lunes, junio 30

Sequía

Hace unos días vi la ilustración de El Roto en la que se manejaban unos cuantos conceptos interesantes. Entre ellos destaco dos: El dogmatismo y la democracia. Quizá también la evolución del caudal de las libertades y su precipitación hacia la sequía actual merezcan alguna que otra consideración. Ahí lo dejo a gusto de cada lector. Buen lunes.

domingo, junio 29

Movimiento Neocatecumenal: saber un poco más


Hace ya bastante tiempo publiqué aquí algunas notas sobre Kiko Argüello y su movimiento neocatecumental. Todo hay que decirlo: fue una de las referencias más visitadas de este blog, recogiendo comentarios de todo tipo, algunos de ellos de muy dudoso gusto, o de escasa o nula educación.
Mira por dónde hoy alguien me envía un correo diciéndome que el enlace que adjunta es "interesante". Procedo a abrirlo y, sin sufrir la más mínima decepción, me encuentro con un reportaje recientísimo publicado por el diario El País y dedicado al Sr. de la guitarra y decorador de la Catedral de la Almudena, Don Kiko. Efectivamente se trataba -se trata- de algo muy interesante que ha de ser compartido y llevado urbi et orbe, para el más y mejor esclarecimiento de las inteligencias dormidas. La piedra bruta está apenas desbastada y yo voy terminando los flecos de una mudanza eterna.

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Kiko, la cólera de Dios

JESÚS RODRÍGUEZ 29/06/2008 (El País)

Es el líder del movimiento neoconservador más poderoso de la Iglesia, con un millón y medio de seguidores en 106 países y 70 seminarios. Un iluminado carismático que defiende los postulados más intransigentes del catolicismo. Su grupo, los 'kikos', se mueve en un completo secretismo. Así es Kiko y así es su movimiento.


A ver, majo, ¿quieres convertirte?

-Pero es que yo ya estoy convertido...

-¡Que está convertido, dice! ¡Ja, ja, ja! ¡Que está convertido! Lo que te quiero decir es si te quieres unir al Camino.

Cualquier momento es bueno para captar adeptos. La primera rueda de prensa en más de 40 años de Kiko Argüello, iniciador y responsable del Camino Neocatecumenal, el movimiento neoconservador más poderoso de la Iglesia católica, comienza y termina con los periodistas rezando en pie un padrenuestro. Algunos no se lo saben. Balbucean. El espectáculo es digno de contemplarse. Argüello, de 69 años, es un hombre seco, ligeramente encorvado, de barba luciferina, pelo blanco, rostro áspero y carmesí, y los ojos cargados. Viste un raído traje negro y camisa y corbata oscuras; se aferra a una Biblia cubierta por una funda negra de piel. En los momentos de tensión enciende sin parar cigarrillos sin filtro que machaca al instante. Tiene una voz de galán quebrada por el tabaco, los cánticos y miles de sermones. Recuerda al predicador de un western.

Es la tercera ocasión en la que pregunta al periodista si se quiere convertir. Con el brazo apoyado paternalmente sobre sus hombros. Ya le ha interrogado en otros encuentros sobre sus ideas religiosas -"¿crees en Dios?", "¿estás bautizado?", "¿cuántos hijos tienes?", "dame un beso"-. Por contra, todo son largas para conceder una entrevista razonable. Argüello desconfía de EL PAÍS. "¿Para qué queréis hacer un reportaje sobre el Camino si sois un periódico agnóstico y de izquierdas? ¿Para darme un palo? Aquí tengo guardados todos los países que hablan mal de mí y del cardenal [Rouco]. Los hermanos me han aconsejado que no hable con vosotros. Y si lo hago es porque os amo".

Argüello no dialoga con los medios de comunicación críticos con su línea político-religiosa -"¿para qué perder el tiempo?-. Con el resto, apenas. No concede entrevistas. Conseguir que concrete sus ideas es inútil, se escapa con farragosas experiencias vitales. Es un maestro del monólogo. Sus seguidores no saben dónde, cómo y de qué vive. La mayoría no le conoce personalemnte aunque financie el Camino con sus donaciones. El discípulo, una vez que supera el segundo escrutinio (un examen personal que se realiza pasados los primeros años en el Camino), debe entregar a la comunidad el 10% de sus ingresos: es el diezmo. Si su pareja está en el Camino, está también obligada a entregar el mismo porcentaje. Nadie sabe dónde va ese dinero ni cómo se administra. No hay facturas. Además, al final de cada celebración religiosa, uno de los hermanos pasa una bolsa de plástico (la llamada "bolsa de las inmundicias") donde cada uno aporta lo que puede: desde unos euros hasta una pulsera de oro o la escritura de un piso. La bolsa sigue circulando hasta que se obtiene la cifra prefijada por los responsables. Son unos minutos de suspense. ¿Cuántas vueltas dará? Durante la construcción del Domus Galilaeae, la grandiosa sede del Camino en Israel, el iniciador pidió 1.000 euros a cada uno de sus discípulos para terminar las obras. Mientras se pasaba la bolsa, el resto cantaba: "Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan, ni hilan. Y os digo que ni Salomón en todo su fasto estaba vestido como uno de ellos". Para avanzar en el Camino es imprescindible desprenderse de las riquezas.

Son los que engrasan económicamente su organización; sin embargo, rara vez se mezcla Kiko con sus seguidores de base. Viaja continuamente por todo el mundo. Dice que subsiste gracias a las limosnas. Al mismo tiempo tiene hilo directo con el Vaticano. Y para sus fieles, con el mismo Dios. "Kiko no se ha inventado nada, le ha inspirado el Espíritu Santo", dicen. Kiko Argüello es célibe y viste de negro, pero no es cura. "Nunca se pondría a las órdenes de un obispo", explica un antiguo seguidor. Predica, pero no tiene una formación teológica. Resuelve los conflictos existenciales de sus discípulos, pero no es psicólogo. ¿Quién es Kiko? Él se define como un artista. "Un pobrecillo, un pecador; el día más feliz de mi vida será cuando muera. Reza por mí". Si se le pregunta acerca del culto a la personalidad que gravita en torno suyo, su piel adquiere un tono encarnado y contesta con cara de pocos amigos: "En la Iglesia siempre hay alguien que inicia".

