martes, agosto 19

Cuando "La Nueve" entró en París

  
Imagen: Soldados españoles a bordo del semioruga "Guadalajara", estacionado ante el Ayuntamiento de París a las 21:20 horas del 24 de agosto de 1944

El próximo domingo tendrán lugar en París una serie de eventos que pretenden conmemorar el 70 aniversario de la liberación de la ciudad del ocupante nazi. En esta ocasión se da la circunstancia de que habrá un especial recuerdo para aquellos hombres que integraron una Columna de las que componían la Segunda División Blindada, comandada por el general Leclerc. Me refiero a "La Nueve", formada en su mayor parte por socialistas, anarquistas y comunistas españoles, combatientes republicanos en la Guerra Civil. Durante muchos años, la mal entendida y mal concebida "grandeur" francesa se esforzó en restar importancia cuando no ocultar la presencia de españoles en semejante acontecimiento histórico. Aquellos hombres habían tenido que abandonar su patria, derrotados, y habían decidido continuar un combate librado siempre contra el mismo enemigo y en otra tierra distinta de la suya. Seguramente muchos de ellos albergaron la esperanza de volver a su casa, pero sin duda alguna todos tuvieron que enfrentarse a un deliberado olvido construido por una Francia que necesitaba reponerse sin contemplaciones de la tremenda humillación sufrida en junio de 1940.
En las cercanías del Ayuntamiento de París, una pequeña placa recuerda desde no hace muchos años a los republicanos españoles que recuperaron la capital. En aquel tiempo Anne Hidalgo era lo que aquí conocemos como teniente alcalde. En la actualidad, ya alcaldesa desde que se celebraran las últimas elecciones municipales, se percibe nuevamente su mano en la reconstrucción del recorrido que hizo "La Nueve" el día 24 de agosto de 1944. El acto arrancará a las 14:00 horas de la Plaza Hélène Boucher, Puerta de Italia, y contará con la participación entre tanta ciudadanía de bien de Daniel Keller, Gran Maestro del Gran Oriente de Francia.
Como digo, lo que ahora se recuerda sucedió hace 70 años. Las tropas aliadas habían desembarcado en Normandía el día 6 de junio de 1944 iniciando un lento pero inexorable avance. El 24 de agosto se hallaban a las puertas de París y para el componente francés de aquel ejército la entrada en la ciudad constituía todo un símbolo, tanto desde el punto de vista militar como político. Con los aliados tan cerca, la resistencia interior organizó una sublevación en la ciudad con el objetivo de precipitar los acontecimientos. Curiosamente, una de las cabezas que diseña esa "guerra urbana", el coronel Rol Tanguy, lanza la consigna "Tous aux barricades" inspirándose en la reacción de la población civil de Barcelona, en julio de 1936. Se trata de llenar París de barricadas que impidan la circulación de las fuerzas alemanas y que las mantengan localizadas en los puntos neurálgicos que ocupan en la ciudad: El hotel Meurice donde está el gobernador Dietrich Von Choltitz y su estado mayor, el Palacio de Luxemburgo, la Asamblea Nacional, Los Inválidos y la Escuela Militar en el Campo de Marte, a los pies de la Torre Eiffel. La Marsellesa, prohibida hasta entonces, comienza a sonar en la emisora de radio clandestina a modo de señal, y hay quien ya se atreve a abrir las ventanas para que pueda escucharse bien. Tienen lugar al mismo tiempo los primeros actos simbólicos: Una reunión de los resistentes en el Hôtel de Matignon, sede histórica de la residencia del Primer Ministro de la República, y retirada sistemática de los retratos del mariscal Pétain en las dependencias oficiales a las que se comienza a acceder.
Fuera de la ciudad, la Segunda División Blindada de Leclerc comienza a moverse desde Rambouillet. Una pequeña columna se dirige hacia Versalles para despistar a los alemanes. El resto de las fuerzas, dirigidas por el coronel Billotte ocupan Arpajon y Longjumeau, localidades al sur de la capital francesa. Es en este grupo en el que se encuadra el Batallón del Segundo Regimiento de Marcha del Chad, del Comandante Putz, un militar experimentado que formó parte de las Brigadas Internacionales y que combatió en España, y al que se halla adscrita la célebre "Nueve", la Novena Compañía al mando del carismático capitán Raymond Dronne.
