la riqueza, hablaban del cielo y en la práctica sólo se preocupaban por los valores mundanos. Era una crítica cargada de simbolismo, ingredientes culturales y reproches éticos. Sin ellos, resulta muy difícil explicar el trasfondo de aquella matanza, por más que el conflicto de clase y la religión fueran desde el principio inseparablemente unidos en aquella guerra de tres años.
La persecución anticlerical convirtió a la Iglesia en víctima, la contagió de ese desprecio a los derechos humanos y del culto a la violencia que desencadenó el golpe de Estado, y malogró cualquier atisbo de entendimiento entre los católicos más moderados y la República. El anticlericalismo sirvió también para que los vencedores ajustaran cuentas con los vencidos, recordándoles durante décadas los efectos devastadores de la matanza del clero y de la destrucción de lo sagrado. Después de la guerra, las iglesias y las tierras españolas se llenaron de memoria de los vencedores, de placas conmemorativas de los "caídos por Dios y la Patria", mientras se pasaba un tupido velo por la represión que en nombre de Dios habían emprendido y seguían llevando a cabo gentes piadosas y de bien. La conmoción dejada por el anticlericalismo tapó el exterminio en nombre de la religión católica y sentó la idea falsa de que la Iglesia sólo apoyó a los militares cuando se vio acosada por esa violencia persecutoria.
No hay en la actualidad ningún historiador riguroso que silencie esa violencia anticlerical y pueda eludir su análisis e interpretación. La jerarquía de la Iglesia católica, sin embargo, nunca ha condenado la sublevación militar que la desató ni tampoco siente la necesidad de pedir perdón por bendecir y apoyar la violencia franquista durante la guerra y en la larga dictadura que la siguió. Prefiere reconocer únicamente a los "mártires de la fe" y rendirles culto. Así las cosas, la Ley de Memoria Histórica fomenta, según los obispos, la división y el enfrentamiento, mientras que las beatificaciones y canonizaciones sólo pretenden "cumplir una deuda" con esos mártires, "ejemplo vigoroso de fortaleza y testimonio". Es la diferencia entre una solemne ceremonia en el Vaticano, con todos los medios de comunicación pendientes y una amplia representación de las autoridades políticas españolas, y la apertura de fosas en busca de los restos de esos miles de asesinados por los franquistas que ni siquiera fueron inscritos en los registros civiles y de los que se ignora todavía el lugar de su muerte. Mientras dure ese desequilibrio de recuerdos y lugares de memoria, el pasado seguirá abierto.

Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza

La democracia. el velo y la tolerancia

Ayer me encontré con este artículo de Amelia Valcárcel, tan vinculada a Asturias, y con la que tuve una breve relación telefónica hace varios años, cuando intenté organizar un ciclo de conferencias con el título "Mujer y Discapacidad". Recuerdo de aquello que sólo pudimos traer a Pilar Gómez Acebo, que dio una charla "terrible" en la que confensó ante el auditorio que ella había tenido el valor de quitarle el arma a un guardaespaldas de Mario Conde, cosa que, evidentemente, ni era el comentario más apropiado ni venía a cuento. Impresentable. Sentí vergüenza ajena.
Luego vino el turno de Cristina Alberdi, poco formal y de poco fiar -por emplear expresiones de baja intensidad-, que confirmó su asistencia y me dejó plantado (a mí y a todos los que la esperaban en el Centro Social de la Fábrica del Gas) en el aeropuerto de Asturias con un "lo siento, he perdido el avión"... Y hasta hoy; porque ni volvió a llamar para preguntar cómo habíamos deshecho el entuerto que ella había provocado, tras habernos obligado previamente a cambiar la fecha prevista para su intervención una vez que ya teníamos toda la cartelería distribuída.
Amelia Valcárcel, tan criticada por unos, unas, otros y otras, siempre descolgó el teléfono y me atendió. En aquel tiempo luchaba por la Cátedra de la que tantas veces se había visto privada; y al final no pudo intervenir gracias al éxito consechado por las dos damas a que acabo de referirme, que con su presencia y ausencia respectivas acabaron con mis ganas de dar una persepectiva de género a la realidad de la desventaja intelectual. Luego volví a encontrármela en la Casa del Pueblo, cuando le dieron el premio Purificación Tomás.
Leo sus escritos periódicamente; y este que traigo aquí me ha parecido de gran interés. Espero que mi impresión sea compartida.


