jueves, enero 31

¿A quién dicen que tenemos que votar?

Ayer, Rafael Palmero -en la foto para que le puedan señalar con el dedo por la calle-, Obispo de la Diócesis de Orihuela, en Alicante, decía en una entrevista nada menos que: «La homosexualidad normalmente es una enfermedad, nadie quiere ser homosexual». Enajenado tras semejante aserto pensé en que, en efecto, todas las criaturas, desde que son una celulita en el claustro materno, optan por escrito y firmando un contrato redactado por Legalia, por el catolicismo como religión verdadera y la heterosexualidad militante. Luego, cuando nacen, viene el diablo y ¡zas! los pone enfermos y les da por leer a Lorca.

Con este precedente se reunía hoy la Conferencia Episcopal, y de nuevo ¡zas! :
Los obispos proponen votar a quien impida las bodas gay y la negociación con ETA. Este es el gran titular que acaba de aparecer en las páginas web de varios medios de comunicación pública. En efecto, hace apenas unas horas, el Obispo Auxiliar y portavoz de la Conferencia, Sr. Martínez Camino, acaba de hacer pública la recomendación de a quién tienen que votar los católicos de este país. No le ha puesto nombre al candidato. No ha citado ni siglas ni otros signos exteriores que permitan identificar para quién se pide el voto. Igual están hablando del Partido Comunista de los Pueblos de España y no lo he entendido bien. Quién sabe.
A ver, me lo expliquen, que no lo he entendido ¿A quién tenemos que votar?

miércoles, enero 30

Inconstitucionalidades

Ayer por la tarde me puse muy contento. Este titular fue la causa: "El Constitucional rechaza el recurso del PP contra la paridad en las listas". No es que estuviera yo muy preocupado por las andanzas constitucionales de los diferentes recursos que ha presentado la primera fuerza política de la actual oposición; pero sí aguardaba especialmente el resultado de dos de los pleitos promovidos por el partido del candidato previsible.
Digo que aguardaba "especialmente" el resultado de dos de los pleitos porque en el fondo los que hay planteados con cierto calado son tres. Uno el del estatuto catalán que, la verdad sea dicha, no me quita mucho el sueño: A quien Dios se la dé, que San Pedro se la bendiga. Pase lo que pase Acebes saldrá bramando y Zaplana nos mirará así, de medio lado, reprendiéndonos por nuestra mala conducta.
Pero los otros dos me tocan la fibra sensible. Un litigio ha terminado. La impugnación de la Ley de Igualdad de 2007 a raíz de lo que se ha mal llamado composición paritaria de las listas, ha quedado en nada. Los recurrentes se olvidaron de que la Constitución con la que tanto se llenan la boca obliga a los poderes públicos a promover la participación en al vida política de todos los ciudadanos. En ese plural van incluídas también las ciudadanas de este país, resignadas durante tanto tiempo a quedar entre los pucheros de Santa Teresa y a quebrar la pata viendo pasar los días desde su casa. Y olvidaron también que el Alto Tribunal constituye en sí mismo un verdadero prodigio en la Europa continental, porque desde hace años ha sido este órgano el que ha experimentado una evolución en sus pronunciamientos, desde la igualdad formal a la material, yendo por delante del legislador y sentando las bases que han permitido elaborar una compleja normativa en ámbitos tan diversos como el laboral, electoral, social...
De ayer a hoy he escuchado de todo. Y he leído también de todo. Si hay diez hombres válidos y diez mujeres de las que ocho son una nulidad, la ley obliga a meter en la lista electoral a completas inutilidades... Eso leía ayer en un comentario. Lástima que esta inquietud no haya surgido hace unos cuántos años -y también ahora, en la actualidad-, cuando a las mujeres válidas se las dejaba -y se las deja- al margen por el hecho de ser mujeres. Esa es una realidad que se discute pero que, desgraciadamente, es evidente, palpable e innegable. Incluso cuando se expone el argumentario por los resentidos que ha dejado esta resolución del Constitucional, se olvida que también hay hombres inútiles. Y muchos, es evidente.
Queda además el otro recurso; el que ha promovido el partido del candidato previsible frente a la Ley que regula el matrimonio civil y que permite que personas del mismo sexo puedan también suscribir este tipo de contrato. No gusta el nombre. Y por eso se promueve nada menos que un recurso ante el órgano que vela por la constitucionalidad de las leyes españolas. Aguardo impaciente la resolución de este otro entuerto en la confianza de que nuevamente el Constitucional ponga los puntos sobre las íes. Llegado el día ya hablaremos, pero de momento se puede decir que cosas que no tienen el mismo nombre no contienen los mismos derechos. De hecho ahí está el señor don previsto diciendo que aspira a una ley como la de Francia... Casi nada. Francia está hecha un trapo viejo en esta materia. Está claro que de la "grandeur" no se come y que ser rentista de la historia te acaba abocando a la miseria. Todavía no hace tanto que cesaron al alcalde de una pedanía de Burdeos porque quiso celebrar un casamiento saltándose el Código de Don Napoleón. Menudo modelo previsible.
Hoy me siento satisfecho. Me acuerdo de esa cita de Clara Campoamor que citaba en el Parlamento el Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero:"Se trata de que los hombres encuentren a las mujeres en todas partes, y no sólo donde van a buscarlas".
Cuánto mejor estamos así que haciendo sonar la bolsa de los dineros y repartiendo maná entre las clases medias de esta sufrida casa nuestra.
Buen día a todos y a todas; y recuerden que, a tenor de las últimas medidas que se proponen, aquello de hablar catalán en la intimidad va a tocar a su fin.

lunes, enero 28

Cienciología

No hace mucho tuve que hacer un desplazamiento a Madrid a raíz de una cosa de éstas en la que ando metido y que hay que manejar con tanto sigilo. Me hospedé en hotel muy cerca del Congreso de los Diputados. Parece que me atrae esa zona, porque desde la primera vez que viajé a Madrid, allá por el año 1986, casi siempre he acabado durmiendo en la Carrera de San Jerónimo o en sus proximidades. Será que en vez de tener alma de marinero la tengo de diputado frustrado. Qué sé yo.
El caso es que, como iba diciendo antes de perder el hilo, hace unos meses me llamó poderosamente la atención establecimiento mercantil de la Iglesia de Tom Cruise. Me quedé mirando hacia dentro a través del gigantesco escaparate. Y cuando digo gigantesco no creo que esté elaborando una exageración desorbitada.
Mira por dónde la Audiencia Nacional acaba de abrir la veda. Y detrás el Registro de entidades religiosas del Ministerio de Justicia. Estamos como para reclamar eso del "trato igual a todas las confesiones religiosas" que leía hace poco en un texto que pretendía ser reivindicativo.
Dejémonos de medias tintas: El Estado ha de ser ajeno al hecho religioso; y ha de saber reaccionar frente a aquello que, queriendo tener una apariencia, esconde uno de los negocios más viejos del mundo.
España, laica. Pero ¡ya!


