miércoles, julio 28

Jovellanos y los toros

Sabiendo que hoy el Parlamento de Cataluña iba a tomar una decisión sobre la cuestión taurina, tenía pensado escribir algo sobre el particular; pero luego, en medio del calor y el insomnio nocturnos, medité y preferí aprovechar la ocasión para rendirle a mi modo un leve homenaje a otro gijonés, Gaspar Melchor de Jovellanos, quien ya hace algo más de doscientos años escribiera sobre el particular en términos muy similares a lo que se sigue escuchando hoy.
Así pensaba una de las figuras más relevantes de la Ilustración española con ocasión de la prohibición de este espectáculo por Carlos III:


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"...Así corrió la suerte de este espectáculo, más o menos asistido o celebrado según su aparato, y también según el gusto y genio de las provincias que le adoptaron, sin que los mayores aplausos bastasen a librarle de alguna censura eclesiástica, y menos de aquella con que la razón y la humanidad se reunieron para condenarle. Pero el clamor de sus censores, lejos de templar, irritó la afición de sus apasionados, y parecía empeñarlos más y más en sostenerle, cuando el celo ilustrado del piadoso Carlos III lo proscribió generalmente, con tanto consuelo de los buenos espíritus como sentimiento de los que juzgan las cosas por meras apariencias.

Es por cierto muy digno de admiración que este punto se haya presentado a la discusión como un problema difícil de resolver. La lucha de toros no ha sido jamás una diversión, ni cotidiana, ni muy frecuentada, ni de todos los pueblos de España, ni generalmente buscada y aplaudida. En muchas provincias no se conoció jamás; en otras se circunscribió a las capitales, y dondequiera que fueron celebrados lo fue solamente a largos periodos y concurriendo a verla el pueblo de las capitales y tal cual aldea circunvecina. Se puede, por tanto, calcular que de todo el pueblo de España, apenas la centésima parte habrá visto alguna vez este espectáculo. ¿Cómo, pues, se ha pretendido darle el título de diversión nacional?

Pero si tal quiere llamarse porque se conoce entre nosotros desde muy antiguo, porque siempre se ha concurrido a ella y celebrado con grande aplauso, porque ya no se conserva en otro país alguno de la culta Europa, ¿quién podrá negar esta gloria a los españoles que la apetezcan? Sin embargo, creer que el arrojo y destreza de una docena de hombres, criados desde su niñez en este oficio, familiarizados con sus riesgos y que al cabo perecen o salen estropeados de él, se puede presentar a la misma Europa como un argumento de valor y bizarría española, es un absurdo. Y sostener que en la proscripción de estas fiestas, que por otra parte puede producir grandes bienes políticos, hay el riesgo de que la nación sufra alguna pérdida real, ni en el orden moral ni en el civil, es ciertamente una ilusión, un delirio de la preocupación. Es, pues, claro que el Gobierno ha prohibido justamente este espectáculo y que cuando acabe de perfeccionar tan saludable designio, aboliendo las excepciones que aún se toleran, será muy acreedor a la estimación y a los elogios de los buenos y sensatos patricios."
Gaspar Melchor de Jovellanos, Memoria para el arreglo de la policía de los espectáculos y diversiones públicas, y sobre su origen en España.

5 comentarios:

Al Kaffir dijo...