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Hasta hace poco el conocimiento que teníamos del multiculturalismo se reducía a la oferta gastronómica. Muchos de nosotros somos multiculturalistas activos por la parte del estómago. Nos gusta comer hindú, chino, marroquí, griego, tai y amerindio. Como alrededor de una mesa bien provista la gente tiende a entenderse, podemos llegar a pensar que la democracia es también esa gran mesa donde se sirven sin tasa derechos, libertades y oportunidades. Pero resulta que hay códigos alimentarios distintos y también gentes que rechazan algunos de los platos morales y políticos de la democracia.
El multiculturalismo es una ideología ampliamente aceptada. Procede del elogio de la diferencia. Su fondo es que cada uno y cada grupo posee características propias que enriquecen al conjunto. Por lo mismo no cabe impedir ninguna de ellas. Como a la vez nuestra ontología actual es individualista, a este aceptar todo sólo le ponemos una condición: que nadie sea obligado a hacer algo que no desee. Pero si una práctica no compartida cuenta con el asentimiento de quien la realiza se supone que debemos darla por buena.
Una niña quiere ponerse velo para estar en su casa. A nadie se le ocurriría afeárselo. Lo privado es privado. Cada quien en su privacidad es monarca. También quiere usarlo para ir por la calle. Consecuencia: la ciudad presentará más variedad cosmopolita. Para ir a la escuela. Aparece el límite y se produce el problema.
Se supone que la educación prima; es un derecho constitucional. Y existe además un implícito: que se eduque la niña con pañoleta para que luego pueda quitársela si quiere. Lo segundo es, como poco, impredecible. Lo primero una incongruencia con otros principios igualmente respetables en nuestra convivencia. Si esa pañoleta es un signo religioso, está de más en un espacio público. Porque las religiones son incompatibles surgió la primera forma de la idea de tolerancia. Holanda en el siglo XVII consagró el principio de que "cada ciudadano debe ser libre de observar su religión y que nadie puede ser molestado o interrogado por causa de su culto". Esto es, el Estado se hacía superior a las religiones y las declaraba privadas. El Estado aseguraba que las haría convivir sin que entre ellas se agredieran; en espacios distintos, naturalmente. Impedía el fundamentalismo.
Porque no es fundamentalismo creer mucho y con gran vehemencia lo que uno crea, sino pensar que la religión es una verdad tan perfecta que debe organizar el mundo completo, incluida la política. Es más, que la religión es mejor, de más calidad que cualquier otro espacio común. El fundamentalismo quiere organizar toda vida y convivencia.
La democracia ha ido inventando y trazando una larga serie de normas y valores comunes que son obligados para mantener la eficiencia y el civismo. La educación, que es deber del Estado proporcionar y derecho de todo ciudadano y ciudadana adquirir, también es en los últimos tiempos una obligación: las familias pueden ser vigiladas por el Estado para que cumplan con ella, hasta el punto de que a quienes no escolarizaran a sus hijos, incluso se les podría quitar nada menos que la tutela de ellos. Ni algo tan fuerte como que mis hijos son mis hijos está fuera del alcance de esa instancia común y los poderes que le hemos dado.
Como el Estado no apoya a ninguna religión, sino que las protege a todas, en sus espacios, los públicos, incluidos los educativos, no debe haber signos religiosos. Nos parecería raro y hasta enfermo que un alumno insistiera en portar un crucifijo -de tamaño, pongamos, de una cabeza humana-, posarlo en su pupitre y procesionarlo durante los recreos. Puede hacer eso, si lo tiene por gusto, en privado, o en su templo. Los espacios definidos como públicos, en los que por ende se transmiten los valores que hacen posible la convivencia plural, no deben ser espacios de contienda. El Estado tiene, por deber de tolerancia, la obligación de mantenerlos libres de prácticas sectarias.
Pero si esa pañoleta es además una marca sobre la moral particular que deben seguir las mujeres, una marca a su vez privativa de unas creencias particulares, está fuera de cuestión darle legitimidad. La igualdad entre los sexos es principio constitucional de la mayor envergadura. No se tolerará la discriminación contra las mujeres. ¡Pero la niña quiere serlo! Su padre también acuerda. Y su comunidad de encuadre. Su religión y su cultura le marcan un papel porque es mujer, con el que ella y los suyos están de acuerdo. Ella es un ser con deberes especiales, la decencia sexual y la obediencia que significa de ese modo. Pues bien, podemos ir a comer la comida del vecino, pero difícilmente podemos creer, de vez en cuando, lo que cree el vecino; aquí no hay caso de alegría por la diferencia. Cuanto más que la libertad actual de las mujeres se ha construido al abolir tales marcas.
En fin, la libertad individual no es ni puede ser el fundamento para una conducta que se tuvo que abandonar a fin de construirla; en nuestro caso la libertad ha sido la consecuencia del rechazo de ese injusto y arcaico orden.