Tras escucharle en varios actos del Camino y hablar con él en un puñado de ocasiones, se saca la impresión de que Kiko Argüello es un iluminado ultraconservador que domina la palabra y el gesto; con un humor cambiante; místico, magnético y halagador. Y también portador de toda la cólera divina. "El infierno existe", remacha. Tenaz e insistente. Dotado, según un monseñor, de "una santa testarudez". Tremendista. "El anticristo está por llegar. Europa camina hacia la apostasía". Según él, perseguido. Un mártir en potencia. Transmite el mensaje que le ha comunicado Dios sin papeles ni fisuras. Con desparpajo. Sin florituras. Durante horas. En un lenguaje vulgar. De andar por casa. Describe el Camino como "este tinglado" o "este follón en el que estamos metidos". Habla desde las tripas, no desde la teoría. Dice lo que le sale. Lo que le brota. A veces de forma incoherente. Todo trufado con citas bíblicas. Canta, baila, pinta, entusiasma, interroga a su auditorio. "¿Quién no tiene un familiar divorciado?". "A ver, tú, cuéntanos tu vida. ¿Cuántos hijos tienes?". Es carismático. Lo más parecido a un telepredicador que tenemos en España.

Dice que los medios "de izquierdas" le manipulan políticamente. Pero su discurso es político. Cuando le preguntamos sobre la situación en España, contesta con desconfianza: "Lamentamos que las leyes de los socialistas rompan la familia. En los países nórdicos, los chavales se están suicidando a los 20 años porque proceden de familias rotas. Es el resultado del divorcio exprés".

En sus respuestas, Argüello condena radicalmente el matrimonio de las personas del mismo sexo. Los anticonceptivos. El aborto. La eutanasia. Y las ideas socialistas. Y el separatismo. Y a los religiosos progresistas. Y a los obispos tibios. Y a los jesuitas izquierdosos . Y a los curas que no ceden sus parroquias al Camino. Y a los monseñores poco complacientes. Es decir, a los que no piensan como él. Y él tiene las ideas claras. "Claro que existe el demonio; está entre nosotros, es un ángel caído".

-¿Y a usted también le ataca?

-Nos ataca a todos. Ha dominado a monseñores para que se pusieran en contra del Camino. Nos han hecho mucho daño. El demonio siempre está dispuesto. Si eres casado, está al acecho para que te enamores de otra. Pero en el Camino, los matrimonios no se separan. ¿Sabes por qué?

-Ni idea.

-Porque la relación de amor de los que tienen dentro vida eterna es distinta. Un matrimonio no se separa si tiene vida eterna. El amor de pareja progresa y madura; no es lo mismo la pasión de los novios que el amor de Cristo, que es un amor total.

-¿Y si le va mal a la pareja?

-Para eso están los hermanos de la comunidad. Cuando un matrimonio está en peligro, toda la comunidad reza por ellos; les llaman y apoyan, y se salvan.

Kiko Argüello ve el mundo en blanco y negro. La sexualidad es el eje de sus catequesis. La pornografía. La homosexualidad -"que es una enfermedad que se cura"-. El rechazo a los anticonceptivos -"el 25% de los preservativos falla"-. Incluso alerta por escrito del riesgo de tener hijas adolescentes: "Los padres están llamados a ser realistas, y a hablar a las hijas de los peligros a los que se exponen con ciertas modas de vestir (como minifaldas exageradas u ombligos descubiertos) si no quieren encontrarse después con la sorpresa de verlas un día embarazadas o, peor aún, descubrir que han abortado". En Roma, durante la rueda de prensa del 13 de junio, nos comenta que el Camino celebra sus eucaristías el sábado por la noche, entre otras cosas "para que los jóvenes no se vayan a las discotecas a fornicar y a drogarse; los jóvenes de nuestras comunidades no fornican, ni se drogan, ni se suicidan".

Está dispuesto a reevangelizar el mundo. Quiera o no quiera el mundo. Es su misión. Desde la vieja Europa hasta China, pasando por Latinoamérica y las antiguas repúblicas soviéticas. Ya ha enviado a miles de familias y de seminaristas a catequizar en los rincones más perdidos del planeta. "Apóstoles", les llama. Un cura español destinado en Roma recuerda su sorpresa al encontrarse en Kazajistán con una familia de kikos valencianos predicando puerta por puerta. "Estamos renovando la Iglesia. Somos lo más vivo de la cristiandad, los encargados de la nueva evangelización a través de pequeñas comunidades que viven como los primeros cristianos y avanzan juntas", explica Argüello.

Sostienen los que conocen a Kiko que es orgulloso, soberbio y autoritario. Se considera a la altura de cualquier purpurado. Controla férreamente su organización a base de círculos concéntricos que transmiten en el acto sus consignas. No tiene lugartenientes. No existe un directorio del Camino. Un jefe de prensa, un encargado de finanzas. Él es el iniciador. Nadie le cuestiona. Es el autor de los textos y símbolos. De la estética, música y canciones; ritos y prácticas; el lenguaje y la forma de vivir. Incluso del diseño de sus iglesias, cuyas pinturas de inspiración neobizantina él mismo ejecuta.

Sus seguidores son conocidos como los kikos. Una Iglesia paralela que cuenta, según Argüello, con un millón y medio de fieles divididos en 16.000 comunidades enclavadas en 6.000 parroquias de 106 países; con 3.000 sacerdotes, 1.500 seminaristas y 70 seminarios. Lo que no cuenta es que ya han entrado en las universidades y los colegios; en la Conferencia Episcopal, el Ejército y los medios de comunicación. Dirigen las agencias de noticias religiosas Zenith y H2O. Abarrotan las manifestaciones neoconservadoras contra los Gobiernos socialistas en Roma o Madrid. Son la infantería de la Iglesia más intolerante. Un ejército de resistencia a los cambios. A la cabeza, Kiko está siempre ideando estrategias y puestas en escena. Hay que llamar la atención. Conmover a los fieles. La rueda debe seguir girando. Le gusta esgrimir sus poderes. Ante sus fieles desgrana en voz alta una cosmopolita agenda agotadora. Y el contacto estrecho con los cardenales. Antes perseguido que irrelevante. "Ha llegado el momento de evangelizar", dice él.

Su biografía de líder visionario transcurre durante los 44 años que conducen de una chabola en Vallecas (Madrid), rodeado de gitanos, yonquis y prostitutas, armado con una Biblia y una guitarra, hasta las cenas con el Papa en las sombras del Vaticano. Hasta pintar los frescos de la catedral de Madrid. Hasta erigir una sede internacional a su imagen y semejanza en Israel, en el monte de las Bienaventuranzas, donde Jesucristo comenzó a predicar, que fue inaugurada por el propio Juan Pablo II en 2000.

No ha sido un trayecto fácil. Kiko Argüello ha trepado con esfuerzo. Y voluntad. Y con la idea de que ?Dios proveería?. En sus comienzos, algunos en la Iglesia le consideraron un hereje. Un luterano. Un loco. Un hippy empeñado en llamar la atención. Aún hoy, para muchos, es el creador de una secta intraeclesial; admitida por la jerarquía, pero siempre en el filo de la navaja. Con sus misas y celebraciones. Sus códigos internos y sistemas de captación. Y un absoluto secretismo sobre sus prácticas.

