lunes, marzo 17

Una enseñanza masónica


Tomé la imagen que puede verse sobre estas líneas este fin de semana, dentro de una Logia francesa. Contiene una sentencia que condensa probablemente una de las enseñanzas más importantes que he recibido en mi vida. Supuestamente podría ser el epitafio de la tumba del maestro entre los maestros y dice así:

"Si quieres trabajar para lograr la felicidad de los hombre no los mires muy de cerca... y tápate los oídos."






jueves, marzo 13

Precisiones

Hace unos días publicaba en mi blog una nota referida a una supuesta carta patente objeto de cierta difusión en la red. Manifestaba entonces que la imagen en cuestión había sido reproducida en distintos blogs, en unos casos actuando sus titulares de buena fe y en otros no tanto. Señalaba de manera expresa que tal documento no era sino una falsificación.
Frente a lo anterior se han alzado algunas airadas voces que sostienen un parecer contrario y que se han sentido ofendidas y acusadas directamente de haber ejecutado materialmente tal manipulación. Cuánto lo lamento. No diré eso de excusatio non petita... pero sí, para mayor sosiego, que todavía no he entrado en quién ha hecho el corto y pego o el prodigio técnico (es más, en un primer momento, llegué a pensar que a Quillardet, conociendo lo riguroso que es, alguien le había "metido" el papel a la firma y se la había colado), sino únicamente en el hecho de una interesada e inexplicable promoción pública, llevada a cabo a sabiendas de que parte del material expuesto ha sido revocado por el Gran Oriente de Francia hace varios años, o de que hay "cosas" que son imposibles cuando no impresentables.
Decía yo a grandes rasgos que una supuesta carta patente emitida en el año 2004 recogía la firma de un Gran Maestro, Jean Michel Quillardet, al que en aquel momento todavía le faltaban unos cuantos meses para llegar a ser miembro siquiera del Consejo de la Orden del Gran Oriente de Francia. Sin embargo parece que hay quien cree posible que Jean Michel Quillardet firmara el documento en cuestión nada menos que tres años después de la fecha consignada, esto es en el año 2007.
Para quien tenga dos dedos de frente algo deberá llamarle la atención de esta supuesta explicación o hipótesis "anacrónica", pues en un breve espacio de tiempo hemos pasado de la exhibición de la supuesta patente "sin mácula", a leer que posiblemente fue firmada extemporaneamente. Algo hemos avanzado y sólo eso permitiría cuestionar la validez del papel de marras.
Pero si a lo anterior le añadimos que del citado documento no existe constancia alguna en los órganos administrativos de la entidad emisora, el Gran Oriente (por no haber no hay ni copia de refrendo), la sorpresa será un poco mayor.
Si seguimos sumando lo que manifiesta António Antunes Ribeiro en el artículo que publicaba ayer Mandiles Azules, relativo a la complicada implantación del Rito Francés en Portugal, con un relato pormenorizado de las patentes otorgadas y derogadas, el pasmo debería progresar "in crescendo".
Y si, además de todo lo dicho, tomamos en consideración que buena parte de las estampas que se nos vienen mostrando desde diferentes espacios, atribuyéndolas al GODF y destinadas a alguna estructura asentada en Portugal, hoy pretendidamente masónica y sin reconocimiento de ningún tipo, han sido expresamente revocadas por la potencia otorgante y han perdido toda vigencia y eficacia jurídica (algo que no veo que se relate en ningún sitio)... Pocos comentarios se pueden hacer.
Sin embargo llama la atención que se haya pasado por alto, o de puntillas, una referencia específica que se hacía en el artículo que publicábamos el día 19 de febrero último -y hago esta observación pensando más en todas aquellas personas que se han hecho eco de la noticia y la han reproducido a su vez, sabiendo que desde este blog se había hecho la comprobación necesaria para hacer una manifestación del tenor que consta-: Decía hace unos días que tanto la eficacia retroactiva como la autoría de la firma habían sido descartadas por la persona concernida. Esto es así. Como bien podrá suponer cualquiera que me conozca o siga habitualmente este espacio, no he sido yo el que ha puesto en un primer momento el grito en el cielo, sino el propio "perjudicado", que ha tenido ahora conocimiento tanto del documento cuya autoría se le atribuye como, con carácter previo a su publicación, del artículo escrito por mí en toda su extensión.
A partir de este último detalle tanto me da ya lo que digan unos u otros; tanto me dan las sábanas santas que se expongan, elaboradas en Francia, Portugal o España, firmadas supuestamente por Jean Michel Quillardet o por cualquier otra persona, ya sea en a séptima planta de rue Cadet o en el garaje; poco me importan las interminables peroratas y cuanta tinta de calamar se vierta; las invocaciones a procedimientos de justicia que nadie miró porque fueron promovidos ante órganos incompetentes para resolver por grupos de personas sin legitimación activa para promoverlos; y mucho menos me van a importar las descalificaciones personales, los insultos o las intromisiones en mi vida privada. Tiempo perdido.
Dicho lo anterior sí me gustaría al cerrar este apunte hacer unas consideraciones sobre algunos comentarios vertidos por personas supuestamente vinculadas al Gran Oriente de Francia:
Si tienen la convicción de que miento, en sus manos está la solución: Poner en boca de un antiguo Gran Maestro del Gran Oriente de Francia lo que no ha dicho -o escrito- es grave. Soy persona conocida y no me escondo. Será fácil iniciar el correspondiente procedimiento ante el órgano de justicia competente. Doy mi palabra de que no saldré corriendo.
En segundo lugar, desde que comencé a editar este blog nunca he hablado en nombre del Gran Oriente de Francia. No soy quién: Ni pertenezco al Consejo de la Orden ni he pertenecido (a diferencia de Jean Michel Quillardet).Tampoco he sido desleal a mi Obediencia. En Memoria Masónica recojo estrictamente mis opiniones personales, como, por otro lado, resulta patente, público y notorio. No obstante, en los mismos términos que en el apartado anterior, si alguien considera que suplanto de algún modo al Gran Oriente; o que pongo en riesgo la integridad de la entidad con mis opiniones, la cuestión, como ya digo, tiene fácil arreglo.
Y por último, hablando de respeto al Gran Oriente de Francia, bien harían en leer el artículo 87 de su Reglamento General -creo recordar que el párrafo cuarto- y aplicar espíritu y letra. Entre tanto, yo seguiré escribiendo y publicando aquello que me dé la gana. Quien quiera que lo lea y quien no, ya sabe lo que tiene que hacer. Por lo demás, me afirmo, ratifico e insisto.


