domingo, noviembre 30

Rosario de Acuña y su relación con la Francmasonería



 ...La paciencia, que es el más alto don del genio humano...
Rosario de Acuña



Contra lo que es costumbre y suele ser útil, publico hoy un largo texto. Es el conjunto de apuntes realizados de cara a la Tenida Blanca Abierta en la que intervine como orador el pasado día 27 de noviembre del corriente, en la sede de la Logia Rosario Acuña. Dejo así a disposición de todas las personas interesadas la información compartida, no sin antes indicar dos autores de referencia fundamentales a este mismo respecto, y a los que les corresponde realmente todo el mérito y originalidad: Me refiero a los diferentes trabajos publicados por Macrino Fernández Riera y a los de Xosé Bolado, en especial a la recopilación de las obras completas de Rosario Acuña, que comenzó a editar con la colaboración del Ayuntamiento de Gijón en el año 2007.
Quiero también expresar aquí mi agradecimiento a las personas que me acompañaron el pasado jueves, semillas todas ellas capaces de alumbrar el fruto de la memoria recobrada. Ésa y no otra era la finalidad de este acto que, además, ha permitido de nuevo acercar la asociación masónica a la normalidad cotidiana y a la ciudadanía de bien.
San Claudio, a 30 de noviembre de 2014
 

Rosario Acuña y su relación con la Francmasonería

De la vida de Rosario Acuña se tiene un relativo buen conocimiento. Son muchos los testimonios escritos y documentales que han quedado de ella, algo que nos permite acercarnos a su infancia, educada de un modo muy diferente al uso en la época –nació en el año 1850-, principalmente por su padre; y su juventud, donde descubrimos a una escritora que da sus primeros pasos hasta conseguir un importante éxito teatral merced a la representación de Rienzi el Tribuno, un canto a la libertad en una España que apenas la conoce.
Pero lo que nos interesa en esta exposición es la Rosario Acuña combativa; la mujer que se comprometió y no tuvo empacho en sacrificarlo todo; la librepensadora; la precursora del feminismo; la humanista; y por qué no decirlo, pues de eso se trata esta tarde, la francmasona.
Rosario Acuña vivió acomodada hasta su temprana juventud. Con veintiún años, contrajo matrimonio con Rafael de la Iglesia Auset, un militar de “buena familia” que no la hará feliz y con el que vivirá en Pinto y Zaragoza, plazas a las que es destinado, separándose definitivamente de él en 1883. Esa ruptura encarna la primera de las trasgresiones perpetradas por Rosario de Acuña. Vendrán otras que harán que nada vuelva a ser igual para la escritora.
En 1884, el profesor Miguel Morayta Sagrario inaugurará el curso académico universitario en Madrid. Pronunciará un discurso que para las posiciones más dogmáticas y conservadoras representará una manifestación herética. Exigen su cese y la reacción estudiantil, apoyándole, no se hace esperar. Rosario Acuña toma partido y pone de manifiesto su compromiso público, algo que la marcará ya de por vida. Su posición no se limita a las buenas palabras: Se ofrece incluso a pagar la matrícula al estudiante con mejor expediente que se vea amenazado por el hecho de no asistir a las clases en medio de la refriega. Apoya abiertamente al profesor Morayta que, quizá en un guiño histórico, tendrá reservado un importante papel en la historia decimonónica de la masonería española, poniendo fin a un proceso de dispersión y confrontación entre organizaciones masónicas y colocándose en dos ocasiones al frente del Gran Oriente Español.
En un plano personal, el contacto con el grupo de estudiantes le permitirá a su vez conocer a quien será su compañero en adelante, Carlos Lamo Jiménez, dirigente del “Ateneo Familiar”, un grupo estudiantil que ha participado activamente en los disturbios del otoño de 1884 y en el que se difunden los ideales del librepensamiento, el republicanismo y que mantiene estrechos contactos con otras figuras relevantes implicadas en la lucha anticlerical y que apuestan por un incipiente laicismo, algo prácticamente desconocido en la España de finales del siglo XIX.
Me gustaría, más que exponer un tema que ya ha sido suficientemente trillado por los autores a los que nos referiremos y que ha realizado una impecable labor investigadora desde el punto de vista historiográfico, describir determinadas situaciones a través de las palabras de la propia Rosario Acuña.
Mucho podríamos escribir sobre Carlos Lamo. Nos lo cuenta Macrino Suárez Riera…
Carlos Lamo Jiménez será otro de esos elementos que nos permitan hablar de las relaciones de Rosario Acuña con la institución francmasónica. Para él, un joven de 20 años cuando conoce a quien será su compañera sentimental, la francmasonería no es algo extraño. Él es hijo de un francmasón, Anselmo Lamo, y de Micaela Giménez. El padre, sastre en Úbeda  y comercial de Singer, es un hombre comprometido ideológicamente y sus hijos –Carlos y su hermana Regina- reciben una educación diferente también para la época a la que nos venimos refiriendo. Trasladada la familia a Madrid, Carlos estudiará derecho y cobrará un peso de cierta relevancia al frente del Círculo Familiar, organización estudiantil cuyos componentes se ven implicados también en los hechos que afectan a Miguel Morayta.  En ese clima conocerá a Rosario Acuña. Ella treinta y ocho.
Otra transgresión: La diferencia de edad, que se une a la clandestinidad con la que la pareja vive su relación.
Carlos Lamo estará al lado de Rosario Acuña hasta el fallecimiento de ésta en Gijón en 1923, y no la abandonará nunca.
Al poco de conocerse, Rosario Acuña le escribe:

“Atiende, Carlos, y hazlo presente a tus asociados. Tengo por seguro que la regeneración española, es decir, el levantamiento de las energías laceradas y entumecidas de mi patria no se realizará sino por la juventud.- ¿Vas comprendiendo tú y los tuyos por qué me congratulo tanto de ser vuestra presidenta? Vuestra generación es la España del porvenir; con ella están en los códigos del Estado: la República, sin adjetivos, sin reyes y sin histriones; la Iglesia sin autoridad devastadora, sin rentas sacadas del trabajo del pueblo contra su voluntad, y sin soberanía sobre la dignidad de los ciudadanos […]”

En estas palabras vemos cómo se anuncia un contenido ideológico muy preciso, revelador de una ilusión compartida por remitente y destinatario, testimonio de una complicidad absoluta.
Carlos Lamo será igualmente francmasón. Se inicia varios años después de conocer a Rosario Acuña, concretamente el 9 de julio de 1895, en la Española 176, afiliándose años después en Gijón a la Logia Jovellanos en 1921, conservando el nombre simbólico de Michelet, y constándonos que en Gijón aparece inscrito con el primer grado, dato interesante para quizá comprender cómo era la vivencia masónica no ya de Rosario Acuña, sino de la pareja:  No es una militancia masónica caracterizada por la asiduidad, algo que sucederá igualmente con Rosario Acuña; pero sí por la conservación del compromiso y la convicción. Iniciándose en el año 1895 sorprende que prácticamente 25 años después reaparezca en Gijón, siendo un aprendiz. Sin embargo, los lazos y la cercanía a las instituciones masónicas se mantendrán mucho más allá de la adscripción formal.
En 1884, a raíz del contacto tomado con el movimiento asociativo, Rosario Acuña también anuncia su intención de colaborar en un renombrado medio, órgano oficioso de difusión del ideal librepensador en España…
Las Dominicales del Libre Pensamiento. La publicación acaba de aparecer cuando Rosario Acuña se incorpora como colaboradora.  Sus impulsores son otros dos reconocidos francmasones, Fernando Lozano Montes, militar y periodista, que firma sus escritos con el que también será su nombre simbóico, Demófilo; y Ramón Chíes. Las Dominicales estarán casi continuamente en el ojo del huracán, siendo objeto de secuestros y censuras, y padeciendo en ocasiones las consecuencia de la denuncia semanal que interponen grupos que siguen una estrategia coordinada y orquestada de acoso y derribo, como es el caso de la asociación de “Padres de familia”. En Asturias serán célebres las circulares del Obispo Martínez Vigil, particularmente obsesionado con la Francmasonería y también con el librepensamiento, realidades conceptuales diferentes pero que en un alarde de simplificación él unifica. La publicación desaparece en 1909.

