miércoles, abril 30

3 de Mayo en Gijón: Recordando a Rosario Acuña


La Logia a la que pertenezco va a recordar una vez más, con el apoyo del Ateneo Obrero de Gijón, a Rosario Acuña y Villanueva. Reproduzco aquí la comunicación que se ha dirigido a la ciudadanía en general, y transmito a los que me seguís de cerca o de lejos la expresa invitación para que, el próximo sábado, os acerqueis a la Casa del Cervigón y recordar con nosotros a esta mujer, ciudadana ejemplar, masona, escritora y librepensadora.

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Nos dirigimos a ti para hacerte partícipe de la iniciativa que llevamos a cabo desde el año 2004 con el fin de recuperar la figura de la librepensadora Rosario Acuña, cuyo nombre es además el título distintivo de nuestra Logia.

Como sabrás sin duda, Rosario Acuña destacó a finales del siglo XIX y principios del XX por ser una mujer cuyo pensamiento fue una referencia del feminismo, de la defensa los derechos de la clase trabajadora y de la construcción de una sociedad laica, democrática y progresista en España. Cuando falleció, el 5 de mayo de 1923, una espontánea manifestación de trabajadores le rindió homenaje; y costumbre arraigada era en la sociedad gijonesa que cada Primero de Mayo un nutrido grupo de ciudadanos se acercara a su casa en señal de respeto y gratitud por su férreo compromiso con los más débiles y las libertades públicas.

Por medio de la presente te invitamos a participar en el sencillo acto de homenaje que nuestra Logia quiere realizar el próximo día 3 de mayo, a las 12 horas del mediodía, ante la que fuera casa de Rosario Acuña, en el Cervigón. Queremos así, junto a otras entidades y colectivos, reconstruir con un pequeño gesto el respeto y cariño que la ciudad de Gijón expresó a aquella mujer, grande por su fuerza, compromiso y honestidad.

Continuamos de este modo dándole vida a una idea y anhelo que el año pasado contó con el respaldo y presencia de la Sra. Alcaldesa de Gijón, a quien de nuevo volveremos a invitar; y confiamos en que tu presencia ayudará a que esta modesta aspiración sea cada vez más compartida por la ciudadanía asturiana.

sábado, abril 26

Combates, batallas y guerra


Ando estos días de acá para allá, ocupado en no sé cuántas cosas y con el cuerpo lleno de zozobras por diversas causas. Eso me ha impedido escribir y estar al tanto de lo que ha sucedido en el mundo; aunque creo que han estado ocurriendo las mismas cosas de siempre y que no me he perdido gran cosa: El corazón de la actualidad sigue latiendo rítmica y acompasadamente.
Rumores me han llegado de la visita a la invicta y heróica ciudad que duerme la siesta del Arzobispo de Toledo, Sr. Cañizares, que habló -mal habló- hace pocos días de la asignatura Educación para la Ciudadanía en una conferencia pública organizada por el Foro Español de la Familia, la Asociación de Propagandistas y otro contubernio de sotana cuyo nombre no recuerdo en este momento; y con el añadido timbre de nobleza que da el ser presentado ante la sociedad ovetense por el Decano de la Facultad de Derecho, tan moderna y aperturista como siempre ¡A dónde iremos a parar!
Ayer tambíen me contaba una amiga que durante estos días se había producido una concentración de monaguillos en no sé qué sitio. Pensé por un momento que se trataba de monaguillos perjudicados por algún desliz o tocamiento a deshora.Pero no, mi amiga me confirmó que la concentración se hizo con cierta publicidad manifiesta -algo incompatible en principio con la discrección que ha de acompañar a todo tocamiento- y creí entender que el acto en cuestión debía perseguir engrosar las maltrechas filas del dogma, sembrando fábulas e iluminaciones cuando menos capacidad de discernimiento se tiene.
Maltrechas parecen estar asimismo las arcas de cierta confesión, que anda ahora aprovechando el inicio de la campaña de la renta para recordarnos todo lo que se hace por los desvalidos en el mundo. No he hecho más que escuchar la misma cuña publicitaria, horrorosa y plomiza, que me ha servido para recordar que tengo que poner el anuncio correspondiente en este blog en beneficio de las cuestiones sociales, o lo que es lo mismo, apoyando la objeción al gasto religioso.
También, en un despertar de día laboral, escuché eso del convenio suscrito con el Arzobispado de Madrid por la Comunidad que dirige Esperanza Aguirre, nuestra monja alférez particular. Por lo que se ve, en los hospitales de la red pública administrada por aquel gobierno autonómico, un comité ético será el que decida qué política de cuidados paliativos se seguirá con cada paciente; o cuándo se practicará un aborto en supuestos tales como un embarazo consecuencia de una violación o malformaciones graves en el feto. La miga de la noticia está en quiénes serán los integrantes de esos comités a partir de ahora: en efecto, habrá un sacerdote católico que tendrá mucho que decir sobre todas estas cuestiones tan ajenas a su oficio, valiéndose para ello de recomendaciones morales que, qué duda cabe, habrán de iluminar a los profesionales del ramo sanitario.
No puedo evitar el preguntarme por qué nos discriminan a todos los demás: Por qué no nos pondrán un recomendador moral en el Colegio de Abogados. Y otro, de paso, para el gremio de confiteros, que seguro que también agradecerían tan voluntaria y desinteresada entrega.
Si el Jefe del Estado Vaticano había anunciado no hace mucho que España sería el campo de batalla contra el laicismo rampante, hay que reconocer que va por buen camino: Hace cuatro días, con ocasión de la victoria electoral de Silvio Berlusconi en Italia, la suprema dirección de la Iglesia Católica dio muestras públicas de satisfacción y se atrevió a extrapolar aquellos resultados para enjugarse la herida que le produjeron los de aquí, también recientes. El zapaterismo había sido derrotado, llegaron a afirmar estos conocidos nuestros.
Ahora ya hay quien les da alas -y siempre lo habrá- y les deja entrar hasta la cocina. Nos pueden decir cómo tenemos que morir y recordarnos aquello de que Cristo no tuvo cuidados paliativos. Lo de menos es qué pensamos o cómo vivimos; o cuál es nuestra voluntad. Ellos están en posesión de la verdad y quieren que la compartamos como sea.
Lo peor de todo es que ante el debate que se plantea no somos capaces de reaccionar. Porque el mismo día en que me enteraba del disparate cometido en Madrid con la Sanidad Pública y la libertad de conciencia de la ciudadanía, escuchaba a Álvaro Cuesta, diputado del Partido Socialista por Asturias, clamar con su voz áspera, grave y rotunda contra el desaguisado, reivindicando a la vez lo que el denominaba en su discurso "laicidad positiva". Repitió nuestro diputado eso de que somos un Estado laico no sé cuantas veces, para luego rematar con lo del positivismo laico, que, como le sucede a Jean Michel Quillardet, me lleva a pensar que -parece- hay una concepción laica negativa y contraproducente que la Iglesia católica y otras confesiones se han apurado en identificar con el anticlericalismo.
El laicismo no tiene por objeto perseguir a las confesiones religiosas, sino reivindicar la neutralidad de las instituciones públicas, creadas para dar un servicio a todo el entramado ciudadano con independencia de su credo o no credo. La aconfesionalidad, que es a lo que se refería sin duda Álvaro Cuesta, es otra cosa: El Estado no tiene religión oficial pero abre la cartera y paga; paga por todo. Presta sus estructuras para que las confesiones religiosas desarrollen su "tarea": Cede espacios en los cuarteles. Los cede en los hospitales. Y los cede en las escuelas hasta el punto de integrar en el catálogo de asignaturas la enseñanza confesional de un credo determinado.
Sería interesante en este momento y dado el estado de cosas que se abriera un debate clarificador para saber a qué atenernos. Estaría bien que se supiera diferenciar entre la aconfesionalidad vigente y una concepción laica de la sociedad y el Estado, de forma tal que sea posible adoptar una postura clara con conocimiento de causa, sin ánimo de ir contra nadie pero para defender la libertad de conciencia de la ciudadanía considerada en su conjunto, y no ateniéndonos a un falso criterio de mayorías o minorías que nada tienen que ver en este asunto y que, a juicio de alguna parte interesada, justificaría que la balanza se inclinara siempre e irremediablemente hacia un mismo lado.
Entre tanto, otros que dicen ser respetuosos, siguen demostrando con su ejemplo y práctica cotidiana que tienen las cosas mucho más claras. Son dos mil y pico años de de experiencia bajo una marca, y muchos más de práctica dogmática adaptada al medio: Sobre la catedral de Oviedo hondea una bandera azul con las estrellas que identifican a la Unión Europea. En el centro una cruz amarilla nos recuerda eso de la herencia cristiana que hemos recibido y que nos obliga a seguir pagando. Son los resultados simbólicos de esa batalla contra el laicismo -que es tanto como combatir a la democracia misma-. Es la consecuencia de los discursos de Sarkozy o de Durao Barroso; de las genuflexiones de quienes nos representan, confundiendo su credo íntimo y personal con la responsabilidad para la que han sido elegidos. Afortunadamente ha venido la lluvia y luego el viento del norte, convirtiendo la insultante enseña en un guiñapo enredado en lo alto del reconstruído pináculo de la manca catedral. La naturaleza siempre es sabia.

