viernes, agosto 29

Tiempo de silencio


Algo tengo que escribir antes de marcharme a Lyon.
Quedan ya pocos días para emprender el viaje y observo que el proyecto de desplazamiento me ha sorprendido en medio de un tiempo de silencio. La sensación se ha agudizado más si cabe cuando observo que un querido lector ha entrado en este pequeño rincón para decirnos que Teruel también existe y que allí se lo está pasando en grande.
Así las cosas y yo, en cambio, sin decir nada.
¿Y por qué no digo nada?

Creo que la imagen es suficientemente clara para despertar un sentimiento de cristiana piedad entre los que siguen este espacio, que a buen seguro sabrán disculpar mis calladas respuestas al imaginar que todo eso y mucho más ha pasado por mis manos estos días mientras mudo de lugar de trabajo.

Recuerdo aquí el final de "Vida del Buscón": No muda de vida el que muda de lugar sino el que muda de costumbre, decía Quevedo. Quede entonces bien claro que no es mi intención mudar la sencillez de mi existencia ni la tranquilidad de mis costumbres; tan sólo encontrarme en un despacho en el que las ventanas permitan dejar que pase la luz de sol. Eso bien vale unos días de silencio antes de irme a Lyon, hogar de la mejor cocina francesa y sede de la Asamblea Anual del Gran Oriente de Francia.

martes, agosto 19

Olimpiadas



No, no voy a expresar mi opinión ni sobre Li Nin volando por los aires el día de la inauguración, ni sobre el timo de la chinita cantora, ni sobre el retoque televisivo hecho a los fuegos de artificio... No voy a hablar de medallas, ni de contratos publicitarios. Me importa más bien poco todo eso.
Sólamente una pequeña sonrisa a compartir aprovechando mejor que los rusos tan magno evento internacional...

lunes, agosto 18

Como en los viejos tiempos



No hace todavía mucho tiempo que en el ciclo de Cine y Desventaja Intelectual que ha organizado estos últimos años la Asociación gijonesa Arbolar, se proyectaba la película Amén, de Costa Gavras.
La historia relatada es más o menos conocida: La peripecia vital de un químico experto en la utilización agentes para desinfectar y desinsectar y que, sin saberlo él, acabará pariendo el Ziklon B que se empleará en las fatídicas duchas-cámaras de gas sobre seres humanos.
En su momento seleccionamos la película para su proyección porque resultaba interesante ver cómo siempre se reproduce el modelo del abuso sobre los más débiles: Los nazis comenzaron a liquidar, valiéndose de furgones en los que se introducía el gas de la combustión del motor -método lentísimo-, a las personas afectadas por desventaja intelectual. Supongo que la idea de la raza aria no admitía desviaciones ni excepciones en su formulación conceptual.
La película tuvo un cartel polémico en su día: Una cruz gamada combinada con una cruz cristiana. El título, el cartel, describen la otra parte fundamental de la línea argumental de la obra de Gavras. Sí, se trata del silencio de la Iglesia católica, cuando no de la bendición explícita, mientras el fascismo avanzaba en Europa devorándolo todo. Se trata del silencio ante el holocausto.
Todo esto viene a cuento por lo que acaba de suceder en la ciudad de Parma, ubicada en ese país cada vez más seguro, tan seguro como una pequeña grillera de plástico de colores:
Una prostituta nigeriana ha aparecido ante los medios de comunicación tirada en el suelo, sucia, desarrapada, cubierta con un minúsculo tanga y en una actitud no muy propia de un continente que tiene a gala haber sido la cuna de la Declaración de los Derechos del Hombre -nosotros diremos de la persona-, o de un país que tuvo por libertador nada menos que a Garibaldi. Es el mismo país en el que el Presidente de su Gobierno ha ordenado cubrir la teta de una señora que aparecía en una pintura clásica utilizada como fondo en las ruedas de prensa del sujeto en cuestión y que, según parece, daba mal en cámara. Sí, es el mismo país pero Garibaldi se ha muerto hace muchos años.
Es cierto que ha habido un gran escándalo. Tan cierto como que últimamente en Italia no ganan ya para algaradas y salen casi a una diaria a cuenta de lo que el nuevo Duce quiere hacer con los inmigrantes -y con las impúdicas tetas que se salen de los cuadros-.
Para mi sorpresa, ante la crudeza de la imagen que aquí reproducimos, una publicación católica cuyo nombre es el de "Famiglia Cristiana", denunció la situación que vive Italia, sumándose a la conmoción general y atreviéndose incluso en su editorial a plantear si nos encontrábamos ante una nueva edición del fascismo...
El Vaticano se ha apresurado a poner los puntos sobre las íes y a recordar que la publicación no recoge en modo alguno el parecer de la confesión religiosa en cuestión:"...No tiene título para expresar ni la línea de la Santa Sede ni la de la Conferencia Episcopal Italiana". "...Famiglia Cristiana es una publicación importante de la realidad católica, pero sus posiciones son exclusivamente responsabilidad de su dirección". Y no ha dicho nada más. Como en los viejos tiempos un largo y tupido silencio debe recorrer los marmóreos pasillos por los que anduvo Pio XII, el Papa "neutral" que dijo demasiadas veces amen.