La iniciación en Alicante, la Logia Constante Alona. La Constante Alona es un taller constituido en 1878 ubicado en Alicante y que llega a sobrepasar los cien miembros. Cuenta en su seno con una logia de adopción que llega a estar integrada por 15 mujeres. Una de ellas, la escritora Mercedes de Vargas (Juana de Arco de nombre simbólico), que mantiene el contacto y escribe a Rosario Acuña. A partir de estas aproximacione se puede apreciar ya la existencia de cierta cercanía entre la escritora y la entidad francmasónica, que comparten puntos de vista referidos al reformismo, al republicanismo, al espíritu ilustrador, a la promoción de la mujer en un marco de reconocimiento de sus derechos en igualdad con aquellos que disfruta el hombre…
El proceso de incorporación ha sido estudiado por diversos autores. Es el caso de Ferrer Benimeli y de Álvarez Lázaro. José Bolado, otra de las referencias indiscutibles en lo que concierne a la obra de Rosario Acuña se refiere al último autor para ilustrar el particular procedimiento de iniciación a que fue sometida Rosario Acuña:
En 1885 los alicantinos se dirigen a ella. Su propósito es incorporarla a sus filas.  Rosario Acuña da una primera respuesta en la que ofrece su colaboración para publicar en “La Humanidad”, revista de la Logia. Y en efecto, algunos de sus artículos verán la luz en Alicante.
Rosario Acuña asiste en Alicante a un recital de poesía, y el 31 de enero de 1886, el Venerable de la Logia, Padilla, toma conocimiento de este hecho, dirigiéndose entonces a los miembros del taller: 

“… el gran nombre que goza en la república de las letras y la brillante campaña que viene haciendo en defensa de la libertad y del progreso, ideales que persigue la masonería, la hace digna de esa manifestación…”

Padilla pide al taller que participe en el recibimiento que se prepara realizando alguna otra gestión adicional administrativa ante la autoridad masóncia –y algún contacto tiene que haber en el que ha sido trascendental la intervención de Mercedes de Vargas-, porque el Gran Oriente de España autoriza excepcionalmente la iniciación de Rosario Acuña, planteada con una inusitada premura, y esta se hace teniendo en cuenta unas circunstancias no previstas en el propio reglamento de la organización. La escritora tomará como simbólico el nombre de Hipatia, la matemática de Alejandría.
Esta es la petición dirigida a la Logia, firmada por ella, aunque redactada probablemente por el maestro del taller que añade la precisión final referida a la corta estancia en Alicante prevista:

Al Venerable de la Logia Constante Alona:
Conforme a las doctrinas de la Masonería que he leído, y creyendo que puedo prestar algunos servicios a tan noble causa, solicito ingresar en dicha orden y ser iniciada en sus misterios.

Alicante, 12 de febrero de 1886

Firma Rosario Acuña

En atención al escaso tiempo que permanecerá Doña Rosario De Acuña en esta ciudad, suplicamos se admita y vete iniciándola a la mayor brevedad.

José María Escuder Celso, grado 3º

La solicitud se conserva en el Centro Documental de la Memoria Histórica, antiguo Archivo Histórico de Salamanca.
La incorporación formal de Rosario Acuña a la Francmasonería va a tener calado y producirá una sacudida electrizante entre la militancia de las logias del momento. Para ilustrarlo José Bolado se hace eco de dos situaciones un tanto anecdóticas pero reveladoras: Su nombre va a ser utilizado como simbólico tanto por hombres como mujeres. Es el caso de la logia La Perla del Cantábrico en Asturias, en 1891, o el de Elías Bajo, miembro de la gijonesa Logia Jovellanos.
Otra curiosidad revelada por el trabajo de José Bolado nos permite hallar a Rosario Acuña como miembro honorario de la Logia Martia, en Marchena, Servilla, allá por el año 1894.
¿Cuánto duró el compromiso de Rosario Acuña con la organización masónica? Podríamos decir que toda su existencia, como veremos más adelante, aunque no deja de ser –al igual que sucede con Carlos Lamo- una militancia muy especial, alejada de la idea de asiduidad que tenemos a día de hoy, y que probablemente no era la misma que se manejaba hace un siglo. En este sentido, las investigaciones realizadas por la policía franquista, aunque su fallecimiento se había producido en 1923, arrojan otro dato: La Logia Constante Alona la conserva como miembro en el cuadro lógico de 1890. Los policías se refiere a ella como “individua”, trato criminalizador que anuncia el olvido que le aguarda en buena parte de la memoria colectiva.