Amelia Valcárcel, catedrática de Filosofía Moral y Política de la UNED, es miembro del Consejo de Estado.

martes, octubre 16

Arbolar: Cine y Desventaja Intelectual en Gijón


Arbolar presenta su "V ciclo de cine y desventaja intelectual"


La Asociación ARBOLAR pone en marcha esta nueva edición en la que el cine y la sensibilidad hacia la situación que afecta a las personas con desventaja intelectual se entrecruzan.

No es la nuestra una iniciativa pionera, pero sí lo suficientemente novedosa en nuestra Comunidad como para atrevernos a proponerla a la sociedad a la que nos dirigimos con el único objeto de que cada uno de nosotros, hombres y mujeres, sepamos de la existencia de otra realidad diferente a la que nos es transmitida cada día por los grandes medios de comunicación y el mercado.

Queremos de este modo seguir animando a la reflexión, apoyándonos en la cultura, el arte, la imagen y la palabra; reivindicando -como siempre lo hemos hecho- que por encima de las grandes siglas del movimiento asociativo, están las ideas, los sentimientos y los sueños de todos aquellos que anhelan un mundo diferente y posible.

La inauguración será el próximo día 16 octubre a las 19.00 en el Centro Cultura Antiguo Instituto y varias películas se proyectarán en los sucesivos días 23 y 30 de octubre y 6 de noviembre. ARBOLAR invita a asistir a dicho ciclo y a participar en el mismo con una actitud activa que sirva para la aportación de opiniones y para compartir experiencias que enriquezca el conocimiento de todos los interesados y destinatarios de nuestros objetivos.
El calendario de proyecciones será el siguiente:
Día 16 de Octubre, a las 19:00 horas: "Piedras", de Ramón Salazar Hoogers
Día 23 de Octubre, a las 19:30 horas: "Forrest Gamp", de Robert Zemeckis
Día 30 de Octubre, a las 19:30 horas: "Mi dulce pueblecito", de Jiri Menzel
Día 6 de Noviembre, a las 19:30 horas: "Shine", de Scott Hicks

jueves, octubre 11

El Comandante Ros

En el cementerio de San Salvador de Oviedo, en una tumba individual cercana a la Fosa Común en la que fueron enterrados más de 1.500 republicanos y republicanas, yacen los restos del comandante Alfonso Ros Hernández, jefe del 10º Cuerpo de Seguridad y Asalto, asesinado el día 20 de julio de 1936 en el cuartel de Santa Clara de Oviedo por no querer sumarse al alzamiento militar que dio comienzo ese día en Asturias.
La tumba, cuyos derechos nunca han sido renovados, corre el peligro de ser destruida ante la especulación del espacio mortuorio que afecta a la mayoría de los cementerios regionales. Poco más de 1000 euros representan la diferencia entre que ésta se conserve como ejemplo para las generaciones venideras o que sus restos pasen a la huesera para dejar espacio a nuevos enterramientos.


La Asociación Todoslosnombres de Asturias ha iniciado una cuestación pública para hacer frente a los gastos de renovación de la tumba, su adecentado y al posterior homenaje que se tiene pensado llevar a cabo.




Los ingresos pueden hacerse en cualquier oficina de CAJASTUR, en la cuenta número 2048.0199.24.3400001180


