martes, junio 14

El parque del fotógrafo


Guardias de Asalto en La Escalerona. Muro de San Lorenzo, en Gijón. Octubre de 1934

En el capítulo de publicaciones interesantes que había leído la semana pasada figuraba ésta que transcribo ahora. Se trata de un artículo firmado por Héctor Blanco y Luis Miguel Piñera, que recientemente publicaba el diario La Nueva España. El texto hace justicia a Constantino Suárez, reconocido e injustamente olvidado fotógrafo gijonés, que hizo la revolución y la guerra con su cámara, y nos dejó un valioso testimonio de aquellos años de plomo a los que siguió luego la larga noche de piedra.
Con el ánimo de difundir el trabajo de los dos articulistas y honrar al tiempo la memoria de Constantino Suárez, reproduzco más abajo el texto del que hablamos, redactado con ocasión del homenaje que ha tributado la ciudad de Gijón a otro de sus ilustres hijos, cuyo nombre se ha dado a un nuevo parque en el barrio del Coto. Buena lectura, mejor recuerdo y mayor reconocimiento.

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Desde ayer los ciudadanos gijoneses pueden pasear, pueden descansar, pueden meditar en el parque del fotógrafo Constantino Suárez. En El Coto se encuentra ese espacio verde, muy cerca de donde estaba la cárcel del distrito. Desde ayer quedó ya, oficialmente, en el callejero local, el nombre de un gijonés ejemplar que no tuvo honores en vida.
Nació en el año 1899 y murió en 1983, y es justo que ahora se reconozca su labor como verdadero -como casi único- fotoperiodista de la Asturias de la década de 1920, durante la primera mitad de la de 1930 y, especialmente, de la zona republicana durante la Guerra Civil. Constantino Suárez murió en la más completa soledad, sin el reconocimiento que merecía. Autor de una amplísima obra que hoy se conserva en la fototeca del Muséu del Pueblu d'Asturies, fue a partir de 1937 uno de los numerosos vencidos en una ciudad, en un país, donde los que habían defendido la legalidad republicana eran «los malos»; encarcelados muchos (Constantino Suárez pasó años en la cárcel de El Coto), obligados a exiliarse otros, cuando no pasados por las armas tras unos simulacros de juicios.
Suárez sale por última vez de la prisión de El Coto en el año 1957 y debe ganarse la vida como fotógrafo «clandestino», ya que carecía del carné oficial de fotógrafo exigido para trabajar, al haberle sido retirado por las autoridades franquistas como represalia. Sin embargo, fue incrementando su obra fotográfica con imágenes que son, como las que realizó en las décadas anteriores, un ejemplo de memoria colectiva, de compromiso, de amor hacia Asturias y hacia Gijón, y reflejando a ciudadanos que dan la cara. Como siempre hizo Suárez.
Dos factores determinaron la vida profesional y personal de Constantino Suárez: ser un pionero y ser un perdedor. Ninguno de ellos puede olvidarse hoy para entender plenamente su figura.
Profesionalmente, su actividad como fotógrafo tuvo en su momento gran repercusión mediática, siendo un imprescindible en la prensa local gijonesa desde comienzo de los años veinte hasta 1937, y también una presencia anónima pero constante durante las décadas posteriores en las que, sin tan siquiera citar su nombre, sus fotografías fueron continuamente reutilizadas sin su permiso.
Este último factor fue la muestra más evidente de lo que Suárez vivió a partir del 21 de octubre de 1937: el ostracismo personal y profesional más absoluto, incluyendo el expolio de sus derechos de autor, todo ello sin ninguna justificación legal ya que sus únicos «delitos» fueron haber sido un profesional visionario, trabajador y comprometido. Pero mostrar públicamente la realidad de la guerra, especialmente entre la población civil, fue imperdonable para el régimen franquista.
No puede extrañar que los últimos años de Constantino Suárez fuesen esencialmente descorazonadores: solo, presenciando una transición que obviaba la vuelta de la República que él había esperado durante cuarenta años, sumido en la pobreza y en el olvido. Pero ni en esas circunstancias el fotógrafo perdió su dignidad profesional, y así reclamó en vano sus derechos a la par que salvaguardó a toda costa su archivo fotográfico.
Posiblemente nunca sepamos los avatares que corrió la colección de Constantino Suárez para sobrevivir durante más de dos décadas mientras él fue detenido y encarcelado, mientras su casa fue saqueada, mientras su nombre fue obviado en los pies de foto. ¿Dónde se ocultaron aquellas cajas de cartón con casi diez mil negativos?, ¿quién lo ayudó? Son interrogantes que envuelven un auténtico milagro, culminado con su adquisición por el Ayuntamiento de Gijón en 1993, gracias al cual hoy podemos ver gran parte del pasado más significativo de Gijón y de Asturias durante el siglo XX.
Por ello, son justos tanto el reconocimiento como el agradecimiento público, traducidos en la pervivencia de su nombre en un hermoso espacio verde y abierto, muy próximo a ese lugar -gris y cerrado, la desaparecida prisión de El Coto- donde vivió algunos de los peores días de su vida.
La Asociación Profesional de Fotoperiodistas Asturianos, APFA, tiene mucho que ver con este homenaje. Bien lo entienden estos fotógrafos del siglo XXI: Suárez no fue sólo un fotógrafo local, es un fotógrafo global, universal; a la vez testigo y protagonista de su tiempo.