Los textos de Kiko, la transcripción de sus catequesis, con los que se guía el camino de todas las comunidades del mundo (los llamados mamotretos), no están al alcance de sus miembros de a pie. Sólo acceden a ellos los catequistas, su guardia de hierro. "El resto no los entendería", dice. "Hay que ir avanzando en el Camino". Son uno de los misterios del Camino. Pero en realidad, cuando por fin accedemos a esos famosos mamotretos, su contenido decepciona. Es más de lo mismo. Sus experiencias místicas y personales, su consabida visión catastrofista del mundo. Y una continua petición de dinero a sus fieles. Estas frases están extraídas de las catequesis de Kiko en España: "Alguno que tenga una herencia, alguno que tenga algo, que ponga aquí cinco millones de pesetas para construir el seminario de Madrid". "Hoy he leído una cosa que me ha hecho mucho daño, que el cantante Elton John es homosexual y que quería casarse con su amiguito, un chaval, y se le ha dado el matrimonio jurídico en Inglaterra". "La nulidad matrimonial es una trampa del demonio". "Entramos en una nueva era, y Dios nos está preparando para reevangelizar el mundo".

Recorrer el Camino de Kiko Argüello, llegar al verdadero bautismo, que se realiza por inmersión en el río Jordán, en Israel, con el sacerdote con la estola sobre el bañador, puede llevar a un cristiano entre 20 y 30 años. A lo largo de ese tiempo atravesará infinitos pasos, pruebas y exámenes. Celebraciones y convivencias. Ritos y exorcismos. Renunciará a las riquezas. Al éxito. A los afectos. Desnudará sus flaquezas ante los hermanos colocados en círculo en torno suyo. Se humillará ante ellos. El catequista, el guía, tiene un poder absoluto sobre el catequizado, que le debe obediencia. Una antigua seguidora de Kiko lo explica así: "Nos modelan tanto los sentimientos que consiguen que en unos años seas capaz de dejar pareja, hijos, trabajo, dinero..., lo que sea, si te lo exige un catequista. Y si no cumples alguna de sus exigencias eres expulsado de la comunidad". Los catequistas son descritos por otro ex kiko como "gente dura, controladora, intransigente, que modifica la mentalidad de sus discípulos". Cuando se le pregunta a Argüello qué formación tienen los catequistas para encauzar psicológica, laboral, sentimental, económicamente la vida de los miembros de la comunidad, responde molesto: "¿Qué preparación van a tener? Una preparación maravillosa. En una comunidad no necesitan más; ni psicología, ni nada. Ya tienen las 3.000 páginas del mamotreto para realizar su misión". Nadie sabe muy bien si alguna vez concluye el Camino.

Todo es obra suya. Ese espeso cóctel en el que se mezclan las prácticas de los primitivos cristianos con la tradición hebrea; las prácticas evangélicas de interpretación literal de las Escrituras con las terapias de grupo; las guitarras, las palmas y las danzas con las fórmulas de predicar itinerantes de las sectas protestantes. Sin olvidar la similitud ideológica con los Cristianos Renacidos estadounidenses, que auparon al poder a George W. Bush.

Todo es obra de su imaginación. Y según sus seguidores, del Espíritu Santo. Por eso, el pasado 13 de junio en Roma, Francisco José Gómez de Argüello, alias Kiko Argüello, estaba feliz. Nervioso y agotado, pero feliz. Esa mañana, monseñor Stanislaw Rilko, presidente del Pontificio Consejo de los Laicos, había puesto por fin su firma sobre el Decreto de Aprobación del Estatuto del Camino Neocatecumenal por orden del Papa. Suponía la plasmación canónica de los kikos, de sus fines y sus prácticas. El Vaticano había transigido. Kiko Argüello pasaba por encima de sus críticos como una apisonadora. Lo ha logrado. Dar forma legal a una organización que está basada en la indefinición más absoluta. Ha conseguido que el Camino Neocatecumenal no sea definido por la Santa Sede como una asociación religiosa, ni una orden, ni una fraternidad sacerdotal, ni siquiera un grupo laico. El Camino no se parece a nada dentro de la Iglesia. Es "un itinerario de iniciación cristiana". Imposible algo más etéreo. No tiene personalidad jurídica ni patrimonio. "Somos algo más profundo que una asociación. Administramos bienes espirituales", dice Kiko. "El Papa y Rilko querían que fuésemos una asociación. Y yo, ¡que no, y que no, y que no!".

El Camino Neocatecumenal es un misterio. No tiene una elegante sede social en Roma como los jesuitas o el Opus. Los kikos no tienen a la vista del público más que un par de discretas sedes situadas en dos sótanos desnudos de Roma y Madrid. Aunque sus seguidores y ex seguidores hablan de numerosas propiedades inmobiliarias en Italia y España. A comienzos de los noventa (al parecer, bajo la inspiración del cardenal Suquía) crearon una organización denominada Fundación Familia de Nazaret para la Evangelización Itinerante, que, según sus estatutos, registrados en el Ministerio de Justicia en 1993, está dedicada a "sostener la actividad evangelizadora itinerante de los miembros pertenecientes al Camino Neocatecumenal. Especialmente los desplazados en zonas descristianizadas". Los recién aprobados estatutos del Camino prevén que se constituyan otras fundaciones similares en otras diócesis para canalizar sus ingresos.

Más allá, el Camino no responde de sus actos ante nadie. Es un método de formación católico al servicio de los obispos. Los kikos prestan sus servicios a la Iglesia a cambio de desmontar la Iglesia anterior e implantar la suya. Llegan a una parroquia, piden permiso al párroco, programan catequesis, montan comunidades y comienza el camino. Circulan en paralelo. Son los elegidos. Muestran a sus fieles, divididos en pequeñas comunidades estancas (que rara vez se mezclan con otras comunidades, y menos aún con los fieles de la parroquia tradicional), su particular visión de cómo alcanzar el paraíso al tiempo que fiscalizan su vida. Para los kikos, más allá del Camino no hay nada. Fuera está el "mundo". Y es malo. Y no es posible ser feliz si no se está en el Camino. Ése es el mensaje que reciben durante décadas los hermanos. Sus hijos, a los nueve años, tras la primera comunión, comienzan a asistir a sus actos litúrgicos, y a los 13 se incorporan plenamente a una comunidad. No conocerán otra forma de vida. Ni en su casa, ni en la parroquia. Por eso es tan difícil romper con Kiko. Tras años de recorrido en comunidad, ya no queda nada fuera del Camino. Ni amigos, ni amor, ni salvación posible. A los que lo abandonan se les denomina rebotados, en la jerga de Argüello. Y se les profetiza que "la sangre de Cristo caerá sobre ellos". Cuando un hijo abandona el Camino, los catequistas prohíben a los padres que vuelvan a tener contacto con él. Y viceversa.