lunes, abril 21

Mujer tenía que ser



Dedicado, en primer lugar, a esa mujer a la que tanto le gusta hundertwasserhaus,responsable del hallazgo. Y a los hombres como yo, a los que se les arriman las orondas columnas cuando van a aparcar en el garaje. Y, cómo no, recordando a todos aquellos que, presos de temor, llevan siglos diciendo "NO": Algún día, más temprano que tarde -que diría el querido Salvador Allende- llegará el "SI" volando con unas alas de plata.

domingo, abril 20

Alcoy: Recuerdos, moros, cristianos y favoritas


Ahora que son las fiestas de Moros y Cristianos de Alcoy,en Alicante, me viene a la memoria la primera vez que visité la ciudad, y la imagen de las casas destartaladas que podían precipitarse cualquier día, con todo lo viejo y apolillado de su casco antiguo, en alguno de los barrancos sobre los que cuelgan.
Me llamaron la atención los muchos puentes que salvan los abismos entre una y otra parte de la ciudad. Y guardo un especial recuerdo de La Alameda, la calle central, donde se encuentra quizá mi lugar favorito: La heladería de Los Jijonencos. También es en esta calle donde uno puede encontrarse con el pasado trágico e inmediato en forma de huellas de bala talladas en la piedra del muro que rodea El Teix, una residencia de niños y adolescentes sufragada por el Ayuntamiento. Los balazos se concentran en una parte de la cerca, apretados unos contra otros, delatando lo que debió ser un improvisado paredón.
Supe luego, en otras visitas, de la existencia de un Alcoy diferente al que el prejuicio y la nefasta evolución de las cosas había dibujado en mi cabeza. Así me enteré de que la piscina municipal fue hecha en su día con las piedras de una de las iglesias de la ciudad. También conocí algo de su historia -poco, es la verdad-:la "Revoluçió del Petroli", que terminó con la ejecución del alcalde de la ciudad, el republicano Agustí Albors, quien previamente había mandado abrir fuego contra las masas obreras que luego le ajusticiarían dando nombre a un capítulo de la historia nacional conocido "Arrastrada de Pelletes".
En mi último viaje supe que la ciudad, en la retaguardia de la zona republicana y pieza importante de su motor económico durante la contienda, había sido bombardeada varias veces por aviones italianos. Me indigné cuando visité el refugio restaurado en el Parque de Cervantes y pude comprobar cómo esa idea de la "memoria histórica neutra" prende sin dificultad: ni una sóla alusión a los contendientes en los paneles explicativos colocados en un lugar que genera una fuerte impresión en quien lo visita. Víctimas y verdugos igualados por la asepsia: ¿por qué no se puede explicar a los turistas, o a los alumnos de los institutos que visiten ese gigantesco tunel de hormigón, que los aviones que bombardeaban Alcoy con total impunidad eran un regalo de Benito Mussolini?
Ahora Alcoy, como viene haciendo de tiempo en tiempo, ha vuelto a descubrir alguna de esas sorpresas que me tiene reservadas. Sucedió en su momento cuando supe de la existencia del hospital sueco; o pude intuir parte de su increíble patrimonio industrial, o disfrutar de las tapas del Montecarlo:
En esta ocasión, encontrándome en Toulouse hace una semana, me enteré dela noticia que reproduzco a continuación, extraída de la prensa nacional y sobre la cual, como suelo hacer en estos casos y dada mi natural inclinación a la moderación, no hago más comentarios. Que rabie el que pueda y los demás que lo cuenten.
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LA GENERALITAT EXIGE SU INTEGRACIÓN EN LA FIESTA

Los 'Moros' de Alcoy pueden perder ayudas y protección turística por discriminar a la mujer


Justicia expedienta a la organización para que deje de ser entidad de interés público


La Conselleria sigue los pasos marcados en el informe del síndic de Greuges en 2005




M. GONZÁLEZ | R. NAVARRO

ALCOY (ALICANTE).- Las sucesivas acciones reivindicativas puestas en marcha por el colectivo feminista Fonèvol (catapulta) contra la discriminación en las fiestas de Moros y Cristianos de Alcoy comienzan a surtir efecto. Y no sólo con una reprobación contudente aunque sin efectos, como la suscrita por el Síndic de Greuges en 2005.