domingo, agosto 10

Homenaje a Jovellanos


De nuevo en la plaza del seis de Agosto de Gijón tras un largo paréntesis; un miércoles lleno de sol y con la banda municipal ensayando machaconamente la fanfarria dedicada a Jovellanos y que ejecutan todos los años. El recinto está acordonado para separar por una parte a las autoridades y por otra para intentar, sin mucho éxito, colocar en fila india a los representantes de las asociaciones e instituciones que van a llevarle a la imponente estatua un ramo de flores o, como es nuestro caso -el caso de mi Logia- una corona de laurel.
Suena la música. Allí está Paz Fernández Felgueroso, alcaldesa de Gijón, acompañada de Aína Calvo, alcaldesa a su vez de Palma de Mallorca. A primera vista sorprende esta abundancia de regidoras, pero tiene su explicación: Jovellanos se pasó unos cuantos años encerrado en el Castillo de Bellver por orden de la autoridad gubernativa competente. Ahora se cumplía el doscientos aniversario de su excarcelación.
Veo aparecer por la explanada, además de algún miembro de mi taller, a Jorge Fernández León, que depositará luego una corona enorme en nombre del Gobierno del Principado; y también a Antonio Trevín, el Prefecto o, como decimos aquí, el Delegado del Gobierno de la Nación. También Carmen Veiga, que dirige el teatro que lleva el nombre del ilustrado gijonés, anda por allí, atenta a dónde se tiene que colocar y ubicando al tiempo el ramo de flores que depositará.
Habla Paz, que ejerce de anfitriona, y cede enseguida la plaza a la compañera mallorquina quien lee un discurso en el que, a las pocas palabras, menciona la divisa "libertad, igualdad, fratenidad". La sonrisa es inevitable. Aparece también en su texto el catalán, el catalán-mallorquín: Jovellanos no lo rechazó durante su encierro y aprendió a comunicarse utilizándolo seguramente mucho más allá de la intimidad.
Veo también a Cuca Alonso, que escribe en la Nueva España o en El Comercio -no lo recuerdo-, y que al final de la ceremonia, cuando me ve con banda, compás y escuadra, escapa casi despavorida. Y allí están también Luis Crego y Pedro Muñiz, los concejales populares elegidos por los gijoneses para no ocuparse de Gijón, según sus últimas convesaciones privadas: Todo un ejemplo de lo que no es el espíritu jovellanista.
Además, entre las autoridades competentes diviso a tres personas uniformadas. Uno, de la policía nacional. Otro de la marina; seguramente porque en Gijón todavía hay una Comandancia Marítima. Y un tercero, de verde, con un gran tricornio y frondoso bigote; seguramente porque en Gijón todavía hay una Comandancia de la Guardia Civil. No puedo evitar cierta sensación de felicidad cuando los que representamos en ese momento a la Logia desfilamos con una música de fondo, suave, casi atercipelada, pasando con nuestras elegantes bandas azules de masones "comme il faut" ante los miembros de las fuerzas y cuerpos de de seguridad del Estado.
Al final va a resultar que alguno de los sueños de Jovellanos se hizo carne; y que esta España nuestra ha cambiado mucho.

lunes, agosto 4

Una historia de los Estados Unidos

Alguien que me aprovisiona de municiones muy efectivas me ha enviado esta pequeña joya que, a lo mejor, alguno ya ha visto. Determinadas personas pongan atención cuando hablen de una mujer y de un autobús...¡Y lo digo sin acritud!

Eutanasia, Iglesia, Libertad


Hoy por la mañana pude leer con verdadero placer el artículo que transcribo a continuación, dedicado al doctor Luis Montes, y firmado por Salvador Paniker, escritor, filósofo y presidente de la "Asociación Derecho a Morir Dignamente".
Me gusta cómo está escrito el texto. Y me agrada el contenido, desgranando argumentos en vez de dogmas, para hacer al tiempo una necesaria y útil exhibición de respeto.
Creo que es saludable para todos poder encontrar piezas de esta calidad -a mí así me lo parece- y poder disfrutarlas.
Confío en que mis gustos sean también los vuestros.
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Eutanasia, Iglesia, Libertad

Al doctor Luis Montes

No creo que la aprobación de una ley de eutanasia voluntaria, similar a las que ya rigen en Holanda, Bélgica o Luxemburgo, hiciera perder las próximas elecciones generales al Partido Socialista. Al contrario. Un 80% de los españoles, según una reciente encuesta de Metroscopia, está a favor del derecho a la eutanasia activa para los enfermos incurables. Lo cual significa que si todos los partidos políticos permitieran que sus diputados votaran en este tema con libertad de conciencia, la mayoría sería aplastante.