¿Es una secta? En la Iglesia católica, nadie se atreve a lanzar esa acusación. El Camino está bendecido por el Vaticano. Por eso, algunos prefieren hablar de "comportamientos", "prácticas", "individuos sectarios". Sin embargo, contemplar en la noche del último Sábado Santo, el 22 de marzo de 2008, durante la vigilia pascual, a los miembros del Camino en ayunas, en penumbra, ataviados con túnicas blancas, portando cirios, cantando durante horas, bautizando a sus hijos por inmersión, bailando en círculo hasta que sale el sol..., consigue que uno sienta cierto desasosiego.

A comienzos de los sesenta, Argüello era un joven artista madrileño de buena familia, agnóstico confeso, que durante una crisis existencial, que le llevó "a las puertas del suicidio", se marchó a vivir con los gitanos de las barracas de Palomeras Altas, un suburbio de Madrid. El mismo camino que habían seguido a raíz del Concilio Vaticano II muchos curas decididos a encontrar a Dios entre los pobres. Algunos acabarían en la izquierda. Kiko, no. Kiko sufrió en las chabolas una conversión personal. No social. Sintió la llamada de Dios. Lloró durante horas. Como buen converso, se haría más papista que el Papa. Según explica el especialista en temas religiosos Jesús Bastante, "el converso, como san Pablo, cuando encuentra la verdad rechaza radicalmente su vida anterior. Adquiere conciencia de que la sociedad es perversa. Renace. Y como san Pablo, pasa de perseguir cristianos a perseguir paganos". Hoy, Kiko afirma que el 70% de sus seguidores eran cristianos no practicantes antes de conocer el Camino. Hoy son neoconversos.

Tras la "revelación" había llegado el momento de que Kiko pusiera en práctica sus teorías. Había que reevangelizar a los cristianos durmientes. Conducirles a un nuevo bautismo. Era 1964. Entraría en contacto con grupos emergentes de católicos posconciliares y con sacerdotes; nunca se adaptaría a la disciplina de los otros. No quería estar bajo nadie. Siempre deseó ser el centro de atención. Absorbería las prácticas de cada grupo. La terminología. Y la forma de estructurarse. Y luego, él, un artista, le daría forma propia. Empezando por la misa. Comulgarían sentados con auténticos pan y vino. Cantando las canciones de Kiko. Explicando sus experiencias en público. Había que vender el producto. Él sabía cómo.

En las barracas de Vallecas, Kiko se va a encontrar en aquellos primeros compases de su carrera a la que ha sido su compañera, álter ego y coiniciadora del Camino Neocatecumenal durante cuatro décadas, Carmen Hernández, una monja de su generación, de familia adinerada, licenciada en teología, que desde niña había querido ser misionera, pero nunca se había sometido a la disciplina de las órdenes religiosas. "Éramos dos inadaptados; que todo saliera bien es un milagro", describe Argüello. Kiko aportaría al Camino su carisma, sus dotes interpretativas y su inquietud. Carmen Hernández, la base doctrinal de la que Argüello carecía. Unirían sus fuerzas. La relación entre ellos es uno de los grandes arcanos (uno de los términos favoritos del Camino) de los kikos. Sus seguidores te explican enseguida que ambos no son pareja. Es cierto, él es el líder. Pero ella no está dispuesta a quedarse sin su minuto de gloria. Es la voz de su conciencia. En público y en privado. Y le machaca a conciencia.

Día 22 mayo de 2008. Parroquia de Santa Catalina Labouré, Madrid. Esta iglesia, inaugurada en 2003 por el cardenal Rouco, resume el ideal estético de Argüello. El que pretende implantar en sus parroquias. "Kiko es un genio", explica Mattia del Prete, uno de los arquitectos del Camino. Mármol blanco, cúpulas doradas, moqueta azul eléctrico, pinturas al fresco del propio Kiko. El altar, en el centro; los bancos, alrededor, y una pequeña piscina para el bautismo por inmersión. Los iconos, el cáliz, la copa del vino, la cruz alzada, las flores sobre la mesa, la funda de orfebería que cubre los evangelios, todo es obra de su mente de artista. No es fácil entrar en sus celebraciones privadas. Son a puerta cerrada. Esta noche, el iniciador se reúne con sus seguidores más antiguos. Van ataviados con túnicas blancas de lino. Menos el periodista. Y Kiko, siempre de negro. Habla durante horas. Sin embargo, dentro de la más pura tradición de las parejas cómicas, sus frases son respondidas, criticadas, incluso ridiculizadas en voz alta por Carmen Hernández, la coiniciadora, sentada a su espalda. Estamos en familia. Nadie parece sorprenderse. Pero las réplicas humorísticas de Carmen durante los actos públicos y la misma rueda de prensa en Roma sonrojan al no prevenido. En un momento dado, Carmen profiere: "Yo digo la verdad y tú te la inventas". Kiko se echa las manos a la cabeza, pone los ojos en blanco, mira al cielo y solicita la misericordia divina. Ella se ríe con socarronería: "Confiesa, Kiko. Lo único que quieres es que los periodistas te hagan la foto. Aquí tenéis a san Kiko".

¿Cómo ha logrado esta singular pareja conseguir tanto poder en la Iglesia católica? El ascenso imparable de los kikos no se puede entender sin dos causas: el crecimiento imparable de sus miembros por la desaforada política demográfica del movimiento (una mujer debe tener todos los hijos que Dios le mande) y por el apoyo incondicional de Juan Pablo II a lo largo de sus 27 años de reinado.

En cualquier celebración de los kikos, durante el tiempo en que relatan sus experiencias vitales, cada interviniente se presenta con su nombre de pila y el número de hijos que ha traído al mundo. "Cuatro, cinco, seis, siete". A medida que el número asciende, un murmullo de aprobación se extiende por los bancos de la iglesia. Cuando un hermano afirma "tengo 10", brotan los aplausos. Según Argüello, los miembros del Camino tienen el promedio más alto de hijos de la cristiandad, "cinco por familia". En 44 años de Camino se han incorporado a las comunidades miles de hijos y nietos de los primeros seguidores. El crecimiento de sus filas ha sido exponencial. Hoy abarrotan sus celebraciones. Después de cada acto multitudinario, con las masas enfervorizadas por la catequesis de Kiko, el iniciador pide vocaciones: "¡Que levanten las manos los hermanos que quieran ir al seminario!". En el fragor del momento, enardecidos, decenas de jóvenes se alistan sin pensarlo. Muchos marcharán por el mundo como predicadores ambulantes financiados por el Camino. Otros se convertirán en sus sacerdotes. Y los obispos, emocionados. ¿Quién le va a negar nada a Kiko?