La Dirección General de Justicia y Atención al Menor de la Conselleria de Justicia ha abierto un expediente contra la Asociación de San Jorge, responsable de la organización de las fiestas, con el propósito de retirarle la condición de entidad de interés público.

Esta acción conllevaría la pérdida automática de las subvenciones, de las exenciones fiscales, del servicio de asesoramiento jurídico gratuito y -la que sería la repercusión más grave- la retirada de la declaración de interés turístico internacional.

Según ha podido saber este diario, la apertura del expediente fue firmada por el director general de Justicia, Antonio Gastaldi Mateo, el pasado 26 de marzo, en el ejercicio de sus atribuciones en materia de asociaciones y tomaría como base las recomendaciones que el Síndic (entonces representado por Bernardo del Rosal) elevó en su informe de 2005.

Sin resolución en varios meses

En principio, la propuesta de resolución no será firme hasta que concluya el proceso de información a las partes (en este caso, la propia Asociación de San Jorge) y de que se dé cumplimiento al trámite de audiencia mediante la interposición de alegaciones. Pasos que podrían requerir varios meses.

Sin embargo, la decisión adoptada por Justicia llega en un momento más que inoportuno para la Asociación de San Jorge. Primero por la cercanía de las celebraciones de este año, a menos de dos semanas del Día de los Músicos (su acto inaugural, que se celebra el 21 de abril).

Y segundo, porque la entidad, que agrupa a más de 10.000 asociados de las 28 filaes (comparsas) a las que aglutina y representa, se halla inmersa en un proceso preelectoral para renovar a parte de su Junta Directiva, ahora encabezada por Javier Morales como presidente.

Es más, la apertura del expediente puede afianzar todavía más la posibilidad de que opte a la reelección para hacer valer la posición mantenida hasta la fecha y que puede resumirse en un nada de injerencias.

Camino hacia la integración

Las reiteradas críticas de Fonèvol e incluso el informe del Síndic de 2005 siempre han tenido la misma respuesta oficiosa tanto por parte de la Asociación como del consistorio: "La fiesta debe seguir su propio camino hacia la integración". Eso sí, tanto unos como otros, con gestos todavía laxos hacia la plena igualdad de derechos entre hombres y mujeres.

Las sucesivas advertencias sobre la retirada de subvenciones nunca han sido motivo real de preocupación, ya que en realidad son por un importe más bien escaso. Ahora, la amenaza de retirada de la declaración de interés turístico (aprobada en 1980 y sólo compartida con los Sanfermines, las Fallas o la Semana Santa de Sevilla) puede propiciar que las medidas se aceleren.

Por lo pronto, no es menos cierto que el proceso está más que iniciado en algunas filaes (entidades privadas con estatutos de régimen interior propio) que han ido modificando sus normas de funcionamiento para admitir la inclusión de mujeres festeras en varias categorías: socias, festeras acompañantes e incluso festeras de pleno derecho con la misma indumentaria o con una especial.Es el caso, por ejemplo, de los Alcodianos o los Navarros. En otras, se alude a los cupos (socios limitados) para impedir el acceso de más festeros.

Con todo, los cambios tampoco han propiciado aún una inscripción masiva por parte de las mujeres. Muchas siguen optando por ajustarse a la única fórmula de participación de la que disponían hasta hace pocos años, como acompañantes de un cargo en los desfiles de los días de fiesta.

viernes, abril 18

Rosario dinamitera



Rosario, dinamitera,
sobre tu mano bonita
celaba la dinamita
sus atributos de fiera.
Nadie al mirarla creyera
que había en su corazón
una desesperación,
de cristales, de metralla
ansiosa de una batalla,
sedienta de una explosión.

Era tu mano derecha,
capaz de fundir leones,
la flor de las municiones
y el anhelo de la mecha.
Rosario, buena cosecha,
alta como un campanario
sembrabas al adversario
de dinamita furiosa
y era tu mano una rosa
enfurecida, Rosario.

Buitrago ha sido testigo
de la condición de rayo
de las hazañas que callo
y de la mano que digo.
¡Bien conoció el enemigo
la mano de esta doncella,
que hoy no es mano porque de ella,
que ni un solo dedo agita,
se prendó la dinamita
y la convirtió en estrella!

Rosario, dinamitera,
puedes ser varón y eres
la nata de las mujeres,
la espuma de la trinchera.
Digna como una bandera
de triunfos y resplandores,
dinamiteros pastores,
vedla agitando su aliento
y dad las bombas al viento
del alma de los traidores.

Miguel Hernández

Rosario Sánchez Mora, Rosario dinamitera, falleció el día de ayer, 17 de abril de 2008. Honor y reconocimiento.

miércoles, abril 16

Dedicatoria


Una vez más, Forges.
Dedicado, sin acritud, a Silvio Berlusconi. Y a cuantos habitantes de la caverna tienen pavor al color rosa.

lunes, abril 14

Otro 14 de abril


LLegado un día tan señalado en mi calendario íntimo y particular, he de confesar que desde hace ya un buen tiempo alguien me hace reflexionar sobre la importancia del ayer, la del hoy y la del mañana; y la conveniencia de no mezclar tiempos tan diferentes hasta el punto de confundir -con la inevitable ayuda sentimental- lo que pudo haber sido y no fue con el tiempo que vivimos. Quizá sea un producto modesto y particular que he obtenido de alguna charla informal o de una reflexión expresada en un lugar mucho más trascendente. Pero la cuestión es que el resultado está ahí y que, me parece, he aprendido a combinar con acierto la importancia de las cosas que existieron un día con aquellas otras que se muestran hoy ante nosotros, además de todas esas que soñamos para un día de mañana siempre incierto.
Con independencia de todo ello; de que creo que importa más ya construir nuestro propio presente y alumbrar un futuro nuevo, no puedo dejar pasar este día sin unirme al pensamiento de Félix Santos: El 14 de abril y el patriotismo del recuerdo

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Setenta y siete años después de la proclamación de la Segunda República en la tarde soleada del 14 de abril de 1931, aquel régimen sigue siendo objeto de controversias. Es sorprendente, para empezar, que se sigan produciendo burdas desfiguraciones de lo que pasó en aquellos años, a pesar de que la historiografía solvente ha puesto las cosas en su sitio, desmintiendo las falsificaciones prodigadas durante cuarenta años por la dictadura franquista. Citemos algunas de las tergiversaciones más gruesas: que la quema de conventos de mayo de 1931 se realizó con el beneplácito del Gobierno republicano; que la "Revolución de Asturias", de octubre de 1934, fue un alzamiento contra el resultado de las elecciones de otoño de 1933; que los comicios que dieron el triunfo al Frente Popular, en febrero de 1936, fueron trucados, o que el asesinato de Calvo-Sotelo decidió a los militares a dar el golpe de Estado.

