martes, septiembre 27

Logia Rosario Acuña: Punto de partida

Composición de J.M.H. Reproducción autorizada por el autor.

Hace nada, cuatro días, la Logia a la que pertenezco reanudaba su andadura interrumpida por el paréntesis veraniego y vacacional. Es constumbre -y mecánica habitual de funcionamiento de los talleres masónicos- que en ese momento de reinicio de la actividad tomen posesión de sus cargos los miembros de la Logia elegidos para dirigirla. Para las personas ajenas a la masonería que leen este blog, se trata de algo muy similar a la incorporación a la junta directiva de una asociación de los nuevos cargos electos, si bien en nuestro caso, el acto en sí viene revestido de una serie de formalidades que son al tiempo una característica identitaria de la institución, y una muestra más del lazo que la une a sus orígenes, perdidos en los albores del siglo XVIII, reproduciendo una ceremonia heredada de quien nos precedió en el recorrido del mismo camino.

La página web de la Logia Rosario Acuña, dejando a un lado en esta ocasión el mero anuncio protocolario del inicio del año masónico, reproduce el discurso de instalación del que, en un lenguaje asequible para todo lector, deberíamos calificar como el presidente de la asociación. Se trata de una reflexión interesante y de cierto recorrido, en la que uno puede reencontrarse con algunos elementos que han sido el hilo intelectual que en esta materia -y también en otras- nos ha guiado a muchos, al poner el acento en los peligros que surgen de una cultura "cortoplacista" que premia el éxito y no el trabajo; en unos modos de hacer ajenos al pensamiento enunciado hace tanto por Kavafis en un célebre poema, esto es, modos que desprecian el "viaje" vital en sí y que sólo tienen ojos para la llegada a puerto; en un sistema convivencial que tiene pavor al fracaso y en el que, como consecuencia, los individuos que lo integran se instalan en dos comportamientos paralelos y nefastos: la inactividad (provocada por el miedo al fracaso mismo) y la crítica fácil, continuada, desmedida e improductiva con la que se disfraza la esclerosis propia.

Reproduzco aquí un discurso que me ha gustado como pocos, contando con la enorme fortuna de conocer a su autor y compartir desde hace muchos años buena parte del mismo germen intelectual, algo que me ha permitido reconocer sin mucha complicación los puntos clave fijados por unas palabras que, en mi modesta opinión, bien puede ser asimiladas como uno de esos pequeños textos fundamentales que sirven de punto de partida de una sólida reflexión, útil para quien la haga, ajena a todo exhibicionismo y exenta de reproches formulados a título gratuíto. Como siempre, muy buena lectura.

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Discurso de Instalación del V.·.M.·. de la R.·.L.·. Rosario de Acuña al Oriente de Gijón.

22 de septiembre de 6011.

Queridos Hermanos y Hermanas:

La sociedad actual se enfrenta a grandes amenazas y a grandes retos. Nos encontramos ante un momento histórico crítico, un momento salpicado de grandes riesgos para el mantenimiento del bienestar de nuestras sociedades. Probablemente no nos hemos enfrentado a retos similares desde el final de la segunda gran guerra.

Durante los últimos años hemos pensando que nos enfrentábamos a una gran crisis económica que provocaba unos efectos dramáticos en el estado de bienestar. Este planteamiento encerraba una visión cortoplacista al entender que era una contingencia puntual y limitada en el tiempo. En definitiva, era un momento de recesión económica que nos afectaría, pero teníamos la seguridad absoluta que llegaría un momento en que la economía volvería a crecer, y con ello nuestro nivel de vida se recuperaría.

Pero la economía no parece recuperarse… Y ya se oyen voces que apuntan a una nueva recesión. ¿Y si nos equivocamos en el análisis?¿Y si no nos estamos enfrentando a una crisis económica fuerte pero limitada temporalmente? ¿y si nos encontramos ante el fin de un determinado modelo económico? ¿y si nos encontramos ante el fracaso de un determinado modelo de desarrollo social?

Cuando observamos las respuestas que como sociedad hemos dado a la actual crisis observamos que se basan esencialmente en repetir las mismas fórmulas una y otra vez. Incluso en plantear las mismas medidas que fueron las causantes de la actual crisis. Buscamos las respuestas a los problemas en el modelo imperante, pero ¿y si nos encontramos ante el fracaso del modelo…? ¿Hallaremos en él las soluciones?

Quizás nos estemos encontrando ante una crisis que lo que refleja es algo más profundo que una simple recesión económica, una verdadera crisis de valores en nuestra sociedad.

Quizás hemos construido una sociedad donde el crecimiento económico, el PIB, en definitiva el poder económico, la riqueza y la capacidad adquisitiva se han transformado en los indicadores de desarrollo de una sociedad, y una medida indirecta del grado de bienestar de los ciudadanos. Y donde los valores de justicia social, de equidad en el reparto de los recursos, han sido progresivamente abandonados.