Juan Pablo II fue el más entusiasta de esos obispos. El primero de ellos. Cuando Karol Wojtyla llega al Vaticano, en 1978, se encuentra las iglesias y los seminarios vacíos, a las órdenes tradicionales (jesuitas, dominicos, franciscanos) coqueteando con la teología de la liberación, y a un clero diocesano anciano y en desbandada. Wojtyla era el resultado de la guerra fría; concebía una Iglesia de resistencia al comunismo. "Y desde el primer momento, su idea es reevangelizar Europa. Y ve que con las órdenes antiguas no puede contar", explica un sacerdote español. "Se encuentra solo. Hay un vacío de espiritualidad, y aparecen providencialmente los nuevos grupos neocon [Opus Dei, Focolares, Comunión y Liberación, San Egidio, los kikos], formados por laicos con una concepción de la Iglesia similar a la suya, y tira de ellos. Y éstos no sólo le llenan los estadios, sino que son un antídoto contra la teología de la liberación y la proliferación de sectas evangelistas en Latinoamérica, y para predicar en los antiguos países comunistas. Y le profesan una fidelidad perruna".

Kiko y Wojtyla son almas gemelas. Quieren reevangelizar la cristiandad. Y son dos antiguos actores aficionados. Conocen la importancia de la imagen. Según relata un monseñor, Carmen y Kiko se trabajan a Juan Pablo II a conciencia. Son maestros en el arte del halago. En cuanto el Papa abre su ventana, llueva o nieve, se encuentra un grupo de kikos con guitarras entonando en su honor. Los kikos cantarán a Wojtyla en cada celebración multitudinaria a la que asista en cualquier rincón del mundo. Cada domingo, Carmen Hernández se encuentra con el Papa mientras visita las parroquias de Roma como obispo de la diócesis. Se convierte en una presencia habitual. Kiko y Carmen llegarán a penetrar en la intimidad del Papa y a compartir cenas privadas. Le hablarán con su crudeza habitual de la situación de la Iglesia. Y le darán informes sobre la fidelidad de los obispos. Previamente, la pareja se ha ganado para su causa al poderoso secretario del Papa, el sacerdote polaco Stanislaw Dziwisz. Cuando éste sea creado cardenal, en 2006, estarán en primera fila, y el nuevo purpurado rodeará fraternalmente a Carmen con el brazo. Ella confirma que siguen siendo muy amigos: "Nos ha invitado a Cracovia y me trata como a una reina. Incluso me invita a marisco".

En 1990, en contra de la opinión de algunos obispos que desconfían de las prácticas del Camino, Juan Pablo II hace pública una carta de reconocimiento que supone su visto bueno a los kikos. En el documento exhorta a los obispos a valorar y ayudar a su obra. En otras palabras, les ordena que le abran las puertas de sus parroquias. Un seguidor del Camino sospecha que la carta fue redactada por el mismo Argüello, que se la dio a firmar al Papa. Era el gran espaldarazo.

El iniciador despliega esa misma estrategia de seducción en la década de los noventa con el episcopado español. Especialmente en Madrid, donde Antonio María Rouco Varela llega al arzobispado en 1994. Por un lado, le halaga y abduce; por otro, le ofrece resultados: el seminario, lleno; las parroquias, activas; plazas abarrotadas, y una parcela importante de poder de cara a Roma. Rouco se entrega con armas y bagajes. Se convertirá en su aliado. Pondrá a su disposición sus finas dotes de canonista en la elaboración de los estatutos (que son redactados entre 1997 y 2002), le permitirá abrir un seminario y le encargará la realización de los frescos de la catedral de Madrid en 2004. En el palacio episcopal de la capital corre un chascarrillo al respecto: "Rouco quiere pasar a la historia como el cardenal que encargó terminar su catedral a un santo". Tampoco hay que olvidar los generosos donativos del Camino al arzobispo para terminar la catedral.

Y sobre todo, Kiko proporcionará a Rouco influencia política. En un encuentro en Roma en octubre de 2007, durante la beatificación de 468 religiosos asesinados en la Guerra Civil, Argüello propondrá al cardenal organizar una gran manifestación en Madrid "en defensa de la familia cristiana". Quedan tres meses escasos para las elecciones generales. Las encuestas dan un empate técnico PP-PSOE. Rouco duda. Le parece precipitado. Kiko le tranquiliza: "Don Antonio, yo le pongo 300.000 kikos en Colón". Rouco accede. El acto se fija el 30 de diciembre. Asisten varios cardenales y 42 obispos.

El supuesto acto religioso se convierte en una manifestación política contra el Gobierno de Rodríguez Zapatero y sus iniciativas como el matrimonio homosexual o la asignatura de Educación para la Ciudadanía. La tribuna se alza sobre un icono pintado por Argüello. Los organizadores acusan a Zapatero de "romper la familia". El cardenal García-Gasco va más lejos: "El laicismo radical puede llevar a la disolución de la democracia y no respeta la Constitución", brama. Kiko cierra el acto con su guitarra. Y lanza una señal de alarma: "Estos Gobiernos ateos y laicos nos quieren hacer creer que nuestra vida no va a ningún lado. Pero va al cielo".

El Partido Socialista ganará las elecciones el 9 de marzo de 2008. Y el papa Ratzinger toma nota. No quiere líos con el Gobierno español. Presión, la justa.

Con la aprobación de los estatutos del Camino Neocatecumenal el 13 de junio con mínimas modificaciones por parte de la Santa Sede en torno a la peculiar naturaleza del movimiento, su líder, Kiko Argüello, ha logrado todo lo que se propuso hace 44 años. Es uno de los hombres más poderosos de la Iglesia. La cabeza visible de los neoconservadores. Con un millón y medio de seguidores dispuestos a tomar las calles y las parroquias. Un fabricante de familias numerosas, misioneros incondicionales y sacerdotes adeptos que ya comienzan a ascender al obispado. Sin embargo, su relación con el Sumo Pontífice, Benedicto XVI, no tiene la complicidad que disfrutó con Wojtyla. El papa Ratzinger, un eminente teólogo que ya tuvo que bregar con Argüello cuando era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, es decir, el encargado de la ortodoxia, observa con distancia sus andanzas. Y ha preferido repartir parcelas de poder entre las órdenes tradicionales y los neocon. Una de cal y otra de arena. Una línea que comparten ciertos obispos críticos (o celosos) con el auge de Kiko. En esa línea, el Camino Neocatecumenal ya ha tenido problemas con las conferencias episcopales de Israel y Japón por las particulares prácticas litúrgicas y proselitistas de sus miembros. Muchos se preguntan qué será del Camino cuando Argüello, el líder carismático indiscutido, el alma y acuñador de la liturgia y la estética, fallezca sin un heredero. "Nada será lo mismo sin Kiko", dicen.