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Alfonso Ros Hernández nació en Cartagena (Murcia) el 22 de enero de 1892, hijo de María Hernández López y del comandante de Infantería de Marina, Juan Ros Ramírez. Hombre de gran personalidad y rectitud, procedente de una familia ligada al Ejército desde tiempos inmemoriales, lo que no le impedía tener ideas progresistas y sobre todo un gran sentido del honor, algo que demostraría sobradamente al cumplir hasta las últimas consecuencias la promesa de fidelidad dada a la República el día 22 de abril de 1931. Ingresó en el Ejército como soldado cuando contaba 18 años de edad, pasando poco después a la Academia Militar de Toledo, dando en ese momento inicio a una amplia y brillante hoja de servicios que le llevaría por numerosos destinos, transurriendo una buena parte de su vida militar en el Norte de África, donde participó en innumerables combates contra las fuerzas indígenas.
Fue nombrado jefe del 10º Cuerpo de Seguridad y Asalto de Asturias, el día 11 de mayo de 1936, haciéndose cargo de su empleo el 27 de ese mismo mes. Conscientes los instigadores del golpe de que su eliminación era fundamental para asegurar el alzamiento en la ciudad de Oviedo, fue traicionado en la tarde del día 19 de julio de 1936 por el comandante Martín Uzquiano, jefe del Centro de Movilización, quien facilitó la entrada en el cuartel de Santa Clara (hoy sede de la Delegación de Hacienda) del también comandante Gerardo Caballero y un grupo de guardias, sorprendiendo al comandante Ros cuando éste se encontraba supervisando el reparto de armas que se estaba llevando a cabo en el patio del cuartel. Lejos de amedrentarse, plantó cara a los perjuros, atrincherándose junto a un grupo de leales en una de las dependencias del edificio, desde donde intercambiarían disparos durante toda la noche. Tras oír promesas de que se respetaría su vida y la de sus hombres, y ajeno de lo que sucedía en el exterior, terminaría por entregarse en la mañana del día 20, siendo inmediatamente pasado por las armas, junto a la mayor parte de los leales que le acompañaban. Su cadáver fue conducido por sus propios asesinos al cementerio de San Esteban de las Cruces, donde le dieron sepultura. La lealtad y el coraje demostrados por el Alfonso Ros hicieron que el día 17 de mayo de 1937 fuera ascendido por el Gobierno de la República al empleo de teniente coronel “a título póstumo”.

Extraído de la página "Todos los nombres, Asturias"
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En cuanto a la pertenencia a la Logia Argüelles de Oviedo de Alfonso Ros, reproduzco este texto escrito por Víctor Guerra:
AHPA. Expediente 23. Legajo 9. En dicho expediente se ve que los servicios documentales le abren ficha como supuesto masón, sin que aparezca tal documentación que le relacione con una logia masónica, salvo una nota que le asigna como miembro de la logia Argüelles, de Oviedo. Aunque los servicios policiales asignaron todo aquello que nos les cuajaba en ningún sitio a dicha logia. En los restos de los cuadros lógicos, que no están completos, nada nos dice que fuera miembro de la masonería. Aunque de esta logia se perdió mucha documentación.

Von Wernich, cadena perpetua

Von Wernich no es ningún mariscal de campo alemán, combatiente en la Segunda Guerra Mundial. Tampoco el inventor de ningún artefacto volador; ni un noble aviador; o el protagonista de un fantasioso cuento germánico.
Christian Federico Von Wernich es una expresión animada y viviente de aquello, lo peor, que puede llegar a hacer un ser humano. Al margen de eso es sacerdote de la Iglesia católica.
Von Wernich, capellán de la policía de Buenos Aires, participó y bendijo los crímenes cometidos durante la última dictadura militar argentina.
Representa además a esa Iglesia católica que ante el horror calla y bendice; fabrica mártires y señala con el dedo; anima al combate en defensa del totalitarismo religioso; y, si llega el caso, se mancha las manos con sangre.
Lo que pasó en la Argentina fue la voluntad de Cristo, según un prelado. Triste voluntad, así en el cielo como en la tierra.
La Conferencia Episcopal Argentina se desmarcaba de la Sentencia que ayer condenaba a Von Wernich a cadena perpetua por los crímenes de que estaba acusado, y señalaba que todo lo que hubiera sucedido en el pasado, cualquier implicación de cualquier religioso, tendría un carácter exclusivamente personal. A estas alturas no se podía esperar otra cosa.
No puedo evitar preguntarme qué hizo la Iglesia católica con el sacerdote de germánico apellido durante todo este tiempo: Lo trasladó, como a un pederasta. A lo mejor, además, se le recomendó un largo período de oración, como a Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo y probado responsable de abusos y tocamientos en su corte de seminaristas.
¿Qué se hará con todas estas vícitimas argentinas, cuya muerte fue bendecida por algunos hombres que se dicen "de Dios"? ¿Tendrán un mausoleo? ¿Serán beatificadas? ¿Se entonará un "si te he visto no me acuerdo de ti, oh, anacronismo"? ¿Se mirará, tal vez, en otra dirección?
Curiosa coincidencia esta que se ha cruzado en el océano que separa a nuestros dos países: mártires otra vez; mártires acá y allá; mártires con recomendación y mártires de silencio.
¿Quién dijo que la igualdad alcanzaba a los muertos?

miércoles, octubre 10

¡Martires!