Quizás hemos construido una sociedad donde el valor en alza es querer tener cada vez más; una sociedad marcada por la búsqueda insaciable de más recursos y por el consumo irrefrenable como modelo de desarrollo; olvidándonos del desarrollo equilibrado de todas las sociedades e individuos que habitan el planeta y condenando con ello a naciones enteras a malvivir de los despojos que les arrojamos.

Quizás hemos construido una sociedad donde los valores imperantes tienen que ver con el individualismo egoísta, donde lo único importante es el "yo mismo"; y donde el otro no existe, o existe sólo en función de la capacidad que tiene para satisfacer nuestras propias necesidades y deseos. La importancia de la comunidad frente al individuo ha pasado a mejor vida y la solidaridad como elemento estabilizador de las sociedades también.

Quizás hemos construido una sociedad marcada por un modelo productivo que, en la loca carrera de buscar el enriquecimiento rápido ha adquirido como valores preponderantes la especulación sobre valores intangibles, y ha puesto el énfasis en el dinero como si fuese un “producto final” de nuestra sociedad; abandonando anteriores concepciones del mundo artesanal, donde el valor lo ostentaban los objetos que se elaboraban y fabricaban, las construcciones que se realizaban, en definitiva en objetos tangibles con valor intrínseco y no por lo que representan. En estas sociedades se valoraba la habilidad manual, las cosas bien acabadas, la calidad de los materiales, y el dinero era algo que facilitaba el intercambio mercantil, pero no era el objeto de producción en sí mismo.

Quizás hemos construido una sociedad donde sólo hay un objetivo legítimo, la consecución del éxito. Una sociedad que no tolera el fracaso. Una sociedad que no valora el caminar, el avanzar sino el llegar a la meta. Donde no valora como interesante el aprendizaje que adquirimos con el viaje vital, sino que lo único verdaderamente importante es la meta, el éxito. Esta fijación con el éxito ha generado como respuesta reactiva, el miedo al fracaso. Ese miedo al fracaso nos lleva a huir de la toma de decisiones por el miedo a equivocarnos, a preferir delegar la responsabilidad y dejar que otros tomen nuestras decisiones. Si no tomamos decisiones no podemos equivocarnos, y al no equivocarnos no podemos fracasar. Pero invadidos por ese miedo cedemos nuestra voluntad, y con ella nuestra libertad; y nos anclamos en el cómodo sillón de la crítica constante, así nos convertimos en espectadores de nuestra propia vida. Así hemos cedido nuestra voluntad a gobiernos y a mercados, que son los que toman nuestras decisiones.

Quizás hemos construido una sociedad marcada por la incansable búsqueda del placer inmediato; una sociedad marcada por la impaciencia y por la necesidad de disponer de estímulos que cambien continuamente. Una sociedad marcada por la continúa generación de necesidades, y consecuentemente la génesis de una insatisfacción permanente, para cuya resolución precisa la búsqueda de nuevos estímulos, generando un bucle eterno.

Quizás seamos una sociedad de consumo rápido, donde el tiempo no se disfruta sino que se pierde, una sociedad donde la serena reflexión no tiene cabida sino que la impulsividad es el modelo de reacción imperante.

Quizás nos encontramos ante una crisis cuya solución no es ahondar más en los valores que la han causado, sino construir una sociedad basada en otros valores.

Queridos hermanos y hermanas, creo que nos encontramos en un momento clave. La Masonería aspira a construir una sociedad donde los valores imperantes se basen en el reconocimiento de la sociedad, donde la comunidad sea lo importante y donde el bien general se imponga al individual. La Masonería pretende lograr una sociedad marcada por los principios de tolerancia mutua y del respeto a los otros desarrollando un clima de fraternidad universal. Una sociedad que reivindique la libertad y con ella la responsabilidad en la construcción de la propia vida y de la sociedad universal.

La Masonería pone el énfasis en lo que somos cada uno de nosotros y en nuestra mejora intelectual y moral; y no en lo que tenemos, o en lo que poseemos.

La reflexión propia y colectiva se configuran como herramientas necesarias en un momento donde debemos construir un nuevo modelo social, debemos huir de la reactividad impulsiva que nos invade en el mundo profano.

El diálogo sincero y honesto desde el respeto profundo a cualquier interlocutor se vislumbra como una herramienta esencial para crear un espacio público de entendimiento que pueda dar como resultado un sociedad tolerante, que respete a las minorías y mantenga el respeto a la igualdad y la libertad de los ciudadanos, alejándonos de sociedades basadas en dogmas excluyentes y estigmatizantes.

Queridos hermanos y hermanas es momento de seguir trabajando y de estar muy atentos a las amenazas que nos acechan, evitando traer al Taller la crispación, la intolerancia, la impulsividad irreflexiva, el individualismo alienante, y la comodidad de instalarnos en la crítica destructiva en lugar de aportar elementos a la construcción de la Logia sin miedo al fracaso sino con la ilusión de contribuir al proyecto colectivo.

Es el momento, en que debemos trasladar los valores e ideales masónicos al mundo profano ya que constituyen una herramienta útil para la construcción de un nuevo modelo social.