A mediodía de aquel 24 de agosto, los hombres de Putz llegan a Antony, muy cerca de lo que entonces era el aeródromo de Orly y hoy punto de referencia para orientarse a la hora de coger los trenes lanzadera y de cercanías por quienes llegan y salen de París por su aeropuerto del sur.
Los franceses, encuadrados a su vez en el grueso de la fuerza aliada, tienen prisa por entrar en la ciudad. Leclerc actúa en este punto coordinado con el general De Gaulle, pero al margen del parecer de los mandos americanos, que no ven esta precipitación con muy buenos ojos. La impaciencia hace mella y, para complicar las cosas, se encuentran con mayor resistencia de la esperada, viviendo esas horas con la incertidumbre que provoca el no saber si los alemanes dispondrán de refuerzos que socorran a las tropas dispuestas para defender París. A pesar de todo Leclerc actúa con decisión. Ordena que un avión sobrevuele la ciudad para enviar un mensaje a quienes en el interior ya han comenzado a mobilizarse: "¡Aguantad, estamos llegando!".
En el fragor de los primeros combates, La Nueve consigue rebasar la localidad de Fresnes tras vencer la fuerte resistencia que los alemanes ofrecen protegidos por los muros de la prisión que allí hay. Llegan a La Croix de Berny, desde donde ven la Torre Eiffel por primera vez. Alcanzado este objetivo, las órdenes del capitán Dronne son reagruparse en la carretera de Orleans, pero el encuentro que tiene lugar entre el capitán y el general Leclerc cambia el curso de los acontecimientos:
-¿Qué hace aquí, Dronne? ¡Lárguese a París! ¡Al centro de París!
Las órdenes eran símplemente "llegar". Llegar para que los que estaban dentro supieran que el resto de la división llegaría al día siguiente.
"La Nueve" avanzó evitando las calles principales, comenzando su marcha a las siete y media de la tarde del día 24 de agosto. Varios semiorugas con nombres españoles recorren los suburbios parisinos: Madrid, Guadalajara y Bruente. En el último momento la compañía se ve reforzada por una sección de ingenieros y tres carros de combate Sherman del 501 Regimiento de Carros de Combate, gaullistas, bautizados con los nombres de Montmirail, Romilly y Champaubert, escenarios de batallas napoleónicas libradas en suelo francés durante la campaña de 1814. Dronne iba en su jeep "Mort aux cons!".
A la cabeza, el Guadalajara. Lo va guiando un habitante de la zona que va montado sobre una moto desvencijada. Evitan cuidadosamente los controles alemanes y llegan así a la Puerta de Italia. En este punto se incorpora un nuevo guía, un armenio que también se desplaza sobre una moto y al que Dronne le pide que lo lleve hasta lo que él identifica como el corazón de la ciudad: El ayuntamiento. Así, desde la acceso a la capital ubicado más al sur, maniobrando siempre por calles secundarias, la columna se va desplazando hacia el norte hasta llegar al Puente de Austerlitz, por donde cruzan el Sena. Doblan a la izquierda y, siguiendo el curso del río, a las nueve y veinte el Guadalajara irrumpe estruendosamente en la explanada existente frente al ayuntamiento de París, y tras él el resto de los vehículos. El Guadalajara "aparca" a la puerta y Dronne entra en el Ayuntamiento acompañado por un español, Amado Granell. Los dos son recibidos por varios líderes de la resistencia local encabezados por Georges Bidault. El momento es recogido por la prensa francesa aunque omitiendo la presencia de Granell, que, aunque aparece junto a Bidault en la fotografía de la portada, es identificado como un soldado americano por el diario Libération.
En el exterior del edificio la multitud no puede contener el júbilo. El tañir de las campanas de la iglesia se va contagiando de campanario en campanario, hasta llegar a "le Bourdon", la campana mayor de la Catedral de Notre Dame. Cuenta Antony Beevor, autor de la investigación que ha alumbrado tanto este relato como su libro, "El día D", que la gente comenzó a gritar "Ils sont là" (¡Ya están aquí!).
El gobernador alemán de la capital, el general Dietrich Von Choltitz, y su estado mayor, cenaban en ese momento en el hotel Meurice, en la rue Rivoli. Al escuchar el tañir de la campana de Notre Dame comprendieron de inmediato lo que acababa de suceder y se limitaron a adoptar alguna medida defensiva que luego se revelaría más bien testimonial.