Ahora llegan los mártires.
Cuarenta años de poder absoluto con Causa General, tijera de papel con la que hizo el traje de dolor la España vencedora, la que levantaba el brazo y repartía pan negro de hambre. Cuarenta años escribiendo los libros de la historia a la medida de sotanas y pistolas. Cuarenta años esculpiendo en los muros de las iglesias los nombres de los "caídos", siempre presentes en el agotado afan colectivo. Cuarenta años de misas madrugadoras en los colegios, en los cuarteles, en los hospitales. Cuarenta años lustrando el marmol en los cementerios donde yacían los héroes. Cuarenta años diciendo qué podía y qué no podía leerse; cómo pensar; cuántos hijos tener...
Y ahora, cuando se abren las zanjas del olvido que cubrieron con el polvo de la humillación y la vergüenza, veinte mil peregrinos acudirán a Roma. El cielo se llenará de mártires a pocos meses de una cita electoral en la imperecedera España, a la que tanto le cuesta sacudir este yugo pesado y nauseabundo.
Tras cuarenta años de triunfo, y otros treinta disimulando en el nuevo medio, se dan cuenta los Obispos de España de que no ha alcanzado apenas el tiempo para que el católico amor enlace los doloridos corazones de la patria, ese valor moral de esencias indiscutibles.
Una peregrinacion a Roma. Un gran establecimiento en Valencia - ¿otro paramo para caídos?-.
A otros, entre tanto, los van sacando de las cunetas sin pompa y circunstancia.
No me molesta que se hable de la persecución hecha durante la guerra a los que tenian un credo religioso. No me ofende que se lance un juicio crítico y de condena hacia unos crímenes cometidos no hace tantos años, en un momento con el que apenas se guarda distancia cultural, de valores o principios respecto a nuestros días. Lo escribía no hace tanto en un artículo dirigido a Esteban Greciet: No me gustan las persecuciones religiosas, ni de ida, ni de vuelta. Ni las que les hicieron a todos esos mártires durante la contienda, ni las que se hicieron en torno a las hogueras o, años despues, en las tapias y zanjas de este pais.
¿Cuándo la iglesia española dejará de ser un contendiente?
¿Cuándo se recordará por parte de esta jerarquía montuna a los curas vascos fusilados por las tropas rebeldes del general Franco? ¿Cuándo se hará un nicho de gloria para aquel cura mártir de Toledo que intentó, sin lograrlo, que la tropa mora y legionaria no ejecutara a los combatientes heridos del ejercito de la Republica, lanzando granadas indiscriminadamente y acuchillando en las camas del hospital en el que yacían?
Muertos de primera homenajeados y glorificados durante décadas, y muertos que ni siquiera son muertos, de los que no puede hablarse porque su fantasma resucita el odio entre las Españas. Muertos que no existieron, que molestan, que ofenden, que destapan la memoria del peor crimen.

lunes, octubre 8

Cuarenta años


Cuarenta años ha pasado desde que el soldadito boliviano, armado de su rifle, que era un fifle americano, asesinaba a Fúser; Furibundo Serna; Ernesto Guervara de la Serna. El Che.
Y hace diez me acerqué al club de prensa de La Nueva España para escuchar a Aleida Guervara, hija suya, todavía convencida de los grandes logros revolucionarios en la Cuba del socialismo real.
Se me han caído desde aquellos años muchos naipes y castillos de arena. Pero a pesar de eso todavía en la casa de mis padres sigue habiendo una pequeña foto de un Che en blanco y negro, con el ceño fruncido, algo cegado por el sol.
Hoy recuerdo aquella figura que tanto ha simbolizado en este mundo desequilibrado; que ha sido utilizada hasta el agotamiento de los más pacientes; que ha sido convertida en un mito y hasta en un símbolo vivo y palpitante de aquello que combatió.
"No se fíen del imperialismo, ni tantito así".
La imagen del Che es ya un mito que un día, mientras vivió, firmó rojos billetes de un peso en el Banco Nacional de Cuba.
Hoy trasciende su lado más irreverente en otro alarde comercial que mantiene viva esta nueva mercancía: la rebeldía de consumo. Sus arista más críticas y ácidas, opuestas a aquel monstruo soñado por la razón y apuntalado por el terror, y que extendió sus alas de hielo sobre Europa, son también objeto de análisis concienzudo. Y sin embargo sigue siendo objeto de adoración.
Su cuerpo fue arrojado a una fosa común, sin manos, y sin ropa -parece ser-. Y recuperado luego supuestamente por un equipo de especialistas cubanos que excavaron en torno a la pista aérea de Vallegrande, en Bolivia. Se dice, se cuenta, se comenta, que sus huesos no son sus huesos, que las autopsias y los datos contrastados no coinciden... Al fin y al cabo todo esto es lo de menos. Ha quedado en la retina colectiva el cuerpo acribillado de aquel hombre de barba rala y desordenada, que llevaba los bolsillos de su camisa verde olivo atestados de papeles.
Y siguen recordándose aquellos ojos que sostuvieron una mirada que quiso cambiar el mundo.
¡Hasta siempre, Comandante!