Queridos hermanos y hermanas es el momento de que cada uno de nosotros y nosotras reflexione desde la sinceridad con uno mismo, qué es lo que estamos haciendo para contribuir a construir no sólo nuestro Taller, sino esa sociedad tan deseada.

Intentando dar continuidad al trabajo masónico, y al igual que el Gran Maestro citó un párrafo de “La Montaña Mágica”, de Thomas Mann, en su discurso de instalación, yo deseo hacer lo mismo y citar de nuevo un fragmento de esa gran obra literaria y que espero nos invite a la reflexión… “El hombre no vive únicamente su vida personal como individuo, sino que también consciente o inconscientemente, participa de la de su época y de la de sus contemporáneos.”

Hermanos y hermanas construir un nuevo modelo social es una ardua tarea que no permite reposo. Debemos ser conscientes que la situación actual nos invita a participar, y creo que no podemos ni debemos eludir esa responsabilidad.

sábado, septiembre 24

Haciendo camino: Logia Tanit en Barcelona

Será el próximo 16 de octubre a las 11 de la mañana y en Barcelona. Un nuevo taller de la masonería adogmática de nuestro país verá la luz. En esta ocasión se trata de la Logia Tanit, adscrita a la Gran Logia Femenina de España, una de las cuatro Obediencias integradas en el Espacio Masónico Español junto con la Gran Logia Simbólica Española, Derecho Humano y el Gran Oriente de Francia.
Desde este blog quiero hacer llegar un especial saludo a las mujeres que, seguro que tras unos cuantos años de ilusión y trabajo, ponen en marcha un proyecto para el que también deseo lo mejor. Vaya pues desde aquí mi felicitación.

sábado, septiembre 17

1728

Con frecuencia hemos escrito o leído eso de que el Gran Oriente de Francia es la obediencia masónica más antigua de la Europa continental. Creo que este es un hecho indiscutido por el momento y en el que, es verdad, algunos ponemos cierto énfasis, al entender que en la perpetuación temporal puede hallarse una combinación interesante formada por la mera sucesión de acontecimientos vividos, la solidez probada a lo largo de los siglos, y la seriedad y solvencia de generaciones de masones que han hecho posible la continuidad de esta institución con su identidad específica. Debería entenderse a mi juicio y no obstante, que el mero transcurso del tiempo atribuye una nota característica del mismo modo que otras organizaciones, más modernas en lo que a su creación se refiere, tienen otros elementos distintivos que las definen; esto es, no creo que nadie haya pretendido nunca menospreciar o atribuirse un timbre de nobleza a costa de la mayor ancianidad de esta organización extendida ya por diversos países, pero que como todo el mundo sabe tiene sus raíces en Francia. Otra cosa muy distinta es que, frente a experiencias de origen y orientación inciertos, marcadas hasta el tuétano por el capricho y el personalismo, la proyección y permanencia en el tiempo puedan ayudar a discernir a quien tenga una puntual duda, entre lo que es un proyecto serio y lo que, sencillamente, es otra cosa.
Una de las dificultades de echar la vista atrás para encontrar el comienzo de algo en ese océano que es la "antigüedad", es que en ocasiones la información no es tan exacta como uno quisiera. Y no resulta extraño incluso encontrarse con catálogos de hipótesis formuladas por historiadores de reconocido prestigio unas veces, o aprendices de brujo otras. La cosa no es como para echarse las manos a la cabeza: Cada cual es muy libre de interpretar los textos como mejor le parezca y -qué se le va a hacer-, también lo es para ganarse la vida o halagar la propia vanidad como mejor entienda.
La aparición de la masonería en Francia es y ha sido objeto de estudio y discusión. Parece claro que no se trata de una creación autóctona sino más bien efecto de una importación que dataría de mediados del siglo XVII. Hay autores (1) que defienden una presencia más temprana, pero una de las tesis que se ha asentado con más fuerza hace referencia al séquito de Enriqueta de Francia, la viuda del Rey Carlos I decapitado por Oliver Cromwell, en el que había algún que otro noble estuardista, esto es, partidarios de la escocesa casa de los Estuardo y de la reimplantación de la monarquía en Inglaterra. Esta nobleza exiliada utilizaría el amparo de las logias masónicas para actuar con mayor seguridad en defensa de su causa, protegidos por el secreto de las miradas indiscretas de los ingleses, también afincados en Francia pero de partido contrario al escocista.
El Gran Oriente sí buscó ya en el siglo XVIII alguna raíz perdida en el tiempo, un primer germen que apuntara hacia su futura existencia. Gustave Bord (La francmasonería en Francia, páginas 489 a 491), y Pierre Chevalier (Los duques bajo la acacia, páginas 32 y 33) se hacen eco de un detalle que reproduce otro conocido autor, Paul Naudon, y que se refiere al reconocimiento por el Gran Oriente de Francia, el 13 de marzo de 1777, de una datación o fecha de creación de una primera logia "estuardista" en suelo francés el 25 de marzo de 1688 ¿Cómo surgió esta logia? Apareció, parece ser, en medio de los vaivenes provocados por los acontecimientos políticos que se sucedían en Inglaterra: el hijo del decapitado Rey, el futuro Carlos II de Inglaterra, creó en Saint Germain en Laye un regimiento que acabaría sus días incorporándose al ejército francés, tras batallar hasta la derrota definitiva del los Estuardo. Este regimiento, el Royal Irlandais o Brigada Irlandesa, sirvió de ecosistema ideal para la creación en su seno de una logia másonica sobre la que se conserva alguna información, inclusive la identidad de una buena parte de sus componentes; y aunque en principio careció de título distintivo parece que puede ser reconocida bajo el nombre de "Perfecta Igualdad".
El albor del siglo XVIII nos permite encontrarnos ya con una Gran Logia de Londres (constituida a modo de autoridad unificadora y "federación" de varias logias en 1717) y un supuesto primer taller de "inspiración" inglesa en Dunkerque, si bien este es un hecho sobre el que pesan muchos interrogantes(2). Lo que sí se constata es que en Francia convivirán finalmente esas dos corrientes, la estuardista o escocista, caracterizada por una expansión libre de las logias que inicialmente no tiene una estructura obediencial ni una cabeza visible; y la inglesa, sujeta a la recién nacida autoridad de Londres.