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COMUNICADO DEL GRAN ORIENTE DE FRANCIA
Del 16 de enero de 2008

“La ofensiva de las sectas en Europa llama a la resistencia”

Mediante una decisión de fecha 19 de diciembre último, el Ministerio de Justicia español acaba de inscribir a la Iglesia de la Cienciología en el registro oficial de religiones de España, tal y como ordenaba la Audiencia Nacional en una resolución del 11 de octubre pasado.
Después de Moscú en octubre de 2007, Madrid acaba de reconocer un estatuto oficial a una de las más importantes sectas del mundo. Estos países han sucedido a Suecia que –el primer país en Europa y bajo muchas presiones- consagró oficialmente a esta organización en 2000.
El Gran Oriente de Francia y el conjunto de mujeres y hombres de progreso, ligados a una alta concepción de los valores de libertad y democracia no pueden sino alarmarse frente a lo que bien se puede considerar como una ofensiva en toda regla de la Cienciología en Europa.
Hay que reconocerlo, « ejercicio ilegal de la medicina », « graves estafas », « secuestros arbitrarios », « manipulación mental”, acompañan la progresión de los movimientos sectarios en Europa sin que exista una adecuada respuesta.
Si Alemania resiste – recientemente ha puesto de manifiesto su “ley fundacional” frente a toda nueva reivindicación proveniente de la Cienciología -; si Francia pone en práctica originales medidas ampliamente sustentadas sobre la base de la concepción republicana del Laicismo; no es menos cierto que nuestras democracias corren a día de hoy un verdadero y gravísimo peligro. Peor todavía, pues todo parece que puede dar un giro de un momento a otro.
¿Cómo podemos aceptar que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos –bajo el pretexto del respeto a la « Libertad de conciencia »- condena a la casi totalidad de los poderes públicos responsables de medidas que limitan la progresión de las sectas en Europa?
En el momento en el que algunos – y las sectas en primer lugar- aspiran a reformar la legislación de separación entre iglesias y Estado, el Gran Oriente de Francia llama al conjunto de mujeres y hombres de progreso a permanecer en alerta.
Porque la ofensiva de las sectas en Europa viene acompañada de la profanación de valores fundamentales ligados al respeto de lo humano y de los lazos sociales; porque esas mismas sectas sacralizan el dinero y el mercado, debemos resistir en nombre de cierta idea del ser humano, heredero del espíritu de las Luces.
Con este espíritu, el Gran Oriente de Francia llama al conjunto de mujeres y hombres progresistas y a todas las instituciones democráticas de Europa, a militar contra una ofensiva que se cierne más que nunca sobre los países que, como Francia o Alemania, aún resisten.

Servicio de Comunicación y Prensa del Gran Oriente de Francia.

jueves, enero 24

Sayed Perwiz Kambajsh

Hoy me ha llegado el último número de la publicación que la Comisión de Laicismo del Gran Oriente de Francia ha puesto en circulación. Sarkozy, su discurso de Letrán y las raíces cristianas de la divina Francia, copan todo el contenido.
Hay una breve referencia a otra cuestión de actualidad que me ha llamado la atención. Sucedió en Eslovaquia. Una cadena privada acaba de ser castigada en aquel país con una multa de unos 60.000 euros, por haber empleado su mala baba con el Vaticano a raíz de las recomendaciones que la Santa Sede dirigió a los conductores. Parece ser que según la cadena de televisión en cuestión, los prelados no son los más adecuados para dar consejos de seguridad vial: El Vaticano apenas sí tiene dos kilómetros de carretera y el último accidente ocurrió hace más de seis meses. Esa fue la gracia que llegó a los telespectadores; y la respuesta obtenida, la sanción pecuniaria.
El asunto tiene hasta gracia. Uno no puede evitar sonreir y ladear la cabeza, oscilando entre la desaprobación y un gesto resignado.
Por la mañana, sin embargo, no me quedaron muchas ganas de menear la cabeza. Sayed Perwiz Kambajsh, periodista afgano, ha sido condenado a muerte por un tribunal que le juzgó sin permitirle siquiera un abogado defensor. Viendo lo que nos ocurre a veces en los juzgados "occidentales" no puedo dejar de preguntar de qué le hubiera servido el letrado a este hombre, ciudadano no de un país, sino de un laberinto. Probablemente un florero togado hubiera permitido a estos "jueces" afganos exportar la noticia sin tanto escándalo. Porque es un hecho demostrado que en este mundo mediático no hubieran faltado desaprensivos voluntarios para quitarle hierro al asunto.
En fin, sea como fuere, el delito de Sayed consistió, siempre según la versión de los compañeros de la universidad que le denunciaron -y yo me quejaba del hermano de Alicia Castro Masaveu, al que tuve que soportar como delegado en la facultad-, en afirmar que el profeta Mahoma ignoró en su momento los derechos de las mujeres. Parece que, además, el muy infiel cometió también la grave afrenta, siempre, insisto, según el dedo acusador, de burlarse del islam.
Muere la libertad de expresión a costa de la dictadura religiosa o de los rescoldos que quedan de ella. La palabra muere en muchos lugares enterrada por la vigencia del delito de blasfemia. Y existe un tiempo y un espacio en el que personas como Sayed Perwiz Kambajsh ponen en riesgo su vida por decir, sencillamente, aquello que piensan.
Siempre he creído que determinada concepción de las religiones, aquella que supera al individuo para extenderse de una manera solapada o descarada por el tejido social, no es otra cosa que el mecanismo más primitivo y efectivo de dominación de los seres humanos. Siglos y siglos de historia, de confrontaciones, imposiciones, siguen dando su nefasto fruto y llenando los caminos de víctimas inocentes.
Reporteros sin Fronteras y otras organizaciones internacionales están llevando el peso de la "defensa" de los derechos de Sayed Perwiz Kambajsh; uno más entre esos innumerables e involuntarios mártires de la libertad, hacedores, a pesar de todo, de este pequeño milagro del que disfrutamos. Ahora que vengan a hablarnos de "laicidad positiva" y de que el laicismo radical quiere ver reducida la religión al espacio privado, íntimo y particular de cada ciudadano. Pues sí, vistos los precedentes y lo que se sigue viendo, va a ser eso lo que muy justamente se pretende. Como decía esta mañana muy acertadamente un buen amigo -y que permita que le coja prestada la aseveración-, cada uno en su casa y la razón en la de todos.

