domingo, mayo 3

Mayo en Madrid: Mucho que agradecer


© J.R.A.G. El concepto de Ciudadanía en el Siglo XXI. Daniel Keller en el centro de la imagen

Cuando ya es 3 de mayo y los fantasmas de Murat y sus mamelucos deben andar recorriendo a uña de caballo las calles de la capital de la Nación, escribo este breve apunte una vez finalizado ya el Primer Salón del Libro y la Cultura Masónica celebrado en España.
Las crónicas serias que voy leyendo, los comentarios, parecen satisfactorios. Y me consta que alguna de las personas que ha tenido la fortuna de participar, ha vivido este momento de una forma particularmente intensa, regresando a casa no en un coche, sino flotando sobre una nube.
No era empresa fácil y mucho hemos de agradecerle todos a las logias del Gran Oriente de Francia, especialmente a las dos madrileñas -Mozart y Siete de Abril-, que han soportado en buena medida el peso del trabajo para poner en marcha un evento semejante, en un país en el que ya de por sí se lee poco y, como escribía el otro día, donde se valora la literatura masónica en ocasiones en función de su peso bruto y de lo ininteligible de las pretendidas reflexiones vertidas sobre el papel.
Creo que era algo inimaginable. He de confesar que al menos para mí lo era. Si hace un par de años me hubieran preguntado probablemente no habría dicho que no, pero sí me habría visto asaltado por una marea casi infinita de dudas.
Hoy el salón madrileño del Círculo de Bellas Artes ya es historia. Y hoy ya se está pensando en la segunda edición. Al menos eso decía el viernes por la tarde Daniel Keller, Gran Maestro del Gran Oriente de Francia, que intervenía también en la mañana de ayer, sábado, para hablar en una mesa redonda sobre cuál ha de ser la noción de Ciudadanía vigente en este nuevo siglo.
La palabra de Keller, a quien he tenido la fortuna de escuchar ya en varias ocasiones, incluso antes de que accediera a la dirección del Gran Oriente, es lúcida, fluida, ágil y a un tiempo serena. No me cuesta imaginar el semblante de mi cronista, atenta a cuanto se ha dicho durante estos dos días en los que la laicidad -columna vertebral de la democracia-, la construcción europea y un renovado humanismo para un siglo nuevo que arrastra, implacable, los mismos fantasmas que el precedente, han sido temas de conversación en un evento que ha movido a una buena parte de los masones españoles, abarrotando la sala Valle Inclán del Círculo de Bellas Artes.
Leía hace nada una crónica de Iván Herrera Michel sobre otro acontecimiento madrileño celebrado a mediados del mes pasado. Nada que ver con este. Pero aun a pesar de ello no he podido evitar pensar en qué diferentes son unas cosas de otras, al apreciar cómo en esta ocasión nuestra capital ha sido vínculo de unión, de diálogo, de entendimiento, de lucidez, en lugar de cobijar el empeño en combates estériles contra lo mal llamado irregular.
Un Quijote ha volado a París. Con él la ilusión de hombres y mujeres que han construido logias en las que la palabra triunfa a lo largo y ancho de nuestra geografía. Hombres y mujeres que saben son parte de una Obediencia que encarna la historia de la masonería misma, sin pretender ser mejores que nadie ni dar lecciones; sin construir identidades aisladas por el mero capricho de saber de la existencia de fronteras; que creen y hacen cada día eso que Daniel Keller, Quillardet, Arcizet y tantos otros antes que ellos definieron como República Universal.
Hay días en los que uno se siente feliz. Hoy es uno de ellos.
Nuevamente mi agradecimiento a quienes han hecho tan magnífico trabajo, de una u otra logia, de una u otra obediencia, para hacer posible este acontecimiento, abriendo la puerta a todas las organizaciones masónicas, transmitiendo información, recabando la intervención de ponentes, preparando los pequeños y los grandes detalles, abriendo los brazos para que todo el mundo se sintiera en su propia casa. Mi agradecimiento como espectador, porque sé que lo que se ha hecho marca otro pequeño hito en nuestro devenir como organización plural; porque hace posible que seamos un poco más fuertes; que nuestros talleres sean un poco más sólidos; y que -permítaseme ser un poco egoísta- los lazos que unen las 1200 logias del Gran Oriente sean más fuertes, y nos permitan ver a los Pirineos tan solo como una cordillera que está ahí y nos abraza.

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