Charles Radclyffe, fundador de la primera logia parisina, Saint Thomas, en 1726. Gran maestro de la masonería francesa de 1736 a 1738 bajo las denominaciónes Gran Logia Provincial/Gran Logia de Francia (Primera). Composición de J.M.H. Reproducción autorizada por el autor.

Hay una fecha clave repetida por muchos historiadores franceses: el 12 de junio de 1726. Se trata del momento en que se produce la instalación en París de una logia "escocista" que toma el nombre de Saint Thomas, en honor a Thomas Becket, venerado por los partidarios de los Estuardo. En este taller tendrá un peso importante una figura histórica, Charles Radclyffe, futuro conde de Derwentwater y que tendrá un trágico final en Inglaterra, adonde intentará regresar a mediados del siglo XVIII defendiendo el católico partido de la casa de los Estuardo.
La logia fundada por Radclyffe, al igual que las de nuestros días, se verá sometida en poco tiempo a fuertes tensiones que provocarán una escisión. Parte del taller se escorará hacia la línea inglesa en 1729, pasando a ser conocido como "Au Louis d´Argent" (también Saint Thomas au Louis d´Argent), tomando el nombre del establecimiento hostelero de la "rue des Boucheries", en París, donde celebraban sus reuniones(3) . Éste será uno de los pocos talleres que antes de alcanzar la mitad del siglo XVIII reciba una Carta Patente de la Gran Logia de Londres, si bien, datos de este tipo no deben llevarnos a confusión: Coincide la opinión de un buen número de autores en entender que la existencia de una supuesta oposición ideológica entre ambas corrientes debe ser matizada; esta circunstancia es la que explica el desarrollo futuro de la masonería en Francia, donde surgirán talleres a partir de lo que conocemos como "enjambrado" (formación de una logia a partir del crecimiento natural de otra preexistente), o de nueva creación, como por ejemplo el de Burdeos (La Logia "Anglaise", que data de 1732), fundado por oficiales de la marina inglesa.
Numéricamente la expansión será rápida, asumiendo en este sentido la iniciativa las logias escocistas o estuardistas. El clima es propicio para ello: P. Naudon cita la necesidad de reaccionar frente a la atmósfera despótica del momento, las ansias de libertad y la curiosidad que despiertan Inglaterra y sus instituciones. Es este el caldo de cultivo que permitirá la aparición de lo que se conoce como Primera Gran Logia de Francia que dicho sea de paso es una estructura diferente a la Gran Logia de Francia actual, con una génesis muy distinta (creada en 1894), aunque haya quien remonte sus orígenes también a esta época.


Philippe, Duque de Whartoon, primer Gran Maestro de la masonería francesa, de 1728 a 1735