miércoles, enero 23

No católicos sino catolicistas

Al llegar de Bayona el último fin de semana me encontré con este artículo con el que me identifico plenamente. Tanto me identifico que lo siento como si yo mismo lo hubiera escrito, salvando eso sí, la calidad literaria infinita que me separa de Javier Marías, con el que no siempre estoy de acuerdo.
Sé que muchos de los que leen en esta pequeña ventana están ya un poco agotados de tanta sotana. Lástima que el agotamiento no sea mutuo. No me refiero a mí; quiero decir que es una lástima que las sotanas no se cansen también de darnos viento con el revuelo de tanta túnica. Pero confío en que, además de la reflexión laicista y de furibunda actualidad, se extraiga alguna otra enseñanza. Efectivamente llega un momento en el que ya no se puede ceder más.
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No católicos sino catolicistas
Javier Marías

Está uno harto de recordar –y ustedes aburridos de que yo lo haga– el viejo adagio de mi familia: “Nunca se debe intentar contentar a quienes nunca se van a dar por contentos”. Y sin embargo es algo que en España hay que sacar a colación continuamente, como si no darnos nunca por contentos fuera uno de nuestros mayores vicios, o más bien ardides. Es este un país lleno de gente insaciable, a la que nada parece jamás bastante, que ve cualquier gentileza o concesión no como deseo de tener la fiesta en paz y llegar a acuerdos, ni como recapacitación y afán de ser justo, sino como síntoma de debilidad inequívoca de quien cede, y por lo tanto como señal para tirar de la cuerda y forzar aún más las situaciones. Lo más sorprendente es que nadie haga caso de ese adagio, que nadie se plantee lo inútil y aun lo contraproducente de intentar contentar a quienes jamás van a darse por satisfechos. No se lo dan ni se lo darán los nacionalistas varios, ni por supuesto ETA, ni el actual Partido Popular, ni –según comprobamos una y otra vez– los obispos y cardenales católicos.
Son sólo algunos ejemplos, de colectivos. Porque también los hay de millares de individuos, y estoy seguro de que ustedes se las habrán visto en la vida con alguna persona así. Habrán puesto paños calientes y tenido infinitas buena fe y paciencia con ellas, habrán procurado agradarlas y apaciguarlas, las habrán tratado con guante blanco ante su enorme susceptibilidad y su imparable exigencia …, y no habrán conseguido sino recibir reproches y broncas, se habrán sentido en insaldable y permanente deuda con ellas, habrán experimentado la desagradable e injusta sensación de que, por mucho que hicieran ustedes en provecho suyo, ellas no sólo no iban a agradecérselo, sino que lo iban a tomar como algo lógico y debido y además insuficiente. Son personas imposibles, desesperantes, con las que lo mejor que puede hacerse es romper todo vínculo y trato, no tenerlo malo ni esforzarse por tenerlo bueno (una quimera, esto último). Son individuos que en seguida pierden de vista lo que es una deferencia o un gran favor por nuestra parte, que consideran “derechos adquiridos” lo que graciosa y voluntariamente les otorgamos un día, que olvidan que no tenemos ningún deber para con ellos, y que, si les retiramos nuestra protección o beneficio, lo juzgarán una agresión, nada menos. Recuerdo haber tenido amigos a los que favorecía en lo posible: sugería su nombre para trabajos o viajes; lograba que se los invitara a donde no lo habían sido; hacía gestiones para que se los publicara o tradujera; los ayudaba a mejorar sus tarifas, sin llegar a la indecencia de recomendar públicamente lo que de ellos no me gustaba. Al terminar la amistad, me abstuve de perjudicarlos, pero sí dejé de echarles aquellas manos, y ellos entendieron la mera cesación de un apoyo –nada más comprensible, si yo me había considerado traicionado– como una declaración de hostilidades por mi parte. Hasta tal punto habían olvidado que se trataba algo espontáneo y amistoso, a lo que no estaba en modo alguno obligado.
La jerarquía eclesiástica –y por tanto la Iglesia Católica en su conjunto, que nada hace para moderar o reprobar a aquélla– ha demostrado sobradamente pertenecer a esa clase de personas u organizaciones. Con ella se han tenido todos los miramientos imaginables. Pese a ser España un Estado aconfesional desde hace treinta años, se le ha mantenido un trato de privilegio escandaloso. Se la ha seguido financiando –aún más desde 2006– con el dinero de todos los ciudadanos, profesen la religión que sea o ninguna; se le ha aumentado al 0,7% la cantidad que los contribuyentes puedan destinarle a través de sus impuestos, restándosela así al Estado; no se han cancelado los caducos acuerdos de 1979 con el Vaticano, tan beneficiosos para ella; se le permite apoderarse de las calles de todo el país durante siete días seguidos, los de la Semana Santa, algo que se impediría a cualquier otro colectivo, religioso o laico; para no irritarla, se han parado o descafeinado leyes, y a otras se ha renunciado; se ha tolerado que obispos levantaran falsos testimonios (“La sospecha del 11-M mira al Gobierno”, clamó el de Huesca) sin que sus pares los reconvinieran por la comisión de tamaño pecado en público; se le ha consentido difamar y mentir a través de su emisora, amoldar a su gusto la Educación para la Ciudadanía y despedir a su arbitrio a los profesores de Religión que ella no paga, en esos colegios “suyos” que en realidad sufragamos los españoles. No se le ha pasado factura por los cuarenta años en que gobernó y reprimió a la sombra –o al sol, descaradamente– de la sanguinaria dictadura de Franco, ni por su mucha opresión de tantos siglos, ni por su deliberada ignorancia y rechazo a cualquier avance. Se la ha tratado, en suma, con una generosidad que en poco grado merecía. Pero para la jerarquía nada es nunca bastante; los obispos, con cinismo, se dicen “acorralados” y “perseguidos” y jamás se darán por contentos. O mejor dicho, sólo se lo darían si acabaran con toda libertad y razón y pudieran imponer a todos, como en el pasado no lejano, sus creencias, mandatos y prohibiciones. Esto es, el día en que, de la misma manera que hay Estados islamistas que supeditan el poder democrático y civil al religioso, España volviera a ser un Estado no católico, sino catolicista.

