sábado, noviembre 23

Yván Pozuelo en la Logia Rosario Acuña: La masonería en Asturias durante el período republicano

Yván Pozuelo Andrés durante su intervención en la Logia Rosario Acuña

Este último jueves la Logia Rosario Acuña abrió sus puertas a un ponente ajeno tanto al Gran Oriente de Francia como a la propia institución masónica. En este caso ajeno a lo que podríamos denominar "militancia", pero no a los conocimientos sobre la entidad, su historia y, especialmente,  al rastro dejado por ella en Asturias desde que apareciera por primera vez a mediados del siglo XIX en Gijón. Estoy haciendo referencia, claro está, a la celebración de una tenida blanca cerrada: Una reunión masónica en la que quien toma la palabra no es masón, a diferencia del público que lo escucha. En años pasados, bajo la simbólica bóveda celeste de nuestra sede de La Calzada, se ha escuchado la palabra de Rosario Fernández Hevia, de Paz Fernández Felgueroso, o de Luis Sepúlveda. En esta ocasión hemos tenido la inmensa fortuna de poder compartir un encuentro tan especial con el historiador gijonés Yván Pozuelo Andrés, quien nos habló de la situación y características de la Francmsonería en Asturias en el período comprendido entre la proclamación de la II República y la implantación del régimen dictatorial militar franquista. No dejaron de aflorar cuestiones sobre la eterna acusación conspiranoica que pesa sobre la Francmasonería, o de aparecer especiales menciones a personas dignas de recordar, tales como André Bousquet, subprefecto bretón que organizó la acogida -buena acogida- de los refugiados que desde el puerto del Musel abandonaron Asturias en octubre de 1937, caído ya el frente, dirigiéndose a un destino incierto; o el mierense Juan Pablo García Álvarez, miembro de la logia Jovellanos, entre otras, que dirigió el Tribunal Popular, y que aunó la condición de masón con la de convencido militante del Partido Socialista Obrero Español, hasta que fue expulsado del mismo por no quedarse en Gijón para dejarse matar y, en vez de ello, huir vía marítima en dirección a Francia; o Marcelino Aguirre Victorero, el hombre que fue capaz de guardar silencio en los interrogatorios a que le sometieron y que, anciano, con la salud quebrada, abandonó la cárcel para morir fiel al juramento masónico que había pronunciado.
Ya en otro momento anterior hicimos referencia en este blog al trabajo de Yván Pozuelo Andrés, razón por la que no vamos a reiterar lo ya dicho sobre las aportaciones de este entusiasta trabajador de la investigación histórica. Pero si manifestaba entonces, desde este mismo espacio, que había aprendido mucho leyendo su libro sobre la actividad de la masonería asturiana en el período republicano (La masonería en Asturias, 1931/1939, Universidad de Oviedo), en esta ocasión no puedo sino decir que hemos sido unos cuantos los que, hace un par de días, hemos tenido la suerte de compartir ese conocimiento. Se abre una etapa interesante y esto es algo a destacar.
Personalmente, tras haber conocido la amargura y el desengaño hace ya unos cuantos años en esta particular dimensión de la vivencia masónica -es cierto eso de que la historia se repite una y otra vez a lo largo del tiempo-, tengo que manifestar mi alegría al poder contar ahora con unas valiosas aportaciones construidas merced a un persistente y silencioso trabajo, y elaboradas además desde el rigor y la humildad. Creo que es de agradecer que, por fin, muchos dispongamos en Asturias de la herramienta del conocimiento de nuestro propio pasado sin tener que temer por la total dimensión de nuestra integridad.
En nombre de cuantos compartimos la jornada, muchas gracias, Yván.

sábado, noviembre 9

Logia Rosario Acuña: La puerta abierta

 El Marqués de Pombal, artífice de la reconstrucción de Lisboa, destacado protagonista de la Ilustración portuguesa