 Raymond Dronne ante el Ayuntamiento de París el 24 de agosto de 1944 © Memorial Leclerc, Museo Jean Moulin

Amaneció el día 25 de agosto. El resto de la Segunda División Blindada penetra en la ciudad atravesando las Puertas de Orleans y de Italia, y con ella el general Leclerc, que instala su puesto de mando en la estación de trenes de Montparnasse. A medida que las fuerzas liberadoras van entrando, comienzan su despliegue y toma de posiciones. Los puntos de resistencia que van encontrando son neutralizados. Acceden a los Jardines de Luxemburgo, a la Asamblea Nacional... Se llega a abrir fuego desde el Arco del Triunfo sobre varios Panther que defienden la Plaza de la Concordia. Los alemanes comienzan a abandonar las armas. Los que resisten en el hotel Majestic, en la avenida Kléber, se rinden ante una multitud que presencia atónita un acontecimiento histórico. Son las once de la mañana y coronel Billette envía un ultimatum a Von Choltitz. Éste responde que no puede rendirse sin luchar y permanece con su estado mayor dentro del hotel Meurice, donde comen por última vez a las doce y media, lejos de los ventanales para evitar ser alcanzados por el tiroteo incesante que escuchan procedente del exterior. En ese mismo momento Leclerc está abandonando los andenes de la estación de Montparnasse para encaminarse hacia el escenario en el que ha pensado que tiene que producirse la capitulación alemana: La Prefectura de Policía.
Las tropas francesas avanzan por los soportales de la rue Rivoli hasta llegar a las puertas del hotel Meurice. Entran y un oficial, Henri Kracher, sube por las escaleras a toda velocidad hasta localizar el despacho de Choltitz. Le acompaña el comandante De La Horie, hombre de confianza del coronel Billette. El oficial alemán no opone resistencia y se entrega a sus captores. Éstos lo sacan por la puerta trasera del hotel que da a la rue Mont Thabor y lo llevan a la Prefectura. Es en la sala de billar donde se produce la firma de la rendición. Están presentes el general Barton, de la 4ª División de Infantería americana, Chaban-Delmas, que representa a la resistencia gaullista, el coronel Billette y el propio general Leclerc. En la sala contigua aguarda el coronel Rol-Tanguy, que reclamaba que una representación de las F.F.I. (Fuerzas Francesas del Interior) participara en el acto. Convencido Leclerc, Rol-Tanguy se incorporó al grupo de testigos y protagonistas del final de la ocupación de la Ciudad de las Luces. París era ya una ciudad libre.


 Los generales De Gaulle y Leclerc en la Estación de Montparnasse el 26 de agosto de 1944 

domingo, agosto 3

¿Un breve recorrido por la historia del Rito Escocés Antiguo y Aceptado.?

Agradeciéndole a Christophe de Brouwer su amabilidad, publicamos hoy la traducción de este trabajo suyo, que vio la luz en 2012, e ilustrativo para comprender un poco mejor todo eso que se ha dado en mal llamar "Recomposición del Paisaje Masónico Francés". Buena lectura.

De 1804 a 1814
Vamos a recordar algo que creo es sobradamente conocido: La Gran Logia de Francia nació a partir de la voluntad del Supremo Consejo de Francia de crear un órgano "autónomo" específico para sus logias simbólicas, en 1894. El propio Supremo Consejo de Francia nació realmente en 1821, sobre los restos de la denominada facción "Pompei" y a partir del impulso dado por el Conde Muraine. Al igual que sucede con el Supremo Consejo del Colegio de Ritos del Gran Oriente Francia, tiene su origen en la creación en 1804 del Supremo Consejo Francés.
En 1804, los llamados "americanos" regresan de las islas (Santo Domingo, hoy Haití). Primero fue Germain Hacquet (1756-1835) -y con él el rito en 25 grados llamado de perfección-; seguidamente Auguste de Grasse-Tilly (1765-1845) -y con él a su vez el rito en 33 agrados denominado Rito Escocés Antiguo y Aceptado, así como el título de Gran Maestro de las "islas de América, del viento y bajo el viento"-.
Ambos crean el 27 de octubre de 1804 el primer Supremo Consejo francés que se llamará "Logia General Escocesa de Francia del Rito Antiguo" y ponen a la cabeza al Príncipe Luis, hermano del Emperador, conservando Grasse-Tilly la representación oficial.