Conviene insistir en algo muy obvio: la eutanasia voluntaria es un derecho humano, un derecho humano de la primera generación de derechos humanos, un derecho de libertad. Es un derecho, no un deber. Pero ya se sabe que el Gobierno socialista no quiere multiplicar sus frentes de batalla con la Iglesia católica. Y ahí es donde pueden ser útiles algunas consideraciones. En primer lugar, conviene recordar que buena parte de los católicos está a favor del derecho a la eutanasia y en contra de las consignas del Vaticano. Como en tantas otras cuestiones (piénsese en el tema del control de la natalidad, sin ir más lejos). En segundo lugar, cabe preguntar: ¿por qué la Iglesia católica -al menos la oficial- se opone tan ferozmente a la eutanasia? La respuesta parece clara: porque si se generaliza la práctica de la eutanasia voluntaria, si se desdramatiza el acto de morir, la Iglesia pierde poder. La Iglesia siempre ha fomentado una teología del terror a la muerte, reservándose para ella el control de las postrimerías. En consecuencia, la Iglesia tolera mal la secularización desdramatizada del morir que supone la eutanasia. (Probablemente, los hombres de la Iglesia "proyectan" su propio terror a la muerte y tratan de exorcizar su ansiedad -y en el fondo su increencia- aferrándose fanáticamente a la doctrina oficial. Las verdades absolutas "protegen").

Añadamos, de pasada, que la Iglesia siempre ha sido prisionera de su pretendido monopolio teológico de la verdad, lo cual la ha conducido a inmiscuirse en cuestiones que no le competen. Así, por ejemplo, ya san Ambrosio, en el siglo IV, se oponía a los preceptos de la medicina por ser contrarios a la "ciencia celestial" y al poder de la plegaria. Lo mismo pensaba, siglos más tarde, el arrebatado san Bernardo de Claraval. Y hasta el siglo XVI estuvo condenada por la autoridad eclesiástica la disección de cadáveres y el estudio de la anatomía. Y ya a finales del siglo XVIII, el magisterio de las iglesias cristianas se opuso a la vacuna antivariólica porque entendía que la viruela era un castigo divino, y el hombre no debía sustraerse a ese castigo. (Con la misma lógica se prohibió desviar elcurso de los ríos porque ello significaba "corregir la obra de Dios"). Y en el XIX las mismas iglesias se opusieron a la utilización de la anestesia en los partos. Y actualmente se oponen a la investigación con células madre, a la planificación familiar, al uso del preservativo para combatir el sida, etcétera.

Y no olvidemos, claro está, que hasta hace cuatro días la Iglesia condenaba la libertad de conciencia, la libertad de enseñanza, la libertad de reunión, la democracia, el socialismo, el sindicalismo, el liberalismo y los derechos humanos. Lo de la lucha contra la eutanasia no es, por tanto, más que un nuevo episodio dentro de esta costumbre milenaria que tiene la Iglesia de intentar conservar su poder inmiscuyéndose en asuntos que no le incumben.

En España, la Ley General de Sanidad de 1986 (siendo ministro Ernest Lluch) reconoce ya los "derechos del enfermo" y preconiza la práctica del "consentimiento informado". (Esta normativa fue actualizada en noviembre de 2002 con una Ley de Autonomía del Paciente). Por otra parte, desde noviembre de l995, tenemos un nuevo Código Penal en el que de hecho se despenaliza la eutanasia pasiva y se rebajan sustancialmente las penas a quienes ayuden a morir a otra persona, por la petición expresa de ésta, en el caso de que la víctima sufriera una enfermedad grave que condujera necesariamente a su muerte, o que produjera "graves padecimientos permanentes y difíciles de soportar" (artículo 143).

Ahora bien, una nueva ley debería contemplar no sólo la despenalización de la eutanasia pasiva sino la de la activa. Y no sólo el caso de los enfermos terminales, sino también el de los crónicos. Recordemos que el más célebre y lúcido caso de defensa del derecho a la eutanasia fue en España el de un enfermo crónico y no terminal. Me refiero al tetrapléjico gallego Ramón Sampedro, de cuyo suicidio (médicamente no asistido) se cumplieron hace poco 10 años.