No hay patriotismo constitucional si se niega o tergiversa la historia española
Esas falsificaciones las han reavivado estos últimos años algunos autores de nulo prestigio pero cuyos libros han tenido éxito de ventas. Y perviven en ciertos grupúsculos, como se puso de manifiesto a comienzos del pasado enero cuando un coronel del Ejército, comandante militar de La Coruña y Lugo, cargos de los que fue fulminantemente destituido, firmó un escrito en el que, entre descalificaciones de la entonces recién aprobada Ley de Memoria Histórica, sostenía que "la Segunda República no fue otra cosa que un golpe de Estado civil". Tamaña barbaridad, y otras semejantes, han rebrotado al calor de las resistencias suscitadas por las iniciativas de la sociedad civil para rescatar de fosas comunes a familiares y amigos asesinados en la Guerra Civil y por la iniciativa del Gobierno de Rodríguez Zapatero que culminó con la aprobación por el Parlamento de la Ley de Memoria Histórica.

A pesar de las décadas transcurridas desde la Segunda República y la Guerra Civil, la reacción destemplada y visceral de significados sectores de la actual derecha social, política y eclesiástica contra la Ley de Memoria Histórica, pone de manifiesto que la verdad de lo ocurrido en aquellos años cruciales de la historia de nuestro país no es todavía aceptada ni digerida por un sector de la sociedad española. Éste sigue aferrado a las versiones de la propaganda franquista.

Frente a los intentos de seguir denigrando un periodo que alumbró una de las mayores esperanzas colectivas vividas por el pueblo español, se impone un esfuerzo adicional para que las generaciones jóvenes sepan lo que verdaderamente pasó. La Segunda República fue un serio intento de modernizar y democratizar España. Recibida con alborozo por la población en un ambiente de orden y fiesta, revolucionó la enseñanza y combatió eficazmente el analfabetismo, dando un inédito protagonismo a maestros y docentes; llevó el saber a los rincones más escondidos de la España rural a través de las Misiones Pedagógicas; favoreció el que la vida cultural del país alcanzara niveles de vanguardia; hizo una ambiciosa política de obras públicas; intentó una reforma agraria que terminara con el hambre y las flagrantes injusticias de las zonas latifundistas; llevó a cabo una necesaria reforma militar, e implantó el laicismo, tal vez de manera demasiado radical dadas las circunstancias.

Con el recuerdo de la República, combatida desde sus inicios por los sectores reaccionarios del país y liquidada por una feroz guerra civil alentada por Hitler y Mussolini, no se trata de abrir viejas heridas, sino, al contrario, de cerrarlas, pero no en falso, y de asumir el pasado para seguir construyendo un futuro bien cimentado y acorde con el espíritu de nuestra Constitución

En 1999, durante una polémica suscitada en Alemania por una exposición sobre Los crímenes de la Wermacht, el entonces ministro de Exteriores Joschka Fischer afirmó: "Todas las democracias tienen una base, un hecho fundador, un Boden. En Francia es 1789. En Estados Unidos, la Declaración de Independencia. En España es la guerra civil. Y en Alemania es Auschwitz. Es el recuerdo de Auschwitz, el nunca más Auschwitz, el fundamento de la actual república alemana". Y proseguía Fischer: "Es bueno hablar de patriotismo constitucional, pero hay que saber en qué se basa la Constitución. Si Auschwitz no es el cimiento, la raíz, el radical de la Constitución, no hay Constitución que valga ni patriotismo constitucional posible. Sólo se puede ser patriota de la Constitución alemana si ese patriotismo es también, indisolublemente, un patriotismo del recuerdo de Auschwitz".

Creo que los españoles debemos aplicarnos también esas consideraciones de Joschka Fischer. El nunca más a las dos Españas enfrentadas, el nunca más a una guerra civil, fundamenta nuestra Constitución. Es lo que determinó el célebre consenso. De ahí que fomentar el patriotismo del recuerdo sea tan necesario. Y que sea oportuno hacerlo en esta fecha, el 14 de abril, que conmemora la implantación de la Segunda República.

La memoria histórica no es un entretenimiento o una ocurrencia, como lo calificó, con desdén, el líder conservador Mariano Rajoy en el primer debate televisivo con Rodríguez Zapatero días antes de las elecciones del 9 de marzo. Es una necesidad ineludible conocer y recordar sin falsificaciones un pasado que, guste o no guste, sigue proyectando sus luces y sus sombras sobre el presente y sobre el porvenir.


Félix Santos, periodista, es autor del libro Marcado por la República. Guerra y exilio de Francisco Carvajal.