La reacción es inmediata y a finales de 1804, siguiendo órdenes del propio Napoleón, la incorporación de esta "Logia General Escocesa" se lleva a cabo mediante la firma de un Concordato el 5 de diciembre de 1804: "El Respetable Hermano Grasse-Tilly, representante del Gran Maestro, llegado al Oriente, manifestó en nombre de sus hermanos el deseo de una unión total, franca y eterna; este deseo dirigido al Gran Venerable y a los Oficiales del Gran Oriente fue acogido con entusiasmo, alegría y confianza..."
*Nota: El "Gran Venerable" es Roettiers de Montaleau. Recordemos que la coronación del Emperador tuvo lugar el día 2 de diciembre.
El 12 de julio de 1805 se produjo en el GODF un voto favorable a la creación de un "Gran Directorio de Ritos", con el fin de centralizar y simplificar. La reacción contraria no se hizo esperar y el 6 de septiembre de 1805, Grasse-Tilly y sus amigos, junto con el Mariscal Kellerman, denuncian el Concordato. Es posible que Grasse-Tilly estuviera al frente de este "antiguo-nuevo" Supremo Consejo indiviso al tiempo de abandonar el GODF, pues es él quien escribe desde Estrasburgo el 10 de junio de 1806 al propio Supremo Consejo indiviso, manifestando que desiste de la "Gran Maestría" en favor del Archicanciller Cambacères (referencia: Libro de Oro de Grasse-Tilly. Edición del SCdF, 2003, página 25). Cambacères acepta el díoa 1 de julio y es instalado solmnemente el 13 de agosto de 1806.
Así pues, el "antiguo-nuevo" Supremo Consejo (que se autodenomina "indiviso") se (¿re?)forma en 1805, y opta por colocoar a su frente a Cambacères, el cual pone dos condiciones:
1) El Gran Oriente asume la gestión hasta el grado XVIII
2) El Supremo Consejo indiviso gestiona los grados siguientes pero en nombre del Gran Oriente.
El decreto emitido por Cambacères el 27 de noviembre de 1806, estipulaba en efecto que los Hermanos que fueran promovidos para el ejercicio de alguna responsabilidad, han de prestar "juramento de obediencia al Gran Oriente en tanto que asimilador del REAA, y al Supremo Consejo del grado 33, cada uno en relación a aquello que le concierne."
Y lo que parece un hecho establecido no es otra cosa que, si Grasse-Tilly estuvo al frente del "Supremo Consejo indiviso" en Francia, fue durante un corto período de tiempo, cediendo rápidamente su posición a Cambacères. A
partir de ahí quedó fuera de juego para recrear un Supremo Consejo francés.
Por contra, conservó la Gran Maestría del Supremo Consejo de las islas de Amérca que utilizó bastante, por cierto.
Podemos preguntarnos por qué Grasse-Tilly cedió a Cambacères en 1806 esta Gran Maestría de nuevo cuño.
Es sencillo, crear una disidencia cuando se sabe que la voluntad del Emperador es conservar la unidad de una Francmasonería devota de su persona, es atrevido cuando no peligroso. Y para Grasse Tilly, que había sido nombrado miembro del estado mayor del Príncipe Eugenio de Beauharnais el 29 de junio de 1806 (es decir, 19 días después de haber renunciado a favor de Cambacères), sentarse en la silla del Gran Maestro que había sido ocupada nada menos que por el Príncipe Luis, resultaba sin lugar a dudas aun más delicado.
Cambacères, todo un genio político, encontrará una solución que no va a molestar a nadie. El arreglo parece dar un buen resultado: El Gran Oriente conserva el control sobre el Rito escocés (N.T.: "francés", en el original) y los grados emparentados -entre ellos el Rosa-Cruz-. Y la "facción", por su parte, conserva el control sobre los grados que siguen, aunque en nombre del Gran Oriente. Nadie pierde y, además, se preserva la unidad aparente (de hecho, la solución resulta tan buena que Cambacères volverá a repetir el mismo golpe con el Rito Escocés Rectificado en 1808.

3 de abril de 1814, Napoleón, derrotado.
18 de junio de 1815, Waterloo.
Se trata del momento clave en el que van a aparecer dos organizaciones diferentes. El Supremo Consejo del Gran Oriente de Francia y, más tarde, el Supremo Consejo Escocés (o también, Supremo Consejo de Francia).