viernes, enero 18

Lo posible y lo necesario

Acaba una semana un tanto vertiginosa. Nunca pensé que el inicio oficioso de una campaña electoral iba a ser tan convulso, pero así ha resultado.
De entre toda la sucesión de acontencimientos, dos me han llamado la atención especialmente. Supongo que los mismos que le han podido llamar la atención a tantos hombres y mujeres que torean cada día en esta plaza tan acalorada y polvorienta. No creo por tanto que mi mirada sea especialmente original.
Empezaba el lunes -creo que era lunes- escuchando a la Vicepresidenta del Gobierno de la Nación (ignoro si a esta mujer le habrán colgado también el sambenito de ser una pérfida masona y una hereje consumada) decir que el gobierno no toleraría ningún ataque a la intimidad de las mujeres que hubieran abortado y que, en este momento, son objeto de las pesquisas ensimismadas de algún juez preclaro que, de repente, se ha enterado de que en España se producen cien mil abortos anuales y que estos son practicados casi en su totalidad en clínicas privadas. Yo creo que el Gobierno ha tolerado ataques sobrados contra esas mujeres y, de paso, también contra una leve conquista que de las mujeres españolas.
Ayer, Bernat Soria y Mariano Fernández Bermejo, Ministros de Sanidad y Justicia resepctivamente, se enfrentaban a las mismas cuestiones ¿qué va a pasar con las mujeres a las que se les envían las citaciones valiéndose de la Guardia Civil? (al resto de los mortales les llega una carta certificada) ¿qué va a hacer el P.S.O.E. con la ley actual en materia de interrupción voluntaria del embarazo? Se enfrentaban y evitaban los dos hacer un pronunciamiento expreso. A estas alturas no sé si entiendo que el fragor de una campaña electoral no es el mejor espacio para abrir un debate que se presta a tanto tira y afloja. Pero desde luego lo que no comparto de ninguna forma es la reflexión de otro ministro, Jesús Caldera: la ley actual no basta; se queda corta; hace aguas y se le escapa ya todo el aire por las costuras. Necesitamos una ley de plazos que complemente todo el catálogo estricto de supuestos en los que, actualmente, se admite la posibilidad de que una mujer pueda abortar en España.
El partido que sustenta al Gobierno presentaba esta semana su borrador de programa electoral: Una inicial referencia a la creación de un Observatorio de la "laicidad" -el galicismo se impone de forma definitiva- destacaba en el catálogo de ofertas a la ciudadanía. Pero no debería olvidarse que el estado laico se construye siempre a partir, no tanto de formulaciones teóricas -que las hay y son desde luego necesarias-, como de actos concretos y expresos; una ley de plazos en materia de aborto al margen del parecer de los credos particulares de los militantes de ciertas confesiones religiosas; una ley -o al menos un debate público, o una reflexión colectiva que alumbre un fruto a medio plazo- que regule también el derecho a una muerte digna; una respuesta al problema que plantea el privilegiado sistema fiscal del que goza esa misma confesión en la que llevamos un rato pensando; otra respuesta diferente a la habitual en torno a esos acuerdos de enero de 1979 que tanto polvo y lodo han llevado y arrastrasdo.
A todos y cada uno de nosotros corresponderá pensar, reflexionar sobre qué es posible y hacer en esta España tan querida, también tan maltratada que, al menos, se ha librado de una letra horrible en su vigente himno, seña musical identitaria, regalo, creo, de Federico el Grande a aquel rey al que tan mal le caían los masones y los jesuítas: don Carlos III. ¿Qué será lo posible, qué lo necesario?
La segunda cosa que me ha dejado un tanto perplejo afecta al Sr. Gallardón y compañía, cómo no; una oscura nube ha tapado la designación digital del supuesto peso pesado que se habrá de encargar de la gestión económica nacional en el caso de una hipotética victoria del Partido Popular. Esa nube lleva el nombre del alcalde de Madrid, una de las figuras políticas más respetadas del país que, en su día, se atrevió a legalizar aquello que recibió el nombre de "narcosalas", espacios en los que las personas drogodependientes podían inyectarse la dosis correspondiente con una jeringuilla no contaminada. Recuerdo el ruido y escándalo de entonces. Gallardón, el mismo alcalde que casó a un militante de su partido con el compañero con el que convivía y que dijo aquello de que las leyes están para cumplirlas, a pesar de que su Partido había recurrido (y ahí sigue el recurso) la reforma del matrimonio civil. Gallardón, la oveja roja del Partido Popular, que lo sacaba como un Cid Campeador en las citas electorales representado a eso que ya no existe en el principal partido de la oposición y que llaman centro político.
Gallardón quedó apeado de forma sorpresiva de la carrera, humillado ante su rival, Esperanza Aguirre. Qué será en este caso lo posible y qué será lo necesario. De lo posible ignoro todo; de lo necesario sí que me atrevo a decir que no nos merecemos esta derecha. Pienso sobre todo en algún amigo que tengo en el Partido Popular y que no se parece en nada a Acebes ni a Zaplana. Y no puedo evitar colocarme en su lugar. Efectivamente, hay gentes de centro; y de derechas con cierta moderación. No puede ser que la buena gente se encuentre a la izquierda y la mala a la derecha. He conocido izquierdistas de salón y mesa camilla que luego van por ahí diciendo un día que eres un revisionista y otro un radical; izquierdistas de supuesto nombre a los que les sobraría el plato de lentejas para sacar el mejor partido. He conocido también gentes de derecha que deberían estar remando en una balsa en compañía de esos izquierdistas, camino hacia el infinito y más allá. Pero el problema político que se plantea ahora es bastante serio y va más allá de ciertas sensaciones y experiencias personales ¿qué derecha necesita España? ¿Qué es posible para nosotros? ¿Por qué algunos tenemos tanto miedo a que la tortilla salte de la sartén y caiga al suelo?
Son muchas las reformas pendientes en España. Antes citaba las legales -algunas de ellas- que deberían ser afrontadas con valentía por quien dice representar determinados valores. Pero hay otras reformas urgentes: las reformas del pensamiento, de determinado pensamiento que no acaba de avanzar ni abrirse camino entre tanta tiniebla, que sigue atenazado por eso que conocemos tan bien y que se llama nacional catolicismo; que continúa siendo rehén de algunas oligarquías a las que les importa cualquier cosa menos el interés general. ¿Qué hemos hecho para merecer el miedo? Lo posible no sé qué es; lo necesario, desde luego, es dejar de padecer esta zozobra de una vez por todas.

domingo, enero 13

Educación para la ciudadanía franquista

Hace unos días un buen amigo me avisó de la existencia de este artículo. Pude apreciarlo directamente sobre el papel impreso del diario El País; luego lo encontré en la red de redes y lo he traído aquí.
No sé si mi gran sorpresa derivó del contenido de lo escrito o de la firma. En cualquier caso creo que es de agradecer, mucho, la recomendación que recibí. Y del mismo modo pienso que es interesante llevar este texto al mayor y más grande colectivo de gentes posible.