domingo, abril 6

Revisado y corregido: Los francmasones nos abren sus puertas



"Revisado y Corregido" es el título de un programa de la televisión francesa. Este fragmento que he conseguido localizar gracias a la ayuda de unos cuantos amigos corresponde a la emisión de la semana pasada. Creo que aporto por tanto una primicia y, además, contribuyo a que ese reguero de pólvora que es la información, corra como en su día lo hizo el caballo del alcalde de Móstoles anunciando la buena nueva.
El programa en cuestión no es una de esas emisiones marginales que casi nadie ve. Tiene su cuota de pantalla en una buena franja horaria, y es emitido por el canal 5 que vemos hasta en Asturias a través de Telecable.
Hoy no he hecho una traducción. Prefiero recurrir a la fórmula de la crónica redactada según mi buen saber y entender y, claro está, bajo una óptica que es estrictamente personal: El diálogo de cuantos participan se entrecruza de una forma tan enrevesada a momentos, que me habría llevado unos cuántos días tener un producto medianamente presentable, con lo que habría perdido toda la frescura que ahora tiene. Sinceramente, creo que merece la pena poner la oreja, concentrarse y prestar, sobre todo, mucha atención a lo que dice Jean Michel Quillardet, mejor dialéctico -con diferencia- que todos los demás interlocutores.
En torno a la mesa se sientan varias personas. Por un lado el presentador, el conocido periodista francés Paul Amar; de otra parte Jean François Koch, miembro de la plantilla del diario L´Express, periódico que, a mi juicio y por lo que voy viendo desde hace algunos años, no tiene mucha simpatía por la masonería en general y por el Gran Oriente en particular y que, como verán en la entrevista, pone el dedo en la llaga donde más duele: la integración de las mujeres en las organizaciones masónicas tradicionalmente masculinas (no hay peor cosa que facilitarle la munición al enemigo junto con el arma con la que te van a cañonear). Además también están Alain Graesel, máximo responsable de la Gran Logia de Francia; y Pierre Chastanier, de la Gran Logia Nacional de Francia. Y con ellos, como ya he dicho, Jean Michel Quillardet, Gran Maestre del Gran Oriente de Francia.
Un apunte que me ha llamado la atención: están sentados en la misma mesa los representantes de dos obediencias liberales junto con quien dirige la GLNF, masonería anglosajona por excelencia. La escena sería impensable en muchos lugares del mundo, entre ellos, España, cuna de imposibles. Eso puede ser un síntoma de lo complicadas que tiene las cosas la corriente anglosajona en el país vecino (lo que no me extraña teniendo en cuenta que en un determinado momento, durante la entrevista, Pierre Chastanier se muestra a favor de subvencionar los colegios privados ante el gesto escandalizado de J.M. Quillardet); pero también podría significar que el grado de madurez "masónica" es muy diferente en uno y otro lugar. No sé, sinceramente, qué pensar.
El fragmento de video que se reproduce recoge diversas preguntas de Paul Amar planteadas de forma colectiva. Aparece hacia el final la inevitable referencia al conflicto suscitado por Nicolás Sarkozy con sus declaraciones ante el Jefe del Estado del Vaticano y ante el sátrapa que reina en Arabia Saudí; y cómo no, la recepción de la delegación del Gran Oriente en el Palacio del Elíseo.
Dos periodistas integrados en el decorado del programa desgranan diversas informaciones dirigidas a los telespectadores: cómo crecen las obediencias masónicas; cómo aspiran a influir en el medio social; cuáles han sido las grandes aportaciones de la masonería al bienestar de la humanidad, llegando a citar, en este caso, algunas contribuciones en beneficio de las mujeres -la píldora anticonceptiva- a pesar "de lo poco que cuentan en su seno". Se les olvida, como bien remarca P. Chastanier, citar la Sociedad de Naciones, precursora de la actual Organización de Naciones Unidas.
El meollo del asunto se puede recoger en los cinco primeros minutos: Nos han abierto las puertas pero no hemos podido ver una tenida -dice el presentador- ¿Por qué? Y aquí interviene todo el mundo. Para Graesel se trata de una experiencia iniciática y sólo pueden participar de ella quienes forman parte de la masonería. J.M. Quillardet aplica aquello de que la cabeza ha de estar donde se encuentren los pies y recuerda que se trata de una asociación, y que como en cualquier otra, los asuntos internos y propios de la asociación interesan única y exclusivamente a los asociados. No pierde el tiempo y llama la atención sobre toda la actividad pública que realiza el Gran Oriente, algo de lo que ya hemos hablado en este espacio en otras ocasiones. El representante de la "estricta regularidad reconocida por Inglaterra" señala que de todos modos todo está escrito y que basta con ir a la FNAC para tener información de lo que se hace dentro de las logias... Esa no es nunca una buena respuesta: Dice mi abuela que "Les coses nun hay que veles: hay que les palpar"...¡Y no le falta razón!
Pero la parte más interesante para mí comienza a los tres minutos y veinte segundos... ¡Las mujeres! ¿Dónde están las mujeres en una sociedad cada vez más paritaria? pregunta el periodista de L´Express, usando el cañón que le han prestado: Gaesel, de la Gran Logia de Francia, da, a mi modesta forma de ver, la peor de las respuestas posibles: Existe libertad de elección, por lo tanto no puede se puede hablar de que no exista una masonería femenina. Hay otras obediencias -dice- y uno puede recurrir a cualquiera de ellas. Asiente en este punto Chastanier, por la Gran Logia Nacional de Francia y que, al igual que sucede con la Obediencia representada por Pierre Gaesel, no admite la presencia de mujeres en sus reuniones.
El argumento de la libertad de opción es una trampa dialéctica muy socorrida. Tanto, que hasta puede ser utilizada en una intervención pública como esta sin que nadie sea capaz de decir nada. Cuando se habla de esa supuesta libertad de opción se parte de una premisa falsa: La masonería es una realidad única, sin variantes, sin aristas... Ud., Sr. Profano, Sra. Profana, puede llamar a varias puertas... Pero esto no es así. Al contrario, la realidad masónica, como llega a decir J.M.Quillardet en una de sus intervenciones, es una realidad muy compleja: No todas las obediencias son iguales; no todas ofrencen lo mismo; no todas proponen lo mismo; no todas utilizan las mismas herramientas de trabajo... Es tanto como decir: Ud. acude a una frutería y puede comprar "fruta"... Sí, "fruta"... Pero ¿qué fruta puedo comprar? ¿naranjas?... No, eso no puedo. Peras... Tampoco. Resulta que sólo puedo comprar manzanas (acabo de hacer mi pequeño homenaje a doña Ana Botella). A eso queda reducido lo de la libertad de opción finalmente: A que en función del sexo que tenga, puedo comer o no naranjas.
La intervención que hace en este punto el Gran Maestre del Gran Oriente de Francia pone en un determinado momento el acento sobre el carácter estrictamente personal de sus declaraciones. Plantea en primer lugar las diferencias que el GODF mantiene con las otras obediencias: El Gran Oriente reconoce la condición de masonas a las mujeres, pero además trabaja conjuntamente con ellas en los respectivos talleres; es en la pertenencia asociativa donde radica el problema que surge en la actualidad y llama la atención en torno al debate abierto en el seno de la organización que preside, que de momento no ha dado el paso para modificar este sistema de pertenencia, pero que, en tanto organización democrática que es, se está haciendo eco de la dificultad que esta situación plantea y va tomando conciencia en torno a ella. Insiste en este punto sobre algo que, con gran alegría, pude escucharle en Bayona el pasado 19 de enero en la sede la Cámara de Comercio: "A título personal, estoy a favor de que las Logias tengan libertad para iniciar a las mujeres (en el seno del Gran Oriente de Francia)".