Me prometí a mi mismo no volver a participar en este blog por la decantación que estaba tomando, pero como quiero expresar algo que ya me está empezando a escocer, como decía Don Mendo "Vine a desembuchar y desembucho" y a eso voy.
Sobre el tema de la llamada fiesta nacional mi sentimiento es de total "encogimiento de hombros", es decir me importa un bledo. Solo participé una vez viendo una corrida y, como niño que era, me aburrí solemnemente. La aparición del bombero torero me pareció un genial giro humorístico y el hecho de que una caterva de payasos se desvistiera para descubrir que se trataban de jóvenes señoritas ligeras de rojas fue un refrescante aluvión de testosterona a mis también jóvenes gónadas.
Fuera de esto, yo entiendo que hay gente que sienta una pasión, para mi extraña, por un drama que se representa, un poco de "prête a porter", en las plazas de toros donde la fuerza bruta de un animal se enfrenta a una técnica muy bien trabajada para salir bien librado. También entiendo que hay personas que ven en esto un acto de cerril crueldad cuando a un animal se le hace pasar las de Caín para la diversión y resarcimiento de una masa de aburridos en busca de sensaciones fuertes y el interés económico que a unos pocos interesa. Incluso entiendo que hay personas que vean en esto una colonización cultural española y lo quieran suprimir por una cuestión meramente política-ideológica como acto diferenciador, importándoles en realidad la vida del morlaco un huevo (de codorniz, que aun es menor).
Lo que encuentro grave es que se está utilizando la herramienta de la prohibición como un arma legítima para obtener diversos fines. Ya no importa que el ciudadano se cree su propio esquema de valores, no tiene importancia que se le informe y se cree un criterio al respecto de tal o cual cuestión. Ahora se busca imponer y en este caso rápido que llegan las elecciones. A nadie se le escapa la connotación política de lo ocurrido en Cataluña. La cuestión que a mí me conmueve es lo alegremente que todo el mundo ha aceptado la prohibición, no por lo que prohíbe sino por la prohibición en sí. En este caso ha satisfecho a ciertos grupos por un anhelo que tenían. Aceptamos prohibiciones con alegría, no queremos que la idea del otro perdure, se le aplasta y ya está. Ahora ha favorecido a unos en contra de otros y se ha legitimado como algo completamente normal. ¿Qué será lo siguiente que los “liberticidas” de turno se les ocurra, por intereses bastardos, aplicar tan útil herramienta? Eso es lo que me asusta y más aun cuando veo tanta afección a la causa. Solo quiero añadir una cosa mas:

“Primero vinieron por los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.
Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.
Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.
Luego vinieron por mí, pero para entonces ya no quedaba nadie que dijera nada.”

(Martin Niemöller 1892-1984)

Ahí lo dejo.

Ricardo Fernández dijo...

Hombre, yo no tenía idea de que Jovellanos pudiera ser un liberticida pero no puedo dejar de preguntarme ¿por qué ahora surge esta procupación por el liberticidio y no surgió en 1991, cuando sucedió algo similar en Canarias? ¿Porque no eran catalanes?

Julia Rosa Álvarez Fernández dijo...

Nunca imaginé que alguien como usted, Al Kaffir, no se opusiera de un modo radical a esta salvajada con la que el resto del mundo nos identifica a los españoles.
Cada año voy a la manifestación que se organiza en Gijón en contra de tal barbarie; y estoy feliz, me da igual que sea Cataluña la segunda en ese acto civilizado, ojalá Asturias sea la tercera, o Soria o Teruel... me es indiferente, lo importante es que de una vez por todas se acabe con esa terrible tradición.
Este año, como siempre, gritaré y llevaré una pancarta que ponga "La tortura no es arte ni es cultura".
Lamento, y no se imagina cuánto, que usted no piense igual, porque eso quiere decir que otras personas, tan cultas y sensibles como usted, ven esta salvajada como algo normal con lo que se puede convivir.

Al Kaffir dijo...

Veo que ya no leen y que se ha convertido en una cuestión de guerra de "bloques" donde el que dice "si, pero..." no tiene cabida. En fin...pues nada, disculpen si les he molestado y continuen con la celebración, espero que tengan razón y que la próxima prohibición no les toque a ustedes, pero me da que estamos criando una vívora.

Ricardo Fernández dijo...

A mí no me molesta en absoluto la discrepancia. Y más aun la suya, que me parece muy respetable. Las discrepancias que me ofenden cada vez más son las de las veletas, que únicamente surgen para poner peros a todo y con el sólo ánimo de ir por la vida de supuesto espíritu libre y rebelde. No es su caso. Con independencia de que en ocasiones diste mucho de estar de acuerdo con Ud., le tengo y le he tenido siempre un mucha estima.
Otra cosa diferente es que en el caso concreto le plantee una pregunta por la sencilla razón de que no entiendo por qué se ha armado la que se ha armado, a no ser que la única razón sea el que la medida la haya tomado un órgano legislativo catalán en vez de uno canario.