En el día de ayer, la Logia Rosario Acuña celebró una Tenida Blanca Abierta. Es la segunda que organiza en poco más de un año, y en esta ocasión el objeto de la intervención principal fue entablar un diálogo en torno a hechos históricos, o procesos diversos y contemporáneos en los que en diferente medida hubo -o hay- una intervención, bien de personas en las que concurre la cualidad de militar en la Francmasonería, bien de la propia organización masónica. Desde Montesquieu y su teoría política sobre la separación de poderes, que colaboró en el asentamiento de la primera organización masónica genuinamente propia de la Europa continental, pasando por los alegatos del doctor Guillotin en contra de la pena de muerte, hasta llegar a la conceptualización de la planificación familiar y la despenalización del aborto en la Francia de 1973, se hizo un recorrido a través del tiempo con el ánimo de ilustrar al público invitado y asistente, sobre la trascendencia de algunos pasos dados en la historia, huyendo tanto de la demonización masónica promovida por Barruel en el siglo XIX, como de la hagiografía institucional en que tantas veces se incurre, de modo consciente o no, por historiadores y comentaristas francmasones. Hubo tiempo para hablar de la reformulación del humanitarismo plasmada en la primera Convención de Ginebra de la mano de Henri Dunant; o de la institucionalización internaconal de las doctrinas pacifistas plasmada tanto en el experimento fallido que encarnó la Sociedad de Naciones como la actual Oganización de Naciones Unidas.
Cuestiones surgieron luego sobre los retos del futuro; la intervención de figuras como Ferrer i Guardia, Rosario Acuña o Giner de los Ríos en procesos de reforma educativa de nuestro país; la aportación de Clara Campomor al logro, por primera vez en España, del sufragio universal pleno; el discurso ideológico diferente que viene sosteniendo la Francmasonería (o mejor decir francmasonerías); o la reacción actual frente a la supremacía del poder financiero sobre el poder civil.
En lo que me toca, desde aquí quisiera dar las gracias a todos los que ayer llenaron los bancos de nuestra Logia. Días vendrán para continuar trabajando en la misma línea que venimos siguiendo, con el ánimo de dar a conocer la identidad real del compromiso que mantenemos y de nuestra Obediencia, el Gran Oriente de Francia.

viernes, noviembre 1

El Gran Oriente de Francia: 240 años de historia


En medio de un paisaje de crisis institucional severa, en el año 1772 se desencadenó un interesantísimo proceso en el seno de la Francmasonería francesa que culminó con una total reorganización y refundación de la institución en el país vecino. Fue un acontecimiento de capital importancia que marcó buena parte de la presencia de la entidad en el continente europeo. La reorganización y refundación se consolidaría en 1773 con la constitución del Gran Oriente de Francia, heredero directo e inmediato de la Primera Gran Logia de Francia, la primigenia estructura que floreció a partir de la semilla echada al viento por los exiliados estuardistas que habían cruzado el Canal de la Mancha casi cincuenta años antes.
El Gran Oriente de Francia va a conmemorar una fecha señalada: Sus 240 años de existencia. El tiempo pasa y la obligación de hacer memoria se reproduce y perpetúa, generación tras generación, al asomarse desde las alturas del tiempo y sentir el vértigo de la historia.
Bajo la presidencia del Gran Maestro, Daniel Keller, se desarrollará el próximo 28 de noviembre, en el histórico edificio de la "rue Cadet", un coloquio público que podremos seguir en directo a través del canal de televisión de la obediencia.
Entre las cuatro y las seis de la tarde el público podrá participar en diferentes talleres organizados en torno a tres temáticas diferenciadas y centradas en el marco temporal del siglo XVIII:
a) La Francmasonería y la geopolítica europea de la época.
b) La Francmasonería y la Ilustración.
c) La Francmasonería y sus corrientes rituales.
Las conclusiones de esos talleres se expondrán a continuación, en una conferencia pública cuya duración se prolongará hasta las nueve de la noche. Figuras de indiscutible relevancia en tanto que historiadores e investigadores de reconocidos pretigio, tales como Cécile Revauger, Daniel Kerjan, Roger Dachez o André Combes, tendrán la palabra para exponer su visión en torno a este acontecimiento histórico, el proceso de transformación experimentado por la Primera Gran Logia de Francia, o la evolución de la entidad en el período comprendido entre el final del Primer Imperio y la Liberación con la que se cerró el sangriento capítulo representado por la Segunda Guerra Mundial.
Les dejo con el apunte y con el cartel del evento, que me ha gustado especialmente: A modo casi de "marca de agua", el sello histórico del Gran Oriente de Francia, que ha experimentado muy pocas variaciones con el paso del tiempo (fundamentalmente los años en los que se ha datado, según lo avanzado por los historiadores, la constitución del propio GODF -1772/1773-, o bien la constitución de la primera organización masónica propiamente francesa, es decir, continental, y de la que surgirá el GODF en un proceso de transformación -1736/1728-); la figura que destaca con ese color rojo que tanto me recuerda al uniforme del "primer cónsul", es el Duque de Luxemburgo, Administrador General de la Obediencia entre los años 1771 y 1793, justo en medio del proceso de refundación de la masonería francesa, en un momento en el que el titular nominal de la más alta representación institucional es Luis Felipe de Orleans, Duque de Chartres, y que luego, durante el período revolucionario será conocido como "Philippe Égalité". Pero el final de esta historia vamos a dejarlo para otro día...