La secta masónica


No hace mucho tiempo traducía un comunicado oficial del Gran Oriente de Francia en el que la organización masónica a la que pertenezco, hacía patente su preocupación y crítica ante el tratamiento legal que diferentes países europeos -el último, el nuestro- estaban dando a las sectas, y más concretamente a la Iglesia de la Cienciología.
La inquietud -es ya conocido- surgía a raíz de la anotación como una confesión religiosa más, reconocida por nuestro Ministerio de Interior, en el registro legal correspondiente. En Francia no se explicaban cómo era posible que en la España de Zapatero pudieran suceder estas cosas; y mantuve más de una conversación telefónica en la que me esforcé en explicar a mi interlocutor que era la Audiencia Nacional la última responsable y que, como en la República Francesa, las resoluciones de los órganos judiciales deben ser siempre observadas a mayor gloria de los huesos de Montesquieu.
Hoy vuelven las sectas a abrise paso en los principales huecos de la prensa escrita. Las primeras páginas de algunos medios cuentan cómo hace pocos días, en lo que en otro tiempo fuera el paraíso del proletariado y cuna del ateísmo redentor, las fuerzas del orden sacaron de un agujero excavado en la fría tierra a un grupo de infelices que, integrados en uno de estos movimientos autodestructivos -éste de orientación cristiano-ortodoxa-, aguardaban desde hacía semanas la llegada de un meteorito purificador ante el que, está de más decirlo, sólo ellos iban a resultar indemnes. En la absurda espiral no podía faltar tampoco el país de las libertades, en el que todo sueño es posible y donde una criada mexicana con papeles puede llegar a convertirse en Miss Mundo y anunciar cocacolas, alcanzada la cima del éxito; pero donde también las fuerzas del orden han tenido que realizar varias operaciones de rescate, liberando a unas cuantas esclavas sexuales y a algunas muchachas que en su corta existencia no habían conocido nada del pecaminoso mundo exterior.
Cuando se echa un vistazo a este fenómeno, destacan, formando parte de un plural común denomionador, varios elementos que siempre van de la mano: además de los cultos que halagan la vanidad del líder iluminado, están los dineros indispensables en toda empresa que tiene por misión la salvación eterna, y ¡cómo no! los asuntos de cama, de los que nunca se salvan los adeptos y que deben ser algo así como un merecido entretenimiento mientras llega el vengativo pedrusco o el rayo destructor.
Comparto como uno más la preocupación del Gran Oriente de Francia ante esta situación, no tan aislada como se piensa; y que además va adquiriendo de la mano de alguna celebridad mediática carta de normalidad; y estoy de acuerdo también por lo que a los masones nos toca en este asunto, pues no es la primera vez que tengo que explicarle a alguien que el rito no nos da a los másones más que una singularidad histórica y que también tiene una trascendencia "ideológica" en relación a cómo unos u otros masones entendemos el trabajo o la articulación de nuestras jerarquías y responsabilidades en el seno de una logia. Tampoco es la primera vez, y seguro que no será la última, que he de explicar que los mandiles, collares y bandas no son otra cosa que elmentos distintivos que no tienen nada de misterioso y que, en algunos casos, empleamos en ceremonias o actos públicos con la finalidad de hacernos reconocer sin ambages utilizando un elemento también histórico.
La "secta masónica" representa una terminología recurrente en determinado espectro ideológico que siente verdadera aversión por cuanto se hace en las logias combativas. Hablo de las logias que son un marco de reflexión sobre la sociedad de nuestros días y sus problemas, y que intentan, aunque sea desde la modestia, defender la libertad de conciencia, el laicismo o los valores que sostienen la democracia. No me refiero,pues, a las logias de cartón piedra; aquéllas que a falta de un contenido que las dote de existencia real entretienen sus días haciendo cálculos de crecimiento y conquista, en franca competencia con el vecino próximo; o que sacralizan los signos distintivos, uniforman a sus miembros, o dejan pasar los minutos esperando a que llegue uno en el que un misterioso rayo se proyecte desde el delta que existe en el Oriente, provocando una levitación colectiva en compañía de la diosa Anubis.
En España se viene utilizando la técnica del desprestigio desde tiempos inmemoriales; nuestra última dictadura lo hizo con notable éxito: ha calado tan hondo que, a título personal, he tenido que empeñar mucho tiempo en un ámbito familiar que supo muy bien lo que fue la sangrienta represión del general Franco, para evitar que mi padre o mi madre pudieran pensar que un día yo podría acabar como uno de esos rusos sacados a la fuerza de un boquete. Sin embargo nada hay más alejado de lo sectario que la Francmasonería. Al menos de la Francmasonería que un día soñé para Asturias y de la que hoy formo parte.
En efecto, decía Jean Michel Quillardet hace pocos días al tratar con un periodista esa compleja cuestión que consiste en definir qué somos, que la Francmasonería no era otra cosa que "la inteligencia de lo contradictorio": Desde el respeto a la posición contraria que también nos respeta, se construye un diálogo compartido con los demás; un diálogo que no tiene por objeto obtener "la razón", o alcanzar una verdad absoluta que no existe; sino más bien orientarse hacia un conocimiento hecho entre todos y para todos.
Nada hay más contradictorio con la masonería real que una estructura dogmática, ya sea política, religiosa o de cualquier otro tipo, donde el conjunto de capacidades de las personas para discernir, discutir, reflexionar, pretenden ser eliminadas y sustituidas por el disparate que mejor convenga a los intereses de quien dirija el macabro invento de turno.
Decididamente sigo sosteniendo que es necesario abrir los Talleres y enfrentar al miedo y a quienes juegan con él. Nada hay de qué avergonzarse. Y llega el momento en que todos los misterios deben quedar dentro de nuestras casas para continuar haciendo, desde la coordinación y la meditada calma, un trabajo que desmitifique aquello que somos; pero sobre todo, que ayude a apagar esos rescoldos atizados periódicamente por la ignorancia y los enemigos de la razón. En ello estamos.

sábado, abril 5

Moral de laico



Moral de laico
Creo que era la página 15 del diario El País del día de ayer, la que recogía este artículo de Francisco Laporta que muy acertadamente me recomendaron y que, por continuar con el trazado de determinada línea imaginaria que muchos seguimos, me pareció interesante con vistas apaciguar las ansias lectoras de los que visitais este pequeño hueco. Espero que os aporte algo.

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La complicidad de tantos prelados y fieles con el capitalismo más despiadado, las dictaduras más inmundas o los nacionalismos más excluyentes no impiden que culpen de todo a los que no creen en religión alguna.
FRANCISCO LAPORTA 04/04/2008