Las hijas del progreso. Dos años después de su iniciación Rosario Acuña aparece pronunciando un discurso en el encendido de luces de una Logia del Gran Oriente Españo. Se trata de un taller de Adopción llamado “Las Hijas del Progreso”.
Sin duda,  la escritora, empeñada en un combate por la igualdad de las mujeres y en una permanente reivindicación de sus derechos, hasta convertirse en una precursora y referencia del feminismo español, toma una decisión pragmática al incorporarse a una estructura asociativa como la masónica, en la que las mujeres no gozan todavía de un pleno reconocimiento. Los talleres de adopción permanecen subyugados a la autoridad masculina, y aunque el hecho de la composición mixta de las logias se perfila ya en el horizonte (en 1893 aparecerá “le Droit Humain”), todavía no es una realidad. Ello no impide que Rosario Acuña mantenga un estrecho contacto con María Vargas, que no rechace los reconocimientos que desde la Francmasonería se le hacen y que la institución esté pendiente de los avatares que la afectan.
Llama la atención del discurso de Rosario Acuña ante “Las Hijas del Progreso” su comienzo:

“…no estará de más advertiros mi ignorancia, lo que pudiera llamarse mi inocencia respecto al acontecimiento que nos ha reunido en este local…”

Y es significativo su contenido, que apuntaría quizá a vislumbrar a una Rosario Acuña más cómoda en una estructura masónica femenina, libre de tutelas masculinas. O quizá mixta, donde la plena igualdad sea compartida conjuntamente por hombres y mujeres. En cualquier caso es a las últimas a quien se dirige no sin antes pedir disculpas a los hombres presentes:

“…No sabemos si esta Logia femenina será un astro que surge para iluminar el oriente de la futura humanidad o un aerolito perdido en las inconmensurables ondas del éter, que tras breve incandescencia cae apagado en las profundidades del olvido. Pero bien sea luz y sombra lo que en el porvenir espere, no puedo menos de dirigirme a ella, que condensa, a ella, que realiza uno de los más caros ideales de mi alma, la mujer por la mujer, la mujer engrandecida, ilustrada, dignificada por la mujer; la mujer, permitidme la frase, probando sus fuerzas como ser pensante, manifestando sus condiciones como ser racional en un radio de acción pura y genuinamente femenino. ¡Dejadme, pues, hermanos míos, que me dirija exclusivamente a mis hermanas, que  para ellas hable, que para ellas use términos familiares, sencillos, triviales, si necesario fuera; van dirigidos a su inteligencia, a su cerebro, a sus potencias mentales, gemelas a las mías, sobre las cuales pesan siglos y siglos de opresión y de violencia…

La mujer puede y debe pensar; ningún límite impuso la naturaleza a sus facultades racionales…”


Vamos a abordar otro episodio interesante y relevante en el discurrir de esta narración: La Escuela Neutra Graduada de Gijón.
Macrino Fernández Riera ha aportado datos que resultan de interés: Las escuelas neutras son una iniciativa promovida por diferentes movimientos asociativos asociados al librepensamiento. Surgen a finales del siglo XIX y están ligadas a una propuesta educativa que supuso un auténtico revulsivo en un país que no conocía prácticamente otra cosa que la enseñanza confesional en un país en el que, además, el analfabetismo era la regla genera: La Institución de Libre Enseñanza.
En ese marco, el 24 de junio de 1888, se produce la inauguración del colegio del Gran Oriente Nacional de España, a la que asiste Rosario Acuña.
En Gijón, esta innovación educativa tardará unos años en llegar. La inauguración formal tiene lugar el 29 de septiembre de 1911 en el Teatro Cine Los Campos. Aúna la voluntad de Anarquistas y Reformistas (melquiadistas), y se instala en el que es el local de reunión de la masonería gijonesa, desapareciendo del número 3 de la calle La Playa el día 21 de octubre de 1937, con ocasión de la caída del frente Norte durante la Guerra Civil. Eleuterio Quintanilla acabará dirigiéndola, conservándose memorias informativas redactadas por Alberto de Lera que dan una abundante información relativa a la composición y funcionamiento de la escuela. Rosario de Acuña asistirá a la inauguración pronunciando un celebre discurso. Lo hace en un año que va a ser complicado para ella, cuando todavía no ha emprendido el camino del exilio y habla del “ateísmo” en las Escuelas Neutras y es concluyente como de costumbre:

“…un alma ardientemente enamorada de la justicia, de la razón, de la belleza, de todos los atributos de la Suma Verdad, hacia la cual hombres y mujeres, viejos y jóvenes, cultos e incultos, tienden sus pensamientos y sus voluntades, con afán insaciable; porque es predestinación del hombre dirigir todas sus energías hacia Ella, hasta rendirla, en ocasiones, el holocausto de su vida"

"¡Este es el ateismo de la escuela neutra! Ella le dice al niño: «Mira, oye, observa, estudia y deduce."

El compromiso masónico: Un diálogo recíproco. Ya hemos dicho que la relación de Rosario Acuña con la masonería es especial. Y como enunciamos en este apartado se puede examinar desde dos puntos de vista: el de la organización y el personal de la propia Rosario Acuña.
No cabe duda de que desde la organización existe una preocupación y una presencia recurrente del trabajo de Rosario Acuña, de su incesante labor como difusora y “propagandista” del librepensamiento y de unos ideales de libertad compartidos en una España que se asoma a ellos con temor, pero que los desconoce.
Desde el punto de vista de Rosario Acuña, sus propios discursos nos permiten llegar a entender que encontró en la Francmasonería otro colectivo empeñado en la batalla de las libertades, de la democracia, del librepensamiento, del republicanismo… Pero hay algo que no encaja bien y a lo que ya hemos aludido también: La presencia de la mujer en el seno de logias de Adopción. En las Hijas del Progreso, se dirige a las “mujeres” exclusivamente y explica el porqué. Y lo hace con un discurso emancipador.
No hay que entender mal las cosas: Rosario Acuña hace referencia al alma masculina, al alma femenina, no ataca al hombre, sino que ansía la liberación de la mujer. La masonería de la época todavía no está a la altura para poder discernir estas cosas y se habla permanentemente de la masonería de adopción como la única fórmula para incorporar a la mujer. No se entiende que esto sea insuficiente aunque ya exista el discurso de la mixtidad promovido en organizaciones como –a título de ejemplo- el Gran Oriente de Francia, aunque sin éxito; y por fin convertido en realidad merced al esfuerzo de Marie Deraismes y Georges Martin. Es difícil creer que Rosario Acuña pudiera estar de acuerdo con esta estructura de “adopción”, razón por la que antes nos interrogábamos sobre si hubiera preferido una estructura mixta o femenina. La duda sigue.
Sea como fuere, no deja en todo caso de proclamarse francmasona. Lo hace en público y a través de medios de comunicación. Es una forma de reivindicar la solidez de las ideas, de poner más voz en lo que se dice… Lo anuncia en las Dominicales del Librepensamiento, en el diario masónico La Verdad, de Oviedo.
En el mismo año de su iniciación, en 1886, La sociedad de Amigos del Progreso, constituida en Madrid por dos talleres masónicos, Progreso e Igualdad, la nombra co-presidenta de honor. Acompaña a otros prestigiosos miembros también ligados a la institución: Nicolás Salmeron, Pi i Margall…
Nos cuenta Xosé Bolado que en 1887 viaja a Galicia, Asturias y León. Se ve acosada por la guardia civil en Barco de Valdeorras, pero previamente ha tenido tiempo de pasar por Luarca, donde ha suscitado un gran revuelo y participa en una serie de actos en los que interviene y la acoge la Logia “La luz de Luarca.”
En 1888, escribe un artículo “Al pueblo masonico” donde, además de llamar la atención quién es el destinatario de sus palabras, confiesa:

 “…he dedicado todas mis actividades a la propaganda de tan sublime credo…”