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Educación para la ciudadanía franquista

Ediciones Península reeditó en 2003, para general deleite, el Catecismo patriótico de Menéndez-Reigada, y ahora está a punto de dar a la luz pública otra perla del mismo género, España es mi madre, del padre Enrique Herrera Oria. Ambas obras se publicaron durante la Guerra Civil, y perseguían descaradamente el objetivo de inculcar a los niños españoles, como si fuera un dogma de la fe cristiana, un patriotismo español identificado con el Caudillo y su régimen fascista. No creerlo así sería como dudar de la divinidad de Jesucristo o de la virginidad perpetua de María. Sería pecado.
Los hermanos dominicos González Menéndez-Reigada, fray Albino (entonces obispo de Tenerife y futuro obispo de Córdoba) y fray Ignacio (muy introducido en la casa civil de Franco) fueron seguramente coautores del Catecismo patriótico, que en la mayoría de ediciones da por autor simplemente a "Menéndez-Reigada". Dice este catecismo que "hay que creer en España", y luego identifica la patria con Franco, "el hombre providencial, puesto por Dios para levantar a España", que "es como la encarnación de la Patria y tiene el poder recibido de Dios para gobernarnos". En cuanto al nuevo Estado naciente, justifica la denominación de "totalitario", pero "totalitario cristiano", y afirma que en él "no hay división de poderes, sino unidad de mando y dirección y, bajo ella, orden y jerarquía". Los partidos políticos "no subsistirán en el Estado español", porque "son creaciones artificiales del régimen parlamentario, para dividir, inutilizar y explotar a la nación, a la que son altamente perjudiciales".
En cuanto al padre Enrique Herrera Oria, santandereano, jesuita como tres hermanos suyos, era también hermano de don Ángel Herrera Oria, el dirigente de Acción Católica, del diario El Debate y del partido Acción Popular, ordenado sacerdote en 1940 y nombrado obispo de Málaga y finalmente cardenal. Pero mientras Ángel colaboró en la política accidentalista y conciliadora con la República que propugnaban la Santa Sede, el nuncio Tedeschini y el cardenal Vidal y Barraquer, todos ellos anatematizados por la ultraderecha, Enrique era descaradamente fascista. Presumía de haber orientado políticamente a Onésimo Redondo, antiguo alumno suyo en el colegio jesuítico de Valladolid. Dionisio Ridruejo, que al hablar del prójimo suele ser generoso y ponderado, lo deja francamente mal: "Era un hombre limitado e incluso pueril. Salvo la semejanza física, apenas parecía hermano de sus hermanos Ángel y Francisco". Fue colaborador del ministro de Educación Nacional Pedro Sainz Rodríguez en la elaboración de la ley de reforma de enseñanza secundaria de 20 deseptiembre de 1938, bajo cuyo imperio muchos de nosotros cursamos el bachillerato de siete años, con latín y religión todos los años y cuatro años de griego. Según Dionisio Ridruejo, "hacía retroceder nuestra vida cultural a los niveles de la época de Calomarde". Pero el padre Enrique, intérprete autorizado de aquella ley, la defendió en términos delirantes en un artículo de la principal revista ideológica de la Compañía de Jesús, Razón y Fe: "Mientras los soldados de la auténtica España luchan denodadamente en las trincheras para salvar la civilización cristiana, amenazada por los ejércitos a las órdenes de Moscú, el ministro de Educación Nacional, don Pedro Sainz Rodríguez, se ha preocupado de la reconstrucción espiritual de la Nueva España".
El padre Herrera Oria pone en relación la reforma de la enseñanza media no sólo con la campaña militar, sino también con otra campaña que Sainz Rodríguez desarrolla en la retaguardia: "La depuración de maestros y profesores, el exterminio de los centros del Estado del virus marxista criminalmente inoculado durante los años de la nefasta República masónico-bolchevique". Para justificar el espacio atribuido a "los fundamentos clásicos grecolatinos, cristianorromanos, de nuestra civilización europea", asegura, basándose en cierta encuesta que dice se realizó después de la guerra de 1914-1918, que la grandeza del Imperio británico no viene tanto de su marina de guerra como de la importancia que Oxford y Cambridge dan a las lenguas clásicas. Parecidamente importantes son las humanidades españolas. ¿Cuáles? "El alumno que al terminar los siete cursos del nuevo bachillerato español sea capaz de dar cuenta de una parte de Los Nombres de Cristo, ya podemos asegurar que está formado intelectualmente para ingresar en la universidad".
Culmina la obra en una apología de la rebelión militar: "Muchacho español que me lees. Te voy a contar algo grande, muy grande, quizá la más grande hazaña de los españoles: la guerra contra los rojos". Aduce la patraña de la conspiración: "Entretanto, los rojos, unidos con el Gobierno y los malditos masones, acuerdan dar el golpe para el día uno de agosto. Saldrán a la calle armados y los católicos, o morirán asesinados o irán a la cárcel". Menos mal que la Providencia ha dispuesto un salvador: "Gracias a que un general llamado Franco, muy listo y muy valiente, que en las guerras de África, sin miedo, ha luchado gloriosamente al frente de las tropas, dice: No, no puede ser; un Gobierno traidor de masones y comunistas no destruirá a España, aunque les apoye Rusia, que es cuarenta veces mayor que España, yo les daré la batalla con los valientes españoles, que están dispuestos a morir antes que servir como esclavos".
Ya tenemos el mito del Caudillo, inculcado a las jóvenes generaciones. En realidad la conspiración militar la planeó, con gran sigilo, el general Mola, y Franco se mantuvo reticente hasta el último momento. Siempre cauto, al sublevarse en Canarias no voló a Marruecos, sino a Casablanca, donde esperó a que le confirmaran que el ejército se había impuesto en el Protectorado. Pero cuando se unió al golpe actuó desde el primer momento como su jefe supremo. Franco se presentó como jefe del movimiento a los representantes de Hitler y Mussolini a los que solicitó ayuda, y arrogándose una prerrogativa regia concedió al jalifa de la zona española del protectorado de Marruecos, Muley Hassan Ben el Mehdí, la laureada (¡que él tanto ambicionaba!).
El sofisma de esta obra es el mismo del Catecismo patriótico español: se proclama el deber cristiano de amar a la Patria, pero ésta se identifica con un determinado partido y, a fin de cuentas, con un jefe, el Caudillo. Con la ayuda de una historia falseada, Herrera contrapone dos Españas: "Ya estalló la guerra. Entre la España nacional, la de Don Pelayo, la de los Reyes Católicos, la del Gran Capitán y Carlos V, por un lado, y por otro la de Azaña, Prieto y Largo Caballero... Unos gritan: Somos hijos de Lenin. Otros, somos hijos de Cristo Rey. Viva Lenin. Viva Cristo Rey. Veremos quien triunfa". Así es como el padre Enrique Herrera Oria pretendía enseñar a los niños españoles quién era su madre y, sobre todo, quién era su padre.
No es difícil imaginar la suerte que hubiera corrido el maestro o la maestra que, alegando objeción de conciencia, se hubiera negado a impartir aquella educación para la ciudadanía franquista.