El Gran Oriente propone al Supremo Consejo indiviso una revisión de los estatutos (algo normal ante un cambio de época). Se rechaza la propuesta y se toma la decisión de romper con el Gran Oriente (ya no había mucha relación anteriormente). La consecuencia será bastante simple: El Gran Oriente rehará los estatutos en solitario y poco a poco incorporará a la mayor parte de los antiguos miembros, caso de Choiseul-Stainville, y casi todos los "americanos" con la salvedad del propio Grasse-Tilly. El Supremo Consejo indiviso optó pues por su independencia en dos tiempos diferentes: El 5 de agoto de 1814 rechazó el proyecto centralizador del Gran Oriente; y el 26 de agosto decidió "consagrar definitivamente la independencia del rito escocés antiguo y aceptado". Será el 12 de noviembre de ese mismo año cuando el Gran Oriente tomará la decisón de centralizar todos los ritos.
Hay que respetar la secuencia temporal. Tengamos además presente que los "Cien días" comienzan el 1 de marzo de 1815.
Añadamos a todo lo anterior que la totalidad de las logias de la época napoleónica practicantes del escocismo, se unieron sin excepción al Gran Oriente en esta época.
Seguidamente, el Supremo Consejo "indivisible y rebelde" cae en sueños, algo a lo que además contribuyó el fallecimiento de algunos de los eternos agitadores: Thory y sobre todo Pyron (el primero tendrá tiempo para acordar la patente para la creacion del Supremo Consejo de los "Amigos Filántropos" de Bruselas, en 1817). Con ellos desaparece también el componente republicano de este Supremo Consejo. Los "escoceses" verdaderamente revolucionarios y republicanos se refugiaron de hecho en Bruselas donde crearon el ya citado Supremo Consejo de los Amigos Filántropos (logia de origen francés), con Ramel, Crassous, Rouyer, Prieur, Jacotot, y todo ello bajo la atenta mirada de Cambacères, que también se halla en Bruselas.
Habrá un segundo Supremo Consejo en Bruselas, creado también en 1817, conocido como el Supremo Consejo "militar" (los "vencedores" de Waterloo), con patente otorgada por Grasse Tilly, y que terminará fusionándose con el de los Amigos Filántropos a finales del mismo año 1817, dando origen al Supremo Consejo de Bélgica que conocemos hoy).
Por su parte, el Supremo Consejo de las Islas (Grasse-Tilly) quedará desgarrado con el prolongado enfrentamiento que mantendrán dos facciones, la de Prado y Pompei.
El conde Muraire (uno de los pocos miembros de la "vieja guardia" que quedó al margen de la reorganización del Gran Oriente) va a "despertar" de nuevo el Supremo Consejo "indiviso y rebelde" tras seis años de inactividad, incorporando lo que quedaba de la facción Pompei junto a Grasse-Tilly para reelaborar un Supremo Consejo que quedará bajo el cuidado de su yerno, el conde, y más tarde duque, Decazes, en el año 1821. El duque Choiseul-Stainville, el conde de Valence, el conde de Segur y algún otro se incorporarán también en esta época.
Es el momento en que Grasse-Tilly se retira, siendo ayudado curiosamente en sus últimos días por el Gran Oriente.
Pienso que los argumentos usados por unos y otros en lo que respecta a establecer su filiación en torno al Supremo Consejo de 1804 son insostenibles; pero como no son los mismos la cuestión se presta a una discusión interminable. En todo caso entiendo que no es necesario complicar las cosas. Luis XVIII, en lo que es un proceso de "restauración", regresa, y con él los exiliados. El duque Decazes va a ser uno de los favoritos de Luis XVIII. No le interesa una masonería burguesa, compuesta por comercialntes y artesanos. Quiere una masonería elitista. Muraire se la ofrece y el Supremo Consejo de Francia será así, en sus orígenes, "conservador" en el marco de una restauración monárquica, agrupando a una brillante élite aristocrática que tendrá su propia lógica.