Es en este punto donde incorporamos a nuestro texto el año que le da el título: 1728
Hecho asumido por la generalidad de autores y obediencias masónicas francesas es que se considere 1728 como el año en que, por primera vez, las logias existentes en el país designen a su propio Gran Maestro. No será un francés, sino un noble estuardista temporalmente exiliado que previamente había estado a la cabeza de la Gran Logia de Londres: Philippe, el Duque de Wharton. A la referencia temporal se le atribuye en Francia una cierta importancia, hasta el punto de que, a título de ejemplo, el Gran Oriente de Francia la ha incorporado a su sello distintivo como punto de arranque de una masonería con cierta identidad propia, diferenciada de la inglesa; o que la actual Gran Logia de Francia, creada con su configuración actual en 1894, se considere heredera de las logias parisinas que dieron lugar a aquella Primera Gran Logia de la que ya hemos hablado.
Pero la historia de los orígenes sigue y se complica hasta el punto de que, casi paralelamente a la aparición de una cabeza visible y propia entre las logias estuardistas, los talleres vinculados a la línea inglesa solicitan a la Gran Logia de Londres autorización para la constitución formal de una estructura autónoma. Del otro lado del Canal de la Mancha nunca llega una respuesta, instalándose un relativo sentimiento de decepción entre los peticionarios. La consecuencia de esto será la lógica: "ingleses" y "escocistas", que habían convivido sin mayores problemas, terminarán entendiéndose plenamente y promoviendo un acercamiento que desembocará primero en la creación de la Gran Logia Provincial en 1736 (otra fecha fundamental en la configuración del panorama masónico francés), embrión de la primera Obediencia que existirá en Francia y a cuyo frente seguimos sin encontrar a un francés. Será Charles Radclyffe, el fundador de la primera logia estuardista parisina, quien asumirá la función de gran maestro en un año en el que además se produce otro acontecimiento trascendental del que no nos ocuparemos aquí: André-Michel de Ramsay comienza a redactar el famoso cuerpo doctrinal del escocismo, que aparecerá publicado en 1738. Será también en este año cuando una asamblea de masones integrados en la Gran Logia Provincial designe, por fin, a un gran maestro francés: el nombramiento recaerá sobre un Par de Francia, el Duque de Antin (Louis Pardaillan de Gondrin).
Un dato curioso a tomar en consideración es que, si bien las logias francesas cuentan con una cabeza visible en 1728, y una incipiente estructura obediencial en 1736, no será hasta 1756 que veamos utilizada de manera regular la denominación "Gran Logia de Francia". Hasta ese momento, para poner de relieve que no existía un voluntad de ruptura con la Gran Logia de Londres, la masonería francesa utilizará para referirse a su entramado organizativo expresiones tales como "Gran Logia de París", "Logias regulares de Francia", y una denominación tan curiosa como la de "Gran Logia inglesa de Francia". En Inglaterra, a pesar de todo, quedará cierto resquemor(4), porque la evolución posterior confirmará que ya nunca más volverán a ser ingleses o escoceses quienes dirijan la masonería francesa.
El Duque de Antin muere muy joven, en 1743. Otro noble le reemplazará. Nada menos que un nieto del Rey Luis XIV, Louis de Bourbon-Condé, Conde de Clermont. Su gestión será desastrosa, pues, a pesar de ser eclesiástico (era el responsable de alguna abadía tan conocida como la de Saint Germain des Prés), tiene intereses más mundanos y delega sus facultades de gestión en un administrador. En el listado de Grandes Maestros que utiliza el Gran Oriente de Francia aparece Chaillon de Jonville desempeñando ese puesto, pero antes que él algunos autores (5) apuntan a otros dos administradores, el banquero Baur, cesado en 1758 acusado de "tráfico de grados", y el profesor de danza Jacques Lacorne, que ejercerá como gerente hasta su muerte en 1762. El mal rumbo que toma la organización con una una dirección que apenas sí se ocupa de ella y una administración discutida, acabará apuntando a una escisión. El enfrentamiento esta vez se gestará entre los partidarios de Lacorne (que seguirán tras su desaparición a Chaillon de Jonville) y los de un venerable que se rebela, Martin Pény. Tras diversos avatares que incluyen la creación de una nueva y efímera Gran Logia y la complicación en el enfrentamiento de los organismos encargados de dispensar los "altos grados", los partidarios de Martin Pény son excluidos de los puestos de responsabilidad de la obediencia. Hay duda sobre el momento en que suceden los hechos (1765/1766), pero no sobre lo que sucede: la interrupción de unos trabajos masónicos por parte de los agraviados, con intervención de la policía incluida para garantizar la preservación del orden público, y la paralizacion de toda actividad masónica hasta el año 1771.


Luis Felipe de Orleans, llamado durante el período revolucionario Philippe Égalité. Primer Gran Maestro de la masonería francesa bajo la denominación Gran Oriente de Francia de 1771 a 1773. Composición de J.M.H. Reproducción autorizada por el autor.