Nota añadida el día 17 de abril de 2014: Lo que yo he escrito es esto: "... las invocaciones a procedimientos de justicia que nadie miró porque fueron promovidos ante órganos incompetentes para resolver por grupos de personas sin legitimación activa para promoverlos..." Y esto quiere decir, simple y llanamente, que pretender utilizar un supuesto procedimiento de justicia como argumento para dar autenticidad a la documental supuestamente aportada por una de las partes en el mismo, no deja de ser absurdo. Más cuando quienes promueven el procedimiento carecen de legitimación activa para iniciarlo, es decir, que no pueden ser parte en el procedimiento porque no son miembros de la Obediencia a cuya Cámara de Suprema de Justicia Masónica se dirigen, condición sine qua non para que tal organiso pueda actuar. Del procedimiento de "urgencia" supuestamente entablado mejor no hablar: Recomendable sería que quien proceda repase el Reglamento General correspondiente y sepa, a tenor de la regla escrita, por qué la famosa demanda no llegó nunca a puerto alguno por mucha premura que se le aplicase por parte de quienes la redactaron. Mejor eso que hacer recortes sesgados de lo que escriben otros para arrimar el ascua a una sardina ya macilenta.

domingo, marzo 9

El Presidente del Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española en la Logia Rosario Acuña (GODF)