(Puede leerse una buena relación de todos estos acontencimientos en "Dos siglos de Rito Escocés Antiguo y Aceptado en Francia". Ediciones Dervy, 2004)

Después de 1821
Durante los dos primeros tercios del siglo XIX, únicamente el Colegio de Ritos del Gran Oriente de Francia mantuvo relaciones amistosas con los dos Supremos Consejos americanos, el de norte y principalmente el del sur de los Estados Unidos, el de Charleston, hasta que Albert Pike (Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo de la jurisdicción sur de los Estados Unidos) cambió el arma de hombro a raíz del asunto del Supremo Consejo de Luisiana (noviembre de 1868). Así, en una comunicación fechada el 1 de mayo de 1845, firmada por el Gran Maestro Courgas, dirigida a la jurisdicción norte, se dice: "...como una prueba ilustrativa de la legitimidad de los derechos del Gran Oriente de Francia para gestionar la totalidad del grados del Rito escocés antiguo y aceptado." (A.Bernheim, El Rito en 33 grados, Ediciones Dervy, página 339).
Pero en mayo de 1870 las dos jurisdicciones americanas, los Supremos Consejos del norte y del sur, rompen con el Colegio de Ritos del Gran Oriente de Francia y vuelven la vista hacia el Supremo Consejo de Francia, al que hasta entonces había ignorado (entre otras cosas porque el Supremo Consejo de Francia había formalizado algunas alianzas masónias americanas contrarias a los intereses de las dos primeras entidades). Hemos de resaltar aquí un dato: la batalla de Sedán, que marca el fin del régimen de Napoleón III, tuvo lugar el 2 de septiembre de 1870.
Para Alain Bernheim se trata de uno de los acontecimientos más importantes para entender la masonería contemporánea. (A.Bernheim, El Rito en 33 grados, Ediciones Dervy, página 379-382).
A partir de este instante el Supremo Consejo de Francia vivirá una auténtica internacionalización. Luego vendrán las divergencias internas que provocarán la creación de la Gran Logia Simbólica escocesa, en 1880. Y en 1894 el Supremo Consejo de Francia creará la Gran Logia de Francia, uno de cuyos objetivos declarados será crear una estructura capaz de reabsorber a la Gran Logia Simbólica Escocesa. Las cosas no irán como se esperaba y pasarán dos años hasta que las primeras logias de la GLSE se reincorporan al rebaño. El proceso durará varios años, de 1896 a 1899, y no afectará más que a unos pocos talleres. Estamos en un momento en el que la obligación relativa al Gran Arquitecto del Universo aun no se ha impuesto en el seno de la Gran Logia de Francia.
La joven Gran Logia de Francia no había adquirido sin embargo la independencia: "Pasado algún tiempo, la Gran Logia de Francia se da cuenta de el lazo que mantiene con el Supremo Consejo de Francia... es una atadura que le impide navegar libremente. Así, cuando solicita el reconocimiento de potencias extranjeras, o incluso del propio Gran Oriente de Francia, siempre recibe la respuesta negativa basada en un pretexto justificado: no es soberana. Seguirá siendo sumisa al Supremo Consejo de Francia." Albert Lantoine, "La Francmasonería en su casa", Ediciones Nourry, 1927, 2ª edición, página 369.
No será hasta pasados doce años desde la creación de la Gran Logia de Francia que el Gran Oriente la reconocerá, será en 1906. En 1908 las dos obediencias firmarán un acuerdo que se verá sujeto a unas cuantas peripecias y desgarrones, que no siempre vendrán de la mano de la Gran Logia de Francia. Ésta, y hablamos de algo que permite situar de manera correcta los acontecimientos que vivimos en la actualidad, denunciará el acuerdo suscrito con el GODF en 1959.
Recordemos que no será hasta el 26 de julio de 1904 cuando el Supremo Consejo de Francia autorice a su Gran Logia de Francia a expedir patentes constitutivas a los nuevos Talleres simbólicos. En realidad, para ser precisos, el Gran Oriente de Francia no tardó más que dos años en reconocer a una obediencia que poseía un grado de autonomía que consideró más que suficiente. Pero esta semi independencia de la Gran Logia de Francia planteaba un claro problema al Gran Oriente. Esto es lo que aparece escrito en un texto del año 1931 referido a los estatutos de la Gran Logia de Francia, modificados en 1927_ "Aparentemente podría resultar que la Gran Logia es soberana, pero únicamente gracias a la delegación hecha por el Supremo Consejo, cuyo derecho, en tanto que máximo responsable de la Obediencia, es imprescriptible". (GODF. Documentos relativos a la cuestión de la unidad masónica de la francmasonería francesa. 1931. página 11).