Hilari Raguer es monje de Montserrat e historiador.

miércoles, enero 9

Deseos para el año 2008

Queridos amigos, señoras, señores, me gustaría desearles un año 2008 lleno de éxitos y felicidad tanto para Uds. como para quienes les son próximos.
Si hoy están en el sitio internet del Gran Oriente de Francia es porque están interesados en la Francmasonería y en nuestra Obediencia; y yo creo que tienen razón: El Gran Oriente de Francia se abre cada vez más; organizamos coloquios abiertos al público (lo hemos hecho el último primero de diciembre en relación con nuestro trabajo sobre la escuela y la república, donde, desgraciadamente, no pudimos atender a tanta gente) y vamos a seguir organizando debates, manifestaciones culturales, e ir a su reencuentro, al de ustedes que no son francmasones, que no son francmasonas. En primer lugar lo haremos para explicarles qué es la francmasonería, y quizá para convencerles de que la francmasonería tiene y da un sentido. No sólo las religiones, que son una búsqueda individual, para dar un sentido a la vida; existen también otras posiciones intelecutales que dan un sentido a la vida y entre las que, especialmente, se encuentra la francmasonería. Pero también lo haremos para compartir con ustedes nuestros valores y principios.
Los valores del Gran Oriente de Francia son algo bastante sencillo y, nos parece, algo que también tiene un carácter universal. La libertad, la igualdad, la fraternidad.
Es la República -la democracia- ¿Y qué es eso? Eso es una determinada idea de la política; una exigencia de la política; es también una idea concreta de la libertad: libertad de expresión, derechos humanos, pero también y sobre todo la libertad de conciencia... Formamos parte de una República -de una democracia- donde quienes creen en el cielo y quienes no creen tienen todos su lugar; y el laicismo es lo que permite, más allá de las diferencias, la existencia de "fes", su inexistencia, vivir juntos y en harmonía.
Así, creo que este año será un año de combate; de combate por la República -por la democracia-, de combate por el humanismo ... Tengo la confianza de que nos encontraremos en el seno del Gran Oriente de Francia para participar en estas discusiones y reflexiones. En cualquier caso deseo a todo el mundo un año laico y republicano.
Jean Michel Quillardet, Gran Maestre del Gran Oriente de Francia

martes, enero 8

lunes, enero 7

Laicismo positivo

Una nueva entrevista con Jean Michel Quillardet, ésta del día 4 de enero y publicada por el diario Libération, incide en las mismas cuestiones de las que tratábamos ayer. Una vez traducida aquí la reproduzco por su interés.
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Jean Michel Quillardet, Gran Maestre del Gran Oriente de Francia

"El concepto de "laicismo positivo" abre una brecha en el pacto republicano"

Jean Michel Quillardet es el gran maestre del Gran Oriente de Francia (GOF), que se presenta como "la primera obediencia masónica francesa" con 50.000 miembros. El GOF ha expresado recientemente su inquietud en un comunicado a raíz de las declaraciones realizadas por Nicolás Sarkozy el 20 de diciembre en su visita al Vaticano, reprochándole su "voluntad de presentar el hecho religioso como constitutivo de la identidad política y ciudadana, lo que podría conllevar una seria inflexión en el modelo republicano francés". Jean Michel Quillardet se explica.

¿Qué es lo que más le molesta en las declaraciones de Nicolás Sarkozy?
Este concepto de "laicismo positivo" que quiere que las religiones sean en adelante consideradas como una ventaja y que sea necesario buscar un diálogo con ellas, abre una brecha inquietante en el pacto republicano y laico. Es la primera vez que un presidente de la República establece esta nueva concepción de las relaciones entre el Estado y la religión.

En una sociedad tan materialista como la nuestra ¿no tiene la gente una necesidad de encontrar un sentido a su vida que debería ser tomado en cuenta?
La búsqueda de ese sentido no pasa por fuerza por las religiones. Me sorprende mucho que Nicolás Sarkozy diga que "la moral laica corre el riesgo de agotarse (en sí misma) o de convertirse en fanatismo en tatno que no está ligada a una aspiración que colme la aspiración al infinito". Detrás de eso hay una ideología muy americana.

Las posiciones de Sarkozy son conocidas, ya las había expresado en La República, las Religiones, la Esperanza (ed. Cerf, 2004)...
Durante la campaña presidencial Nicolás Sarkozy evitó la cuestión de la modificación de la ley de 1905, sobre la separación de las Iglesias y el Estado, y el informe Machelon (encargado por Sarkozy, preconizaba un retoque de este texto legal). En este momento, intuimos que algo se está preparando.

¿Qué es lo que le lleva a decir eso?
Michèle Alliot-Marie (Ministra francesa del Interior) nos recibió el 3 de diciembre y nos dijo que, en el informe Machelon, "hay algunas ideas interesantes". Está comprobando si es posible hacer pasar a las asociaciones del estatuto "de culto", que prohibe toda subvención pública, al estatuto "cultural", que las permite. Jean Pierre Raffarin (Primer Ministro en el segundo período presidencial de Chirac) también declaró en una entrevista en Figaro que "habría que completar la ley de 1905". Le hemos pedido una reunión al presidente de la República; veremos si nos recibe.