Héctor Blanco y Luis Miguel Piñera. Publicado en el diario La Nueva España el viernes, 10 de junio de 2011

domingo, junio 12

Luis Montes regresa a Asturias


*Luis Montes ayer, dirigiéndose al público en la sede del Ateneo Obrero de Gijón

Ha debido de ser un fin de semana agitado para Luis Montes: El jueves en las Escuelas Dorado de Sama de Langreo, participando en una charla organizada por el Colectivo de Mujeres Les Filanderes; el viernes en Avilés, hablando en la Casa de Cultura en un acto organizado por Izquierda Unida; y ayer en Gijón, en la sede del Ateneo Obrero, que le invitó a hablar de la muerte digna. Recuerdo que el año pasado fueron varias las logias españolas del Gran Oriente de Francia las que contaron con su ayuda para celebrar diversos actos, cuya finalidad fue contribuir a hacer cada vez más fuerte en nuestra sociedad el discurso que promueve la libertad de conciencia. Empezamos en Asturias gracias a la ayuda de una mujer que milita activamente en una Logia de Derecho Humano; siguió luego la iniciativa en Alicante, bajo el impulso de una Logia activa como es Constante Alona; y finalizó esta fase del proceso en Gran Canaria, hace ahora justo un año, con los Debates Ciudadanos promovidos por la Logia Luz Atlántica. Ahora, constituida la federación asturiana de la asociación Derecho a Morir Dignamente, Luis Montes ha venido de nuevo a nuestra casa para hacer oir su voz serena.
Ayer, mientras le escuchaba en Gijón, pensaba en lo que tenemos por delante: Al igual que sucede con todos los conceptos que se estructuran en torno al término "laicismo", sobre la "muerte digna" percibo que se cierne un manto de confusión terminológica que, probablemente, habrá de ser uno de los primeros obstáculos a despejar, insistiendo machacónamente en qué cosa son unas instrucciones previas y qué cosa es una despenalización de determinadas prácticas que integran este complejo nudo gordiano.
Creo que con un enorme acierto, casi al final de la charla salía a la palestra cuál ha de ser el objeto de nuestro esfuerzo: Lograr la derogación del apartado cuarto del artículo 143 del Código Penal vigente, aquel que castiga con menor severidad -pero que castiga al fin y al cabo- lo que llamamos "eutanasia activa" y "suicidio asistido". Ése y no otro es el caballo de batalla.
Con un panorama cada vez más difícil, donde junto a un discurso político reaccionario se filtra el olor a incienso, la concepción dogmática del "derecho a la vida" defendida por la jerarquía de una determinada confesión religiosa se impondrá a corto plazo. A mi modo de ver, para llegar a este estado de cosas ha sido imprescindible el concurso de quienes no se han atrevido a dar un paso necesario y se han quedado a medio gas. Recuerdo que para Bernat Soria, ex ministro de sanidad, la sociedad española estaba suficientemente madura para abordar el debate sobre la eutanasia. Quizá quien no lo estaba era el partido político que ha sustentando al Gobierno en los últimos ocho años. O quizá simplemente no se quiso abrir un nuevo frente, habida cuenta del amodorramiento general. Sea como fuere la oportunidad y el tiempo se han perdido y el futuro inmediato dista mucho de ser incierto: Tengo la convicción de que la tarea va a ser considerable y -no puedo evitarlo- me viene a la cabeza aquella serie de mis domingos adolescentes, donde una mujer que empuñaba un bastón decía aquello de "...La fama cuesta, y aquí es donde vais a empezar a pagar..."
Durante estos días la prensa asturiana se ha hecho eco de la visita de este buen amigo. Dejo a los lectores los dos enlaces que he localizado, uno correspondiente a la entrevista que le ha hecho el diario El Comercio, y otro relativo a la que ha realizado La Voz de Asturias.
Como siempre, buena lectura y muy feliz domingo.