El 2 de julio de 1910 dirige una carta abierta a Benito Pérez Galdós, diputado en ese momento, tomando partido por la defensa de la libertad de conciencia apoyando la Ley Candado del presidente Canalejas. Hace aquí una referencia irónica a su nombre “civil” y otra deliberada a su nombre simbólico, que Bolado considera una mención a su familia adoptiva:

Pérez Galdós. Congreso Diputados.
Como dama española, pues cuento en mi ascendencia de cuatrocientos años, a reinas, Obispos, conquistadores y santos, me  adhiero a la manifestación del domingo y pido, además de lo que ustedes pidan, que cese la persecución infame, solapada, feroz, inicua y cruenta que sufrimos, indefensos, hace treinta años los que hace treinta años dimos el primer grito pidiendo la libertad de conciencia.
Rosario de Acuña y Villanueva, de Solis y Elices, Cuadros y Juanes, Jiménez de Vargas y Román: - Hipatía :.gr:.32
El periódico gijonés El Noroeste, publica un artículo el 8 de diciembre de 1922, pocos meses antes de fallecer.  “Justicia” es el título de un texto crítico con la Guerra de África y que dirige especialmente a los “hermanos” masones.

Ante los escándalos: El Padre Juan y La Jarca de la Universidad. Hacemos referencia aquí a dos episodios en los que puede observarse la permanencia y continuidad del lazo masónico. El primero acaece en 1891 e implica la clausura del teatro madrileño en el que se había estrenado su obra teatral, Ell Padre Juan, y la prohibición gubernativa de lo que previamente había pasado el filtro de la censura. Una crítica al clericalismo y una defensa del matrimonio civil provocan una airada reacción de los medios y organizaciones conservadoras. La masonería –y no sólo la masonería- reacciona: La Gran Logia Simbólica Española, en su Boletín de Procedimientos de 12 de abril de 1891, una publicación semanal, a la apoya expresamente a través de dos artículos “Delito Impune” y “Pruebas del delito”. Otro tanto sucede con la Gran Logia Provincial de Málaga.
Con la publicación de “La Jarca de la Universidad” en El Progreso, de Barcelona, sucede algo similar, aunque la reacción es si cabe más virulenta y mucho mejor orquestada por sus adversarios. En esta ocasión se ataca incluso a los medios que publican textos de Rosario Acuña, que ha tenido la osadía de insultar a la comunidad estudiantil. Se ataca también a su compañero y nada se respeta en lo que se convierte en una cacería. La Fiscalía abre diligencias contra ella y la situación deviene tal, que abandona el país y se refugia en Portugal, donde se acaba de proclamar la República, hasta el indulto acordado por Romanones en el año 1913.
Durante este tiempo fuera del país, aunque no aparece nunca como miembro de la Logia Jovellanos de Gijón ésta sí interviene interesándose primero por las condiciones que pueden rodear a la medida de gracia, finalmente prevista para los delitos políticos y de imprenta (así lo refleja una comunicación dirigida al Consejo de la Orden del Gran Oriente Español en noviembre de 1912). Y un nuevo escrito redactado para despejar dudas sobre el alcance del indulto, con el ánimo de saber si la logia va a poder “felicitarla”. Estamos en marzo de 1913.
Rosario de Acuña fallecerá en su casa el día 5 de mayo de 1923. Pasó sus últimos años en la casa que ella y su compañero construyeron en el Cervigón. Rara vez salía de aquel entorno y no quiso a su muerte honores ni reconocimientos extraordinarios. Inevitable fue que un gran cortejo se organizara camino del cementerio civil de Gijón, donde una losa cubrió su sepulcro sin más inscripción que las iniciales de su nombre y primer apellido grabados en un ladrillo.
Todavía quedaba un último e irónico guiño que seguiría uniendo a esta gijonesa de adopción con la institución francmasónica. En el año 1927 fallecerá Enrique Valdés Villar, miembro de la logia Jovellanos desde 1913, y uno de los grandes benefactores de la Escuela Neutra Graduada. Será enterrado justo a su lado. Dispondrá que sobre la lápida que cubra su sepulcro se esculpan un compás, una escuadra y una estrella de cinco puntas. Milagrosamente, por efecto del ennegrecimiento de la piedra, lo símbolos se mimetizarán hasta hacerse invisibles e imposibilita el cumplimiento de las órdenes dadas por los militares sublevados (Orden Ministerial de 21 de diciembre de 1938) en el transcurso de la guerra civil, y que arruinaron buena parte de los monumentos funerarios de carácter masónico existentes en nuestro país.