Ustedes se oponen a toda modificación de la ley de 1905, pero entonces ¿cómo se ayudará a los musulmanes a superar su retraso en lo referente a lugares de culto?
Los dos primeros artículos (de la ley de 1905) según los cuales "El Estado no reconoce ni sostiene económicamente ningún culto", y "el ejercico de los diferentes cultos es libre", no son modificables. Sin embargo no somos hostiles a los contratos enfitéuticos de muy larga duración, ni tampoco a la creación de la Fundación para obras del islam (creada el 16 de octubre, está principalmente destinada a fnanciar la construcción de mezquitas).

Aparte del Gran Oriente de Francia, pocos grupos organizados se han alzado contra las intenciones del presidente de la República...
François Bayrou, que ha estimado que el concepto de "laicismo positivo" avanzado por Nicolás Sarkozy "pone en cause la concepción del laicismo republicano" y favorece el retorno d ela religión "opio del pueblo", y François Hollande, han protestado.

Realizado por Catherine Coroller

domingo, enero 6

Una derrota de la república

En el último número de la revista de Le Nouvel Observateur que se ha publicado este 3 de enero, aparece una entrevista con Jean Michel Quillardet, Gran Maestre del Gran Oriente, en el que hace una clara referencia a las consecuencias de la última visita del presidente Sarkozy al Vaticano y, más concretamente, a las declaraciones realizadas ante los medios de comunicación.
Entendamos donde dice república que se habla de la democracia misma. Porque el problema que se plantea en el momento actual para el modelo de laicismo auspiciado desde principios del siglo XX en Francia tiene trascendencia para todas las democracias occidentales y, cómo no, para aquellos países como el nuestro, que intentan dar algún paso hacia adelante a pesar del peso evidente que aun tiene la concepción nacional católica, y de que esta tierra nuestra parece que va a ser convertida en un campo de batalla ideológico por el dogmatismo vaticano. España vuelve a ser, una vez más, tierra de misión.


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Protesta de los Francmasones contra Sarkozy
"UNA DERROTA DE LA REPÚBLICA"

Jean Michel Quillardet, Gran Maestre del Gran Oriente de Francia, fustiga el discurso de NIcolás Sarkozy y denuncia un ataque al laicismo.

Entrevista

Le Nouvel Observateur.- En el Vaticano, Nicolás Sarkozy ha hablado de "las raíces cristianas de Francia" y ha evocado "la contribució de la Iglesia católica para iluminar nuestras elecciones y construir nuestro futuro". ¿Es esto lo que le ha impresionado?

Jean Michel Quillardet.- Estamos preocupados y profundamente heridos por su voluntad de reintroducir la moral religiosa en el seno de la sociedad; por sus dceclaraciones virulentas sobre la moral laica que podría, según él, conducir al fanatismo; sobre la imposibilidad de vivir sin esperanza, y también sobre las raíces cristianas de Francia. Es una visión simplista de la historia. Nadie niega que Francia tenga raíces cristianas. Pero hay que distinguir entre el cristianismo y la Iglesia católica, que siempre ha sido partícipe del absolutismo político y relgioso, y recordar también nuestras raíces en la cultura griega, en el humanismo del Renacimiento y, sobre todo, en el pensamiento que surge con el Siglo de las Luces, que enuncia la libertad absoluta de conciencia. Nos sentimos heridos al escuchar decir que un no creyente es marginal y de ver así su posición intelectual relegada a un segundo plano. Pienso que incluso algunos cristianos, como François Bayrou, no pueden hacer otra cosa que sentirse golpeados con este tipo de afirmaciones. Y bueno, ¿qué significa este "laicismo positivo"? El "laicismo positivo" es el "laicismo sí, pero". Es una regresión todavía más grave si se tiene en cuenta que viene de un jefe de Estado. Desde De Gaulle a Chirac, nunca habíamos oído semejantes discursos en toda la historia de la V República, ni visto a un jefe de Estado tener una práctica tan ostentatoria de su culto. Nos encontramos una vez más ante la manipulación de los símbolos. Todo esto nos resulta extremadamente peligroso para el pacto republicano que permite a cada uno vivir con su fe o sin ella.

N.O. - Sarkozy ya había expresado, siendo ministro del Interior y en su libro " La República, las relgiones, la esperanza", su deseo de hacer evolucionar la ley de 1905.

J.-M. Quillardet.- Nos alarmamos mucho con ocasión de la publicación del informe Machelon que preconizaba principalmente la finaciación de los lugares de culto por los municipios y que implicaba abrir una importantísima brecha en la ley de 1905. Pero durante la campaña presidencial, Nicolás Sarkozy retiró este tipo de cuestiones y creímos haber ganado la partida. Este discurso pronunciado con firmeza elimina toda duda sobre cuáles son sus intenciones. Recordemos también que, en el cuadro de la reforma de las instituciones, el presidente ha propuesto que las grandes corrientes espirituales estén representadas ¡en el seno del Consejo Económico y Social! Forma parte de la ideología, un verdadero proyecto político que inscribe al liberalismo y a la religión en el corazón de la sociedad, como elementos indispensables de las buenas costumbres. Ya hemos percibido las consecuencias en los barrios de las afueras de las ciudades, donde los poderes públicos hacen llamamientos a los imanes para apaciguar las tensiones. Estamos ante una derrota de la República. La única identidad que ha de interesar al político, es la ciudadanía. Cuando se dirige, no ya a los ciudadanos, sino a los católicos, a los judíos, a los protestantes, y encima privilegiando a algunos, se cambia completamente la naturaleza del régimen republicano.

N.O.- ¿Contempla Ud. la posibilidad de un deslizamiento hacia un laicismo a la americana?

J.- M.Quillardet.- Desde luego, nos encontramos con la idea tocquevilliana según la cual la democracia no puede dejar a un lado la religión -y para Tocqueville se trata ya de la religión cristiana-. Pero el laicismo a la americana, es Bush que pronuncia sin cesar discursos en el nombre de Dios, es un presidente que jura sobre la Biblia. ¿Vamos a volver a esos? Corremos el riesgo de dividir otro poco más a la nación. Se nos dirá que no se va a tocar la ley de 1905, pero nuestro temor que se transforme completamente su espíritu valiéndose de medidas técnicas reglamentarias, abriendo la posibilidad de hacer pasar a las religiones de un estatuto de culto a uno cultural, por ejemplo. Estamos en el camino de la destrucción de cierta idea de la República. Los Franceses siguen muy ligados al laicimo y el presidente cometería un grave error queriendo atacarlo.