Es en este año que se producirá el fallecimiento del Conde de Clermont; y será también en el mismo año que, valiéndose de la influencia de otro noble, el Duque de Luxemburgo (que repitiendo un esquema ya conocido asumirá el papel de administrador), quienes antiguamente se habían visto apartados de toda responsabilidad al frente de la Primera Gran Logia de Francia, logran que Louis Philippe, primo del Luis el Último, Duque de Chartres, futuro Duque de Orleans y Philippe Égalité, asuma la responsabilidad de la gran maestría a pesar de ignorarlo prácticamente todo sobre masonería. Será bajo su autoridad y la dirección efectiva asegurada por el Duque de Luxemburgo que se dé un impulso notable a la necesidad de reorganización de la Obediencia, anhelada por las logias de provincias frente a las parisinas. Así, los "excluidos" -una vez reintegrados- impulsarán la constitución de una comisión encargada de la reforma de la Orden, de la reorganización de los altos grados y de redactar un nuevo reglamento. El 24 de diciembre de 1772, siguiendo el cauce trazado, una asamblea declara disuelta la Gran Logia de Francia. Dentro del mismo proceso, el 5 de marzo de 1773 da comienzo una serie de asambleas, 19 en total, que se prolongarán hasta el 1 de septiembre de ese mismo año. Durante lo que podríamos definir como un acto de refundación se crea una nueva Obediencia, la Gran Logia Nacional de Francia (que no tiene nada que ver con la existente en la actualidad), pero finalmente, con la solemnidad que otorga reunir a los venerables de las logias del Reino de Francia, se adopta en el curso de una última asamblea celebrada el 22 de octubre de 1773, la decisión de darle a esta Obediencia el nombre de Gran Oriente de Francia, siendo su primer gran maestro el Duque de Orleans, que permanecerá en el cargo hasta el 6 de noviembre de 1793, fecha en la que lámina de la guillotina pondrá fin a su vida. Tras él, superado el Terror, llegará Alesandre Louis Roettiers de Montaleau (gran venerable), luego José Bonaparte, pero esa es ya otra historia muy distinta a la de la fundación.
En el proceso que conduce a la existencia del Gran Oriente de Francia se pueden constatar muchas fechas singulares. Resalta el año 1728. También la data de 1736. Y cómo no, 1773. Quien albergue mala fe o ignore la evolución de la Obediencia, puede interpretar mal o superficialmente la importancia de los detalles: 1728 es el año en el que la masonería francesa se dota de una cabeza visible, independiente de la estructura creada en Inglaterra en 1717: un estuardista refugiado en Francia que había dirigido la Gran Logia de Londres. 1736 es por otro lado, el año en el que las Logias francesas consiguen sentar las bases de una primera estructura obediencial que cristalizará dos años después, los que median entre la formación de la Gran Logia Provincial y la Primera Gran Logia de Francia. 1773 es el año de la refundación de la masonería francesa, donde culmina el proceso de transformación de la Primera Gran Logia de Francia ¿Por qué el Gran Oriente hace referencia a estas fechas? En primer lugar porque puede. En segundo lugar porque forman parte de su historia. Una historia que es la de una Obediencia que, en los años a los que nos venimos refiriendo, está en Francia plenamente identificada con "la masonería", pues las disensiones puntuales que puede haber se resuelven siempre con la aglutinación de fuerzas (por ejemplo en 1799). Es decir, nos referimos a un período de tiempo en el que masonería y Gran Oriente de Francia son expresiones sinónimas, razón por la que los diferentes hitos que se han sucedido en el tiempo hasta ese momento integran con carácter exclusivo su identidad.

* Los francmasones ante la historia. Berteloot
** La Cadena de Unión, junio de 1961, página 569, artículo de Bègue Clavel
*** Ver en el enlace el interesante artículo de Olivia Chaumont dedicado al patrimonio arquitectural masónico, y en el que recrea una de las reuniones de este establecimiento.
**** La edición de las Constituciones de Anderson de 1738, página 195, recoge la siguiente expresión referida a los masones franceses: "...ésos ingratos que olvidan que todo el esplendor del que disfrutan no viene de otro sitio sino de Inglaterra..."

***** Paul Naudon, página 39, "La francmasonería", Impresiones Universitarias de Francia.

viernes, septiembre 16

El Blog del Museo de la Francmasonería


Al abrir esta tarde el correo he visto una nota en la que se comunicaba la puesta en marcha del Blog del Museo de la Francmasonería. El espacio contiene ya un apunte de presentación hecho en el mes de julio, pero por lo que entiendo en el aviso, parece que va a tener ya una periodicidad continuada referida a la actividad del museo, ubicado en la sede histórica del Gran Oriente de Francia, en la planta baja del edificio de Cadet.
Recuerdo la primera visita que hice al museo hace muchos años: veinte, nada menos. Guardé la entrada como recuerdo y ejerce de marcapáginas en algún estante. El espacio que ocupaba lo que entonces se llamaba museo del G.O.D.F. no era exactamente el mismo que hoy, y las instalaciones eran ya viejas. No olvido una bandera republicana colocada sobre la puerta. Ni el sello de bronce de la gijonesa Logia Amigos de la Naturaleza y Humanidad, que vio la luz a mediados del siglo XIX.
Ahora todo ha cambiado. Hasta el nombre. Por lo que he visto en el sitio web, las instalaciones son muy modernas, recién estrenadas. Espacios diáfanos e iluminados para contemplar unas colecciones que son a un tiempo un tesoro y el testigo de nuestra historia, y que además no paran de crecer: El Museo de la Francmasonería, patrimonio público, realiza un trabajo incesante para la recuperación de un pasado y evitar su ruina. Todavía no hace muchos días, en Vichy, un buen amigo nos proponía la adivinanza de saber cuánto había costado una porcelana del siglo XVIII en la que se apreciaban las huellas de los pequeños accidentes que provoca el uso en forma de desconchones. Todos quedamos por debajo del precio real y boquiabiertos. Ni me atreví a tomar el plato entre las manos por miedo a que se cayera al suelo...
Hay que decir también que en torno al Museo se ha creado una asociación de amigos cuya finalidad es contribuir a la promoción y apoyar las actividades de la entidad. Participan en la adquisición y restauración de algunas piezas, así como en las labores de conservación que en algunos casos requieren cierta especialización; son soporte indispensable en el montaje de exposiciones; editan boletines informativos; e incluso cuentan con un fotógrafo profesional de cuyo trabajo nace uno de los mejores bancos de imágenes que conocemos en esta materia. La asociación dispone además de un equipo de veinte expertos que se encarga de las visitas guiadas a través de los Templos históricos que se conservan en Cadet y del propio museo.
Hay algunas informaciones de interés que pueden ser útiles para quien vaya a París y quiera conocer estas instalaciones a las que alguna prestigiosa guía -la Guía Acento- se refería todavía no hace mucho como "museos raros y curiosos":