El pasado jueves día 6 participé en una particular tenida celebrada por la Logia Rosario Acuña. Ya me había hecho eco en el blog de la celebración de la misma por tener ese especial carácter que le dan a estas reuniones los adjetivos blanca y cerrada. En esta ocasión pudimos escuchar a quien en este momento asume la presidencia del Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española (CEHME), don José Miguel Delgado Idarreta.
El tema propuesto inicialmente -el antimasonismo durante la dictadura franquista- se vio en cierto modo desbordado por la exposición realizada por el ponente, que nos llevó hasta los albores del siglo XVIII para conocer las primeras medidas legales de caracter represivo aprobadas en otros países distintos del nuestro y, curiosamente, integrados en la órbita protestante, como fue el caso de Holanda. Pudimos conocer así la historia de una organización perseguida prácticamente desde el momento en que comenzó a dar sus primeros pasos, hecho que con mayor o meno intensidad se reprodujo sin excepción  en la Europa continental.
Inevitables fueron también las referencias al consabido complot judeo-masónico, al que en el tiempo se le fueron incorporando aditivos según las concretas circunstancias represoras del momento. Supimos, por ejemplo, del peso de la Inquisición o de las medidas adoptadas por un monarca con tan buena prensa sobre el papel como Carlos III. Así hasta alcanzar la figura del "deseado" Fernando VII, con respecto al cual comparto la opinión de nuestro conferenciante al tenerle sin dudas por el peor monarca que ha tenido nuestro país en toda su historia. Será bajo el reinado de Fernando VII donde, tras la "rehabilitación" de la Inquisición que los franceses habían suprimido -y otro tanto harán posteriormente los impulsores del trienio liberal- se legislará de forma virulenta, recogiendo en los textos legales esa amalgama de víctimas con la que nos encontramos siempre que se aborda el estudio de la represión de la entidad: masones y judíos, masones y malos españoles, masones y liberales, etc.
Tras el período democrático que supone la II República, cuando estalla la Guerra Civil, comenzamos a encontrar en el bando sublevado los primeros ensayos legislativos de carácter represor, pasos previos a la ley de represión de la masonería y el comunismo (otra novedosa amalgama) de marzo de 1940 con todas sus normas de desarrollo complementarias. Pudimos así saber con detalle de la obsesión del general golpista por la organización, tanto a través de la ilustración que se nos hizo de lo que podría ser la "macro represión", esto es, la persecución de la entidad concebida desde los textos normativos, como de lo que me atrevo a describir como "micro represión", esto es, la acción violenta y de acoso permanente que sufrieron algunas personas por el mero hecho de sospecharse que hubieran podido tener en algún momento contacto con la entidad francmasónica o, simplemente, porque se les colgó ese sambenito.
Amena la exposición y ameno el coloquio. Una intervención que dejó satisfechos y felices a los miembros de la logia y a la variada representación de la masonería liberal asturiana que también estuvo presente entre las columnas de nuestro taller.
Desde Memoria Masónica, además de hacerme eco  de esta jornada particular, no puedo sino agradecer esta visita que se inscribe además en la línea de trabajo de mi Logia y en la de la Obediencia a la que pertenece, caracterizada por no descuidar -y cultivar con celo- eso que se ha venido en llamar "proyección  exterior". Algo que además, especialmente en España, se sigue haciendo necesario día a daía para hacer frente a la sucesión de fantasmas que tanto dificultan el conocimiento real de esta ilustrada institución. Así pues, dejo patente aquí el sentimiento de gratitud compartido por quienes animamos el quehacer cotidiano de la Logia Rosario Acuña hacia don José Miguel Delgado Idarreta, y también hacia quien tanto nos está ayudando en toda esta labor y que compartió con nosotros un jueves memorable para la pequeña historia de nuestra pequeña Logia: Yván Pozuelo Andrés. No puedo ni quiero olvidar a quien, entre las bambalinas, hizo posible el buen ambiente final sentados a la mesa con el mantel puesto: Las cosas no se hacen solas.