La sombra del velo

Ha sido esta mañana, cuando me he puesto a releer el artículo que transcribo a continuación, que me he percatado de que la palabra "parón", que aparece en el primer párrafo, me sonaba rara. No la encuentro en el diccionario. Así que no sé si es que yo soy muy purista -no creo que esté en condiciones de serlo, la verdad- o, simplemente, si al Diccionario de la Real Academia le hacen falta más cocciones e inmersiones en la realidad cotidiana del lenguaje.
Sea como fuere vuelvo a traer a mi hueco de transparencias un artículo ajeno, otra vez de Ramoneda, que hace referencia a algo sobre lo que me apetecía escribir.
No es el texto que reproduzco algo que me satisfaga plenamente; tampoco estoy exactamente de acuerdo con lo que dice. Pero por contra sí me parece que aporta ideas y planteamientos sencillos y útiles para dar algún primer paso.
Durante los días en que se sucedió la pequeña polémica sobre el velo de la niña que asistía a un colegio dependiente de la Generalitat de Catalunya, lo que más me sorprendió fue la posición del delegado que tienen en aquel país los militantes del Partido Popular. Velo no. Hasta ahí, bien. Crucifijo, sí: es lo nuestro, es nuestra cultura. Otro que no ha entendido nada o que sólo entiende lo de siempre.
Así que dado que la tónica del malentendido es algo habitual en esta tórrida casa de locos, aquí dejo a los lectores a la sombra del velo: Buen día. Buen y laico día.




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A la sombra del velo.


El largo parón que fue para España la dictadura de Franco provocó que entráramos con retraso en debates que nuestros vecinos ya habían hecho con anterioridad. Pero no por ello nos los vamos a ahorrar.
El caso de la niña Shaima, a la que las autoridades de su colegio de Girona no dejaban ir a clase con velo, ha puesto en escena un debate que en Francia, por ejemplo, generó cataratas de palabras y diversas acciones legislativas. ¿Qué hay que hacer con el velo?
En España no hay legislación alguna que admita o prohíba explícitamente que las alumnas acudan a clase con el velo. La laicidad no es cultura compartida en un país en que gran parte de la derecha la rechaza. Y, sin embargo, como el propio Nicolas Sarkozy dejó muy claro en su carta a los profesores de Francia, la laicidad debe ser la base de cualquier sistema educativo democrático e integrador. Malamente se puede prohibir el velo si no están prohibidos los crucifijos o las medallas. En cualquier caso, si hay que elegir entre el velo y la escolarización de la niña, para mí no hay ninguna duda de que debe primar que Shaima vaya a la escuela. Entre otras cosas porque es el mejor camino para que un día ella, por su cuenta y riesgo, pueda decidir dejar el velo en casa. ¿O no debería ser el ideal de toda escuela conseguir la emancipación de los alumnos: que cada cual sea capaz de pensar y decidir por sí mismo, sin contar ni con sus padres, ni con sus maestros, ni con nadie?
Pero la peor señal que este conflicto ha dado no está, por lo general, en el titular de las informaciones, sino en la letra pequeña: la niña había sido repetidamente humillada y ridiculizada por sus compañeros de clase. O sea, que la calificación es baja en educación para la convivencia. Tomen nota los que atacan con furia de restauración religiosa la asignatura de Educación para la Ciudadanía.
Como casi todos los problemas de convivencia, la cuestión del velo no se puede afrontar con simplismos de blanco y negro. Por el principio de libertad de expresión, el derecho más decisivo en democracia, cuesta mucho decir simple y llanamente: "No al velo". Y más en un país que sale de una larga historia de intolerancia religiosa y de monopolio del mercado de las almas por parte de la Iglesia católica. Pero es indudable que el velo no es inocente: que lleva la marca de la sumisión de la mujer. Y este factor no puede dejar de tenerse en cuenta. El discurso multiculturalista otorga carácter fundamental a las peculiaridades de una cultura o tradición. Siempre me ha parecido un monumental disparate. El derecho a la libertad religiosa y cultural no puede ser un factor de impunidad. Hay unos valores mínimos de la convivencia democrática que nadie puede saltarse en nombre de la superioridad de lo primordial. Humillar a una mujer es un delito, con o sin mantilla, con o sin velo. Los discursos bien intencionados tipo alianza de las civilizaciones, además de ineficaces, porque se equivocan de aliados, sólo sirven para confundir. La religión ni es el determinante principal de nuestras identidades, ni puede tener privilegio alguno respecto a las demás ideologías o creencias, ni puede tener carácter normativo en una sociedad libre.
Por eso son reveladoras algunas reacciones conservadoras que se han oído estos días. El democristiano Duran i Lleida teme al velo por miedo a que "la cultura propia pierda su identidad", y el popular Daniel Sirera se muestra contrario al velo porque hay que proteger "las tradiciones y culturas propias". A esto se le llama ver la paja multiculturalista en el ojo ajeno y no darse cuenta de la viga que está dejando sin visión al propio. La crítica al multiculturalismo debería empezar por uno mismo. Porque si rechazamos que las tradiciones y los hábitos culturales puedan imponerse a las leyes y las reglas del juego de la sociedad, este criterio debe valer para todos nosotros. No sólo para los otros.
Precisamente, la máquina multicultural de la fragmentación se pone en marcha cuando un grupo, mayoritario o no, en vez de buscar un marco legal compartido de cumplimiento obligatorio pretende imponer sus verdades y obligaciones a los demás, sin reconocerles derecho alguno. Lo decía el capón a la gallina en un diálogo de Voltaire: "Los humanos no tienen ningún remordimiento de hacer las cosas que tienen costumbre de hacer". La sombra del velo es alargada.