Empieza a ser irritante el tono de superioridad moral con que muchos de los fieles de cualquier confesión o credo y las jerarquías religiosas que los propagan han dado en mirar a quienes adoptan ante la convivencia civil y la enseñanza una postura agnóstica y laica. Ahora insisten en ello las autoridades católicas, con Joseph Ratzinger a la cabeza y los obispos españoles haciendo de coro repetitivo de sus manidas orientaciones morales. Igual que los de cualquier otra antigualla religiosa, vuelven los católicos a la cantinela de que la familiaridad con la ética y las exigencias de la moral son una prerrogativa de los creyentes de la que probablemente carecen aquellos que no comulgan con fe religiosa alguna.
Resulta asombroso contemplar cómo se ignora la evidencia de que una parte no menor de los grandes desastres morales de que hemos sido testigos durante años y años se ha producido en nombre de creencias religiosas o ha sido provocado y alentado por quienes decían obedecer tales convicciones. Y no menos sorprendente es admirar -porque es, en efecto, algo tan paradójico que es casi admirable- la facilidad con la que esos credos se armonizan con prácticas políticas y económicas de las que sabemos con toda certeza que -ésas sí- son la causa del dolor, la pobreza y el sufrimiento de millones de seres humanos, es decir, de la gran inmoralidad contemporánea.
La complicidad de tantos prelados y fieles con la apoteosis del libre mercado, las dictaduras más inmundas o los nacionalismos más excluyentes son ejemplos bochornosos de esa paradoja. Y sin embargo los únicos que parecen responsables, los únicos a quienes se reputa de inmorales, son los que han renunciado a guiar su vida o su conciencia civil por creencias de esa naturaleza. Ante tal argumento perverso me propongo reivindicar la superioridad moral del laico sobre el creyente.
Con esta nueva monserga integrista se nos quieren escamotear de nuevo más de dos siglos de pensamiento. Por poner un nombre: en 1793 empezaba Kant su prólogo a la primera edición de La religión dentro de los límites de la mera razón con una afirmación que, digan lo que digan, es ya incontrovertible: "La moral no necesita de la idea de otro ser por encima del hombre para conocer el deber propio ni de otro motivo impulsor que la ley misma para observarlo". Para decirlo claro: la moral no necesita de la religión; se basta a sí misma, sin esa clase de andaderas, porque tiene un sustento suficiente en la racionalidad humana. Este elemental punto de partida sirve para definir lo que puede ser la moral de un laico frente a esa otra moral necesariamente débil y vicaria que es la moral del creyente.
Lo que triunfa con el impulso ético ilustrado, la tolerancia religiosa, y la separación Iglesia-Estado, es la idea de la esencial igualdad moral de los seres humanos al margen de sus convicciones religiosas; la idea de que no es la religión lo que confiere su calidad moral a las personas, sino una condición anterior que no es moralmente lícito ignorar en nombre de religión alguna y que no debe ceder ante consideraciones de carácter religioso. Esa igualdad constituye el núcleo de la ética contemporánea, y con ella también de toda política justa, porque exige del poder que no haga distinciones en la estatura moral de sus ciudadanos.
Y esa idea de dignidad humana que sustenta todo el edificio de la moralidad laica se funde con la noción de autonomía de la persona como capacidad de conformar en libertad y a partir de sí las convicciones morales y los principios que han de presidir el proyecto personal de su vida. A esto, algún documento episcopal reciente lo ha llamado "deseo ilusorio y blasfemo" de dirigir la vida propia y la vida social, mostrando así de nuevo que, aunque se condimenten ahora con la salsa fría del libre mercado, ser católico y ser liberal siguen siendo dos menús incompatibles.
Pues bien, esa dignidad de ser moralmente autónomo se le confiere a toda persona humana en condiciones de plena igualdad, de forma que si es una blasfemia, es la blasfemia que sustenta todo ese pensamiento ético, y se expresa en ciertas exigencias morales que el pensamiento religioso, de cualquier clase que sea, dista de haber asimilado bien. La religión y su sedimento moral han ido siempre detrás de esas conquistas éticas, y generalmente en contra de ellas. Incluso la idea de derechos humanos, corolario directo de ellas, fue negada y perseguida sañudamente por la jerarquía católica hasta bien entrado el siglo XX. Nuestros obispos saben que pueden presentarse abundantes textos papales que tratan a tales derechos de errores morales absolutos. Por no mencionar algo que pervive aún en casi toda moralidad religiosa: la posición de la mujer en un plano subalterno que le niega el acceso a la jerarquía y la gestión del misterio.
Los obispos españoles sólo siguen la estela de ciertos lugares comunes muy cultivados por Joseph Ratzinger, al que no puedo llamar "pontífice", o hacedor de puentes, porque, como su antecesor, parece más bien empeñado en destruir los pocos y débiles que penosamente se habían ido levantando. En su doctrina moral exhibe una terca insistencia en las perversiones del "relativismo" como causa próxima de todos los males contemporáneos. Y a veces equipara subliminalmente laicismo y relativismo, deslizando con ello la idea de que una cosa lleva necesariamente a la otra. Pero esto es sencillamente falso.
La moral de los laicos puede ser tan firme como cualquiera y tiende además a ser menos acomodaticia que la moral del creyente. La ética religiosa que pende de los designios de la divinidad (o de sus intérpretes terrenales, que parecen aún más antojadizos) tiene justamente problemas de relativismo que conocemos al menos desde Platón. Cuando, en diálogo con Eutifrón, Sócrates le pregunta si lo bueno es querido por los dioses porque es bueno o es bueno porque es querido por los dioses, el problema de la moralidad religiosa está servido. Si lo primero, entonces la voluntad de los dioses no muestra por qué es bueno; para descubrirlo tendremos que pensar como laicos. Si lo segundo -es decir, que sea bueno sólo porque así lo quieran los dioses- condena a la ética religiosa a un desconsolador relativismo: las cosas serán o no serán buenas según se les antoje a los dioses. La moralidad será, pues, relativa a la voluntad de los dioses (o, como sucede de hecho, a las cambiantes voces de sus supuestos representantes en la tierra). No cabe por ello en esta ética aquello que define a una conciencia moral madura: poder alzar la voz ante cualquier dios para decirle que sus designios son injustos. Sólo una convicción moral que no sujete sus máximas a los dictados de un "ser por encima del hombre", es decir, sólo una convicción moral laica, es capaz de eso.
El relativismo de la moral religiosa se acentúa, además, muchas veces al añadirle otros ingredientes todavía más vacíos y mudables. Las viejas religiones apelan tercamente a la tradición para sostener la vigencia de sus ideas morales y justificar la protección pública. Pero cada tradición justifica una moralidad diferente, y, si hemos de ser consecuentes, todas ellas serían sólo por ello válidas. ¿No es esto el núcleo mismo de la ética relativista?
Por no mencionar algo que no podemos olvidar fácilmente, y menos en España: que con desdichada frecuencia los creyentes se han aliado y se alían con ideales nacionalistas y patrioteros, o, como en el Oriente Próximo, se obcecan con la quimera de un territorio sagrado como receptáculo de su vida moral como pueblo. La cantidad de maldad y de sangre que han producido esas apuestas morales relativistas sustentadas en tradiciones y credos nacionales no necesita ser recordada entre nosotros. Frente a ellas es preciso afirmar la igual dignidad moral de todos los seres humanos, la perentoriedad del respeto a sus derechos básicos y la universalidad de sus exigencias ante cualquier ética casera o fideísta. O, lo que es lo mismo, es preciso vindicar nuevamente la calidad moral del pensamiento laico.