Ello es que la Ley de Autonomía del Paciente, conducida hasta su límite, aboca al derecho de cada persona a decidir libre y racionalmente cuando quiere terminar con su vida, se encuentre o no en situación de enfermedad terminal. No es un tema nuevo. Ya el viejo emperador Marco Aurelio escribió que "una de las funciones más nobles de la razón es la de saber cuándo ha llegado el momento de abandonar este mundo". Y Montaigne: "Cuanto más voluntaria la muerte, más bella". También en la famosa Utopía de Tomás Moro -un hombre, no se olvide, canonizado por la Iglesia católica- había un lugar para la eutanasia.

El caso es que conviene entender de una vez -en contra de las voces demagógicas que plantean la cuestión en blanco y negro- que, en las situaciones de eutanasia activa, la alternativa no es entre vida y muerte, sino entre dos clases de muerte: una rápida y dulce, y otra lenta y degradante. Por otra parte, allí donde hay transparencia informativa -casos de Bélgica y Holanda- es donde menos abusos se producen. No hay ninguna evidencia de que en Holanda hayan aumentado las eutanasias involuntarias; más bien al contrario. (De hecho, en Holanda está completamente protegida la vida: hay penas de hasta 12 años de cárcel para quien practique la eutanasia sin el consentimiento del enfermo). Lo que sí existe en Holanda es una total transparencia informativa y muchísimos más controles legales que en otros países -donde sí es habitual la eutanasia clandestina-.

Por todo lo expuesto, a uno le parece laudable que en el último congreso del PSOE se haya aprobado al fin un texto titulado Derecho a una muerte digna, en el que, aparte de recomendar los cuidados paliativos (bienvenidos sean), se propugna un debate sobre la regulación legal del "derecho de los pacientes afectados por determinadas enfermedades terminales o invalidantes a obtener ayuda para poner fin a su vida". (Subrayo lo de invalidantes porque deja la puerta abierta a los casos, antes mencionados, de enfermos crónicos). En fin, está claro, a mi juicio, que la sociedad española está madura para una ley de eutanasia voluntaria, y que la propia Iglesia católica no perdería nada reconsiderando sus presupuestos teológicos. La Iglesia debería comprender que oponerse a la eutanasia voluntaria equivale a estar en contra de la libertad y en favor de la tortura.

Salvador Pániker es filósofo y presidente de la Asociación Derecho a Morir Dignamente.

domingo, agosto 3

Homenaje a Jovellanos


El próximo día 6 de Agosto, en la plaza del mismo nombre, a las 11 de la mañana, la Logia Rosario Acuña participará en el homenaje ciudadano que Gijón rinde a uno de sus hijos más queridos: Gaspar Melchor de Jovellanos.

Representación del espíritu de la Ilustración y del Siglo de las Luces, Jovellanos encarnó quizá el más honesto de los empeños por lograr una España moderna frente al oscurantismo; vivió comprometido con la sociedad de su tiempo y con aquellas ideas triunfantes en la Europa que empezaba a romper con el absolutismo, lo que le costó la enemistad regia y de la Santa Inquisición, el destierro y la prisión.

Fue autor de la Ley Agraria; ejerció como magistrado, alcalde de la Villa y Corte y Ministro de Gracia y Justicia.

Siendo la figura más importante de la Ilustración española, defendió con ahinco el derecho de las mujeres a incorporarse en igualdad de condiciones que los hombres a las Sociedades de Amigos del País, primeros gérmenes en los que se asentó el liberalismo español, entendido en la acepción original del término.

Jovellanos fue leal a su país a pesar de que pocas veces fue bien tratado por sus gobernantes: renunció a formar parte del Gobierno de José Bonaparte y hubo de exiliarse. El regreso a la ciudad de Gijón que le vio nacer se produjo en plena Guerra de Independencia, un día 6 de agosto, siendo recibido con júbilo por una enorme multitud.

Asturias debe a Jovellanos los primeros estudios sobre la explotación carbonífera y de minerales, pues soñó la posibilidad de la industrialización del país un siglo antes de que se produjera; apostó por la creación de las vías de comunicación con la meseta castellana en una región históricamente aislada, y también por la creación del puerto de comercio para el fortalecimiento del tráfico marítimo en un lugar como Asturias, en el que apenas sí existía.

Asturias, Gijón, existen hoy como las conocemos merced al esfuerzo y sacrificio de generaciones de hombres y mujeres, trabajadores de todas las clases. Y también gracias a los sueños de Gaspar Melchor de Jovellanos.

Nada queda que permita sostener que Jovellanos fuera masón; ningún fondo documental ni tampoco sus minuciosos diarios apuntalan tal afirmación. Únicamente sus ideas, su ejemplo y el hecho de gozar de la amistad probada de reconocidos masones como Pablo de Olavide o el Conde de Aranda nos pueden llevar a admitir la posibilidad de una militancia. Considerémoslo aquí como uno de tantos masones sin mandil merecedores de nuestro respeto y recuerdo.
HONOR Y RECONOCIMIENTO.