Museo de la Francmasonería
Edificio el Gran Oriente de Francia
16, rue Cadet
75009, Paris

Metro: Cadet o Grands Boulevards
Información: 0033 145237409/ 0033145234397

Horario: De martes a viernes 10:00/12:30 14:00/18:00
Sábados 10:00/13:00 14:00/19:00

Entrada: 6€, reducida 4€

La visita guiada de grupos se hace previa reserva, los sábados, y tiene una duración de dos horas.

sábado, septiembre 10

El Gran Oriente de Francia retoma las cuestiones sociales


Guy Arcizet (aquí en septiembre de 2010) ha precisado que el Gran Oriente de Francia "seguramente no dirá por quién votar" en las elecciones presidenciales. Fotografía de: THIERRY ZOCCOLAN/AFP

El pasado día 2 de septiembre "Le Figaro" publicaba la entrevista que transcribo a continuación y cuya traducción me ha resultado un poco liosa. Su interés radica en que en un breve párrafo se recogen los cinco ejes sobre los que se centrará en los próximos años el trabajo del Gran Oriente de Francia. No es un enunciado novedoso. Pero sí permite confirmar que se ha pasado una determinada página de nuestro particular libro de historia, y que ello hace posible que los ojos vuelvan a posarse sobre la recta línea que dibuja el horizonte de nuestros días.

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Guy Arcizet fue reelegido el viernes pasado gran maestro de la primera obediencia masónica francesa.

La que ha resultado una cómoda reelección de Guy Arcizet, 68 años, como gran maestro del Gran Oriente de Francia en la noche del jueves al viernes, en Vichy, implica que la que es la primera obediencia masónica de origen francés recupera la calma, pero también que sus filas se aprietan ante la proximidad de los debates de la campaña presidencial.
"No vamos a perder nuestra posición y seguramente no diremos a quién votar", confirma a Figaro el gran maestro de esta obediencia considerada mayoritariamente de izquierdas. Pero "sí vamos a hacer un llamamiento a los republicanos, tanto de izquierda como de derecha, en pro de una verdadera filosofia política, sin transacciones".
Esta orientación ha permitido en cualquier caso el retorno de la tranquilidad a la obediencia. Sufrió serias turbulencias durante los últimos años a raíz del debate sobre la iniciación de las mujeres en las logias; pero también, de forma callada, a causa de la actitud a observar ante el actual gobierno de Francia.
Una relativa benevolencia hacia Nicolás Sarkozy costó el año pasado la reelección al gran maestro Pierre Lambicchi*, cuyo informe de gestión fue rechazado sin más. Por contra, el presentado por Guy Arcizet acaba de ser aprobado con un respaldo del 88% de los delegados. Este médico de familia ya jubiliado ha sido reelegido para un segundo mandato de un año de duración por 30 votos de los 35 posibles, emitidos por los miembros del consejo de la orden. Su "filosofía política" se desgrana en torno a las "cuestiones sociales", que además percibe vuelven a ocupar el corazón de las preocupaciones del Gran Oriente.
En una posición central se haya la defensa del laicismo. Una constante de la francmasonería. La cuestión provocó en mayo pasado un enfrentamiento con el cardenal André Vingt-Trois, presidente de la conferencia episcopal. El Gran Oriente atacó entonces y de manera pública la intervención de la Iglesia católica hecha en el momento en que el Parlamento revisaba la legislación existente en materia de bioética. "Hubo un cierto malentendido, precisa hoy Guy Arcizet, pues el laicismo promueve tanto la libertad de pensamiento como la de culto, las cuales hay que conservar y proteger". En este ámbito, el islam también se ve afectado. Se trató la cuestión el pasado viernes, en el convento de Vichy pues, explica el gran maestro, "no se puede encerrar esta religión dentro de una caricatura y convertirla en causa de todos los males de la sociedad. Por contra, hemos observarla de manera pacífica".
No obstante lo anterior, en junio, Guy Arcizet hizo adoptar una "Carta de valores" del Gran Oriente que "condena toda ingerencia religiosa en la gestión de los asuntos de Estado".
Junto a esta clásica vigilacia del laicismo, destacan otras cuatro prioridades. La pobreza: "Asistimos a un deterioro del clima social, remarca Guy Arcizet, pero nos cuentan que lo económico ha quitado todo protagonismo a lo político. Y entre tanto no se toman convenientemente en cuenta las dificultades que afrontan hombres y mujeres".
Otro tema, "la exclusión". Este médico de barriada ve como "vuelve a instalarse en el seno de la sociedad un clima de gran fragilidad para el ser humano". Invocando la "solidaridad", encuentra cuando menos sorprendente el reciente caso de los gitanos rumanos deportados en trenes, teniendo mucho miedo a los "efectos que pueda producir tanto la difusión como la exhibición de la situación, peligrosos para todos".
Tercera preocupación, "la juventud". Estarían en este momento, en su opinión, "excluidos del debate" o serían "únicamente escuchados cuando son violentos". La obediencia lanza la idea de crear "una renta de existencia joven", no para garantizar su "subsistencia, sino para darles medios que les permitan elegir, tomar sus propias decisiones".
Finalmente, "Europa". Guy Arcizet confirma que se han mantenido contactos con el Gran Oriente belga "para crear un grupo influyente al nivel de la comunidad europea y respecto a los valores democráticos". No se pierde de vista lo que hay de fondo: el espectro del "auge de los nacionalismos". En mayo pasado, el Gran Oriente hizo un llamamiento formal en contra del populismo. "Antes de que sea demasiado tarde."