El pensamiento de Rosario Acuña sigue vigente en la actualidad. Fue sin embargo erradicada concienzudamente del orbe intelectual de nuestro país, sucediéndole lo que a tantos hombres y mujeres que, formando parte de lo mejor, de lo más puro y honesto que pudo alumbrar España, sucumbieron al olvido promocionado por el régimen dictatorial. A nosotros nos corresponde enmendar aquella crueldad y recordar la palabra, el hacer y el pensar de esta mujer que, qué duda cabe, dedicó su vida a construir sin confrontar con los propios, combatiendo únicamente al oscurantismo que la persiguió durante buena parte de su existencia.
Esto escribió Rosario Acuña y con estas palabras que pertenecen al siglo XXI y a todos los siglos, les expreso mi gratitud:

*“…El estrecho criterio que informa a todos los mercenarios de la fe, nos llevaría de nuevo al légamo hirviente de las edades prehistóricas; es preciso que apartemos de nuestro camino, con misericordia, pero con firmeza, a esas almas que se yerguen al paso de la razón adulta del hombre, como bloques de granito en abrupta costa; que las rompientes las circunden, y aunque no sean derribadas de pronto, el manso vaivén de las aguas irá desmenuzándolas hasta convertirlas en suave arenal, donde rodarán luego las olas, vistiéndolas de espuma: nuestra labor acaso sea de siglos, pero su desmenuzamiento es seguro; los límites de nuestro esfuerzo se pierden en las profundidades del porvenir, así como sus durezas se hunden en las oscuridades del pasado: nosotros vamos hacia el paraíso; ellos vienen del caos…”
*Del ateísmo en las Escuelas Neutras, año 1911.



Vïctor Manuel Arbeloa: La Masonería en Navarra y Álava en el siglo XIX. 1846/1893
Macrino Fernández Riera: Rosario de Acuña en Asturias, Ediciones Trea, 2005
Macrino Fernández Riera: Página personal - http://www.telecable.es/personales/mfrie1/bibliog/asturias.htm
José Bolado: Rosario de Acuña y Villanueva, obras reunidas, Ediciones KRK, 2007

María José Lacalzada: Mercedes de Vargas y Rosario Acuña: el espacio privado, la presencia pública y la masonería (1883-1891), Universidad de Zaragoza.
 



martes, noviembre 25

Rosario Acuña y la Francmasonería: Una tenida blanca abierta


Contra lo que pueda parecer, este año "masónico" viene tranquilo. Cargado de trabajo, sí, pero tranquilo al fin y al cabo. Es esa carga laboral la que hace que Memoria Masónica tenga el pulso relajado, algo por lo que pido disculpas a quienes siguen el blog. Tenía en mente publicar otras cosas relativas a la actualidad masónica, al desarrollo de la entidad en Asturias y fuera de ella, pero tengo que dosificarlas.
Hoy me hago eco de una actividad de mi Logia, donde cada año intentamos hacer que la Francmasonería deje de ser una cosa extraña, abrir las puertas del local en el que nos reunimos y proponer un tema para dialogar con quienes nos visitan, que puede tener mayor o menor interés (aunque esa es ya una cuestión que le corresponde valorar a quienes nos acompañan).
El próximo jueves, día 27 de noviembre, a las 19:30 horas, en la calle Costa Rica, 4, Gijón, vamos a hablar de la mujer cuyo nombre se ha convertido en seña de identidad de nuestro propio taller. Queremos tratar no tanto su perfil biográfico como la relación que mantuvo con la institución francmasónica, sobre todo a partir de su incorporación en el año 1886 a la Logia Constante Alona, en Alicante. El objeto, amén de conocer mejor a una figura clave en la conformación del librepensamiento y el discurso feminista y humanista de nuestro país, es también intentar hacer que se sepa un poco más de la Francmasonería.