En ese sentido, un chiste recorre las comunidades del Camino. Argüello está en el lecho de muerte y un grupo de sus seguidores le visita para informarle de que están construyendo un panteón en Galilea para enterrarle como un patriarca. Kiko se incorpora, sonríe con sorna y les contesta: "No os compliquéis la vida, hermanos; para tres días que voy a estar muerto?".

Vernet Arriège, un sábado en Francia


Hay un sitio en el sur de Francia llamado Vernet. Cercano a la localidad de Foix se llega a él por una carretera que me pareció rectilínea y tranquila. Hace justamente una semana podía ver este lugar en el que, en un pasado no tan lejano, se asentó un Campo de Internamiento, aunque lo correcto, habida cuenta de las circunstancias y lo que sucedió, debería ser llamarlo Campo de Concentración.
Vernet fue un lugar de retiro para las tropas coloniales que Francia utilizó al final de la Primera Guerra Mundial. Un poco antes el pequeño grupo de barracones levantados en las proximidades de una pequeña estación de tren, sirvieron de prisión a los soldados capturados en el frente al Káiser Guillermo. Poco después la tropa de senegaleses recibieron una primera asistencia hasta ser repatriados a su lugar de origen una vez que dejaron de ser útiles o necesarios a la metrópoli. Diecinueve barracones sirvieron de cobijo a aquella tropa a principios de los años veinte. Luego, toda la instalación quedó en desuso.
Estalló la Guerra de España, como dicen al otro lado del Pirineo, y se consumó la gran catástrofe humana implícita en todas las guerras: miles de hombres, mujeres, niños y niñas, cruzaron la frontera tan pronto como les fue posible, huyendo del hambre, de la muerte, los ametrallamientos y el terror. Cuando Barcelona cayó, se produjo, quizá con el episodio de la Carretera de la Muerte, en Málaga, uno de los éxodos más dramáticos de toda la contienda y que recibió el descriptivo nombre de "La Retirada". Francia se vio desbordada ante tanta miseria y, una vez más, miró hacia otro lado como había hecho tres años antes, cuando decidió no intervenir ante el primer desafío bélico que el fascismo planteaba a las democracias europeas, devorando a la joven República española.
Los españoles, derrotados a millares, ocuparon el campo escoltados por la gendarmería francesa. Durmieron en el barro. Ocuparon aquellos casetones abandonados hacía ya veinte años. El frío del cercano Pirineo y el hambre segaron una vida tras otra. El gobierno del Frente Popular francés, ya agonizante, aportó los materiales para la construcción de nuevos barracones que los propios prisioneros fueron levantando.
Los contratos de trabajo empezaron a concertarse gracias a las redes de socorro que existían en el exterior. Muchos se libraron del cautiverio reconvirtiéndose en albañiles, criadas... Así podían salir de aquella enorme jaula para incorporarse al mercado laboral del país que les acogía.
Y llegaron los alemanes. Y llegaron los franceses amigos de los alemanes que colaboraron gustosamente con el invasor...
Vernet Arriège amplió su cometido. Judíos franceses eran confinados allí como en otros campos del sur de Francia. Y de allí comenzaron a partir trenes con destinos más conocidos por todos nosotros: Auschwitz, Mauthausen, Dachau...
Algunos españoles sufrieron el mismo calvario. Uno de ellos, José Artime Fernández, asturiano, que perdió un brazo muy cerca de donde ahora vivo, en el Alto del Escampleru, y que atrapado en el tren fantasma, recorrió media Francia y media Europa hasta llegar a un destino de muerte en 1944, sobreviviendo para contar como en Dachau un SS le decía que un día saldría "por allí", señalándole la chimenea del crematorio que vomitaba humo sin cesar.
Sí, el sábado pasado fue uno de esos días en los que la conmoción te impacta de tal forma que graba en la memoria una experiencia inolvidable. En Vernet Arriège todavía se conserva en pie la estación desde la que partían los vagones modelo K, pintados de un color rojizo apagado, y que en tiempo de paz eran utilizados para el transporte del ganado. Entré en el vagón que a modo de memorial se conserva al lado mismo del edificio de vieja edificación ferroviaria y, al fondo, en el espacio angosto y negro, pude ver la placa de metacrilato con los nombres de niños, niñas, adolescentes, llevados a la muerte desde aquel suelo: el suelo de la civilizada Francia, cuna de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, República indivisible, hogar y origen del librepensamiento ¡Qué débil y efímero es todo cuanto tenemos y tocamos con los dedos!
A pocos kilómetros el cementerio de Vernet, emplazado en el lugar en el que se hallaba el Campo de Concentración y donde se encuentra ahora, a la entrada misma, una macabra y dolida avenida de tumbas en las que los nombres que se leen son Puig, Martínez, Romero, Pérez, Artime...
Una solemne manifestación ocupó la carretera nacional pasando al lado del viejo depósito de agua que abastecía el lugar. El "chateau d´eau" sigue siendo el mismo que entonces. Los representantes políticos, socialista uno y otro del partido del Presidente de la República, flanquearon a un Consejero de la Orden del Gran Oriente de Francia y depositaron una ofrenda floral en un pequeño monolito dedicado a quienes lucharon por la libertad de los pueblos. Los masones y masonas presentes, ataviados con el orgullo de las bandas y collares, escuchamos emocionados el Canto de los Partisanos, entonado por los hermanos de la Logia "Fraternité Latine".
Un sábado imborrable.

domingo, junio 15

Dedicatoria para José Bono

Dice la prensa que Bono se mostró especialmente molesto hoy en la Sala de las Columnas del Congreso de los Diputados cuando un ciudadano, que acudía como invitado en el acto institucional de homenaje a las víctimas y represaliados de la dictadura franquista, sacó a pasear una bandera republicana arropado por algún que otro aplauso.
Bono hizo una llamada al orden y recordó que aquel era el hogar de la legalidad. Olvidó que precisamente en nuestro sistema la legalidad y la interdicción son dos cosas diferentes; y que no ofende a la legalidad sino aquello que está expresamente prohibido por las normas. No es el caso de la enseña tricolor.
Habrá con esta cuestión seguramente opiniones para todos los gustos. La mía dista mucho de generar guerras de banderas o de equiparar el significado de los símbolos de una democracia con los de una dictadura.
En cualquier caso no seremos malos y le dedicaremos a José Bono una instantánea de esas que conllevan en sí mismas españolidad. Estoy seguro de que será de su agrado y que nos permitirá excusarle por haber confundido los términos del artículo cuarto de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, que viene a decir eso de que todo lo que no está prohibido está permitido y que, desde el punto de vista técnico jurídico, supone consagrar la erradicación de la arbitrariedad y la proclamación de la legalidad.
Lo de Bono puede disculparse sin mayor problema pues los propios franceses -es una realidad constatable- se olvidan del alcance de los avances que auspiciaron sus propios antepasados...
Al Presidente del Congreso de los Diputados sin acritud

sábado, junio 14

Se dice, se cuenta, se comenta...