No obstante, el GODF y la GLdF mantendrán en esta época un diálogo intenso (1930/1931), y ello a pesar de la acusación de la GLdF sobre "...un complot para estrangularnos y hacernos desaparecer." La actitud de la GLdF ha tenido a menudo algo de paradójica porque, a pesar de semejantes acusaciones, el Convento de 1931, al tiempo que rechazaba la idea de una fusión, propuso la continuidad de las conversaciones "deseando que el Consejo de la Orden del Gran Oriente de Francia  delegue en los dirigentes del Rito francés para construir, lo antes posible, junto con los dirigentes del Rito escocés, el modus vivendi que hará fecunda desde todo punto de vista la unión sincera, duradera e indisoluble que siempre hemos querido preservar."
Y este problema de la independencia tuvo su importancia en 1964, a raíz de los acontecimientos internos que afectaron al Supremo Consejo de Francia y que repercutieron en la Gran Logia de Francia que, a título de ejemplo, hubo de soportar la prohibición de utilizar el término "rito escocés antiguo y aceptado", aceptándolo (ver la alocución del Gran Maestro Raymond Lemaire en la apertura del Convento de la Gran Logia de Francia de 1966. Boletín interno de la GLdF nº 16, tercer trimestre 1966).
La Gran Logia de Francia va a tenerlo complicado para hacerse reconocer por otras Grandes Logias. Será el GODF el más activo en este punto a nivel de la A.M.I., Alianza Masónica Internacional, junto con la Gran Logia Suiza Alpina, y ello a pesar de que la propia GLdF era miembro de la A.M.I. Esta entidad se disolverá en el año 1950 a partir de la iniciativa de la Gran Logia Alpina, que quiso dar respuesta al llamamiento hecho para logra la unidad de la francmasonería "regular a la inglesa".
Tras la Segunda Guerra Mundial, la Gran Logia de Francia impuso entre sus logias al Gran Arquitecto del Universo y la biblia. Fue algo que le permitió formar parte de la Convención de Luxemburgo. Esperaba así ser reconocida por las obediencias "regulares a la inglesa". Lo perderá todo, inclusive, en 1959, la privilegiada relación con el Gran Oriente de Francia que había impulsado en 1908.
Cuanto había construido en torno suyo  a lo largo de los años con tanto sacrificio, fue arrojado al viento.
Luego sucedió lo que se conoció como el "affaire Riandey" y el Supremo Consejo de Francia. Ahí se planteó la cuestión: ¿cuál era la filiación legítima? ¿La del Soberano Gran Comendador Rianday y sus seguidores -en cuyo caso sería la del Supremo Consejo para Francia/Gran Logia Nacional de Francia (partido tomado por los Soberanos Consejos "regulares")-, o la de la facción mayoritaria adscrita al consejo precedente, en cuyo caso sería la del Supremo Consejo de Francia/Gran Logia de Francia (posición sostenida por el Supremo Consejo de Francia)? Se trata de una situación comparable en cierto modo a la que se produjo en 1804: un uróboros. La Gran Logia de Francia tocaba fondo en aquel momento.
¿Llegó luego la calma entre la Gran Logia de Francia y el Supremo Consejo de Francia? Para nada. El lamentable episodio protagonizado por el Gran Maestro Jean Verdun sacudirá de nuevo las relaciones entre el SCdF y la GLdF. Jean Verdun fue el Gran Maestro de la GLdF de 1985 a 1988. A disgusto, tomará la pluma de escritor para denunciar los peligros de una oligarquía que se asentaba en su obediencia a través de los altos grados. A raíz de la publicación de su libro "El Masón recalcitrante" (1996), se vio inmerso en un procedimiento de justicia masónica en el seno de su obediencia, quedando en suspenso durante un año y viéndose afectado por una prohibición de publicar sobre la Gran Logia de Francia. Castigado por un crimen de opinión... Podría uno creer estar en una república bananera.
Desde comienzos del siglo XIX, las relaciones entre las dos "potencias" masónicas (GODF y SCdF-GLdF) marcan el ritmo de la vida masónica francesa. Pero poco a poco, otros actores entraron en escena. Así fue como, por ejemplo, se abrieron negociaciones en 1930 para intentar lograr la unidad de la francmasonería francesa, integrando al GOdF, a la GLdF y ¡al DH! La cosa no fue a más, pero los representantes de las tres obediencias se sentaron juntos a la mesa.
Un breve recorrido histórico para comprender mejor lo que sucede en la actualidad.