*N.T.: La referencia del artículo en este punto es errónea. Siendo cierto que a Pierre Lambicchi se le reprochó cierto trato benevolente hacia la figura de N. Sarkozy y sus políticas, y siendo cierto igualmente que su informe de gestión fue rechazado, lo es igualmente que había agotado ya su mandato como miembro del Consejo de la Orde y que, en consecuencia, no podía presentarse a ninguna reelección.

jueves, septiembre 8

Vichy 2011: Punto y seguido


Qué fotografía ésta para encabezar una particular y personal reflexión "asamblearia" tan diferente a la del año pasado. Recuerdo que en el último convento, cuando cruzaba el puente sobre el Allier, enfoqué el objetivo de mi cámara sobre el letrero que anunciaba el comienzo de Vichy. Lo hice pensando en que aquel puente ubicado en una geografía muy precisa era por sí solo toda una metáfora que muchos lectores comprenderían. Sin embargo la imagen de este año creo que es la plasmación de una felicidad inmensa, consolidada. Pienso que también se entenderá.
He ido a Vichy armado de paciencia y prudencia, sabiendo además que ¡por fin! iba a poder ver los toros desde la barrera. No me he llevado ninguna decepción: El tiro por la culata o la alborotada reyerta que algunos anhelaban airear por esquinas y verdulerías blogeras, no tuvieron lugar. Más bien sucedió todo lo contrario. Que dios conserve pues la vista de tanto "desgarramantas" agorero.
Llega el momento de pasar página. El orgulloso estandarte ha de ser metáfora no sólo de la culminación feliz de una acción. También ha encarnar la necesidad de dejar que los viejos asuntos perezcan por sí solos y que otras preocupaciones se instalen en las miradas de quienes lo seguimos. Tenemos dónde escoger. Superada con éxito la cuestión mixta, femenina y masculina que ha inquietado la vida del Gran Oriente, son muchos los retos que llegan acompañados por el ruido de la que se nos viene encima. Ver se verá qué somos capaces de hacer. Por lo pronto quien escribe ha de confesar cierta inquietud sobre los derroteros del devenir ibérico, donde quizá aun no somos conscientes de que nuestro modelo ha de ser nuevo y diferente, y que reproducir las maneras aprendidas en otras casas no hace -y no dejará de hacer- sino convertirnos en inútiles. No es en todo caso éste el lugar para tratar la cuestión: Pergeñar y forjar el ideal futuro, vivir la masonería, son tareas que han de tener lugar única y exclusivamente en el seno de las logias.
Comienzo el nuevo ejercicio masónico especialmente ilusionado. De Vichy vuelven dentro de la maleta un buen número de proyectos. Quizá queden en nada o vean reducida su envergadura con el paso de los días. Quién sabe si nos agotaremos hasta perder las ganas de trabajar y todo el acúmulo de ideas naufraga antes de abandonar el puerto. Soy consciente de que nunca se ha de jugar a la prestidigitación pues no todo depende de nosotros. Ya lo dice el refrán: "Hubo quien más madrugó y dios no le ayudó". Pero creo que lo importante es no perder la ilusión. Durante estos años transcurridos esa llama se ha mantenido ahí, encendida, esperando que poco a poco todo encontrara su acomodo; esperando que tanto trabajo resultara finalmente útil y que lo que un día fue un sueño terminara haciéndose una verdad modesta y rotunda. La ilusión sigue ahí, en el mismo sitio, encendida ¡y compartida! Porque tengo muy claro que, al menos en esta vivencia, nunca una mano sola podrá alcanzar absolutamente nada.