Anda el ambiente algo revuelto. Era más que previsible. El ruido mediático resulta inevitable en nuestros días como lo fue en los tiempos que pertenecieron a otros que nos precedieron. El estruendo es algo a lo que puede hacerse oídos sordos; pero ésta es una actitud individual habitual aunque difícil de imponer al resto de los mortales.
Así las cosas, lo que antes era silencio ahora ha dejado de serlo y comienzan a aparecer en los diferentes medios de comunicación noticias que tocan el alma del Gran Oriente de Francia. Hasta en el Gabón he encontrado una referencia a los últimos acontecimientos de los que me he ocupado aquí, y pensando especialmente en aquellos a los que quizá no llega otra información, coloco ahora los enlaces correspondientes.
Si hace unos días era el antimasónico L´Express el que se entretenía contando la peripecia de la parisina Logia Combats iniciando a una abogada en los misterios de la masonería, ahora es Le Post, que en su edición del día de ayer se atrevía nada menos que con este titular: "El Gran Oriente de Francia pierde el norte a causa de una mujer".
¡Qué malos augurios! Todavía no ha empezado la navegación y ya hay quien habla de perder el norte, el sur y todos los puntos cardinales en un solo golpe de timón. Una crisis. Una escisión. La guerra. Encerrémonos en la toilettes de nuestras casas o refugiémonos bajo las mesas, pues llega a galope tendido el miedo, aliado de las miserias y los cobardes.
Observo que a la prensa le cuesta contar los hechos con cierta aproximación a la realidad. Y es que las gargantas profundas no están tan bien cualificadas como antiguamente y no son capaces de dejarle claro a los periodistas, ávidos de cotilleos masónicos, que el Reglamento General del Gran Oriente no prohibe la iniciación de mujeres en ningún artículo, ni dice tampoco en ningún otro que se trate de una Obediencia masónica estrictamente masculina, cuestiones éstas sobre las que no se escribe, que son la verdadera madre del cordero y que han ayudado a llevar las cosas hasta el estado en el que se encuentran y en el que se encontrarán, para bien o para mal, más pronto que tarde. Las gargantas profundas quedan afónicas también cuando, como en el caso del diario digital del Gabón, anuncian que la Logia Combats ya ha sido suspendida: En toda democracia que se precie hay que esperar siempre a que se celebren los juicios para conocer las sentencias... Y parece que el periódico o está muy mal informado o ha conocido el resultado del proceso antes que la propia Logia interesada.
No entro en más consideraciones por el momento: Nada nuevo aportaría al conocimiento de aquellos que están deseando que el barco naufrague antes de salir de puerto. Lamento decepcionarlos. Tampoco hay nada nuevo para aquellos otros que quieren ver navegar orgulloso de nuevo este velero.
Aquí están los enlaces que, como curiosidad, merece la pena leer.
Le Post y la pérdida del norte
Infoplus Gabón y el misterio de una circular interna emitida por el Gran Oriente que recorre el continente africano como el espectro de Carlos Marx hace unos cuantos años.
Bon weekend pour tous... Et pour toutes, bien sûr!

miércoles, junio 4

Patria de valientes


Cuenta algún biógrafo de Napoleón Bonaparte que cuando éste terminó su carrera entregándose a los ingeleses, mientras veía disiparse el horizonte galo desde la proa o la popa del barco que le llevaba al peñasco de Santa Elena, pronunció, rotunda, la siguiente frase que estaba destinada por su solemnidad a ser recogida en los libros de historia: "Adiós, Francia querida, patria de valientes. Con unos cuantos traidores menos serías la mejor nación del mundo".
Es posible que el general corso pensara en ese momento en aquellos que habían medrado a su sombra y que en el último momento le habían dejado solo, escribiendo el capítulo final de una amarga leyenda. Puede que Fouché o Tayllerand, grandes protagonistas de la felonía, u otros desleales menores ocuparan el pensamiento del pequeño emperador de los franceses.
Todo esto viene a cuento porque acabo de tener conocimiento de una noticia que transcribo a continuación, y que me hace recordar a todos esos pequeños traidores anónimos, tan capaces de provocar el desastre como el que más. La noticia, que traduzco sobre la marcha, dice así:
Un tribunal francés declara la virginidad "cualidad esencial" de la mujer antes del matrimonioEl equivalente a la Audiencia Provincial de Lille (Tribunal de Gran Instancia según la traducción literal) acaba de emitir una sentencia sorprendente: Considera la virginidad como una "cualidad sencial" (sic) de la mujer antes del matrimonio.
Un marido pidió la anulación de su matrimonio basándse en el hecho de que su mujer no era virgen y que ésta había pretendido serlo. El caso es que los dos esposos pertenecen a la confesión musulmana ¿Habrá tenido en cuenta el tribunal la religión de los cónyuges para emitir su resolución? Una de dos: o bien el tribunal ha aplicado un criterio diferencialista y a emitido un juicio discriminatorio, o bien hay que entender que la virginidad se ha convertido en una cualidad esencial sobre la que una futura esposa no debe en adelante ni tomársela a broma, ni mentir.
La decisión emitida por el tribunal pervierte el espíritu de la legislación cuya finalidad manifiesta era la protección de las mujeres frente a los matrimonios concertados.
Ya tenemos un precedente: La República, en tanto que laica, nunca ha tomado en consideración, ni en el espíritu ni en la letra, que la virginidad podía llegar a ser una cualidad esencial de una ciudadana que quiere comprometerse libremente en matrimonio, aunque sea musulmana.
Una sentencia dictada por un tribunal francés se ha pronunciado en el nombre del pueblo soberano, origen de la voluntad general, y no en el nombre de una religión, de una tradición, de una norma consuetudinaria. Siguiendo la misma línea antirepublicana, antilaica y antifeminista, ¿por qué no blanquear esta costumbre bárbara que es la ablación?
La UFAL (Unión de familias laicas de Francia) hace un llamamiento a los representantes nacionales y, más allá de estos, a toda la ciudadanía, a hacer frente a esta deriva comunitarista y a rechazar esta sentencia: Tendría unas consecuencias desastrosas si llegara a consolidarse como jurisprudencia.