Francisco J. Laporta es catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid.

viernes, abril 4

Dith Pran, fotógrafo de prensa


Hace ya muchos años vi en el cine la película "Los Gritos del Silencio". Me impactó. No recuerdo si fue en el Cine Robledo o en el María Cristina, convertidos hoy en una grotesca hamburguesería, uno; y en una ridícula exhibición de mala pornografía inmobiliaria el otro. El caso es que tengo asociada esa película a los cines de la Calle Corrida, en Gijón, y a una etapa ya lejana de mi vida que hoy ha vuelto a aparecer al enterarme del fallecimiento de este hombre, que podía haber sido un personaje de ficción pero que, desgraciadamente, como les ha sucedido a tantos otros, fue una de esas sufridas víctimas que quedaron para contarlo y decirnos que, además de las grandes cosas, de la larga enumeración de nobles principios, también somos capaces de eso que todos ya conocemos por haber inundado con horror cada uno de los segundos de nuestra historia.
No hace tanto Pol Pot moría en la selva. Creo que eran sus leales los que le incineraban haciendo una hoguera; y también los que le exhibieron para confirmarle al mundo que el carnicero había dejado de respirar. La imagen del fotógrafo de ficción vino a mi mente cuando retransmitieron esa instantánea...

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Testigo del genocidio camboyano, su drama inspiró la película 'Los gritos del silencio'
DIEGO A. MANRIQUE 03/04/2008

Era un fotógrafo valiente. Persiguiendo las noticias por Nueva York, esquivaba coches e ignoraba gritos hostiles. No le iba a asustar cualquier bocazas callejero cuando él había salido del infierno. En su caso, el infierno fueron los campos de exterminio del Jemer Rojo. Su epopeya fue narrada en Los gritos del silencio, la película de Roland Joffé que triunfó en 1984: Haing S. Ngor, el médico camboyano que encarnó su personaje, conquistó un Oscar como mejor actor secundario.
Dith Pran, de 65 años, murió el domingo en New Brunswick (Nueva Jersey), víctima de un cáncer de páncreas. En su Camboya natal, Pran había trabajado de traductor para los militares estadounidenses y en un hotel, hasta que conoció a Sydney H. Schanberg, corresponsal de The New York Times. Formaron un buen equipo: el estadounidense le invitó a convertirse en su fotógrafo y Pran le evitó peligros mortales.
Con la conquista de Phnom Penh en 1975, Camboya quedó a merced del nuevo Gobierno comunista de Pol Pot. Tras rebautizar el país como República Popular de Kampuchea, se inició el monstruoso experimento de ingeniería social que acabaría aproximadamente con la tercera parte de la población. Pran no pudo escapar y debió camuflar su identidad: se hizo pasar por un pueblerino que ejercía de taxista. Enviado al campo para su "reeducación", sufrió palizas y sobrevivió comiendo ratas e incluso carne de cadáveres.

En 1978, los vietnamitas invadieron el país y derrocaron al Jemer Rojo, que retomó la lucha de guerrillas. Pran pudo volver a su pueblo y comprobó que la mayoría de su familia había sido exterminada. Cuando supo que las nuevas autoridades se habían enterado de su relación con estadounidenses, huyó hacia Tailandia a finales de 1979.
Allí le rescató su amigo Schanberg, que le creía muerto. Se ocupó de conseguirle papeles para que emigrara a Estados Unidos (el periodista había hecho lo mismo con su mujer e hijos, antes de que comenzaran las masacres). Schanberg contó sus terribles aventuras en Muerte y vida de Dith Pran, un artículo para The New York Times que en 1985 se convirtió en libro de éxito y, nueve años después, en película.
Pran rehízo su vida como fotógrafo con el mismo The New York Times, pero consagró el resto de sus energías a la denuncia del holocausto camboyano, contando sus experiencias ante todo tipo de públicos y trabajando en organizaciones de ayuda a las víctimas. Se negaba a la trivialización de su biografía y advertía que en la vida real no había un "happy end": él se divorció de su esposa y tuvo que superar la muerte en 1996 de su álter ego cinematográfico, el doctor Ngor, que fue asesinado en Los Ángeles por un pandillero.

miércoles, abril 2

Sucesos masónicos


Va de pleitos y no a todo el mundo le parecerá interesante pero, dadas las circunstancias, y teniendo en cuenta que basta que me echen el freno de mala manera para que me entren unas irremediables ganas de pisar el acelerador, transcribo aquí una noticia aparecida nada menos que en Le Monde. En algún momento, alguno de mis lectores, en algún lugar del mundo, pegará un pequeño salto y a lo mejor corre, alarmado, a dar parte... Yo sigo diciendo lo de siempre: Id, y difundid la palabra. Y además, poniendo en práctica un sabio consejo: ¡Todo recto!

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Artículo aparecido en la edición del día 27 de Marzo de 2008 en Le Monde

Tribunal Administrativo de Montpellier

Subvenciones concedidas a la asociación de una obediencia masónica en cuestión
Montpellier, martes 25 de marzo, el tribunal administrativo ha tenido que meditar en torno a una cuestión inédita: ¿Pueden las entidades territoriales -en este caso, Montpellier y la región del Languedoc-Roussillon- subvencionar a las asociaciones de una obediencia masónica?
A la cabeza de la Asociación de Contribuyentes de Hérault, Martine Petitout está convencida de lo contrario y decidió en 2005 demandar a las dos entidades en relación con la mayor parte de las subvenciones concedidas entre los años 2004 y 2005, como aportación a la vida cultural de una asociación denominada Centro Cultural de Montpellier. La demanda que se tramita en la actualidad se refiere en concreto a una subvención acordada por el Consejo regional por importe de 60.000 €; y a otra subvención de 44.396 € acordada por el ayuntamiento de Montpellier.
Fundado en 1973, el Centro Cultural de Montpellier (CCM) agrupa a más de una treintena de asociaciones: Los amigos de Augusto Comte, El Cruce de Caminos, Los Philalèthes, etc. Ante el tribunal administrativo, el comisario gubernamental (responsable de exponer la legislación vigente) precisó que "el CCM está ligado a la Gran Logia de Francia, tay como lo reconoció el propio gran maestre, Alain Pozarnik". En total, estas asociaciones agrupan a unos 1400 miembros.
Frente a esto, Carole Vinsonneau, abogada del ayuntamiento de Montpellier, subrayó que no se podía definir al CCM como una asociación de culto. Sin embargo no es este el argumento sobre el que se ha basado el comisario gubernamental. Según él, un único elemento basta para estimar estas subvenciones ilegales, el del "interés público local". Una noción compleja, pero que, según él, no se respeta en el ámbito de las asociaciones francmasónicas.
"Las dos entidades (ayuntamiento y Consejo regional) estiman que el CCM organiza coloquios y publica libros, precisa el comisario, pero el expediente (administrativo) no contiene ninguna prueba concreta de difusión cultural de la asociación hacia el exterior. La única referencia a un coloquio no lleva fecha, tampoco lugar y no acredita siquiera que hubiera público presente". El comisario concluyó que las actividades del CCM tenían un carácter autárquico, y que las asociaciónes que lo integraban eran además "selectivas social y sexualmente". El comisario pidió la anulación de los acuerdos por los que se concedían las subvenciones. La decisión del tribunal se conocerá a lo largo del mes de abril.
Anne Devailly