Josep Ramoneda


Diario El País, día 8 de octubre de 2007

viernes, octubre 5

Al Capone, ¿eres tú?

Siempre hubo algún profesor en la facultad de Derecho que nos recordaba la mecánica seguida para el encarcelamiento de Al Capone. Es bien sabido que a pesar de los crímenes incontables que cometió, su condena sólo fue posible gracias a un encontronazo con la agencia tributaria. Efectivamente, fue un fraude fiscal, y no una gota de sangre, lo que puso al criminal a la sombra.
Parece que hoy amanecemos con la misma sensación: Los cinco hijos del fallecido dictador Augusto Pinochet fueron encarcelados hoy, siguiendo una orden del juez Carlos Cerda, por malversación de fondos públicos, mientras su viuda, Lucía Hiriart, de 84 años, se encuentra internada -en calidad de detenida- en el Hospital Militar, a causa de una descompensación sanguínea tras saber la noticia.
Recemos porque la viuda del sátrapa se compense adecuadamente.

LAS MOSCAS

A un panal de rica miel
dos mil Moscas acudieron,
que por golosas murieron,
presas de patas en él.
Otra dentro de un pastel
enterró su golosina.
Así, si bien se examina,
los humanos corazones
perecen en las prisiones
del vicio que los domina.
Felix María de Samaniego