Inevitable es tras la lectura de lo anterior, recordar aquellas sentencias españolas en las que el hecho de llevar minifalda podía servir de excusa para justificar una violación.
Sin embargo hoy hablamos de Francia; de la una e indivisible República, cuna de la declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (y suponemos que también de los de la Mujer y Ciudadana, homenajeando a Marie Gouze -Olympe de Gouges-). Hablamos hoy de la civilizada patria de los valientes, a la que, siguiendo la costumbre, continuan arruinando los pequeños traidores.
¿Qué hacemos? ¿Callamos? ¿Miramos para otro lado? ¿Ponemos el grito en el cielo?

martes, junio 3

La iniciación


Aprovecho tanto las gotas de tiempo que acabo ingeniándomelas para escribir desde un tren de cercanías que me lleva a Gijón. El viaje se hace así más entretenido y a la vez atormentado, pues mientras escribo, un anciano sintoniza un enorme aparato de radio que pierde a cada rato la emisora. Tan pronto se oye un pitido ensordecedor como me adormece la feliz asepsia de Radio Nacional de España; o me sobresaltan los graznidos matutinos de la emisora de la extrema derecha, moderada y liberal.
Ha sido un tanto extraño este mes de mayo. Cien mil cosas diferentes sobre las que escribir para al final dejar esta querida página, depositaria de la confianza de tantas horas de trabajo pequeño, muda, acorazada con las mismas imágenes y la agradable, dulce y pía música de Antonio Vivaldi.
A mí mismo me decía que esto no podía ser posible en un tiempo tan lleno de zozobras, curvas cerradas a la derecha y baches. Y llegué a la conclusión de que no cabía más silencio hace poco más de una semana, cuando en la sede central del Gran Oriente de Francia, en el más hermoso de los templos de la razón que tiene esta Obediencia, el Groussier, se iniciaba a una mujer -una abogada parisina- sin que temblaran los cimientos del universo y la tierra dejara de girar sobre sí misma. Bien es verdad que ahora viene el litigio, la conmoción, los mareos, el vértigo y la urticaria general. Bien es verdad que también se ciernen sobre nosotros las difíciles consecuencias de la precipitación, que por heróica que pueda resultar, no deja de ser una loca carrera hacia el abismo si el sentido común, el más escaso de todos los sentidos, no lo remedia. No hay -no habrá- mal que cien años dure, pero entretanto padeceremos.
Que el Gran Oriente inicie por fin a una mujer no es la novedad fundamental que se pretende. No es un hecho que suceda por primera vez: La concepción que de la masonería tiene esta organización originariamente francesa, no le ha negado nunca a la mujer la posibilidad de ser masona y de darle el reconocimiento correspondiente. No todas las organizaciones que se dicen masónicas han recorrido este camino, quedándose en la dicción literal recogida en las viejas reglas de Anderson que niegan a las mujeres, a los esclavos y a los estúpidos ateos la posibilidad de ceñir el mandil. Así, durante años hombres y mujeres han trabajado juntos en las Logias de la más importante de las obediencias masónicas europeas, aunque -es obligado para mí decirlo- esa convivencia, concebida y exhibida como un concesión graciosa, es una realidad tan palpable como insuficiente.
Es la pertenencia en igualdad de derechos lo que siempre ha estado en cuestión y frente a lo cual se han alzado todas las barreras; y esa sí es la novedad de la situación vivida el pasado 24 de mayo y que volverá a repetirse en días sucesivos; y ése es asimismo el debate que se ha intentado evitar año tras año con desalentador éxito, manteniendo de este modo vigente una situación a todas luces insostenible que ya no admiten siquiera las cofradías que procesionan en Semana Santa.
Nadie resulta ajeno a las negativas, injustas e innobles consecuencias de este estado de cosas. Ni siquiera organizaciones que, desde su origen, tienen una estructura mixta, pero que no han vacilado en firmar protocolos y acuerdos con el Gran Oriente asumiendo la discriminación para sus propios miembros que, si son hombres, pueden afiliarse también a la obediencia de Voltaire, pero no si se trata de mujeres.
Me viene ahora a la memoria el ejemplo de la Logia Joaquín Delgado, en las proximidades de Lyon, que hace poco más de una decena de años daba ya el arriesgado paso de saltarse a la torera la tradición de más de dos siglos de segregación sexual iniciando a una mujer. La sanción más dura cayó sobre ella y Joaquín Delgado fue ejecutado por segunda vez, esta ocasión en la divina Francia, y no estrangulado por el garrote vil del franquismo, sino por el aplastamiento del taller que llevaba su nombre provocado por la maquinaria de la burocracia coercitiva. Lex dura sed lex.
Por tanto, nada nuevo bajo el sol en el hecho de iniciar mismo como decía, pero sí en los modos y las circunstancias.
En los modos porque algo ha variado en el procedimiento administrativo seguido hasta la fecha y porque ya no se habla de otra cosa que de dar cumplimiento a lo que prescriben las leyes de la organización, que en ningún caso prohiben la pertenencia de las mujeres a una logia. Por primera vez quizá, desde que Frédéric Desmons hiciera en el siglo XIX los primeros alegatos en favor del legítimo derecho de pertenencia al Gran Oriente de Francia de todos los seres humanos, asistimos a un movimiento que convulsiona la estructura misma de la Obediencia ¿Será imparable?.
También las circunstancias han cambiado. El debate ha evolucionado hasta el punto de que lo que era una posición cerrada partidaria de transformar a la organización en bloque, ha evolucionado hacia una reivindicación de la Libertad de cada Logia para actuar de acuerdo con su soberanía, respetando el principio de unidad de acción pero resistiéndose abiertamente a que tal unidad sea confundida interesadamente con la uniformidad, que se vería rota si hombres y mujeres tuvieran el mismo e idéntico derecho de pertenencia a la organización.
Asisto con mucha preocupación a lo que está sucediendo. Nunca he compartido las políticas de hechos consumados cuando existen otras vías para lograr el éxito. Soy un defensor del diálogo, de mantener una infinita posición sedente hasta alcanzar un acuerdo; de expresar respeto hacia quien tiene una posición diferente. Y lo cierto es que en el caso presente hay algo amargo que me va invadiendo poco a poco y que no es otra cosa que el temor al fracaso, alimentado por la prisa y engordado por la radicalización de las posturas de todos. Nada hay más ajeno en teoría a la francmasonería que la cerrazón ni tampoco nada más habitual en la práctica.
Como digo siempre, tiempo, paciencia y ya veremos.