Apuntes recogidos por
Marie Lemonnier


Mitología Sarkoziana
Discruso de Letrán: "Fue mediante el bautismo de Clodoveo que Francia se convirtió en la hija mayor de la Iglesia. Ahí están los hechos." ¿Los hechos? Clodoveo, pequeño jefe bárbaro, se convirtió en torno al año 500 en la figura dominante en la Europa occidental gracias a sus conquistas y a un acto fundador, su conversión al catolicismo. Esto es indiscutible. Pero ¿en qué concierne tal cosa a Francia? Clodoveo, nacido en Tournai, es rey de los Francos, pueblo germánico. Reina sobre la Galia, un territorio que engloba hoy una parte de Francia pero también del Benelux y de Alemania. Son, bastante más tarde, los frágiles Capetos los que irán a buscar en el baptisterio de Reims la divina legitimidad, y el papado, para complacerlos servirá a su reinado sobre la "hija mayor". En el siglo XIX, en plena fiebre nacionalista, continua este movimiento "afrancesando" a todo el mundo, de Clodoveo a Carlomagno. Sólamente, al otro lado del Rin, los mismos personajes son reyes alemanes. Ya hace medio siglo que los historiadores han superado toda esta mitología. El Sr. Sarkozy se la sigue creyendo. Algo que no le hace más joven.

François Reynaert

martes, enero 1

Obispos leninistas

La edición del día de ayer del diario El País me sirve para inaugurar este nuevo año.
Con sorpresa, mientras pasaba las hojas, me encontré con el título de un artículo de José María Ridao. El encabezamiento, en el que se combinaban elementos en principio tan contrapuestos como el leninismo y la jerarquía eclesiástica, me animó a leer el texto. Aquí está. A lo mejor sirve para mitigar el escozor provocado por la entrevista al ministro Caldera -lamentable en mi opinión-, o la inexplicable indignación a estas alturas del viaje de José Blanco, el Secretario de Organización del Partido que sustenta al Gobierno de la Nación ¡A buenas horas, mangas verdes!
Buena lectura y mejor comienzo de año.
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Obispos leninistas.-

El último domingo del año, la jerarquía eclesiástica ha reincidido en una decisión insólita, aunque repetida en diversas ocasiones durante esta convulsa legislatura: ha preferido predicar desde la calle en lugar de hacerlo desde el púlpito. Ni cartas pastorales ni homilías en los miles de templos diseminados por el país han debido de parecer a los obispos un instrumento eficaz para llevar adelante su ardorosa cruzada en defensa de la familia, una institución que, hasta donde se sabe, nadie ataca. Porque, por más iras que despierte entre los prelados, el matrimonio homosexual es una sorprendente e inesperada confirmación de la vigencia del matrimonio, que sólo debería soliviantar, en realidad, a quienes están en contra de cualquier intromisión de la ley en la vida de pareja.
Prefieren la calle porque el púlpito no les ofrece la audiencia necesaria para su proyecto integrista.
Cada manifestación convocada por los obispos en los últimos años es, sin duda, una noticia sorprendente, puesto que su mensaje es tan rancio como inconfundible. Demuestra que la jerarquía eclesiástica española ha hecho una opción en favor del integrismo, y reclama la preponderancia de sus creencias y sus ritos, amparados por una ley de Dios que ellos aseguran conocer e interpretar en régimen de monopolio, sobre las instituciones seculares, establecidas y gestionadas por la libre voluntad de los individuos. Incluida la voluntad de quienes se declaran católicos y, sin embargo, parecen saber mejor que sus obispos que cualquier intento de establecer como obligatorio su modo de vida no es un triunfo de la religión, sino del fanatismo.
Éste es, en cualquier caso, el proyecto en el que se ha embarcado la jerarquía eclesiástica o, al menos, algunos de sus sectores más ruidosos, empeñados en actuar como vanguardia leninista en una sociedad que contempla con marmórea indiferencia la proyección de sus obsesiones morales, la exaltación de su servidumbre a la Idea, sus especulaciones acerca del sacrificio actual como inversión para la vida futura. Erigidos en vanguardia del supuesto pueblo católico al que imaginan representar, nada tiene de extraño que algunos obispos hayan adoptado medios de agitación semejantes a los que experimentaron los seguidores del revolucionario ruso.
Las manifestaciones suenan a movilización de masas, lo mismo que la incendiaria emisora que sufraga la Conferencia Episcopal recuerda a los medios de la agitprop. Incluso la estrategia de "cuanto peor, mejor", empleada en cada ocasión en la que anuncian para España plagas peores que las de Egipto, evoca las catástrofes reservadas para quienes se desentendieran de las inapelables leyes de la historia.
En el fragor provocado por esta vanguardia en la que militan algunos obispos españoles, se han perdido de vista las más elementales evidencias. La primera y tal vez más importante es que si han preferido la calle en lugar del púlpito es porque, en efecto, el púlpito no les ofrece ya la audiencia que necesitan para llevar adelante su proyecto integrista. Ni el púlpito ni tampoco los seminarios, vacíos de candidatos o, por así decir, de militantes para atender al culto de la religión católica, ni en la versión que estableció el Concilio Vaticano II ni en la que ahora defiende la jerarquía eclesiástica en nuestro país. La "crisis de las vocaciones", más que las estadísticas acerca de los españoles que practican la religión católica, es lo que demuestra la situación de privilegio que se ha concedido a la Iglesia y con la que la Iglesia no está dispuesta a conformarse. ¿Qué otro colectivo compuesto por 20.000 personas recibe una asignación del Estado equivalente al 0,7% del PIB? ¿A qué otra vanguardia, ni grande ni pequeña, se le asignan subvenciones para llevar adelante un programa que esconde detrás de la religión católica una intención política y, además, una intención política fanática?
El apaciguamiento por el que ha optado el Gobierno no es seguramente la mejor manera de contrarrestar a los obispos erigidos en vanguardia leninista. Pero no porque fuera deseable la confrontación, sino porque ha colocado al Estado en la situación del bombero pirómano, que debe sofocar las llamas que él mismo aviva a través del acuerdo económico con la Iglesia.
Una parte de la jerarquía eclesiástica está decidida a reabrir el problema religioso en España. Sin embargo, el problema religioso tendría hoy escaso recorrido si se aplicaran las políticas y las respuestas adecuadas. Y no sólo porque la Constitución de 1978 estableció un acuerdo que compromete a todas las partes, sino también porque, aunque la Iglesia parezca decidida a lanzar una cruzada, de momento no convoca ante los púlpitos a los voluntarios necesarios. Por eso, y no por otra cosa, tiene que hacer ruido en las calles.