jueves, octubre 4

España, mañana


España, mañana. Mañana, España. Queman cuatro fotos del Jefe del Estado y todo el mundo medianamente civilizado se lanza a expresar su ardoroso afecto por la corona. La justicia se pone su armadura de acero y, mandoble en mano, esto es, Código Penal en ristre, engulle a los republicanos disturbadores triturándolos ante la Audiencia Nacional.
De la noche a la mañana hasta los obispos piden que se rece por su majestad, injustamente vejada, mientras desde su cadena de radio se sigue vomitando fuego y vinagre, y exigiendo la abdicacion regia.
Como una erupción cutánea repentina, afloran sobre la piel de toro artículos y articulistas, notas, escribientes y escribanos, sabedores y opinadores, sabios y cátedros que funden en un único lingote este suelo orgulloso y su corona. Sin ir mas lejos, el otro día leía un texto horroroso del columnista Javier Neira, dedicado al cabo Noval, carbayón hecho ilustre por una mala muerte, héroe de la guerra de África. "¡Vaaaaspaña!": Todo un ejemplo a seguir, sugería el ínclito, frente a los que buscan el incendio y la desmembración de esta Castilla grande, envuelta durante siglos en los harapos del viejo y arruinado esplendor de que gozó quien fuera dueña del mundo. Una visión emotiva de España. La única, la grande, la libre.
Imagino que aquellos que cuando evocamos al cabo Noval, no podemos evitar recordar que su guerra antigua fue una sangría de pobres en un pais pobre, arruinado por el desgobierno de la Monarquía, los militares y las señorías ilustres pero torpes, encarnamos a la antipatria, la antigloria, al principio del fin de esta reserva espiritual.
Débil ha de ser la roca sobre la que se cincela nuestro futuro cuando en un país de cuarenta y cinco millones de habitantes, un pequeño espasmo retransmitido por los telediarios ha causado tanta zozobra. Débil ha de ser por fuerza el suelo que nos sostiene cuando se pretende que la figura del Jefe del Estado esté fuera de todo juego crítico.
Es probable que en las cabezas de muchos anide el sentimiento o la certeza de que la vieja España es más juancarlista que monárquica; que las patas de nuestro trono no soportarían que la rancia institucion fuera expuesta ante la prensa rosa y cualquier otra de mal vivir, tal como sucede con la casa real británica. Que se empiece a hablar del sexo de los reyes, príncipes o infantes, en vez de ocupar el tiempo con la entrepierna de los ángeles, ha debido de acelerar el pulso a más de uno.
El otro dia, Juan Carlos Borbón y Sofía Grecia visitaron Oviedo para inaugurar el curso universitario, celebrando de paso los cuatro siglos de vida del caserón de la calle San Francisco. A la puerta estaban las masas en triunfo. En su mayoria señoras de orden e infancia de merienda y monja, de aquel tiempo en que se merendaba poco y se rezaba más; y que ahora, abolladas ya por los años, exhibían una deficiente decoración y un complejo artificio capilar solidificado con laca. Frente al grupo imperial enarbolaba otro varias banderas tricolores: "España, mañana, será republicana". La dama griega saludó sonriente a los alborotadores. Qué estampa tan diferente a la que recoge esa histórica foto tomada en Galapagar, cerca de Madrid, en la que pueden verse los ojos tristes de una reina destronada, Victoria Eugenia de Battemberg, abuela del monarca actual, que marcha hacia el exilio empujada por las urnas.
Por este camino, ni mañana, ni pasado, España contará con una República. Hay quien argumenta que volverían con ella los odios de antaño. Incluso en algún sector radical se habla de nuevo de esa telaraña masónica, urdida en profundas simas, cuyo fin es atenazar a los bravos españoles libres y destruir la patria. Pero no hay tales cosas: En nuestro pais hace más daño cualquier comentario malévolo de un correveidile televisivo, que un debate serio en torno a la figura del rey y cuanto que encarna.
Se critica el coste de las actividades que desarrolla aquello tan extenso que se ha dado en llamar familia real. Sin embargo, una jefatura de estado republicana no es más barata. Ahí tenemos a la vecina Francia. Y así las cosas, entre algarada y algarada, se pierde el tiempo, se hace el juego al reverso tenebroso, y se evita públicamente una honda reflexión en torno a las bondades de las altas magistraturas hereditarias y aquellas otras electas.
No son tiempos de cambio. No son tampoco los caminos elegidos por algunos los que darán el fruto anhelado. España necesita más tiempo en democracia y la ciudadanía entera -y dentro de ella aquellos que se dedican a la funcion pública cualquiera que sea la intensidad de tal dedicación- comprender que una República pertenece y compromete a todos, y no solo a una parte del espectro ideológico. Mientras eso no suceda, cualquier avance republicano en España será puramente coyuntural, esto es, menos voluntario, más débil.

Y Sofia podra seguir agitando alegre la mano, riéndose del fantasma de Galapagar.

Campaña de las Juventudes Socialistas

Bien está que ante tantos silencios surja alguna pequeña voz -no tan pequeña finalmente-que, con algo de humor, apuntale un poquito esa asignatura tan discutida por la carcoma nacional.
Ha dicho ya Rajoy por la mañana que la juventud española es muy inteligente y muy sana; dormiré la siesta más tranquilo porque la ficción que representa este "borjamari", y que tanto ha molestado al de los hilos de plastilina, se queda en eso: Pura invención bolchevique. No hay "borjamaris".
Todo un alivio ¿no?
Y un logro de la concertada...