*La fotografía que ilustra el texto ha sido tomada por el autor del blog.

viernes, junio 10

Días después: Olivia Chaumont en Asturias

Ha pasado ya el fin de semana. De hecho con el correr de los días queda un poco lejos. Un final de semana que comenzaba quizá anticipadamente el pasado jueves. Olivia Chaumont llegaba a Asturias para intervenir en los Debates Ciudadanos de la Logia Rosario Acuña, que este año estrenaban su segunda edición.
Hoy voy escribiendo esta nota en el tren, camino del Juzgado donde participaré en el interrogatorio de dos testigos. No he podido teclear absolutamente nada durante estos días, pero ello no ha impedido percibir el pálpito de un sentimiento de satisfacción que lo envuelve todo y que me ha llevado casi en volandas hasta aquí, a pesar de los vaivenes socio-laborales que me han amordazado los dedos.
Olivia Chaumont marcó un antes y un después en la historia del G.O.D.F. Hay y habrá quien no quiera verlo, pero cierto es que con anterioridad al mes de septiembre de 2010 se escuchaban algunas voces advirtiendo la inmediata aparición de una situación jurídicamente compleja. La solución humana al problema humano, según sus propias palabras, confirmó que, por fin, el bastión había hecho algo más que estremecerse.
Se ha escrito mucho sobre este tema. Quien sea curioso no tendrá dificultad a la hora de dar con información que le permitirá hacerse una idea bastante exacta del proceso que en su momento protagonizó Olivia Chaumont, diferente por completo del que afectó a aquellas famosas cinco logias contra las que se intentó todo pero que, pasado el tiempo, se sabe, actuaron en el estricto respeto de una reglas comunes a todo el Gran Oriente de Francia. En la misma búsqueda el lector también podrá padecer las embestidas de otros textos, más teñidos de resentimiento y vanidad que de otra cosa, apadrinados por algunas figuras que hicieron, además de la vida imposible a muchos, todo cuanto pudieron para que el tren descarrilara, quedando con el pie cambiado tras la votación de septiembre, intentando subir a lomos del caballo ganador muy, pero que muy a destiempo.
En el momento de escribir este apunte todo esto es historia pasada, aun a pesar de los coletazos que de vez en cuando se presienten y que son lógicos por otra parte en una organización que está a punto de celebrar su tercer centenario, pero que, al menos por el momento, no han impedido la consolidación de un nuevo estado de cosas. Tiempo al tiempo. El concurso del reloj de arena se hace como siempre necesario, y en lo que a mí respecta continuaré guardando silencio y recomendando general prudencia a quienes sí han comprendido que lo que es exigible no es negociable, ni admite dilación.
He aprendido mucho estos días y soy consciente de haber tenido la inmensa fortuna de compartir mis horas con una persona extraordinariamente valiente. El jueves pasado nos preguntábamos en un acto público qué quedaba por hacer para promover -como intentamos hacerlo para todos- una existencia feliz para las personas transexuales; fue inevitable que me acordara del mandato constitucional referido a los poderes públicos y a las condiciones que han de promover para el desarrollo de la personalidad de los ciudadanos. Mané Fernández, actual Coordinador de *XEGA , intentaba responder recordando lo que había costado llegar hasta aquí, advirtiendo de paso de los riesgos siempre presentes y que pueden amenazar la actual configuración de las libertades públicas. Por su parte, Olivia Chaumont repasó la situación francesa, donde la ejemplar república en la que todavía se cobijan las históricas vestiduras de los principios que sostienen nuestro modelo de democracia, no ha sabido dar respuesta a una demanda social, quizá por vivir desde hace tiempo adormilada con los vapores que emanan de esa "grandeur" de la que tanto habla De Gaulle en sus memorias.
Sí, días después de haber vivido un momento extraordinario escribo sobre él y pienso que he sido un privilegiado por muchas cosas: Quizá por haber conocido un fragmento de la obra Niemeyer guiado por los ojos de la arquitecta que ha transformado el centro de Saint Nazaire; quizá por haber compartido un retazo de mi existencia con una persona humilde que ha sido respetada por quienes seguimos su mismo camino, y que no ha querido ejercer otro papel que el que pueda corresponderle a cualquier francmasón o francmasona no sólo del Gran Oriente: la defensa y reivindicación de un humanismo, capaz de superar las lamentables distinciones que aun perduran en nuestra sociedad.

En lo que me toca a título personal, quisiera desde este blog dar las gracias, además de a Olivia, a Mané. Juntos, convirtieron en una realidad la idea que anidaba en la edición de los Debates Ciudadanos de este año. Quisiera recordar también a quienes, desde dentro y desde fuera, han arrimado el hombro haciendo posible la materialización del sueño.

*La fotografía que encabeza este texto ha sido realizada por XEGA. La del Centro Niemeyer por el autor de este blog.